“No se te ocurra mencionarla.”
Justin:
Me dejaba llevar por la ira. Todo a mi alrededor estaba confuso, solo sentía. Odio, dolor. Todo. Pero, ¿por qué? ¿No era yo quién no había vuelto? ¿No era yo quién la había obligado a seguir adelante y a olvidarse de mi? Era egoísta. Era celoso. Joder, ¿cómo mierdas no iba a serlo? Tenía a la chica mas maravillosa que he encontrado. Tenía a la única chica que me había hecho frenar, pensar y querer. Querer por primera vez y de verdad. Pero era eso, el verbo tener. En pasado. Y con dolor. Porque ya no la tengo. La tiene otro. En su habitación. Lejos de mí y todo el daño que he causado. Porque elegí mal y siempre he hecho lo incorrecto.
La moto me llevaba por sí sola. Los nudillos blancos no hacían mas que contraerse a la vez que daba otro acelerón. La adrenalina no podía apartarme la imagen de la cabeza. Pero es la única que está ahí, que siempre lo ha estado. Suave, dulce, peligrosa. Como una droga. Pero no mi droga favorita, no aquella que me es indispensable para vivir, porque esa está en otro sitio. A unas cuantas manzanas y unos cuantos giros de volante. En brazos de otro que no soy yo.
¿Debería llamar a Ryan y preguntarle? No. Él también merecía olvidarse de mi. Tener un mejor amigo como yo solo había traído problemas. Yo soy problemas. Como los que tiene aquel que la estaba tocando. El miedo y el odio fluyen dentro de mi. Tengo ganas de patear algo. Con fuerza. Duro. Joder. La estaba abrazando. Aprieto los dientes y sigo conduciendo. Cada vez mas rápido. A punto de matarme.
Aparco la moto de cualquier manera en la acera, esta se cae aún encendida mientras el motor toma la orden de apagarse. La verdad es que me da igual. También sufre. Como yo. Tengo el cuerpo tenso, necesito unos cuantos golpes, unos cuantos gritos. Porque ella está con otro y no puedo hacer nada para cambiarlo. Estoy cegado completamente y ya ni recuerdo cómo he podido llegar hasta aquí con vida. He alcanzado mas de la velocidad permitida y he corrido sin ni siquiera fijarme en mi alrededor. Pero, ¿a quién le importa eso ahora? Si muriera nadie vendría a mi funeral. Nadie. Y tampoco me echarían de menos.
Camino hasta el edificio con paso rápido y pesado. Y dejo que todo salga antes de cruzar la puerta. Pego un fuerte grito de frustración que se mezcla con lo que parece un gruñido, y mi puño sale disparado a la pared que hay en torno a la puerta. Y después va el otro. Y de nuevo el primero. Y no paro hasta que la sangre de los nudillos me cae hasta los codos. Ni siquiera noto el dolor. Dejé de sentirlo hace mucho, cuando comencé a castigarme por primera vez. Porque no es la primera vez que lo hago, ni va a ser la última. Me odio a mi mismo y odio en qué me he convertido.
Unas manos tiran de mí con fuerza hacia atrás. Vuelvo a gritar lleno de ira para intentar soltarme pero no tengo éxito. Lanzo un par de golpes que la persona que me tiene agarrada consigue esquivar. Me da la vuelta en un movimiento rápido y me aprieta contra la pared con su brazo alrededor de mi cuello. La vista empieza a serme clara y le veo. Derek.
“¡Basta ya, Bieber!” Grita.
Esta cabreado, la vena de su frente ahora es totalmente visible. Pero da igual, ni en veinte años tendría la suficiente fuerza como para alcanzarme. Pongo las manos sobre su brazo y le aparto de un empujón. Escupo hacia un lado y aprieto la mandíbula sin apartar los ojos de él.
“¿Qué mierdas haces?”
“Intentar que no te desangres, joder.” Baja la vista hasta mis manos y el gran charco de sangre que se ha formado bajo mis pies.
No siento nada.
“Aléjate de mí, sé cuidarme solo.” Amenazo con los brazos caídos. Todavía sigo cabreado, furioso. La imagen no se borra de mi cabeza, sólo se repite una y otra y otra vez.
“Mierda, no, no tienes ni puta idea. ¿Dónde coño has estado?”
“Fuera.”
“Eso ya lo sé, ¿pero qué cojones has visto que te ha cabreado tanto?”
No respondo. No puedo. La imagen está doliendo demasiado. Está entrando muy adentro y crea agujeros por donde pasa. No soy un puto débil, ya no. Y esto me está destrozando.
“Has ido a verla, ¿cierto?” Pregunta levantando el tono de voz.
Mis manos actúan con vida propia. Le agarro por el cuello de la camisa sin que ni siquiera se lo espere y le aprieto contra la pared en la que antes estaba yo. Golpe su espalda con fuerza provocándole una mueca de dolor. Mis nudillos vuelven a apretar con fuerza lo que hace que vuelva a caer la sangre por mi brazo, manchándonos a los dos.
“No se te ocurra mencionarla.” Ordeno con la cara roja de enfado. Me acerco mas a él para que le quede claro. “Nunca, ¿has entendido, Bale?”
Asiente con la mirada fija en mis ojos sin mostrar temor. Aunque su cuerpo me expresa lo contrario. Suelto su camisa y me aparto. Necesito fumar. Necesito un puto cigarro.
Y olvidar.
Al día siguiente:
“Centrate de una puta vez, joder.” Me susurré a mi mismo.
Saqué el cartucho acabado de la pistola y volví a meter otro en un movimiento rápido y ya aprendido. La cargué y volví a colocarla apuntando a mi objetivo.
Esta mañana no había podido acertar ni uno solo y estaba empezando a desquiciarme.
Coloqué la mano en su posición y está vez no cerré uno de mis ojos para poder centrar el arma. Sin parpadear apreté el gatillo y por fin, después de toda la mañana conseguí acertar. La baja atravesó la pared justo por el centro de la frente de mi objetivo. Sonreí orgulloso de mi victoria y volví a disparar. Esta vez de forma seguida, vaciando toda la munición que acababa de hacer. Todas las balas se juntaron alrededor del mismo lugar que había dibujado la primera. Por fin empezaba a calentarme.
“Has mejorado.”
Me giré tras escuchar la oscura voz a la que ya me había acostumbrado. Tony estaba delante de mí, vestido totalmente de negro con un traje y corbata. Fumaba uno de esos puros que tanto le gustaban. Dejó salir el humo mientras miraba mas allá de mi hacia los agujeros que acababa de formar.
“Antes no solías acertar ni una sola.” Prosiguió.
“Antes no era un criminal.” Declaré.
“Pero siempre has tenido el potencial, ¿no?” Su mirada fue hasta mí y sonrió con el puro entre sus labios. Tomo una calada y lo quitó de su boca. Soltando el humo gris mientras continuaba. “Por eso ahora se te da tan bien esto.”
“Podría dispararte ahora mismo.”
“Pero no lo harás, no eres tan estúpido.”
Dio unos pasos hacia mí colocándose a mi lado. Alargó entonces la mano y cogió el arma de entre mis dedos. Yo ni siquiera me moví. No podía. Este hombre era peor que el mismísimo diablo y durante todo este tiempo lo había comprobado. Si le disparaba, habría consecuencias. Y el siguiente en morir, sería yo. Después de...
“Anoche escuché la agradable conversación que tuviste con Derek...” Mi cuerpo se tensó. Él levantó la pistola y apuntó en dirección a la pared de objetivos. “Estoy muy decepcionado contigo.”
“Tenía que verla.” Respondí con rapidez.
“¿Y te gustó lo que encontraste?” Preguntó con una sonrisa.
Mis manos se apretaron en dos puños. Tony soltó una fuerte risa y disparó. Oí el zumbido cerca de mí. La bala pasó a toda hostia hasta golpear la pared.
“Mas te vale no volver a verla, Justin. Sabes donde está tu sitio y el suyo ahora. Espero no tener que repetirlo.” Cargó el arma de nuevo y volvió a alzar la pistola.
Mi respiración se agitó con fuerza. “No hará falta.”
“Bien. Porque en unas horas te quiero listo.” Se giró y colocó la pistola bajo mi barbilla haciendo que girara la cabeza para mirarle. “Ni un fallo. No quiero ni uno solo. O tú y tus estúpidos amigos volareis por los aires.” Amenazó con la vista fija en mi.
El puro se apagó cuando volvió a disparar el arma.
_____:
Esa noche soñé con él. Soñé que por fin volvía y me abrazaba. Que no se marchaba en su moto y se quedaba conmigo. Que todo estaba bien por una vez. Que nada nos impedía querernos.
Pero entonces desperté. Y me invadió el miedo.
Ahora sólo podía pensar en lo que íbamos hacer mañana. En cómo saldría todo. Y si volvería a verle.
Esperaba que sí. Lo hacía con fuerza. Porque lo necesitaba. Pero, ¿por qué volvió a noche y no se quedó? ¿Por qué gritó? ¿Por qué no me llamó? Porque todo era difícil. Todo estaba mal. Los dos estábamos en ambientes completamente diferentes y no podíamos seguir así. Pero cuando vino supe que no me había olvidado. Que seguía con él como él estaba conmigo. A pesar de lo lejos que estuviera realmente.
Miré a Ryan. Tenía las gafas puestas y estaba concentrado en el plano del puerto. Había estado trabajando toda la noche mientras yo lloraba, sola, en el sofá. Me sentía una inútil. No había hecho nada por ayudarle. No había ideado el plan con él como habíamos acordado. Nada. No pude. Verle me había destrozado. Me había roto por dentro. Y no había sabido poner buena cara y continuar. Yo no era tan fuerte como los demás creían y por primera vez, me sentía totalmente perdida.
Ryan se dio cuenta de que lo miraba y mostró una leve sonrisa que no le llegó a los ojos. Intentaba ser amable pero sabía que en ese momento era lo último que podía hacer.
“¿Cómo vas?” Preguntó quitándose las gafas y colocándolas sobre la mesa.
“No lo sé, ¿alguna novedad?”
“La verdad... sí. Adam nos ha conseguido la hora de llegada del barco y además...” Tragó salvia y dirigió la mirada de nuevo a todos los planos que se amontonaban en la mesa. “Armas.”
Abrí los ojos totalmente sorprendida. “¿Ar-armas? ¿Es en serio?” Pregunté anonadada.
Había pensado en la posibilidad de qué tal vez las necesitáramos pero ahora que sabía que las teníamos, no estaba tan segura de sí sería capaz de utilizar alguna.
“Son solo dos pistolas de bajo calibre, pequeñas. Para usarlas en caso de... bueno... una emergencia.”
“¿De verdad piensas que podrían matarnos?”
“Estamos hablando de mafia, ____. No es un juego de niños y ni tan siquiera un video juego, es real.”
Tragué saliva y asentí. Me miré los dedos que estaban sobre mi regazo y me moví incómoda.
“¿Crees... crees que él podría dispararnos?”
El silenció calló sobre nosotros. El tic-tac del reloj hacía eco. Ryan lamió sus labios y apartó la vista de mi cuando volví a mirarle. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. ¿En serio estaba pensando qué...
“Tal vez sí, y no sé si estoy dispuesto a morir antes que él.”
Mis peores pesadillas se hacían reales.
domingo, 25 de mayo de 2014
domingo, 18 de mayo de 2014
Capitulo 50
“¡Mírame!”
Justin:
Aprieto el móvil con fuerza en mi puño. Lo he
intentando. Lo he intentado un millón de veces. Un millón y una pero siempre es
igual. No me atrevo. La vista se me nubla. Tengo ganas de llorar. De arrancarme
el pecho. ¿En qué momento lo hice todo mal?
Miro el teléfono entre mis manos. Lo desbloqueo. Y
la veo sonreír. Como tantas otras veces. La veo sonreír con esa sonrisa
inocente que esconde secretos. Secretos que solo yo he descubierto. Indagando. Descubriéndola. La pantalla se vuelve negra. Y vuelvo a desbloquear el aparato
para verla, para que no se me olvide. Porque van pasando los días y recordarla va costando mas.
Pongo el pin y voy a la lista de contactos. Tengo
su número memorizado pero quiero ver su nombre. Saber que está ahí. Deslizo el
dedo por la pantalla y llego hasta ella.
_____.
Y duele un poco. Aprieto su nombre. Y ahora aparece
su número. Ese que tantas veces he escrito. Ese que tantas veces he leído. Y
soy incapaz. No puedo apretar el botón. Y lo he intentado. Mil millones y una.
Siempre otra vez y otra y otra mas. Para que no se me olvide que está ahí.
Ella. Ella y su sonrisa. Pero no puedo. Me he vuelto cobarde en esto del amor.
No tenerla cerca hace estas cosas. Soy capaz de robar, de matar, de darle una
paliza a un tipo veinte veces mas grande que yo. Pero no me atrevo a llamarla.
Pero de todos modos, ¿qué iba a decir? ¿Qué la
quería? ¿Qué la echaba de menos? ¿Qué soy un sucio bastardo por no volver con
ella?
Suspiro. Y le doy una fuerte calada al cigarro. Ya
casi se está acabando y yo llevo mucho tiempo aquí parado. Delante de su casa.
Y ella ni si quiera lo sabe. La luz de su cuarto está encendida. Veo su silueta
a través de la ventana. Parece inquieta, se mueve de un lado a otro por toda la
habitación. Se pasa la mano por el pelo echándolo hacia atrás. Como siempre
hace. Como me vuelve loco.
Y sonrío. Sonrío como un lunático en medio de la
noche sintiéndome esclavo de esta. Esclavo de ella.
No dejo de mirarla. No dejo de pensar qué estará
haciendo. ¿Me echará de menos? ¿Tanto como yo a ella o un poco menos? Ni
parpadeo. No quiero perderme ni un solo segundo de este instante. La tengo para
mi. Lejos, demasiado lejos. Pero la tengo. Y parezco un jodido violador en
medio de una calle solitaria. Un niño en una tienda de regalos que sabe desde
el momento en el que baja del coche que no le van a comprar nada. Pero miro mi
juguete favorito sonriendo, mi parte buena. Porque es lo que ella tiene. Todo
lo bueno de mi. Y yo ahora solo me siento completa basura.
Vuelve a pasar a través de la ventana. Pero… Oh, un
momento. No está sola. Hay alguien con ella. Un chico. Alto. Parece que habla
con ella. Ella parece calmarse. Se abrazan. Aléjate. Suéltala. No es tuya.
Siguen abrazados. Y no lo soporto.
Otro. Está con otro en su habitación. El pulso se
me acelera. Tiro la colilla que ya no me hace sentir bien, no siento nada.
Vacío. Miro el móvil en mi mano. Otro. Es otro chico y ella. No soy yo.
Desbloqueo el móvil y su foto vuelve a sonreírme. Pero ya no la veo a ella.
Ahora sólo veo una foto, eso, nada mas. ¿Quién iba a querer a un monstruo? No
era para ella. Nunca lo he sido.
Tu quisiste alejarla, ¿recuerdas?
No eres tú el del cuarto. No eres tu el que la abraza.
Es otro. Tu no. Tu no. Tú. No. Nunca mas.
Aprieto el móvil con fuerza sin dejar de mirarlos.
Siguen abrazos. La ira está llenando cada una de mis células. Ella no es
tuya, ¿no lo ves? Tengo ganas de volarle la cabeza. A él.
Aprieto la mandíbula con fuerza. Las venas de mi
brazo empiezan a marcarse, estoy apretando con mucha fuerza. Lanzo el móvil al
suelo. Ni si quiera me importa, no voy a volver a por él. Sujeto la moto con
fuerza. Doy varios acelerones. Uno, dos, tres. Mírame. Cuatro cinco. Interrumpo
el silencio de la calle. Seis, siete.
“¡Mírame!” Grito en su dirección.
Y cuando las cortinas están a punto de abrirse,
acelero. Y me voy de allí. Con el corazón roto. Y recordando al hijo de puta
del cual iba a encargarme mas tarde.
_____:
“Mi madre se ha ido con mi hermano a casa de mi
tía. No volverán hasta el domingo.” Coloco los dos cafés sobre la mesilla. En
este tiempo me he vuelto adicta. No quería dormir. No podía. Las penadillas han
sido demasiado duras. “No hay problema, Ryan. Puedes dormir en el cuarto de
Jake.”
Asintió con la vista fija en la documentación que
había sobre mi cama.
Había convencido a Ryan de que saliera de casa y
que se viniera a la mía. Este fin de semana iba a estar completamente vacía y
yo… Bueno, yo no podía quedarme sola. No podía. Tenía miedo. Mucho. Cuando todo
estaba oscuro las pesadillas entraban. Y le recordaba. Y me dolía. Dolía como
el maldito infierno porque en todas le perdía. De una manera u otra, siempre
acababa lejos de él.
“Ryan, ¿me has oído?” Pregunto llamando su
atención.
Levanta la cabeza, confundido. “¿Eh? ¡Ah, si! Vale,
gracias.” Dice con una pequeña sonrisa.
Ahora tiene mejor aspecto. Es decir, ya no viste
esa ropa sucia que hacía días que necesitaba un lavado y él estaba en mejores
condiciones. Se había afeitado y ya no olía a muerto. Era un avance.
“Creo que tengo algo.”
“¿Qué?”
“Si, mira.” Me señala un papel que acaba de coger.
“Aquí sale el nombre que nos dijo Adam. Da… Da… Dama…” Intenta pronunciar con
el ceño fruncido.
“Damaio.” Dijo en su lugar.
“Exacto. Parece que hay un barco que llegará en su
nombre en dos días.”
Cuando Ryan se enteró de que Adam había visto a
Justin no tardamos ni un segundo en ir a hablar con él. Desde entonces hemos
ido siguiendo la pista poco a poco del grupo de Tony. En un principio no nos
fue fácil, todo el mundo nos daba largas o alguna que otra pista falsa. Pero
por fin habíamos encontrado una pista sólida. Un recibo. Con el nombre de un
barco llamado Damaio que desembarcaba en dos días, trayendo material para
Watson s.a, la empresa de Tony.
“Dos días…” Caminé por la habitación.
Dos días era poco tiempo. Muy poco tiempo. Pero tenía
ganas, muchas. Muchas ganas de verle.
“¿Qué vamos hacer, Ryan?” Pregunté sin mirarle.
“Colarnos, ¿qué mas podemos hacer?”
Caminé de un lado a otro por la habitación. Estaba
nerviosa. No podía dejar de moverme.
“¿Eres consciente de donde vamos a meternos?”
“Si, ____. Lo soy. Pero quiero que vuelva mi amigo,
mi hermano. Y si eso significa meterme en la boca del lobo, es lo que voy
hacer.” Dice con la mirada clavada en mí, seguro.
Echó mi pelo
hacia atrás, colocando hacia un lado. Suspiro y cojo aire. Mis pies no dejan de
estar quietos y el cuerpo me tiembla. Tengo miedo. Pero no miedo por ir allí.
No miedo por ir a buscarle. Tengo miedo por si nos rechaza. Por si no quiere
volver. Por si se ha olvidado de nosotros. De mi.
Tengo mucho miedo.
“¿Y si no vuelve, Ryan? ¿Y si no quiere venirse con
nosotros?” Mis ojos empiezan a llenarse de lágrimas. Le miro. Impaciente.
Sensible. Aterrada. “¿Y si aquello es mejor?”
“Eh, eh. Jamás pienses eso, va a volver.” Afirma levantándose de la cama.
“No nos ha llamado ni una vez… Y la chica… la chica
dijo que…” Los sollozos no me dejaban continuar.
Antes de darme cuenta estaba llorando. Ryan me
abraza y no puedo negarme. Lloro sobre su camiseta porque él es el único que me
entiende. Es él único que comparte mi dolor. Y no se rinde. Nunca. Y las lágrimas
caen cada vez mas fuerte. Me arde el pecho, la garganta, el corazón. No me
gusta el presentimiento que tengo de todo esto.
Ryan me abraza con mas
fuerza evitando que me rompa. Pero ya lo estoy, ¿no lo ves? Lo estuve desde el
momento en el que se fue.
“Tranquila… shh… tranquila,
____.”
Oímos el rugido de una
moto. Una, dos, siete veces. Y mi corazón se acelera. Como siempre que estoy
con él. Conozco ese sonido. Sé que es él. He oído ese sonido millones de veces
y me produce adrenalina. Como él. Como su voz.
“¡Mírame!” Su voz. Es él.
Corro hacia la ventana y
separo las cortinas lo mas rápido que puedo. No, no. Le veo ahí abajo. Sobre la
moto. No puede ser, tengo que estar soñando. Ha venido, está aquí. ¿Por qué no
me ha dicho nada? ¿Por qué no viene? Te necesito.Y no lo soporto mas.
Me giro 180º y salgo
corriendo por la escalera al piso inferior. Ryan se ha quedado atónito. Mira
por la ventana como si hubiera visto un fantasma. Pero no, es su amigo, su
mejor amigo, está vivo. Está aquí.
Mis piernas me controlan
por completo. Van dirigidas por mi corazón. Corro por el pasillo a toda
velocidad. Tengo que alcanzarle. Vamos, vamos, joder. No tardo en
llegar. Los pies me van ligeros. Abro la puerta de casa y salgo a la calle. Le
busco con la mirada pero ya no está. Llego tarde. Siempre llego tarde.
Corro en dirección hacia la carretera y me paro en medio de ella. Se aleja. Se
aleja de mí. No puedo alcanzarlo. Está a varias manzanas. La respiración se me
hace pesada, me cuesta coger aire. Le he visto. He vuelto a oir su voz.
Pero entonces, ¿por qué
estoy llorando? ¿Por qué el vacío en el pecho?
Me fijo en un pequeño
objeto que hay tirado en el suelo, a mis pies. Me agacho y lo recojo. Lo
reconozco. Es su móvil. Desbloqueo la pantalla y una foto mía aparece. Pero ya
no es la misma. No sonrío. El golpe a dado de lleno sobre mis labios y los ha
borrado por completo. Ya no hay sonrisa. El móvil se apaga. Se ha roto
totalmente.
Como yo. Como nosotros. Como
todo.
O tal vez, todavía no.
domingo, 11 de mayo de 2014
Capitulo 49
"Te quiero a ti..."
Sus
labios volvieron a invadirme. El calor llenaba todo mi cuerpo, la
habitación. Y su respiración iba rápida, como la mía, a mil por
hora. Nuestras lenguas disfrutaban de su pequeña batalla, sin
vencer, sin derrota, solo disfrutando del sabor del otro. Sus manos
apretaban mi cintura, pegándome mas, queriendo mas. Y yo también lo
deseaba, llevaba deseándolo mucho tiempo. El corazón a mil
revoluciones y no importaba, daba igual. Sólo quería sus labios en
contacto con los míos.
Justin
me levantó lo suficiente como para enrollar mis piernas alrededor de
su cintura, apretándome, haciendo que soltara un pequeño suspiro
que se unió a mi gemido. Mi espalda chocó contra la pared. Sobraba
ropa, mucha ropa y a los dos nos incomodaba. Mi pecho chocaba contra
el suyo. Una de sus manos subió lentamente por mi tripa dedicándome
caricias, amor. Subió hasta mi pecho y allí ya no fue delicado. Sus
labios descendieron por mi cuello haciendo un pequeño camino hasta
mis labios para después volver a recorrerlo hacia abajo, hasta mi
pecho, haciendo que viera las estrellas en cuestión de segundos
mientras él chupaba y mordía y yo perdía totalmente el control de
mí misma. Volví a apretarme contra él, restregándome un poco para
regalarme otro de sus gemidos que me hacían volar muy muy alto. Su
cintura estaba totalmente apretada a la mía y diablos, si eso no se
sentía bien.
Mis
manos se entrelazaban con su pelo, tirando de él en el momento justo
en el que sentía que iba a alcanzar el clímax. Pero todavía no,
todavía era pronto, quería mas de él. Le había echado de menos,
mucho. Y ahora le tenía aquí, conmigo y lo demás no importaba.
Solo disfrutar, solo él y yo.
"Joder,
gatita, no me provoques." Susurró contra mi cuello.
Me
incliné hacia delante y volví a hacer el mismo movimiento, notando
como él cada vez se ponía mas duro, y susurré: "Quiero mas,
Justin, mucho mas..."
Un
profundo gruñido del fondo de su garganta cobró vida. Reí contra
su oído y mordisqueé su lóbulo mientras nos dirigía a la cama con
una velocidad increíble. También tenía prisa, como yo, pero ambos
lo queríamos despacio. Profundo. Lento. Nuestro.
Me
dejó caer sobre la cama colocándose él entre mis piernas. Y mas
besos, mas caricias. Mas besos de los que nos dejaban sin
respiración, de esos suaves, calientes y malditamente sexys. Mordí
su labio mientras sentía como la única pieza de ropa que tenía se
deslizaba por mis piernas. Sus labios volvieron hasta mi pecho,
atrapando uno de mis pezones mientras no dejaba solo el otro.
Masajeaba uno mientras el otro era atrapado por el inmenso placer que
producía su lengua contra mi piel.
"Justin..."
solté en un suspiro ahogado.
Mi
cuerpo se arqueaba hacia delante sintiendo el calor que su boca
desprendía. Y es que casi no podía mas, le había echado de menos,
infinitamente. Y ahora estaba aquí, era mío, todo él. Y yo suya,
como siempre había sido.
"Tranquila,
gatita, sólo acabo de empezar..." Murmuró con la voz grave y
una sonrisa maliciosa.
Sus
palabras hicieron que mi bello se erizara. Me ponía nerviosa, todo
él, entero. Me hacía débil y temblorosa a la vez que fuerte y
segura. Él, sólo él, hacía que fuera yo misma.
Dibujó
un camino de besos hasta la parte baja de mi cintura. Mi corazón se
aceleraba, a toda ostia. Mi cuerpo ahora mismo era gelatina bajo sus
manos. Me dejaba hacer, disfrutaba. Maldita sea, si lo hacia. Con un
dios como él, ¿cómo no iba hacerlo?
Sus
labios besaron mis muslos, bajando por cada uno, primero una pierna,
luego la otra. Provocándome, tentándome. Y yo me retorcía de sumo
placer y aún no me había tocado ahí. Justo cuando iba a llegar
cerré un poco las piernas, no sé por qué lo hice, fue instintivo.
Levantó la vista y sus ojos coincidieron con los míos. Acarició
con las yemas de sus dedos la parte exterior de mis muslos
regalándome tranquilidad.
"Déjame
probarte, ____. Seguro que estas deliciosa." Susurró con la voz
rota.
Joder,
como me tenía. No era normal.
Asentí
y volví a abrir las piernas. Él se inclinó sin apartar los ojos de
mí. Cuando su lengua tocó mi feminidad, fue el paraíso. Cerré los
ojos y me dejé llevar. Su lengua estaba haciendo maravillas. Lamía,
chupaba. Y cuando sus dientes actuaban yo no podía mas. Mis manos se
agarraron de su pelo mientras gemía. Esto era otro nivel, otra
sensación de placer completamente distinta. Noté su lengua
adentrándose en mí y arqueé mi cuerpo queriendo mas. Mas de él.
Mas de nosotros.
"Que
bien sabes, ____..." Pronunció llevándome con él a otro
lugar. Lejos, muy lejos.
Dio
otro fuerte lametón que hizo que mi cuerpo temblara. Joder,
joder.
"Justin,
voy a..." Murmuré mientras mis manos agarraban las sábanas con
fuerza.
"No,
no, aún no..."
Noté
como dos de sus dedos se colaban ahora donde hace un momento estaba
su lengua. Siguiendo el juego, haciendo que me mareara, sus dedos
siguieron el movimiento de vaivén. Hacia delante, hacia atrás. Yo
no podía mas. Iba a llegar en cualquier momento.
Me
incliné hacia delante y rodeé su cuello con mis manos para atraerle
hacia mí y besarle. Besarle con unas ganas infinitas, respirando su
aire, probando mi sabor. Justin me respondió con la misma voracidad,
sin dejar de hacerme sentir aquella explosividad. Le quería dentro.
A él. Ahora.
"Por
favor, Justin..." Supliqué contra sus labios antes de volver a
unirlos.
"Por
favor, ¿qué...?" Apoyó su frente contra la mía. Nuestras
narices se rozaban y yo solo dejaba escapar gemido de placer.
"Te
quiero a ti..."
"Me
tienes a mi." Dijo deslizando sus labios sobre los míos.
"Te
quiero dentro de mi."
"¡Pues
vamos a follar como locos!" Gritó una voz distinta a la de
Justin.
Y
entonces abrí los ojos.
Justin:
"¿Estamos
todos?" Preguntó Tony.
Asentimos.
No había salido últimamente de allí. De aquel edificio. Su base
secreta. No aquel en el que me habían encerrado desde un principio.
Su edificio general. Su terreno.
Desde
que había llegado (sí, ahora lo digo así), había estado metido en
aquel edificio perdido, sucio y apestoso. Esta era la segunda vez que
venía a la empresa de Tony. La primera para llevarme una buena
paliza... Todavía recordaba los golpes... por ella.
Negué
con la cabeza y me obligué a estar atento. Esto era importante.
Íbamos a coger el envío de uno de los grupos mas importantes de
todo Estados Unidos, y no era un juego de niños. Iba a ser
peligroso, muy peligroso, y debía poner mis cinco sentidos en la
misión que me toca ejercer.
Había
muchas caras que había conocido desde que estaba aquí. Algunas
mucho mas agradables que otras. Derek, Shaw, Travis, Lucas... Habían
hecho que fuera uno de ellos, un monstruo. Y había empezado a
acostumbrarme a la sensación de ser temido, de ser odiado, de ser
poderoso. Y empezaba a gustarme, a gustarme mucho.
Estábamos en la Sala B, una de las últimas salas, en el sótano, rodeando la
mesa central que iluminaba la única luz que había en el techo. Preparando lo que sería el mejor contrabando de la
historia. Y yo quería participar. Yo quería estar en el juego, en
la acción.
"Bien,
empecemos." Anunció Tony, que se encontraba a mi derecha
observando todos y cada uno de los mapas y papeles que se encontraban
en la mesa. "Esto es lo mas importante que hemos hecho, chicos.
No permitiré ni un puto fallo. Ni uno solo. Todos tendréis que
representar vuestro papel a la perfección, si veo que alguno se
desvía, será sustituido. Y seguro que nadie quiere ser sustituido."
Su voz ronca por el tabaco entraba de lleno.
"El
barco llegará en dos días. En dos días todos estaréis en vuestros
puesto esperando ordenes y acatándolas. Scot, tu recibirás la
mercancía junto con cuatro hombres: David, Shaw, Dylan y Oliver."
"Entendido."
Confirmó Scot.
Scot
agarró uno de los papeles que Tony le ofrecía. Supuse que ponía la
hora, el barco y el código del envío junto con el número de
embarque y de cajas.
"Travis,
te quiero en la retaguardia junto con tus chicos. No quiero que nadie
estropee el plan. Nadie puede acercarse a menos de 10 metros del
barco sin mi consentimiento, ¿queda claro?" Ordenó señalando
el perímetro en el mapa que había justo en el centro de la mesa.
"Captado
jefe." Anunció Travis con una sonrisa de orgullo.
"Derek,
Lucas y Greg iréis en los camiones a esperar la mercancía. Los
chicos os la llevaran hasta este bunker y vosotros la recogeréis una
vez la hayan colocado todo dentro." Marcó la cruz en el lugar
indicado.
Los
tres asintieron sin decir una sola palabra. Todavía no había dicho
que sería lo que me tocaría hacer a mí, pero lo intuía. ¿Estaba
preparado? No lo sabía. Pero lo haría. Como siempre. Porque no soy
un cobarde.
"Justin,
tú conmigo." Asentí sin mirarlo.
"¿Qué
haremos?" Sí, me atreví a hacer la pregunta después de todo.
"Vamos
a matar a todos y cada uno de los tripulantes de ese barco."
Tragué
saliva.
"A todos." Murmuré.
_____:
"¡RYAN VETE A LA MIERDA!"
Grité lanzando la almohada hacia su cara.
Mala suerte la mia que la cogió
al aire antes de que impactara mientras se volvía a reír con mucha
mas fuerza.
"Eso te pasa por soñar
cosas que no debes y encimas comentarlas en alto." Comentó
riéndose como si en cualquier momento le fuera a faltar el aire.
"Que te jodan."
Comenté mientras me cruzaba de brazos sentada sobre la cama de
Justin.
Esa noche nos habíamos quedado
hasta muy tarde trabajando sobre los posibles lugares en lo que
podría estar Justin, y como íbamos a lograr reunirnos con él. Yo
acabé tan cansada que tuve que quedarme a dormir en su casa. Al
menos había una cama vacía. Asi que esa noche me dormí en la
habitación de Justin, que tantas otras veces había compartido con
él y cuando todo estuvo sumido en un completo silencio y Ryan estaba
completamente k.o, lloré. Lloré cuando su olor me invadió y me
hizo echarle mucho de menos. Me recordó donde podría estar, que
estaría haciendo y como sería. ¿Habría cambiado mucho? ¿Pensaría
en mi de la misma forma que yo en él? ¿Habría intentado escapar?
La chica que vino a verme, dijo que nunca saldría de allí. Pero,
ella escapó, ¿no? Tiene que haber una salida y si la hay, tiene que
haber un modo de entrar.
Ryan y yo vamos a conseguirlo.
Voy a conseguirlo.
"No, gatita, te joderé yo
a ti, grrr" Dijo imitando la voz de su amigo desde la puerta de
la habitación.
Me levanté de la cama y fui
directa hacia él. Pareció tardar en ver a donde iba y su risa se
paró cuando se fijó en mi cara, completamente serie salvo por una
sonrisa perversa.
"Te vas a cagar, Butsy."
Y los dos echamos a correr por
toda la casa, riendo, por primera vez después de muchas semanas. Y
nos sentíamos bien, nos sentíamos libres.
Porque íbamos a conseguir traer a Justin.
domingo, 4 de mayo de 2014
Capitulo 48
“Te volaré la cabeza sin ni siquiera
pestañear"
Semanas después.
Justin:
He vuelto a pelear. He vuelto al círculo y he subido de categoría. Ahora soy uno de ellos. Soy como aquellos a los que temía. Visto ropa negra porque es mucho mejor para camuflarse por la noche. Sólo salgo de noche. Llevo tiempo sin que un mísero rayo de sol me toque. Sin sentir calor. Sin sentir nada. Un esclavo de la noche. Porque eso es lo que somos, esclavos de la noche.
Y peligrosos, muy peligrosos. ¿Desde cuando he empezado a llevar un arma conmigo? No lo recuerdo. A veces me cuesta recordar muchas cosas desde que estoy aquí. Con ellos. Mi nueva familia, como suelen llamarse. Y a mi la boca me sabe a sangre.
Me han dado en la mandíbula. Debo continuar. Doy un derechazo que no llega con demasiada rapidez y mi oponente se agacha. Era lo que quería, desde ahí puedo golpear sus costillas con mi pierna. Los brazos empiezan a dolerme de mantenernos en alto, pero las piernas siguen resistiendo. Mi contrincante se tambalea. Perfecto. Doy un paso adelante protegiéndome el pecho con las manos en posición defensiva. Mi adversario parece enfadado al darse cuenta del golpe que ha recibido. No se lo esperaba y eso ha jugado en mi ventaja. Me agacho deprisa, muy deprisa e inclino mi cuerpo hacia la derecha para tener el ángulo perfecto e impulsar mi pierna izquierda y darle un fuerte golpe en las rodillas.
Crack.
Un golpe sordo. Mi oponente cae de lado. Parece que le he roto la rodilla. Aprovecho que está arrodillado para ir en su busca y darle un fuerte golpe por debajo de la mandíbula. Cae de espaldas, abatido, derrotado. Pero no lo dejo ahí, no puedo. Quieren espectáculo. Han pagado por eso. Me pongo a horcajadas sobre su cuerpo y empiezo el baile de puños.
La sangre baja por mi mano. Pero no es mía. Me duelen los nudillos, pero no dejo de golpear. Tengo ganas de seguir dando puñetazos. Se siente bien, me libera. Tengo ganas de gritar. Parece que su cuerpo se amolda a mis nudillos. Uno, dos, otro mas. ¿Cuántos llevo? ¿Sigue consciente? La verdad es que no me importa. Quiero destrozarlo, destrozarle como han hecho conmigo. ¿Dejará de respirar? Que mas da. Yo también he estado sin respirar mucho tiempo. Ahogado, confuso. Todo se está nublando a mi alrededor. Dejo que la ira fluya por todo mi cuerpo. Pero no por mi adversario. No por la persona que tengo debajo. A esa ya no la veo, ha cambiado de apariencia. Ahora es un hombre gordo y repulsivo que conozco demasiado bien. Y mis puños no paran. Y grito, grito que le odio, que ojalá se muera. Y no puedo parar.
Siento como unos brazos tiran fuerte de mi llevándome lejos. No, no, tengo que volver, tiene que morir. Mi cuerpo golpea el ring debido al empujón que he recibido. Me tienen sujeto por las manos y las piernas. Intento escaparme pero no puedo. Sigo pegado al suelo, atado, como un animal.
El sonido de toda la audiencia me golpea. Y vuelvo a ver. Mi respiración está fuera de control. Casi me falta el aire. Tardo en saber donde estoy. Busco con la mirada cualquier cara conocida. Pero no la encuentro. Ni a ella. Nunca está. Y sé que lo merezco.
Me sueltan con cuidado sin apartarse de mi y me incorporo. Hay una persona siendo atendida delante de mí. Tiene la cara llena de sangre y con tonalidades negras y moradas, e hinchada, muy hinchada. Miro mis manos. Mis nudillos están completamente pelados y la sangre resbala por ellos. ¿He sido yo? Debo de haberlo hecho. El cuerpo me duele y me escuece. He vuelto ha ganar, pero está vez he pasado el límite. Ver a mi oponente me asquea y me produce dolor. Le he dejado realmente mal y ni siquiera me he dado cuenta. ¿Por qué no me han detenido antes? Ya sabes la respuesta. Eres peligroso.
Mi boca me sabe a oxido y me limpio el labio con la mano. Una punzada. Lamo mi labio y noto un corte que lo atraviesa. También estoy herido, pero no le doy importancia. Necesito aire. Noche. Fuera. Pero mis piernas no responden. Y los que me rodean tampoco parecen que vayan a marcharse de ahí.
“¿Está muerto...?” Pregunto, pero mi voz suena demasiado débil.
Varias personas levantan al herido y lo sacan de allí entre empujones e insultos. Nadie se vuelve a mirarme a mi. Nadie me dice nada.
Un brazo tira de mi. Me pongo en pie sin apartar la vista de todo ellos que hablan, gritan y cuchichean. Me siento perdido, pero todo es familiar. El brazo sigue tirando con fuerza de mi. Me lleva lejos de todo esto. Me aparta de todo el alboroto y me encierra dentro de un pequeño armario. Ni siquiera sabía que había algo así hay dentro. El olor a maría me golpea. Dentro no se ve absolutamente nada. Solo nos ilumina la pequeña rendija que sale por debajo dela puerta. Busco cualquier cosa, una voz, una respiración. Lo que sea. Y llega rápido.
“Justin, Justin, tío, ¿sabes quién soy?” Murmura la voz conocida.
“¿Adam? ¿Qué haces tú aquí?”
“¿Qué mierdas haces tú aquí? Tu lugar está en el círculo, esto no es para tí. Joder, pueden matarte de verdad.” Grita casi exasperado.
“¿Qué coño haces tú aquí?” Repito. No tengo tiempo para esto. Tony tiene que andar buscándome y tiene que encontrarme rápido.
“Me dijeron que había un nuevo chico que podría llegar a ser profesional en una semana. No me lo tragaba, nadie ha llegado tan alto empezando desde aquí.” Tragó saliva y suspiró. “Vine a comprobarlo y te encontré a ti. Y tú no debes estar aquí.”
“No me digas donde tengo que estar y donde no, Adam. No eres mi padre.” Apreté mi mandíbula.
“Si Ryan se entera de que te he visto aquí me corta los huevos por no haberte llevado a casa de vuelta.”
No tardé en encontrar su cuello. Le empujé con fuerza contra la pared y apreté. “No vas ha decirle nada a Ryan, a nadie, ¿lo has comprendido?” Amenacé. No pueden saber que he estado aquí, joder. Ryan vendrá. Sé que lo hará si se entera. Y no puedo permitir eso.
“No me asustas, Bieber.”
Mi mano apretó el agarre y escuché como gruñía y su respiración se hacía mas pesada. Tiré un poco de él hacia arriba levantándolo. Sus manos fueron hasta las mía tirando con fuerza para poder respirar. Algo inútil.
“Si le dices una simple palabra a alguien, sea quien sea, te mato.” Solté una pequeña risa. Mi amigo estaba totalmente acojonado pero no me importaba. Había aprendido unas cuantas formas de hacer sufrir a alguien. Ellos lo habían hecho conmigo. “Te volaré la cabeza sin ni siquiera pestañear, ¿ha quedado claro, Adam?”
Tragó saliva y asintió. “Espero no volver a repetirlo.” Aflojé mi agarre y su cuerpo se deslizó por la pared hasta caer al suelo buscando aire de donde fuera.
Solté una carcajada y negué con la cabeza. “Y que sea la última vez que me arrastras.” Mi pie golpeó con fuerza su estomago. Adam soltó un gemido de dolor y se retorción.
Todo estaba hecho. Me dirigí a la puerta y la abrí dando un fuerte golpe. La gente que había fuera miró en nuestra dirección en cuanto oyeron el portazo.
“Hijo de puta.” Dijo Adam desde el suelo.
Sonreí y saqué un cigarro del bolsillo trasero de mi pantalón. Gilipollas. Encendí el piti y solté una carcajada. El público no dejaba de mirarnos.
“Nos vemos, Adam. O tal vez no.” Dije sin volverme.
Y me fui a buscar el aire que llevaba necesitando desde hacía bastante rato, dejando una estela de humo tras de mi.
______:
Llamé al timbre. Estaba bastante nerviosa. No había vuelto a verle desde aquella noche. Desde que habíamos traído a Matt al hospital. No había recibido ninguna llamada suya, ni un mensaje. La verdad es que yo tampoco había puesto de mi parte para volver a vernos. ¿Me sentía culpable? Sí. ¿Tenía miedo? Un poco. Aunque no sabía de qué. ¿De su reacción tal vez? A la mierda eso, también era mi amigo. Y le echaba de menos.
Golpeé la puerta con mis nudillos y cuando lo hice la puerta se abrió. Eché un pequeño vistazo a través del pequeño hueco que la puerta había hecho. Todo estaba oscuro. Tal vez no estaba en casa, pero entonces, ¿qué haría la puerta abierta?
Abrí la puerta despacio. Haciendo que toda la luz que dejaba el pasillo inundara el salón. Todo esto me daba mal rollo.
“¿Hola? ¿Ryan, estás ahí?” Pregunté y di un paso hacia delante.
En el momento en el que entré unos brazos me rodearon y me taparon la boca con fuerza impidiendo que hablara. ¿De donde había salido? Joder, no puedo moverme. No, no, no. Por favor, no me hagas nada. Mi corazón empezaba a bombeara toda velocidad.
Entonces las manos se alejaron de mi.
“Joder, ____, que susto me has dado.” Murmuró Ryan con un suspiro y cerró la puerta para luego encender la luz.
Ryan tenía un aspecto horrible. Llevaba varios días sin afeitarse y vestía una camisa de tirantees blanca un poco sucia y unos pantalones negros de basket. El pelo lo tenía bastante sucio, y el apartamento estaba mas o menos igual. Todo era un caos.
Yo todavía seguía en completo shock. Intentando decirme a mi misma que había sido Ryan y que ya estaba libre, que podía hablar.
“¡¿Qué yo te he asustado?!” Dije sin aire. Me giré para encararle y le golpeé el brazo con fuerza. Toda la que pude reunir al menos.
“Ah, ah, para, para.” Dijo echándose hacia atrás y tapándose el brazo. “No te pases, joder.”
“Gilipollas, casi me matas del susto.”
“No esperaba que viniera nadie. Relajate un poco, ¿quieres? Ha dolido.” Murmuró mientras se acariciaba el brazo.
“Lo siento, pero realmente me he asustado. Además, ¿qué hacías completamente a oscuras? ¿Ahora eres medio vampiro?” Bromeé.
Ryan colocó una pequeña sonrisa en su rostro y negó con la cabeza. “No, no me va lo de la sangre, lo siento.” Echó a andar en dirección a una mesa llana de papeles apilados por todas partes que había colocado donde antes estaban los sofás. “He estado trabajando.”
“Trabajando, ¿en qué?” Me fijé en la mesa y en el fluorescente que la alumbraba con fuerza.
“En encontrar a Justin.”
Mi corazón se paró. Hacía mucho tiempo que ese nombre sólo se repetía en mi cabeza. Hacía mucho tiempo desde que no escuchaba a nadie decirlo en voz alta. Nadie, ni siquiera yo.
Y también le he estado buscando. Le he estado buscando mil veces y nunca ha aparecido. También he esperado que volviera, que algún día de estos cruzara la puerta y me abrazara. Que me susurrara que todo estaba bien, que ahora no nos iban a separar. Pero nunca ha ocurrido. Nada de eso ha pasado. Ni una pista, ni un indicio de donde podría estar. Nada. Y eso me mata.
“Creo que puedo averiguar donde está, ____.” Susurra mirandome a los ojos con esperanza.
Pero yo sé que no va a volver. No lo hará. No puede.
“Ryan... Justin no...”
“¡Vendrá! Tu no has pasado tantas cosas con él como yo, ____.” Pasó sus manos por su pelo alborotándolo, nervioso. “Y sé que va a volver, sólo... sólo necesita un poco de ayuda... eso es todo...” Empezó a buscar entre sus papeles con rapidez. No parecía encontrar lo que buscaba.
“No sabemos ni si está vivo...” Susurré con gran dolor. Aquellas palabras me costaron decirlas pero, era verdad. Ninguno de los dos sabíamos si estaba vivo, si estaba bien. Tal vez ni siquiera podemos salvarlo...
“¡CALLATE!” Gritó dando un fuerte golpe a la mesa con los puños. “Pensaba que tú, entre todas las personas, mantendrías la esperanza.” Tragó saliva y volvió su vista a mi. “Parece que me equivoqué.”
Mordí mi labio. Mis ojos empezaban a humedecerse. ¿De verdad era tan mala? ¿Tan segura estaba de que estaba muerto? Una lágrima bajó por mi mejilla. Yo quería encontrarle pero nadie había encontrado nada sobre él. Absolutamente nada. Y parecía que empezaba a asimilar que no volvería.
“Vete.” Ordenó.
“Ryan...” Supliqué. Los ojos me escocían debido a las lágrimas.
“Si no vas a ayudarme, vete, ____. No haces nada aquí.” Volvió a mirar sus papeles y colocó unos cuantos con la manos.
No tenía nada que hacer allí. Me había dolido todo lo que había dicho y yo, también le hice daño. Giré sobre mis talones y avancé hasta la puerta lo mas rápido que pude. Mis pies pesaban, dolían. Eran como cemento. Llegué a la puerta principal y la abrí. Las lágrimas se derramaban ya sin descanso. Lloraba en silencio y me costaba respirar. Justo cuando iba a despedirme, Ryan volvió hablar.
“Adam le vio en el círculo la otra noche. No está muerto, ____, no lo está.”
Cerré la puerta de nuevo.
Semanas después.
Justin:
He vuelto a pelear. He vuelto al círculo y he subido de categoría. Ahora soy uno de ellos. Soy como aquellos a los que temía. Visto ropa negra porque es mucho mejor para camuflarse por la noche. Sólo salgo de noche. Llevo tiempo sin que un mísero rayo de sol me toque. Sin sentir calor. Sin sentir nada. Un esclavo de la noche. Porque eso es lo que somos, esclavos de la noche.
Y peligrosos, muy peligrosos. ¿Desde cuando he empezado a llevar un arma conmigo? No lo recuerdo. A veces me cuesta recordar muchas cosas desde que estoy aquí. Con ellos. Mi nueva familia, como suelen llamarse. Y a mi la boca me sabe a sangre.
Me han dado en la mandíbula. Debo continuar. Doy un derechazo que no llega con demasiada rapidez y mi oponente se agacha. Era lo que quería, desde ahí puedo golpear sus costillas con mi pierna. Los brazos empiezan a dolerme de mantenernos en alto, pero las piernas siguen resistiendo. Mi contrincante se tambalea. Perfecto. Doy un paso adelante protegiéndome el pecho con las manos en posición defensiva. Mi adversario parece enfadado al darse cuenta del golpe que ha recibido. No se lo esperaba y eso ha jugado en mi ventaja. Me agacho deprisa, muy deprisa e inclino mi cuerpo hacia la derecha para tener el ángulo perfecto e impulsar mi pierna izquierda y darle un fuerte golpe en las rodillas.
Crack.
Un golpe sordo. Mi oponente cae de lado. Parece que le he roto la rodilla. Aprovecho que está arrodillado para ir en su busca y darle un fuerte golpe por debajo de la mandíbula. Cae de espaldas, abatido, derrotado. Pero no lo dejo ahí, no puedo. Quieren espectáculo. Han pagado por eso. Me pongo a horcajadas sobre su cuerpo y empiezo el baile de puños.
La sangre baja por mi mano. Pero no es mía. Me duelen los nudillos, pero no dejo de golpear. Tengo ganas de seguir dando puñetazos. Se siente bien, me libera. Tengo ganas de gritar. Parece que su cuerpo se amolda a mis nudillos. Uno, dos, otro mas. ¿Cuántos llevo? ¿Sigue consciente? La verdad es que no me importa. Quiero destrozarlo, destrozarle como han hecho conmigo. ¿Dejará de respirar? Que mas da. Yo también he estado sin respirar mucho tiempo. Ahogado, confuso. Todo se está nublando a mi alrededor. Dejo que la ira fluya por todo mi cuerpo. Pero no por mi adversario. No por la persona que tengo debajo. A esa ya no la veo, ha cambiado de apariencia. Ahora es un hombre gordo y repulsivo que conozco demasiado bien. Y mis puños no paran. Y grito, grito que le odio, que ojalá se muera. Y no puedo parar.
Siento como unos brazos tiran fuerte de mi llevándome lejos. No, no, tengo que volver, tiene que morir. Mi cuerpo golpea el ring debido al empujón que he recibido. Me tienen sujeto por las manos y las piernas. Intento escaparme pero no puedo. Sigo pegado al suelo, atado, como un animal.
El sonido de toda la audiencia me golpea. Y vuelvo a ver. Mi respiración está fuera de control. Casi me falta el aire. Tardo en saber donde estoy. Busco con la mirada cualquier cara conocida. Pero no la encuentro. Ni a ella. Nunca está. Y sé que lo merezco.
Me sueltan con cuidado sin apartarse de mi y me incorporo. Hay una persona siendo atendida delante de mí. Tiene la cara llena de sangre y con tonalidades negras y moradas, e hinchada, muy hinchada. Miro mis manos. Mis nudillos están completamente pelados y la sangre resbala por ellos. ¿He sido yo? Debo de haberlo hecho. El cuerpo me duele y me escuece. He vuelto ha ganar, pero está vez he pasado el límite. Ver a mi oponente me asquea y me produce dolor. Le he dejado realmente mal y ni siquiera me he dado cuenta. ¿Por qué no me han detenido antes? Ya sabes la respuesta. Eres peligroso.
Mi boca me sabe a oxido y me limpio el labio con la mano. Una punzada. Lamo mi labio y noto un corte que lo atraviesa. También estoy herido, pero no le doy importancia. Necesito aire. Noche. Fuera. Pero mis piernas no responden. Y los que me rodean tampoco parecen que vayan a marcharse de ahí.
“¿Está muerto...?” Pregunto, pero mi voz suena demasiado débil.
Varias personas levantan al herido y lo sacan de allí entre empujones e insultos. Nadie se vuelve a mirarme a mi. Nadie me dice nada.
Un brazo tira de mi. Me pongo en pie sin apartar la vista de todo ellos que hablan, gritan y cuchichean. Me siento perdido, pero todo es familiar. El brazo sigue tirando con fuerza de mi. Me lleva lejos de todo esto. Me aparta de todo el alboroto y me encierra dentro de un pequeño armario. Ni siquiera sabía que había algo así hay dentro. El olor a maría me golpea. Dentro no se ve absolutamente nada. Solo nos ilumina la pequeña rendija que sale por debajo dela puerta. Busco cualquier cosa, una voz, una respiración. Lo que sea. Y llega rápido.
“Justin, Justin, tío, ¿sabes quién soy?” Murmura la voz conocida.
“¿Adam? ¿Qué haces tú aquí?”
“¿Qué mierdas haces tú aquí? Tu lugar está en el círculo, esto no es para tí. Joder, pueden matarte de verdad.” Grita casi exasperado.
“¿Qué coño haces tú aquí?” Repito. No tengo tiempo para esto. Tony tiene que andar buscándome y tiene que encontrarme rápido.
“Me dijeron que había un nuevo chico que podría llegar a ser profesional en una semana. No me lo tragaba, nadie ha llegado tan alto empezando desde aquí.” Tragó saliva y suspiró. “Vine a comprobarlo y te encontré a ti. Y tú no debes estar aquí.”
“No me digas donde tengo que estar y donde no, Adam. No eres mi padre.” Apreté mi mandíbula.
“Si Ryan se entera de que te he visto aquí me corta los huevos por no haberte llevado a casa de vuelta.”
No tardé en encontrar su cuello. Le empujé con fuerza contra la pared y apreté. “No vas ha decirle nada a Ryan, a nadie, ¿lo has comprendido?” Amenacé. No pueden saber que he estado aquí, joder. Ryan vendrá. Sé que lo hará si se entera. Y no puedo permitir eso.
“No me asustas, Bieber.”
Mi mano apretó el agarre y escuché como gruñía y su respiración se hacía mas pesada. Tiré un poco de él hacia arriba levantándolo. Sus manos fueron hasta las mía tirando con fuerza para poder respirar. Algo inútil.
“Si le dices una simple palabra a alguien, sea quien sea, te mato.” Solté una pequeña risa. Mi amigo estaba totalmente acojonado pero no me importaba. Había aprendido unas cuantas formas de hacer sufrir a alguien. Ellos lo habían hecho conmigo. “Te volaré la cabeza sin ni siquiera pestañear, ¿ha quedado claro, Adam?”
Tragó saliva y asintió. “Espero no volver a repetirlo.” Aflojé mi agarre y su cuerpo se deslizó por la pared hasta caer al suelo buscando aire de donde fuera.
Solté una carcajada y negué con la cabeza. “Y que sea la última vez que me arrastras.” Mi pie golpeó con fuerza su estomago. Adam soltó un gemido de dolor y se retorción.
Todo estaba hecho. Me dirigí a la puerta y la abrí dando un fuerte golpe. La gente que había fuera miró en nuestra dirección en cuanto oyeron el portazo.
“Hijo de puta.” Dijo Adam desde el suelo.
Sonreí y saqué un cigarro del bolsillo trasero de mi pantalón. Gilipollas. Encendí el piti y solté una carcajada. El público no dejaba de mirarnos.
“Nos vemos, Adam. O tal vez no.” Dije sin volverme.
Y me fui a buscar el aire que llevaba necesitando desde hacía bastante rato, dejando una estela de humo tras de mi.
***
______:
Llamé al timbre. Estaba bastante nerviosa. No había vuelto a verle desde aquella noche. Desde que habíamos traído a Matt al hospital. No había recibido ninguna llamada suya, ni un mensaje. La verdad es que yo tampoco había puesto de mi parte para volver a vernos. ¿Me sentía culpable? Sí. ¿Tenía miedo? Un poco. Aunque no sabía de qué. ¿De su reacción tal vez? A la mierda eso, también era mi amigo. Y le echaba de menos.
Golpeé la puerta con mis nudillos y cuando lo hice la puerta se abrió. Eché un pequeño vistazo a través del pequeño hueco que la puerta había hecho. Todo estaba oscuro. Tal vez no estaba en casa, pero entonces, ¿qué haría la puerta abierta?
Abrí la puerta despacio. Haciendo que toda la luz que dejaba el pasillo inundara el salón. Todo esto me daba mal rollo.
“¿Hola? ¿Ryan, estás ahí?” Pregunté y di un paso hacia delante.
En el momento en el que entré unos brazos me rodearon y me taparon la boca con fuerza impidiendo que hablara. ¿De donde había salido? Joder, no puedo moverme. No, no, no. Por favor, no me hagas nada. Mi corazón empezaba a bombeara toda velocidad.
Entonces las manos se alejaron de mi.
“Joder, ____, que susto me has dado.” Murmuró Ryan con un suspiro y cerró la puerta para luego encender la luz.
Ryan tenía un aspecto horrible. Llevaba varios días sin afeitarse y vestía una camisa de tirantees blanca un poco sucia y unos pantalones negros de basket. El pelo lo tenía bastante sucio, y el apartamento estaba mas o menos igual. Todo era un caos.
Yo todavía seguía en completo shock. Intentando decirme a mi misma que había sido Ryan y que ya estaba libre, que podía hablar.
“¡¿Qué yo te he asustado?!” Dije sin aire. Me giré para encararle y le golpeé el brazo con fuerza. Toda la que pude reunir al menos.
“Ah, ah, para, para.” Dijo echándose hacia atrás y tapándose el brazo. “No te pases, joder.”
“Gilipollas, casi me matas del susto.”
“No esperaba que viniera nadie. Relajate un poco, ¿quieres? Ha dolido.” Murmuró mientras se acariciaba el brazo.
“Lo siento, pero realmente me he asustado. Además, ¿qué hacías completamente a oscuras? ¿Ahora eres medio vampiro?” Bromeé.
Ryan colocó una pequeña sonrisa en su rostro y negó con la cabeza. “No, no me va lo de la sangre, lo siento.” Echó a andar en dirección a una mesa llana de papeles apilados por todas partes que había colocado donde antes estaban los sofás. “He estado trabajando.”
“Trabajando, ¿en qué?” Me fijé en la mesa y en el fluorescente que la alumbraba con fuerza.
“En encontrar a Justin.”
Mi corazón se paró. Hacía mucho tiempo que ese nombre sólo se repetía en mi cabeza. Hacía mucho tiempo desde que no escuchaba a nadie decirlo en voz alta. Nadie, ni siquiera yo.
Y también le he estado buscando. Le he estado buscando mil veces y nunca ha aparecido. También he esperado que volviera, que algún día de estos cruzara la puerta y me abrazara. Que me susurrara que todo estaba bien, que ahora no nos iban a separar. Pero nunca ha ocurrido. Nada de eso ha pasado. Ni una pista, ni un indicio de donde podría estar. Nada. Y eso me mata.
“Creo que puedo averiguar donde está, ____.” Susurra mirandome a los ojos con esperanza.
Pero yo sé que no va a volver. No lo hará. No puede.
“Ryan... Justin no...”
“¡Vendrá! Tu no has pasado tantas cosas con él como yo, ____.” Pasó sus manos por su pelo alborotándolo, nervioso. “Y sé que va a volver, sólo... sólo necesita un poco de ayuda... eso es todo...” Empezó a buscar entre sus papeles con rapidez. No parecía encontrar lo que buscaba.
“No sabemos ni si está vivo...” Susurré con gran dolor. Aquellas palabras me costaron decirlas pero, era verdad. Ninguno de los dos sabíamos si estaba vivo, si estaba bien. Tal vez ni siquiera podemos salvarlo...
“¡CALLATE!” Gritó dando un fuerte golpe a la mesa con los puños. “Pensaba que tú, entre todas las personas, mantendrías la esperanza.” Tragó saliva y volvió su vista a mi. “Parece que me equivoqué.”
Mordí mi labio. Mis ojos empezaban a humedecerse. ¿De verdad era tan mala? ¿Tan segura estaba de que estaba muerto? Una lágrima bajó por mi mejilla. Yo quería encontrarle pero nadie había encontrado nada sobre él. Absolutamente nada. Y parecía que empezaba a asimilar que no volvería.
“Vete.” Ordenó.
“Ryan...” Supliqué. Los ojos me escocían debido a las lágrimas.
“Si no vas a ayudarme, vete, ____. No haces nada aquí.” Volvió a mirar sus papeles y colocó unos cuantos con la manos.
No tenía nada que hacer allí. Me había dolido todo lo que había dicho y yo, también le hice daño. Giré sobre mis talones y avancé hasta la puerta lo mas rápido que pude. Mis pies pesaban, dolían. Eran como cemento. Llegué a la puerta principal y la abrí. Las lágrimas se derramaban ya sin descanso. Lloraba en silencio y me costaba respirar. Justo cuando iba a despedirme, Ryan volvió hablar.
“Adam le vio en el círculo la otra noche. No está muerto, ____, no lo está.”
Cerré la puerta de nuevo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)