“¿Tienes que comportarte como un idiota ahora?”
“No te vayas...”
Aquello hizo que me diera la vuelta. Mi piel estaba de
gallina. Mi corazón se aceleraba. Creo que iba a mil por hora o más
en cuanto sus labios dejaron escapar esas palabras.
Tiró de la manga de mi abrigo. Me atraía hacia él. Y
me dejé llevar. No podía decirle que no. Y mucho menos cuando me
pedía aquello y ponía esa cara de niño pequeño. Su cara era toda
ternura, y yo me estaba derritiendo. Sus manos atrapan mi cintura.
Fijas, firmes. Mis manos en sus pecho. Y nuestros ojos vuelven a
conectar. Porque no quiero estar viendo otra cosa que no sea él. Y
que luche contra eso, me es imposible.
“Tengo que irme...” Respondo en un susurro.
Él niega con la cabeza y roza su nariz con la mía. De
lado a lado. Un beso de esquimal, como diría mi padre. Y eso me hace
sonreír y él, sonríe conmigo.
“Duerme conmigo...” Susurra.
Y eso me hace echar el freno. No voy a dormir con él, o
lo que sea que cree que significa “dormir” en su idioma. Nuestros
arrumacos y besos no traspasaban esa línea. Yo no iba hacer eso. No
con él. No en este momento. Aunque tienes unas ganas increíbles.
No esta noche. Algún día. No se sabe. Tú lo sabes bien.
Agarro sus manos y las separo de mí. A continuación,
mi cuerpo. Y le dejo ahí, sorprendido y enfadado sin entender nada.
Me mira buscando una respuesta. Niego con la cabeza y me inclino para
darle un pequeño beso en la mejilla. No tengo ganas de hablar de
esto. No quiero hacerlo. No quiero dormir con nadie ahora mismo.
Dios, me sentía una idiota.
Coloqué mi chaqueta y me dirigí a la puerta de mi
casa. Justin seguía apoyado sobre su moto. Con las manos en los
bolsillos. Mirándome. Tal vez pensaba que lo había estropeado. O
tal vez fui yo la que actuó de manera exagerada. Apostaba por lo
segundo. Pero en este momento era en todo lo que pensaba. ¿Tenía
miedo? Sí. ¿Quería eso con él? Tal vez. ¿Me preocupaba
demasiado? Por supuesto. Malditas inseguridades y malditos complejos.
Agh.
Llamé a la puerta haciendo que al minuto mi madre
abriera la puerta y me dejara pasar. Echó un vistazo hacia fuera
antes de cerrar. Mierda.
Me quité el abrigo y me dirigí hacia las escaleras.
Solo quería meterme en la cama. Pero mi madre no iba a dejar que me
fuera así como así.
“¿Quién era ese, ____?” Preguntó cruzando sus
brazos. Vamos a por el tercer grado, bien.
“Es sólo un amigo, mamá.” Subí unos cuantos
escalones. No me había vuelto para escucharla.
“¿Y por qué parece que iba a romper la puerta y
llevarte con él?” Rodé mis ojos y la miré.
Estaba esperando una buena respuesta. “No lo sé,
mamá. ¿Puedo irme ya a la cama?”
Fue lo mejor que pude decir. Tampoco tenía ganas de
entablar una conversación racional en este momento.
Suspiró y lo dejó pasar. Agitó su mano para quitar
importancia al asunto y asintió. “Vete a la cama, anda. Hasta
mañana.”
Subí corriendo los escalones que me quedaban y entré
en mi cuarto cerrando la puerta tras de mí. Respiré profundamente y
cerré mis ojos. ¿Por qué actuaba tan nerviosa? Parecía
gilipollas.
Dejé la chaqueta encima de la silla y agarré mi pijama
de debajo de la almohada. Me metí en el baño. Necesitaba una buena
ducha. De esas largas y relajantes. Cerré la puerta y coloqué el
pijama sobre el lavabo. Me quité la ropa dejándola sobre el suelo.
Ya la recogería más tarde. Me miré en el espejo.
Desnuda perdía mucho. No creo que quisiera que nadie
viera esto. Todo somos feos desnudos. No le veo el hermoso a enseñar.
A dejar que los demás pudieran imaginar millones de cosas. Me giré
de un lado a otro observando mejor mis imperfecciones. Demasiada
pierna. Mucho brazo. Un poco de tripa sobra. Suspiré. No quería
preocuparme por mi cuerpo. ¿Por qué no podía tener una figura
bonita? Moví la cabeza deshaciéndome de esos pensamientos. Nadie
estaba contento con su cuerpo. A todo el mundo no le gusta algo. Lo
que hay que hacer es encontrar a alguien que si quiera esas partes de
ti. Buscar a alguien que te quiera con imperfecciones y perfecciones.
Que encuentre las cosas buenas en las cosas malas. Que mire como eres
de verdad y vea que eres hermosa.
¿Había encontrado yo alguien así?
Me metí en la ducha con todos esos pensamientos aún en
la cabeza. ¿Era Justin esa persona? ¿Podría perderme en él y
dejar que el se perdiera en mi? Adoraría esa sensación. Sentir sus
caricias por todo mi cuerpo. Sus labios en cada uno de mis lunares,
en mi cuello, en mis labios... Sentir su piel con la mía. Ir más
allá. Mucho más allá de unos simples besos. Ser suya. Que fuera
mío.
Adoraba sus besos, sus labios. Cuando sonreía contra
los míos. Sus manos en mi cintura siendo firmes, correctas, sin
vacilación. Cuando su voz ronca resonaba en mi oído. Adoraba el
calor con el que reaccionaba mi cuerpo en los lugares en lo que me
tocaba. Cuando susurraba mi nombre. Adoraba cuando lamía sus labios
y mordía los míos. El roce de su lengua y la mía. Adoraba que me
llamara gatita.
Despierta, ___. Deja de soñar fantasías.
Lamí mis labios y cerré el grifo. Basta de agua y
dejar que mi imaginación vagara. Salí con cuidado de la ducha.
Agarré la toalla y me envolví con ella. Hice que mi pelo cayera
hacia un lado, peinándolo. Me miré en el espejo. Sonreí. Mucho
mejor. Miré el lavabo. Mierda, la ropa interior. Estas en
la parra, ___.
Abrí la puerta para salir en busca de es ropa que se
esconde y me choqué contra algo. Ni siquiera iba mirando hacia
delante. Me choqué y me sorprendí cuando le vi ahí, delante de mí.
Creo que se me escapó un grito. Sus manos fueron corriendo a mi boca
y me metió de nuevo en el baño de un empujón. Cerró la puerta
tras de sí. Separó su mano de mi boca cuando estuvo seguro de que
no volvería a gritar. Fruncí mi ceño cabreada hacia él.
“¿____, estas bien?” Preguntó mi madre desde
fuera.
“Si-si.” Respondí con prisa. “Se ha caído el
champú, no pasa nada.”
“Ten cuidado” oí como la puerta de mi cuarto volvió
a cerrarse.
Le pegué un empujón alejándolo de mí. “¿Qué
mierdas haces, Bieber?”
“Hola, gatita.” Sonrió de lado. Su puta sonrisa
sexy, agh.
“Vete.”
Me miró de abajo arriba. Cuando encontró mis ojos negó
con la cabeza. “¿Sabes en que punto he estado ahí fuera
esperando? Casi arranco la puerta del baño.”
“Me alegro de que tu agresividad llegue hasta tal
punto. Lárgate.” Empujé su pecho con ambas manos. Pero era un
puto armario, no se iba a mover.
Su sonrisa se ensanchó y acercó un poco su cara a la
mía. “La agresividad no, gatita. Las ganas que te tengo.”
Me quedé quieta. No esperaba eso. Dejé caer mis brazos
y entonces me acordé de que estaba en toalla. Únicamente y con eso
no había manera de defenderme. Mierda, mierda. Tragué saliva
intentando no ponerme roja. Por favor, por favor.
“Si intentas que te perdone, así lo llevas claro.”
Mi mirada estaba agachada y me costaba articular palabra.
¿Como esa frase me había podido poner tan nerviosa?
Maldito corazón.
“Casi estoy perdonado.” Odiaba que tuviera tanta
seguridad en sí mismo. Cabrón. “No puedes resistirte...”
Gilipollas.
“Déjame pasar.” Dije.
Esta vez surgió efecto y se echó a un lado. Levantando
una mano señalando el camino. Con educación. Me estaba sacando de
quicio. Salí sin mirarle y me dirigí al armario. Justin estaba tras
mi espalda. Observando cada cosa que hacía. Cogí el primer
sujetador y culot que encontré y volví a encerrarme en el baño.
Esta vez deprisa para que él no pudiera seguirme. Bien.
“Mmm, ____, me gusta más el conjunto negro que tienes
aquí.” Su voz sonó divertida.
Había dejado el armario abierto. Que lista eres,
___.
Me metí a todo correr en mi ropa y me coloqué el
pijama. Mis pantalones a cuadros negros y rojos y mi camiseta de
tirantes blanca. Lista. Recogí la ropa y la dejé en una esquina del
baño. Mañana la llevaría a bajo. Ahora tenía otros problemas
mayores. Como echar a Justin.
Cuando salí, Justin tenía mi sujetador negro en la
mano. Lo observaba detenidamente. Se lo quité de un tirón y lo
guardé en el armario. Cerré el cajón con fuerza.
“Marchate.” Dije cabreada.
“No, quiero estar contigo.” Respondió con una
sonrisa.
“En serio, pirate.”
“No, gatita. Me quedo.”
“¿Tienes que comportarte como un idiota ahora?”
Pregunté. Tal vez a él la mierda de bipolaridad le gustara pero a
mi me cabreaba. Y mucho.
“Oye, gatita, yo no he sido el que se ha ido cabreado
cuando he dicho una broma.” Respondió.
“Yo... Lo siento, no quería haber respondido así,
fue solo...” Mordí mi labio nerviosa.
“No importa, siento haber hecho el gilipollas yo
también.” Se sentó sobre mi cama con los pies cruzados.
Me quedé en silencio viendo como se ponía cómodo
sobre mi cama. Se echó hacia atrás, apoyándose sobre el cabecero.
Puso sus manos detrás de su cabeza a modo de almohada. Me miró de
arriba a bajo. Entonces su sonrisa pervertida apareció en su cara.
“Asique... eres virgen.” No lo dijo como una
pregunta, directamente lo afirmó.
Gilipollas.
“¿Quieres irte ya? Nos van a pillar y me voy a quedar
sin ver el sol toda la vida.” Cambié de tema. Mis mejillas ardían.
“Eres una niña buena y virgen. Vaya, tengo que
trabajar con esto, es nuevo para mi.”
“Vete, Justin.” Solté.
¿Qué le importaba a él si fuera virgen o no? Y es
mas, ¿con qué mierda tenía que trabajar?
“Quiero hablar de esto.” Su sonrisa se amplió. “¿Tú
y Matt nunca habéis pasado de la primera base?” Preguntó alzando
las cejas. Cretino.
Señalé la ventana. “Eso a ti no te importa, vete.”
Dije amenazante.
Pareció que surgió efecto. Justin se levantó de la
cama pesadamente, soltando algún que otro quejido cuando sus pies
tocaron el suelo. Se levantó y se dirigió a la ventana. No soltó
ni una sola palabra. Pero su sonrisa traviesa todavía estaba ahí.
Llamándome. Apoyó su cuerpo contra el marco de la ventana mirando
hacia fuera. Tal vez pensaba en como iba a saltar...
“No, no. Quiero saber esto. Necesito saberlo.” Se
dio la vuelta y en dos pasos estuvo delante de mi.
Mi cuerpo chocó contra el armario. Mierda. No
esperaba tenerle tan cerca así, de pronto. Su mano recorrió mi
brazo. Desde el hombro hasta las puntas de mis dedos. Muy lentamente.
Pura tortura. Buscaba mi mirada con la suya. Tragué saliva nerviosa.
“¿Pasasteis de la primera base?” Susurró despacio.
Su voz melodiosa me atraía.
“Eso no es asunto tuyo.” Intentaba hablar de una
forma cortante, pero costaba. Y más cuando esos ojos marrones no se
apartaban de mí.
“Oh, ya lo creo que sí.”
Sus manos pasaron por mis muslos. Unos suaves toques.
Subieron por mis caderas. El aire se había esfumado. Me costaba
respirar. Colocó sus dedos en cintura y me atrajo hacia él. Lamí
mis labios. La aproximidad me ponía nerviosa. Mis manos fueron a sus
antebrazos para poder apartarme un poco, pero él apretó su agarre.
Como siempre hacía. Seguro.
Se inclinó hacia mi. Yo seguía inmóvil. Hipnotizada.
Olía a fumo, menta y peligro. Sus labios rozaron los míos. Como si
de una pluma se tratara y volvió a sonreír.
“¿Te ha besado?” Preguntó. Sus labios golpeaban
los míos con cada palabra.
Asentí. En este momento no estaba muy segura de poder
hablar.
Cambió entonces de postura. Su boca fue a parar a mi
cuello. Sus dientes rozaron mi piel con suavidad para luego sus
labios besarme con dulzura. Creía que iba a morir ahí mismo. En sus
brazos. Y no era una mala forma de acabar.
“¿Y aquí? ¿Te ha besado aquí?” Asentí. Justin
soltó un gruñido.
El juego me estaba poniendo a mil. Aunque Justin ya por
si solo me ponía a ese nivel.
Volvió a cambiar la postura acercándome de nuevo un
poco mas. Su pecho rozaba el mio. Levantó la mirada y apoyó su
frente contra la mía. Mi corazón iba a salirse. Iba mas acelerado
cada vez que me tocaba.
Sus manos se colaron por debajo de mi camiseta. Rozaron
la piel de mi cintura. Las yemas de sus dedos hacían arder mi
cuerpo. Subió un poco más, hasta la tripa. Acariciaba esas partes
como si del ser mas delicado se tratara. Me recordé a mi misma que
debía respirar.
“¿Aquí te ha besado alguna vez?” Susurró rozando
su nariz contra la mía. Necesitaba sus labios en los míos con
urgencia. Los extrañaba y el no hacía mas que provocar.
Asentí de nuevo. Porque era verdad. Matt me había
besado hay. Y eso había sido lo máximo a lo que habíamos llegado.
Porque yo no era valiente. Porque yo nunca me había sentido segura
con él. Porque no era como cuando me besaba Justin.
Él negó con la cabeza y su sonrisa se ensanchó. “No
puede ser, le dejas llegar muy lejos, ___.” Soltó una suave
carcajada. Mi favorita.
Sus manos subieron poco a poco. Con cuidado. Le dejé
hacer. Seguía hipnotizada bajo su mirada, bajo su sonrisa, bajo sus
caricias. Y me daba igual donde llegara. Donde fuera. Siempre que
fuera con él y solo con él.
Sus manos siguieron el contorno de mi figura. Rozaron el
sujetador. Se colaron entre el enganche, por mi espalda. Rodearon mi
cuerpo hasta llegar a mis pechos. Y se detuvo. Se detuvo antes de
tocar esa zona. Sus manos bajaron de nuevo lentamente. Acariciándome
como había hecho todo este tiempo. De esa manera tan suya.
“¿Y ahí, ____? ¿Alguna vez te ha besado en esa
zona?” Ahora estaba serio. La expresión de sus ojos había
cambiado. Estaba mas oscura, mas deseosa.
Negué con la cabeza.
“¿Alguna vez te ha tocado?” Lamió sus labios
después de esa frase.
Negué con la cabeza. Nunca le había dejado llegar tan
lejos.
La sonrisa volvió a iluminarle. Sexy, peligroso. Como
me gustaba. Tan él.
Sus labios volvieron a rozar los míos. Me incliné
intentando cazarlos. Necesitaba sus besos. Mi cuerpo sólo le
respondía a él.
Justin se echó un poco hacía atrás. Jugaba conmigo. Y
yo tenía ganas de que me tocara. De que me tocara mas que Matt, mas
que ningún otro. El primero y el último.
“No, no, gatita. Ahora tengo que irme porque alguien
me ha echado...” Dejó caer sus manos y se separó un paso de mi.
Mis manos cayeron con las suyas. Pero mi cuerpo, mi cabeza y mi
corazón seguían pidiendo que se acercara.
Antes de irse soltó aquello que hizo que mi corazón
explotara. Que mis venas ardieran. Que mi mente desconectara por
completo.
“Dejame ser el primero que toque y bese cada milímetro
de tu cuerpo.” Susurró antes de salir por la ventana. Desapareció de la misma forma en la que entró. En silencio.
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