"Tenéis
razón, no sirvo para nada."
Al cabo de 1 mes.
Justin:
Riiiiiing, riiiiiiing. El despertador taladraba
mi cabeza. Un sonido ronco salió del interior de mi garganta. No
quería despertarme, ni siquiera tenía fuerzas pero me obligué a
ello. Uno, dos, mis pies cayeron a un lado de la cama. Me desperecé
como pude y me levanté subiéndome un poco los calzoncillos que se
habían caído, seguramente al moverme en la cama. Salí por la
puerta listo para tomar cualquier mierda que Ryan hubiera preparado.
Por una vez, ni eso me importaba. Podría comer cualquier porquería
en este momento. Total, ¿qué mas daba? Todo acababa en el mismo
sitio.
Cuando salí Ryan ya estaba vestido con su habitual
traje de etiqueta. Siempre perfecto. Siempre impecable. Debería
empezar a vivir la vida mas en serio.
Levantó la vista mientras aún tenia su taza en los
labios. Alzó las cejas al hecharme un mejor vistazo. “Vístete,
bro. No tengo ganas de ver lo que sea que tengas por ahí colgando.”
Colocó su taza en el fregadero una vez hubo terminado y agarró su
chaqueta de una de las sillas colocándosela a toda prisa mientras
miraba al reloj de la cocina.
“Mira, tío, no tengo ganas de tu mierda.” Escupí
dejándome caer en el sofá.
“Tu no tienes ganas de nada desde que ___ no está.”
Un golpe bajo.
Giré mi cabeza para encararle antes de que saliera por
la puerta. “Vete a tomar por culo.”
Se encogió de hombros y abrió la puerta de entrada.
“Sabes que tengo razón.” Dijo guiñándome un ojo mientras
cerraba detrás de él.
Maldito gilipollas.
**
“Y pues apareció, ¿sabes? La tía cogió y lo besó.
No la veía capaz y lo hizo.” Volvió a reír. Con esa risa
estúpida que solo hacía que me irritara todavía mas.
Aún no sabía porque seguía pegada a mí. Ah sí. Mi
vista bajó de nuevo a su prominente escote. Sonreí. Ahora entendía
por qué.
“¿Justin, estas escuchándome?” Unas manos
acariciaron mi nuca lentamente, rozando sus uñas contra mi cuello.
Llamaba mi atención pero la verdad es que su cara me importaba cero.
Agarró mi cara con ambas manos, por la mejilla,
obligándome a mirarla. Seguía pensando que sus tetas era mejor
lugar. La cara de Katy se colocó a centímetros de la mía y deseé
alejarla en seguida. Pero, ¿qué mas daba? Ya no había nada de que
preocuparse. Era un cabrón. ___ por fin lo supo. Y a la única a
quien le importaba eso lo mas mínimo era a Katy. Así que, ¿por qué
no? Estaba bastante buena además. Y en la cama era una fiera. Joder,
aún recordaba la última vez. Cuando la hice gritar como la perra
que es y ella pedía más, más y más. Porque las guarras nunca se
cansan.
“¿Qué?” Susurré cuando la imagen de ella debajo
de mí se disolvió.
“¿Me estabas escuchando?” Ladeó su cabeza aún con
sus manos en mis mejillas.
“¿Realmente importa eso nena?” Agarré su cintura
con mis manos y la pegué con un movimiento fuerte a mí. Jadeó. Ya
la tenía. “Ahora no me apetece hablar...”
Me incliné sobre ella. Mis labios rozaron con cuidado
su cuello, aspirando su aroma. Perfume barato. Yo deseaba el olor a
vainilla, a libro nuevo, a felicidad. Ese que ella desprendía. No el
de Katy. Pero lo tenía, no iba a tenerlo más.
“Justin...” Su gemido me hizo despertar. Centrate
en esto, olvida de una puta vez a ___. No eres ni has sido lo
suficientemente bueno para ella. Date cuenta de una puta vez.
Mis demonios me gritaban y tenían razón. No soy lo
suficientemente bueno. Mordí su cuello sin delicadeza alguna
haciéndola gemir aún con mas fuerza. Nunca lo has sido. Su
cintura totalmente pegada a mi entre pierna, sintiéndola. Solo
eres basura que aumenta por momentos. Sus manos en mi espalda,
atrayéndome mas si eso era posible. La fallaste. Mis manos
recorrieron sus piernas llegando poco a poco a la falda de tubo
demasiado ajustada, acaricié sus muslos subiendo poco a poco. La
fallaste como has fallado siempre a todos. Mis dedos rozaron su
parte sensible, dejándola totalmente sin aliento. Aparté un poco su
ropa interior para que mis dedos tuvieran mejor acceso. Tenéis
razón, no sirvo para nada.
Katy gritó mi nombre, pero sus gritos no salieron de la
parte trasera de mi coche.
**
Nos saltamos las demás clases hasta la hora de la
comida. De todas formas iba a ser mi último año en este infierno.
Iba a salir de aquí y no me importaban los profesores o las putas
notas que sólo hacen que nos etiqueten. ¿Cómo saben que él es más
inteligente que yo? ¿Cómo saben si se me da bien la historia o la
biología? Un puñetero papel no dicta mi futuro. Eso lo tengo claro.
Pero yo iba a irme lejos, a Canadá, a casa. Porque mi abuelo estaba
curado. Ya no peleaba y tenía suficiente dinero para vivir bien
hasta que necesitase trabajar en cualquier tontería para acabar
amargado, calvo y gordo. Un ser humano que vive para ganar dinero.
Sin felicidad. Sin ganas.
Pero antes quería viajar y gastarme esa pasta, en mí,
en mí y en... Nadie. Ella ya no era nadie. Nadie para mí al menos.
Porque eso fue lo que pedí. Eso fue lo que me obligué a decirla
mientras lloraba. Y yo no me detenía. Y ella no se daba cuenta de
que era mentira.
Pero eso se acabó. Tenía que mentalizarme. Porque a
pesar de todo la seguía buscando. A pesar de todo seguía queriendo
verla sonreír, verla reír. Verla feliz, pero no conmigo. No con
alguien como yo. Y aun que había terminado con todo eso, con las
peleas y la mafia, sabía que no podía tenerla.
Y dolía como el infierno.
Me senté con la bandeja en la primera mesa que
encontré. Katy se había ido a no se qué cosa y la verdad es que no
me importaba. Evan y John se sentaron conmigo. Decían chorradas a
cerca de un baile de navidad que se acercaba o algo así. No estuve
atento, buscaba otra cosa. Como cada día. Como cada hora. Y sé que
no debería porque todo lo jodí yo. Pero la vi entrar. Con Danna,
con Eric. Y el estúpido pijo/cabrón/gilipollas de Matt. Me puse
tenso. Las ganas de estampar su cabeza contra el suelo. PAM. No mas
“chico bueno”. Lo que mas me hervía la sangre era que ___
parecía cómoda a su lado. Feliz. Con él. Con ese hijo de...
“Tío, deja de taladrarle con la mirada. Así no haces
nada.” Evan dijo levantando ambas cejas hacia mí.
“Me la sopla.”
“¿Y por qué no arreglas esta gilipollez?” Preguntó
John. Como si fuera tan fácil.
“Ve o deja de babear. Asustas a las tías.” Echó
Evan.
Solté un bufido y aparte la bandeja de mi. “No es tan
fácil.”
“Tú eres el que no lo hace fácil.” Recriminó
John.
Estaba cansado de esta mierda. No sé porqué les tuve
que contar nada. Me levanté de ahí listo para irme. Mi hora del
almuerzo había terminado.
“Paso.” Dije antes de marcharme.
No quise salir por la puerta sin no verla una vez mas.
Giré mi cabeza y ahí seguía, con sus amigos. Y cada vez que
sonreía un puñal en el pecho me atravesaba. Debía estar ahí.
Debía estar a su lado. Explicarla que era ella a quien quería. Que
era ella con la que quería estar. Que ella era mi chica. Hoy, mañana
y siempre. Porque no necesitaba otra cosa en el mundo.
Y me vio. Me vio observarla. Y mantuvo su mirada. Verde
contra miel. La batalla que no iba a acabar nunca. Entonces pasó
aquello que no esperaba. Y mi corazón rugió para luego derrumbarse.
Matt también se había fijado en mí, pero no me di
cuenta. No me di cuenta hasta que sus labios estaban sobre los de
ella.
Mis puños se apretaron. Mi mandíbula se tensó. Y no
recuerdo mucho más. Pero Matt estaba en el suelo suplicando que
parara.
_____:
Levanté la mirada y ahí estaba. Con esos ojos miel que
me invitaban a ir. Aunque no era bien recibida. Ahí estaba él sin
esa sonrisa burlona que tanto me gustaba, mirándome. Mirándome como
sólo él sabía hacer. Y quise que viniera. Quise que todo esto se
olvidara y estar en sus brazos. Le echaba tanto de menos que nunca
admitiría cuanto. Le necesitaba. Le había necesitado siempre. Y
ahora no solo nos separaban unos metros, era un abismo. Un abismo que
había formado él. Y dolía. Dolía como alambres en el corazón.
Aprisionando.
Pero no pude ver más. La cara de Matt llenó todo mi
campo de visión y sus labios entraron en contacto con los míos. Un
suave toque. Muy corto. Porque Justin había avanzado hasta aquí y
estaba rompiendo cada uno de sus huesos.
Y yo no sabía que hacer.
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