domingo, 27 de abril de 2014

Capitulo 47

"Pensaba mas en él que en la persona que estaba en una estúpida cama de hospital."



_____:

“Matt, hey…” Susurré acariciando su frente. “Hola…” Sonreí cuando sus ojos me alcanzaron.
“¿Qué-qué…?” Matt parecía confuso. Se intentó levantar de la cama mientras miraba todo a su alrededor, como si estuviera perdido y a oscuras. “¿Dónde estoy…?”
“En el hospital, ¿recuerdas como llegaste?” Pregunté manteniendo mi voz en el mismo tono.
Matt acababa de despertarse después de una semana entre la vida y la muerte. Había pasado una semana desde que todo se había quebrado, desde que todo se hubo roto. Una semana sin llamadas, sin saber de él y de nadie. Una semana con el único pensamiento en la cabeza de sí volvería a ver los ojos de Matt. De sí todo volvería a su cauce.
Tal vez merecía eso, la culpa. Por confiar en quien no debía, por enamorarme de la persona errónea. Matt estaba en esta cama por mí, por haber ido demasiado lejos. Por pensar que él no sería capaz, por no lo que tenía delante.
No había tenido noticias suyas desde aquel día. Ni un mensaje, ni una llamada. Nada. Y Ryan tampoco. Ni si quiera su familia que vivía ajena a todo esto. Nadie sabía donde estaba, ni si seguía vivo. Cada vez que pensaba que podía estar muerto mi corazón dolía. Dolía como si lo arrancaran. Pero yo sabía que seguía vivo, en alguna parte, con quien fuera, pero vivo. Y eso, por lo menos, me daba un motivo para no echar todo por la borda. Le echaba de menos, mas de lo que podía admitir. Tal vez, sólo tal vez, volviera. Porque yo sólo quería una noticia suya. Que alguien me dijera que estaba bien, que no le habían hecho daño. Que a pesar de todo, seguía vivo. Con eso podría seguir adelante. Sola. Sin él. Como debería haber hecho hace tiempo.
“No, no recuerdo nada a parte de estar bailando con vosotros y… y luego…” Frunció el cejo como si se estuviera obligando a recordar. “Sa-salí con Justin… y… Joder, no puedo. ¡Maldita sea!” Matt dio un fuerte golpe al colchón con la mano frustrado.
“Para, Matt. No te obligues, ¿de acuerdo? Poco a poco.”
“Cuéntamelo, ____. Por favor.”
“Yo-“
“¡Hijo!” La voz de la madre de Matt se coló por toda la habitación. Sus padres habían salido a comer algo mientras yo me quedaba a cuidarlo. Habían estado toda la semana sin despegarse de su hijo. Casi no habían pasado por su casa y dormían cada noche en la sala de espera si no les dejaban pasar la noche con él.
Me levanté de la silla cuando Johanna, la madre de Matt, fue corriendo a abrazar a su hijo. Lloraba lágrimas de felicidad y abrazaba a su hijo como si le fuera la vida en ello. Dándole amor y cariño. Que era lo que necesitaba en este momento.
“Gracias, ____. No sé que hubiera pasado si no hubiera estado con vosotros.” Charlie, el padre de Matt, me apretó los hombros de forma cariño mientras los dos contemplábamos la estampa. Era un momento íntimo y yo empezaba a sentirme incómoda por obsérvalo. “Si ese ladrón hubiera movido unos centímetros mas el brazo mi hijo no lo hubiera contado. Gracias a Dios, vosotros estabais con él. Tiene que entender que no puede ser siempre el héroe.”
“Eso siempre se lo he dicho.” Forcé una pequeña sonrisa. Levanté la vista y le miré haciendo una mueca. “Os dejo solos, tenéis que disfrutar ahora.”
“Gracias.” Escuché la voz de Johanna antes de cerrar la puerta tras de mi.
Necesitaba café. Fuerte.
Fui caminando por los pasillos casi huyendo. No quería volver a estar en esa habitación. No quería sentir mas culpa de la que ya tenía. No quería agradecimientos. No quería nada. Le quería a él pero eso era imposible. No después de esto. No después de haber tenido que ocultar lo que realmente pasó a los padres de Matt. De inventar otra historia completamente distinta. Porque, ¿cómo iba a decirles la verdad? ¿Cómo les dices que el verdadero culpable era mi novio? ¿Cómo les contaba que lo hizo delante de mis propios ojos y que después huyó sin ni siquiera mirarnos? No puedes hacerle esos a unos padres, no podía hacerle eso a Justin.
He mentido por salvar a alguien al que no volveré a ver nunca. Alguien que no se ha vuelto a preocupar por mi ni por su familia. Y estoy defendiéndolo. Y callándome, porque si dijera algo la policía iría tras él y me preguntarían, y yo no quiero sentirme mas inútil de lo que me siento al no poder decirles nada. Porque no sabía nada. Y Matt tenía un jodido agujero de bala en el pecho.
Llegué a la cafetería y eché la moneda en la máquina. Un café doble me vendría de maravilla, y eso que no me gustaba el café, pero esta semana no había bebido otra cosa que no fuera eso. Tenía que estar despierta. Tenía que ser la primera que viera que Matt estaba vivo.
Cogí la pequeña taza y me la llevé a los labios. El líquido cayó por mi garganta quemándome, pero ya estaba acostumbrada. No me importaba lo caliente que estuviera. Había cosas que dolían todavía mas.
Tiré el vaso a la papelera cuando terminé y decidí salir a que me diera el aire. Si Matt recordaba todo el plan se iría al traste. Estaba segura de que Matt lo contaría. ¿Qué iba a impedírselo? Justin al final acabaría encerrado, unos cuantos años y quizá demasiados. Y yo no podía tenerlo entre rejas. No podía. Sería como tener aquello que mas deseo a centímetros de mí y jamás alcanzarlo. Nunca. Y me jodía estar tan enamorada de él. Porque incluso ahora, pensaba mas en él que en la persona que estaba en una estúpida cama de hospital. ¿Cómo podía ser eso sano para alguien?
No lo era.
Había caminado hasta la salida casi sin darme cuenta. Me senté en las escaleras de la entrada abrazando mis piernas contra mi pecho. No había vuelto a llorar. No después de la primera noche. Y mi cuerpo me lo gritaba, pero mi cabeza no le dejaba. No iba a ser débil. Había aprendido de él a no serlo, a mantenerme a flote aunque doliera infinito. Enterré la cara entre las piernas y cerré los ojos.
Tal vez ahora podría desobedecerle y llorar. Merecía hacerlo. Pero no podía.
“¿Qué voy hacer?” Susurré a la nada.
“Perdona, ¿eres ____ Sanders?”
Levanté la cabeza al oír mi nombre completo. Una chica morena y alta se alzaba delante de mi, vestida con unos vaqueros ajustados y una camiseta bastante ancha. Era muy guapa a pesar de las ojeras que tenía bajo sus ojos. Respiraba entrecortadamente.
“¿Quién eres?”
“Eso no importa. Eres Sanders, ¿si o no?” Volvió a preguntar con insistencia.
Asentí levemente. “Soy yo.”
“Te traigo un mensaje de alguien. Justin.”
Mi corazón dio una voltereta. Me puso de pie en seguida ante la mención de su nombre. Mi cuerpo temblaba.
“¿Dó-dónde está? ¿Qué le ha pasado? ¿Está bien? Dime que si, por favor, dime que sí.” Mi boca y mi cerebro actuaban con vida propia. No supe que había soltado todo aquello hasta que lo hube hecho.
“Verás, yo sólo venía a decirte que siente todo lo que te ha hecho desde el día en el que te conoció.” Lamió sus labios y tragó saliva. “Y…”
“¿Y qué mas?” Pregunté con ansia. Era lo primero que oía de Justin en mucho tiempo. Necesitaba mas que eso, mucho mas.
“Y que te quiere.”
Me quería, estuviera donde estuviera, me quería. Mi corazón se encogió haciéndose cada vez mas y mas pequeño. Sus palabras se habían clavado dentro.
Agaché la mirada intentando relajar mi respiración. Pero no quería eso. No quería que me dijera que me quería. Quería saber dónde estaba, cómo se encontraba, qué estaba haciendo. No que lo sentía. Necesitaba saber que seguía ahí.
“¿Dónde está? Por favor, dímelo, tengo que saberlo, tengo que ir-“
“No. No. Ir a buscarle es inútil.”
“No me sigas que es inútil, eso no es posible.” La encaré. “¿Dónde está?” Pregunté esta vez remarcando cada una de las palabras.
“En un lugar del que jamás va a poder salir.”


Y está vez, me permití romperme.




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Siento que el capitulo sea bastante corto, pero quería centrarme sobre todo en esta parte y hacer un capítulo sólo para esto. Quería que vieraís como se ha sentido y se siente en estos momentos ____.
ATENCIÓN: Empezaré a subir la novela CADA DOMINGO en vez de los lunes.

domingo, 20 de abril de 2014

Capitulo 46

"Eres mi mejor arma..."



Aparté a Sam de mí lo mas rápido que pude. Ella se quedó descolocada mirándome como si fuera un bicho raro. Supongo que no estaba acostumbrada a que nadie la rechazara. Pero yo no quería ni necesitaba nada de eso. Escapé hacia un lado de la cama, dejando espacio entre ambos.
"Vamos, pequeño, no tengas miedo." Susurró con voz sugerente dando unos pequeños pasos hacia mi.
Mis pasos fueron por el lado contrario, alejándome de ella. Desvié la mirada al suelo para no tener que ver su cuerpo desnudo. "No, no hace falta que hagas nada de esto."
"Shhh, sólo tienes que relajarte." Lamió sus labios de forma provocativa.
Mi cuerpo se sacudió en un escalofrío. Tenía que llegar a la puerta y salir lo antes posible. Anduve otro paso hacia atrás hasta que mi cuerpo chocó con la pared. ¿Por qué mierda tuve que venir hasta aquí? 
¿Y dónde ibas a ir sino, héroe?
Sacudí la cabeza. "Te lo agradezco mucho, pero no." Eché un vistazo rápido a la puerta. Tal vez si la bordeaba a ella con suficiente rapidez podría salir... pero, ¿a dónde iría? Aquí dentro estoy totalmente a ciegas. "Yo... yo sólo..." Tartamudeé.
Sam pareció distinguir hacia donde se dirigía mi mirada. Pareció caer en la cuenta de algo y se tapó el pecho con los brazos. Su mirada cambió por completo. Ahora era todo súplica. Miedo. "Tu no eres de por aquí verdad... Nunca te he visto con Tony."
Negué con rapidez. "Hago algún trabajo para él a veces."
"A veces..." Sam susurró dando unos pequeños pasos fuera de mi campo de visión sin dejar de mirarme. "Dime una cosa, ¿quieres irte?"
Levanté la vista con rapidez hacia ella. Estaba al otro lado de la cama de donde yo me encontraba. Asentí. 
"Entonces, llévame contigo." Suplicó con un sollozo.

**

"Hay una pequeña salida por este pasillo." Señaló Sam en un susurro. 
Después de nuestra 'pequeña charla' había aceptado escaparme con ella. Algo en la forma en la que me lo pidió hizo que aceptara y confiara en ella. Además, ella se conocía perfectamente todo el recinto y todo sería mucho mas fácil, a pesar de no tener ninguna arma con la que podernos defender. Debíamos de ser cuidadosos y no dar un paso en falso, de lo contrario no saldríamos nunca.
Sam se había cambiado de ropa con una rapidez increíble. En dos segundos se había puesto unos pantalones y una camiseta que la llegaba hasta la pantorrilla. Lo mejor de esto es que ya no tendría distracciones porque a pesar de todo la chica estaba muy buena y bueno... Sacudí la cabeza y me concentré en lo que Sam estaba diciéndome. 
"El problema es que por aquí suele pasearse mucho Maxy." Susurró contra mi oído.
Estábamos en un pasillo con casi la total oscuridad. Unas pequeñas bombillas colgaban del techo casi fundidas, lo que permitía un alumbramiento mas bien inútil para alejar a todas las sombras. Nos encontrábamos apretujados en un pequeño agujero que había entre dos puertas, al principio del pasillo. Sam estaba detrás de mi, casi encima de mi cuerpo porque el agujero no permitía mucho mas espacio. Me sentía un poco incómodo con ella.
"Está bien, iremos con cuidado, ¿de acuerdo? No te separes de mi."
Di tres pasos hacia delante cuando unas voces aumentaron a través del pasillo. Volvimos a meternos al agujero a toda prisa. El pulso iba a mil por hora. ¿Por qué tenía la impresión de que esto no iba a funcionar? Ah si, porque llevabamos todas las de perder.
"Se-señor, ¿dónde va? Ta-tal vez todavía no hayan terminado." Pronunció Maxy con miedo.
Iba acompañado con uno de los gorilas de Watson. Los dos andaban a paso ligero por el pasillo perpendicular al nuestro. Pegamos nuestras espaldas con mas fuerza a la pared. Podía escuchar la respiración agitada de Sam a mi lado. Si nos cogían cuando aún no habíamos intentado escapar...
"Les has dejado sin vigilancia, idiota. Si el jefe se entera se cabreará." En un movimiento agarró a Maxy del brazo y tiró de su cuerpo contra la pared dándole un buen golpe. "Y tu no quieres que se enfade, ¿verdad, rata estúpida?" Acercó su cara a la de Maxy y escupió aquellas palabras con amenaza y el mayor veneno que había escuchado nunca.
Sam se tapó la boca para reprimir un sollozo cuando el matón le dio un fuerte puñetazo a Maxy que hizo que cayera al suelo como si de un juguete roto se tratase. Apreté los puños de rabia. Era sólo un crío.
"¡Levanta!" Agarró la camiseta de Maxy mientras este continuaba tirado en el suelo. Le levantó y le tiró hacia delante. Su cuerpo volvió a caer con fuerza al suelo. "Maldito inútil, tengo que hacer yo siempre el trabajo sucio."
Por el rabillo del ojo vimos como se estiraba la camisa y continuaba su camino, sin ni siquiera volver a mirar a Maxy que soltaba algún que otro gemido en el suelo, mientras intentaba levantarse sin éxito.
Cuando los pasos fueron siendo cada vez menos audibles, Sam salió del escondite y corrió hasta el cuerpo de Maxy. No pude detenerla a tiempo, ni siquiera sabía que estaba haciendo antes de darme tiempo a actuar contra ello. Iba a echar a perder todo el plan. Joder.
"Sam, Sam, vayámonos ya." Grité en un susurro.
"Jus-Justin... yo... nosotros... no podemos dejarle aquí tirado." Sam intentaba contener las lágrimas.
Le dio la vuelta al pequeño. Sam temblaba, sus manos sobre todo. No sabía en que lugares podía tocarle y en cuales no para no causarle mas dolor.
Se inclinó susurrándole algo que no pude apreciar. Pero él no le respondió.
Acarició con cariño el pelo sucio y graso de Maxy. Este en cambio sólo gemía de dolor sin estar muy atento a nada de lo que pasaba a su alrededor.
"Nos van a matar." Dije apretando los dientes.
Sam negó con la cabeza mientras volvía a llorar con fuerza. Se agachó para apretar a Maxy contra ella mientras le abrazaba. "Respira, sigue respirando." Levantó el cuerpo del pequeño para que no siguiera tirado.
Y como si todo el maldito karma se hubiera abalanzado sobre nosotros, un disparo impactó contra la espalda de Maxy. El chico abrió los ojos de golpe y su cara fue de completo dolor.
"¡NO!" Gritó Sam como si la vida le fuera en ello.
Levanté la vista a tiempo para ver como el gorila corrí hacia nosotros con una sonrisa de satisfacción. Nos iba a matar, a todos. Había que escapar. Ya.
Corrí hasta Sam que lloraba sobre el cuerpo inerte del chico. Tiré con fuerza de su brazo pero ella no parecía moverse. Seguía abrazada a su amigo.
"Maxy, Maxy por favor... ¡Por favor, despierta!" Movió el cuerpo con ímpetu, como si esperara de verdad que el chico abriera los ojos y la mirase.
"¡Sam vayámonos, ya!" Grité a su lado.
Otro disparo voló por encima de nuestras cabezas, lo bastante cerca como para que Sam cerrara los ojos por el miedo y se pusiera de pie poco después para encaminarse hacia la salida a toda velocidad mientras yo la seguía los talones.
Sam y yo atravesamos el pasillo a la máxima velocidad que nuestros cuerpos nos permitía. Teníamos que salir, tengo que salir, tiene que salir. El gorila había estado gritando a voces el nombre de sus compañeros que no tardaron en unirse a ellos. Otra bala salió de sus pistolas y zumbó cerca de mi oído. Mis pasos se aceleraron.
Izquierda, derecha, todo recto. Sam ni siquiera dudaba. Y tal vez nos hubiéramos perdido, no lo sabía. Cuando ella me había explicado el camino me había parecido mucho mas corto. Los pies golpeaban el duro suelo de cemento. Pero era incansable, era todo velocidad. No podía detenerme. Había que seguir luchando.
Perdimos de vista en un giro a todos los hombres que nos perseguían. Pero sus gritos y sus maldiciones nos seguían advirtiendo de que aún a pesar de todo estaban todavía cerca.
"¡Justin, por aquí!"
Sam se giró de improvisto. Entró dentro de una habitación mucho mas grande de la que habíamos estado hacía unos escasos minutos.
Pero no, esto no era una habitación. Esto era algo mucho mas parecido a un laboratorio. Había mesas cuadradas de aluminio esparcidas por toda la sala. Sobre estas había todo tipo de material de laboratorio. Probetas, utensilios de decantación, bisturíes, animales... Me quedé de pie contemplando todo el conjunto. ¿Qué demonios hacían con un laboratorio aquí dentro?
Sam tiró de mi para que me escondiera debajo de una mesa junto a ella. Abrí la boca para decir algo cuando uno de sus dedos se posó en mi boca pidiendo que me callara. No iba a tener que repetirlo mucho mas.
La puerta se abrió entonces con un fuerte estruendo. Sam tembló a mi lado. Cogí aire y me preparé para lo que se avecinaba. Unos pasos hicieron camino por el laboratorio. Silenciosos. Pude ver el arma colgando en una de sus manos cuando pasó por nuestro lado. Si tan solo pudiera cogerla...
"Greg, ¿qué coño haces aquí dentro?" Preguntó una voz.
"Creía haberles visto entrar." El hombre que había visto apretó el agarre en su arma. Sus nudillos se pusieron blancos.
"Tom les ha visto ir por el otro pasillo, vamos."
Este pareció estar de acuerdo y se encaminó de nuevo a la puerta. Cuando los dos hombres salieron esperamos unos cuantos minutos hasta que vimos que todo estaba en calma y asomamos la cabeza por encima de la mesa. Por poco...
Sam se levantó al mismo tiempo que yo. Bordeamos la mesa cada uno por su lado mientras la oía hablar.
"La salida está justo en frente. Hay una pequeña escalera de incendios que sólo conocíamos Maxy y yo. No nos podrán ver desde ahí."
Asentí y agarré el pomo de la puerta. Antes de salir de la habitación susurré:

"Siento lo de tu amigo, no merecía esto."
Sam mostró una leve sonrisa que se esfumó en un instante.
"Ni él ni nadie, pero es uno de los precios a pagar cuando entras en esto. Él lo sabía. También deberías haberlo sabido tú." Susurró saliendo del laboratorio antes que yo. Ni siquiera me miró esta vez.
Asomó la cabeza y con cuidado miró hacia todos los lados por si volvía a parecer alguien en cualquier momento. Cuando todo estuvo despejado salimos y nos dirigimos a la pared que había justo delante. Fruncí el ceño al no encontrar una puerta, una rendija o incluso un pequeño tirador. Nada. Sam estaba de pie delante de la pared. Miró hacía la parte mas alta y contó con una voz casi inaudible. Cuando encontró lo que buscaba, tocó un pequeño agujero que se encontraba inadvertido en la pared de cemento junto con otros tantos. Entonces un hueco en la pared se abrió. Dejando a la vista el amanecer que se dibujaba en el horizonte y una pequeña escalera que nos permitía llegar hasta el suelo.
Sam entró la primera sin miedo, y yo la seguí. Cuando ambos cruzamos, el hueco se cerró de la misma forma con la que se había abierto. Sam se encaminó hacia abajo. Y la seguí. Ya podía respirar aire libre, aire puro. Ya podía ver la luna siendo comida poco a poco por la abundancia del sol. Ya pude apreciar la lejanía a la que nos encontrábamos. Si conseguíamos salir, ¿qué haríamos? No habíamos pensado en eso. Esto estaba totalmente alejado de todo. ¿Cómo íbamos a ir a algún lugar seguro?
Nos quedamos quietos cuando vimos a un coche acercarse. La puerta de un garaje a nuestra izquierda se abrió. Creo que ya teníamos una forma de salir.
Cuando el coche hubo entrado y la puerta se cerró, bajamos lo que nos quedaba de escalera. Había que darse prisa. Ambos saltamos del ultimo escalón de la escalera hasta el suelo, ya que este se encontraba a unos dos metros de nosotros. Caímos haciendo el mínimo silencio posible y le hice señas a Sam para que se acercara.
"Hay que conseguir un coche." Susurré intentando recuperar la respiración.
Sam asintió. "¿Alguna idea?"
Hice un gesto con la cabeza en la dirección en la que el coche había ido. Caminamos agachados para no ser visto por cualquiera de las ventanas que había en la pared, hasta la puerta del garaje. Una vez ahí, nos quedamos agazapados esperando a que todo dentro quedara en silencio. Me levanté una vez que todo estaba en calma de nuevo.
"Sí, tú te quedas aquí. Yo entro." Respondí mirando a través de una de las ventanas que había en la puerta del garaje. Antes de que Sam replicara, volví a hablar. "Si algo pasa ahí dentro quiero que salgas corriendo hacia la carretera, alguien hará stop, ¿de acuerdo? No vuelvas aquí."
"No voy a dejarte solo en esto, Justin." Replicó con dureza.
La miré entonces y fruncí el ceño. "Vas hacerlo y harás una cosa mas. Si algo pasa ahí dentro quiero que me prometas que buscarás a una chica, a una chica llamada ____ Sanders. Necesito que la digas que la quiero, y que siento todo lo que he hecho desde el momento en el que me conoció. Necesito que sepa que lo siento, ¿podrás decírselo?"
"Te lo prometo." Susurró. Asentí y me encaminé hacia una pequeña puerta que había para entrar en el garaje al otro lado de la puerta. Antes de dar un paso, Sam me agarró la mano. "Pero se lo dirás tu mismo."
Asentí y me soltó la mano dejando que pudiera seguir mi camino.
Cuando llegué a la manivela de la puerta está se abrió sin rechistar. Ni siquiera han puesto llave. Eché un rápido vistazo dentro. La poca luz que entraba por las ventanas alumbraba el garaje. La verdad es que era demasiado grande y cabían unos cinco coches con suficiente espacio entre ellos. Había unos coches muy elegantes y caros ahí dentro. Pero me decidí por el mas cercano a la salida. Corrí hasta él y tiré de la puerta por si había suerte y esta estaba abierta. Bingo, por fin algo que iba conmigo.
Me deslicé dentro del coche y cerré la puerta con sumo cuidado detrás de mí. Era hora de hacer magia. Cuando había estado peleando en el círculo, Adam me había enseñado algún que otro truco por si algún día la cosa se torcía y había que salir echando leches, y una de ellas era como hacerle un puente a un coche. Eran pan comido si lo habías hecho mas de una vez. En mi caso, era la segunda. Mejor no hablar de como fue la primera.
Me incliné sobre el asiento delantero y me puse manos a la obra. Una vez hube abierto la caja donde se encontraban los cables tiré del verde y del amarillo. Había que romper el amarillo y pelar un poco el cable para luego hacer lo mismo con el verde, y unir ambos extremos. El problema era de que si no lo hacías con el suficiente cuidado, en algunos coches podía saltar la alarma y eso era exactamente lo que no podía permitirme en este momento.
Tiré del clave amarillo y lo mordí con los dientes hasta que este se hubo roto. Perfecto. Pelé un poco el cable con la boca escupiendo los trozos de goma sobrantes. Sólo quedaba el verde.
"Oye Chris, ¿crees que el jefe nos dejaría dar una vuelta en el porche? Me muero de ganas por probarlo."
"Si quieres que te pegue un tiro, adelante, pregúntale."
La voces me sorprendieron. Había estado tan enfrascado en montar todo el puente bien que ni siquiera había odio como habían entrado. Terminé con el cable verde. Ahora sólo tenía que juntarlos. Pero mas me valía hacer todo bien. Si oían el coche y no salía pitando de aquí me matarían. Sabía que iba a hacerlo.
Vamos Bieber, hazlo ya y sal.
Junté los claves. El pulso me temblaba. ¿Y si elegían este coche para dar una vuelta? Oh joder, ¿por qué esto no arranca? Apreté los cables con fuerza. Vamos, joder, vamos funciona de una puta vez. Apreté la conexión de los cables con los dedos y la retorcí. Nada. Funciona, funciona, funciona. El sudor hacía que mi pelo se pegara a mi frente. Tenía que conseguirlo. Apreté de nuevo los cables y el motor rugió. Si.
Y entonces sonó la alarma.
Mierda.
Antes de que pudiera incluso moverme, unos brazos me sacaron con fuerza del coche tirándome al suelo. Levanté la vista para ver a dos hombres trajeados sonriendo con diversión mientras se crujían los nudillos. Era hombre muerto.
"¿Ibas a alguna parte?" Preguntó uno de ellos, el que quería dar la vuelta con el coche.
"Vereis muchachos, tengo que ir a comprar comida, asi que si no os importa..." Me puse de pie mientras decía todo esto. Eran dos contra uno. Me fije en que no iban armados. Bueno, Bieber, esto será pan comido.
Vi por el rabillo del ojo que Sam se había asomado por la ventana. La hice un gesto con la cabeza y captó mi mensaje porque entonces desapareció. Uno lo había conseguido, ahora solo quedaba yo.
"¿Te crees gracioso, microbio?" El otro tipo apretó su mandíbula.
"Oh, ¿pero tú sabes lo que significa eso? Vaya, y yo que pensaba que todos por aquí erais unos idiotas, me siento orgulloso de ti." Comenté con una sonrisa.
El tipo se puso rojo de rabia. "Te vas a enterar, hijo de puta."
Saltó hacia mi con el puño en algo. Antes de que impactara contra mi, lo esquivé y le proporcioné un fuerte golpe en el estomago. El hombre gruñó y se apretó el estomago con fuerza mientras volvía a por mí con el otro brazo. Volví a esquivar el golpe y le di una fuerte patada en las piernas haciendo que cayera al suelo sobre su hombro izquierdo. El otro, al ver que había un momento de distracción, me atacó por el lado izquierdo. Evité su puñetazo y le atiné yo uno en la mandíbula con toda mi fuerza. Esto hizo que se desestabilizara y diera unos pasos hacia atrás. Escupió la sangre que llenaba su boca y volvió a por mi. Esta vez no llegué a tiempo a apartarme y su puño golpeó mi mejilla. Antes de darle la oportunidad de otro golpe, mi pie voló hasta su pecho e hice que se golpeara contra un coche. Aproveché ese momento para darle una fuerte patada en el estómago a su amigo que intentaba levantarse. El otro tipo entonces se acercó y eso me permitió golpearle con los puños con fuerza. Uno, dos, tres, cinco, pam. Con el último acabó en el suelo junto a su amigo.
Intenté recuperar la respiración. Había que irse.
Unos aplausos y una risa que conocía demasiado bien impidieron que me moviera.
"Bravo, chico. Has tumbado a dos de mis mejores hombres, enhorabuena." Alabó Tony desde la puerta.
No me volví a mirarle. "Deja que me vaya."
Oí como se iba acercando a mí, pero me impedí moverme. No iba a ser débil delante de él. Nunca.
"Creo que no." Noté una sonrisa en su voz. Se paró a un metro de mi. Dejando entre medias de nosotros los cuerpos de sus hombres heridos.
"¿Para qué me quieres?"
"Eres mi mejor arma, entiende eso. No puedo permitir que te vayas así como así. Tengo un futuro planeado para tí."
"Pero yo no quiero."
"No te lo estoy ofreciendo."
Levanté entonces la vista. Odiaba a aquel hombre. Odiaba en que me había convertido. Odiaba todo lo que había hecho por él. Odiaba no tener posibilidades de vencerlo.
Tony se rascó la barba y una sonrisa perversa se dibujó en su cara. Me miraba como si fuera dinero, como si fuera la meta para algo. Era un objeto para él, un simple peón que estaba a su total obediencia. Algo dentro de mi se removió por el asco.
"Tú y yo, Bieber. Date cuenta, estés donde estés siempre voy a llegar a ti. Te metiste en un juego muy peligroso y no voy a dejar que ta vayas de rositas. Porque no vas a irte nunca. Ahora no tienes nada, sólo te quedo yo. Acepta la caridad que te ofrezco, muchacho."
"Ya te dejé claro todo, Tony."
"No admito un no por respuesta." Negó con la cabeza. Suspiró y prosiguió. "Me da lástima todo esto, porque sólo tienes dos opciones. Te unes a mi por decisión propia y yo hago que salga de tu boca."
Apreté los puños hasta que los nudillos estuvieron totalmente blancos. Noté entonces las rozaduras que me había provocado pegarme con los inútiles que estaban a mis pies. Noté la pesadez de mi cuerpo y la adrenalina diciéndome que saliera de allí. Noté como me cabeza gritaba y me hablaba al mismo tiempo buscando cualquier solución. Lo que no noté fue...
"Tendrás que hacerlo por la fuerza, entonces." Anuncié con los ojos fijos en los suyos. Inexpresivos, sin miedo.
"Muchachos." Llamó.
No me moví. Si iba a obligarme no iba a ponérselo fácil. Y Tony esperaba eso, siempre lo esperaba de mí. Sin debilidades, sin emociones, nada. Un juguete roto a su disposición. Así me quería. Así me haría ser.
Unos brazos me agarraron con fuerza y noté un fuerte pinchazo en el cuello. Después, todo negro.




Lo que no noté fue mi corazón, que estaba en otra parte, roto pero a salvo. Con ella.



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Bueno, quería pediros perdón por no haber subido al final esta semana, así que por eso he hecho este capitulo mucho mas largo y en vez de subirlo mañana lo subo hoy.
Sólo quería deciros que mas o menos vamos acercándonos al final de todo. Tal vez salgan unos diez capítulos mas o a lo mejor alguno menos, pero esto ya empieza a terminarse.
Me gustaría mucho que me dierais vuestra sincera opinión con respecto al capitulo, la novela o todo en general. 
Muchas gracias por contar conmigo para poder leer.

lunes, 7 de abril de 2014

Capitulo 45

"¿A dónde irás, héroe?”





Justin se crujió los nudillos. No se encontraba a gusto en ese coche. Le faltaba aire. Le faltaba respirar cualquier cosa que no fuera aquel ambiente. Que no fuera aquella culpa que sentía. Porque lo había hecho. Había disparado. Y aún a pesar de todo, aún a pesar del dolor en su cara, a pesar de su grito, a pesar de todas sus lágrimas, volvería hacerlo una y otra vez. Para mantenerla a salvo. Para que no la hicieran daño.
Se sentía extraño, lejano, fuera del coche en el que estaba. No tenía idea de a donde iba ni cuando volvería. ¿Qué importaba? ¿Por qué debía volver? Sus pensamientos estaban a años luz de todo lo que le rodeaba. Ni siquiera el aire frío de la noche que le golpeaba a través de la ventana parecía devolverle al mundo real. ¿Para qué? ¿Para ver el monstruo en el que se había convertido? ¿Para ver todo el horror que había causado? No, no. Todo eso podía irse al infierno. Él había causado esto. Y no iba hacer nada para arreglarlo.
Por una vez, iba a dejarse llevar.
El coche aparcó delante de unos edificios que parecían totalmente abandonados. No había nada mas alrededor que oscuridad y frío. Justin se dio cuenta de que debían de haber estado en la carretera por un largo tiempo porque la cuidad quedaba en la lejanía. A sus espaldas. Fuera de su alcance. Tony y sus dos secuaces salieron del coche en cuanto este hubo frenado. Justin todavía luchaba contra el impulso de quedarse dentro y compadecerse de sí mismo cuando unos golpes en su cristal le obligaron a levantar la vista y a poner un pie fuera de este. Era hora de vivir la realidad.
Tony hizo un gesto con la cabeza para que le siguieran y fueron tras él. Los pasos se le hacían cada vez mas pesados a medida que avanzaba. ¿Dónde coño estoy? No se dio cuenta de que lo había dicho en alto hasta que Tony le respondió.
“Tranquilo, chico, pronto lo sabrás.” Contestó sin ni siquiera mirarle.
Justin apretó la mandíbula y caminó los metros que quedaron hasta la puerta. El edificio daba mas miedo de cerca que de lejos. La cristalera de la que estaba hecha tenía algún que otro agujero hecho. Sin olvidar unos cuantos graffitis que alguien se había encargado de dejar. Nada de esto le daba buena espina pero, ¿qué importaba?
Tony sacó un manojo de llaves y encontró la que buscaba para meterla en la cerradura y abrir la puerta. La abrió de una patada entrando sin temor el primero de los cuatro. Uno a uno fuimos entrando. La oscuridad nos consumió pero Tony sabía que camino debía coger. Mis ojos se acomodaron a aquella negrura y no tardé en ver una pequeña luz al final del pasillo por el que íbamos. Una figura se dibujó justo en medio. Las manos empezaban a sudarme, ya no me notaba tan confiado. Me vino de nuevo a la mente Matt. Apreté los puños.
“Bienvenido, señor.” Saludó aquella figura que antes vi a lo lejos. Ahora le tenía delante y no era mas que un chaval desecho y encorvado, lleno de suciedad y con el pelo grasiento. Tenía que llevar semanas sin ducharse. Tenía ojeras negras como el carbón y unos ojos rojos con la pupila totalmente dilatada. “¿Qué-qué le trae por-por aquí?” Tartamudeó.
“Relájate, Maxy, sólo vengo a por un poco de mercancía.” Dijo Tony dándole unos golpecitos en la espalda encorvada.
Habíamos llegado a un inmenso almacén. Todo ello estaba lleno a rebosar de cajas y paquetes enormes de hierba. El olor impregnaba todo el edificio y hacía daño al olfato. Tuve que taparme la nariz con el brazo para no acabar totalmente mareado. Aunque parecía que Maxy ya estaba acostumbrado al hedor.
“Le juro que es-está todo. No-no me he llevado na-nada.”
“Seguro que no.” Levantó la vista a sus gorilas y les señaló unas cuantas cajas.
Ellos asintieron y se dirigieron a ellas con una sonrisa de satisfacción. No debía de ser la primera vez que se encontraban aquí.
“Justin, ven aquí.” Ordenó.
Ni si quiera me moví.
“¡He dicho que vengas, sucio bastardo!” Gritó.
Mis pies se movieron instintivamente mientras mi cabeza gritaba que por ahí no, que fuera hacía el otro lado. Con ____.
“Muy bien.” Soltó una fuerte risa. “Hoy voy a premiarte. Maxy, quiero que le des a Justin una buena cantidad de las delicias que tenemos aquí y le lleves con Sam.”
“Pero señor, Sam hoy…”
“¡VE POR ELLA!” Voceó con furia. Maxy tragó saliva y salió corriendo por el pasillo por el que habíamos venido.
“No quiero nada tuyo.”
“Perdona, no te oí. ¿Qué has dicho?” Preguntó con ironía.
“Qué no quiero nada que provenga de ti y toda tu mierda.” Escupí con asco.
Sin esperármelo, Tony me agarró por el cuello y me estampó contra la pared. Apretaba con fuerza. Me costaba respirar pero no iba a rendirme ante él. Intenté luchar pero el hijo de puta sacó un arma del bolsillo y la puso contra mi sien. Sonrió con malicia.
“Mira, maldito engendro, vas hacer lo que yo te diga, ¿entendido? Aquí el que pone las normas soy yo y de momento estoy siendo amable contigo.” Apretó el arma con mas fuerza. “No juegues conmigo.”
“Suéltame.”
“Lo haría encantado, pero te largarías. ¿Y a donde irías? Tus amigos no te quieren a su lado, tu familia te odiará cuando se entere y tu novia no es capaz de mirarte a la cara sin salir corriendo. ¿A dónde irás, héroe?”
“Lejos de ti.” Respondí sin pensarlo.
“Eso es imposible, chico. Te estoy dando una oportunidad que nadie te dará nunca. No la dejes escapar.”
Le miré a esos ojos inyectados en sangre. ¿De verdad era la única oportunidad que tenía? Y la única que merecía. Era un asesino, una bestia, un monstruo. ¿Quién me daría una oportunidad? ¿Quién me perdonaría si ni siquiera lo hacía yo mismo? Ni Ryan, ni ____, ni mi familia. Tenía razón. Todos huirían de mí, todos saldrían corriendo a la menor oportunidad. Había hecho algo imperdonable. Algo tan horrible que me provocaba asco a mí mismo. Y todavía no había sido capaz de asimilar que había apretado al gatillo.
Cuando no respondí y Tony vio que aquello que había dicho surgió efecto me soltó y yo me dejé caer por la pared. Derrotado, cansado, sin fuerzas. Porque ya no tenía nada por lo que luchar. Me daba por vencido. Me rendía. Watson había ganado. Siempre lo había hecho y yo decidí competir contra él con las cartas boca arriba.
Maxy llegó corriendo y le dijo a Tony que todo estaba listo, que podía subir en el momento que quisiera que Sam estaba esperando. Tony sonrió con complacencia y me levantó agarrándome del brazo y me empujó hacia Maxy que levantó las manos para intentar taparse por si me caía encima.
“Disfruta de mi regalo y no me hagas matarte.” Anunció.
Maxy me agarró de la camiseta y tiró de mi por el pasillo oscuro por el que habíamos venido, solo que esta vez nos alumbraba la pequeña linterna que llevaba con él. ¿Dónde iba esta vez? Sólo quería dormir. Dormir y que el dolor y la culpa me llevaran. ¿Quién era Sam? Tal vez podría matarme y así sufriría menos. Tal vez así podría esperar a ____ sin culpa, sin conciencia. Tal vez el mejor regalo que podían ofrecerme era un arma. Un arma y tiempo. Tiempo suficiente para volarme la cabeza.
Maxy me llevó por una escalera hasta el piso superior. En ningún momento me soltó la camisa. El chico tiraba con decisión y de vez en cuando temblaba. ¿Qué haría un chaval metido en esta mierda? Cuando estuvimos arriba me acercó a la primera habitación y se paró en seco. Tragó saliva y levantó la vista para mirarme.
“La señorita Samantha está dentro. Es-espero que disfrute, se-señor.” Se echó a un lado y abrió la puerta. Empujándome hacia dentro para poco después cerrar la puerta tras de mí.
La habitación estaba alumbrada por una luz roja. El cuarto no era especialmente grande, pero sí lo suficiente para que hubiera una cama de matrimonio con sábanas de estampado de leopardo. Había una mesilla a su lado con lo que parecía ser un bol lleno de envoltorios de condones.
Al otro lado de la habitación había una puerta por la que salió una chica.
“Tony, le he dicho a Maxy que no- Oh, hola.”
La chica no debería tener uno o dos años mas que yo. Estaba vestida solamente con una bata transparente que dejaba al descubierto todo su cuerpo. Estaría completamente desnuda si no fuera por eso. Tenía el pelo negro que le caía sobre los hombros mas abajo del pecho, tapándoselo. Tenía unos ojos grandes y azules, era guapa si no fuera por la cantidad de maquillaje que debía llevar puesto.
Me giré cuando me di cuenta de cómo vestía. “Tranquila, no quiero que hagas nada.” Cerré los ojos deseando salir de aquí. No quería hacer esto, no iba hacerlo. No, no, no. ¡Joder!
Sentí unas manos por mi espalda, subiendo lentamente hasta mis hombros. Su aliento chocó contra mi cuello.

“Shhh, voy hacerte disfrutar mas que nunca, cariño.”






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No sé si podré subir capitulo la semana que viene. Si el lunes no puedo lo mas seguro es que suba el jueves o el viernes.