domingo, 15 de diciembre de 2013

Capitulo 23

“¿De verdad pensaste que yo podía incluso, quererte?”



La mañana siguiente no fue exactamente como me esperaba. Después de la noche que había pasado no era completamente yo misma, por así decirlo. Las palabras de Matt retumbaban por mi cabeza todavía. Te quiero”. Eran palabras fuertes para soltar a la ligera. ¿Yo le quería? ¿Le había querido antes? Por supuesto que sí, pero no había dicho esas palabras. No había dado nombre a esos sentimientos. No eran lo suficientemente fuertes como para dotarlos de nombre. No había ningún te quiero. Pero aún así le quería. Le quería como se puede querer a un amigo. Me daba cuenta de eso ahora.
Pero el problema estaba en otra cosa. Otra persona. Otro lugar. En el corazón. ¿Qué quería yo? ¿Le quería a él? ¿Le quería para toda la vida? ¿Le quería para crear historias que no tienen final? Tal vez si. Tal vez es lo que deseaba. Pero mis sentimientos estaban fuera de sí y no había manera de entenderlos.
Toda la noche estuve dando vueltas en la cama. Lo mejor sería no pensarlo más. Hacer como si la cosa no fuera conmigo. Olvidarme de todo. Estas cosas del amor solo daban dolores de cabeza innecesarios. Pero seguía pensando en esas cosas. En los “te quieros” y en la forma en la que la gente lo suelta a la ligera. Era una palabra muy grande que significaba aún más y ellos se lo dicen a cualquiera. Y todos acaban con el corazón roto. Yo no quiero eso.
Entré en la clase de Harris como cada mañana y me senté en mi sitio. Busqué a Matt con la mirada pero fue inútil. Su madre me había dicho que no iba a aparecer por unos días. En su estado lo que necesitaba era descansar. Pero aún así mi mirada le buscó como cada mañana. La costumbre.
En cambio no le busqué a él. No había aparecido por esta clase desde que salió del hospital. Sabía que quería evitarme, de la misma manera en que lo hacía yo. Pero ayer me miró. Me miró y mantuvo su mirada. No como las otras veces. Mantuvo su mirada en mí.
Harris cerró la puerta detrás de él. Ningún alumno más iba a entrar entonces. Colocó sus libros en su escritorio y yo hice lo mismo sobre el mio, ocupando parte del espacio de mi compañero. Invisible. Harris comenzó a hablar sobre el descubrimiento de América. Este tema siempre se abordaba cada año y me lo sabía de memoria. Gracias a eso, la clase se pasaría todavía mas lenta si eso era posible.
Abrí mi cuaderno y tomé “apuntes”. O lo que en mi idioma significa: dibujar todo lo que se me pase por la cabeza. Al menos no tendría que estar atenta a la explicación y pasaría por alto mi existencia. O eso pensaba.
Chist, chiiist. ____.” Me giré con disimulo cuando Sophie, la chica que se sentaba detrás mio me llamó. Extendió un pequeño trozo de papel en mi dirección. Lo cogí y la miré interrogante.
De Katy” susurró. Y volvió a colocarse en su sitio. Espalda recta.
Me giré de nuevo y pensé en hacer una bola con la mierda del papel. Romperlo o tirárselo a la cabeza. Seguro que acertaría. Y además sonaría hueco cuando la golpeara. Pero la curiosidad fue mas fuerte que mi odio y abrí el papel escondiéndolo por debajo de la mesa.
-No tienes ni idea de lo bien que lo pasamos ayer Justin y yo-
La sangre me hirvió. Tuve que contar hasta diez y decirme a mi misma unas cincuenta veces que estábamos en clase. Que este no era sitio para ir y arrancarle los pelos de un solo tirón. Arrugué el papel y mantuve la bola en mi mano. Intenta sacarte de quicio. Sólo lo hace para provocar. Y lo había conseguido. Todo mi cuerpo estaba tenso y apretado. Mis manos, mis dientes, mi entrecejo. Quería barrer el suelo con cada una de sus extensiones.
Tenía que respirar. Cabrearme con Katy no me llevaba a ningún lado. Además, la vida de Justin me tenía que dar igual. Tenía que pasar completamente de su existencia. Para mi no formaba parte de mi vida. No le conocía. No sentía nada por él.
A quien pretendía engañar. Todo eso era mentira.
Cerré los ojos intentando que las imágenes se fueran de mi cabeza. Fue imposible.


"No puedo, Justin. Ya no puedo vivir mi vida sin que tú rompas mis esquemas." Susurré.
Justin cerró los ojos por un momento. Estaba tumbado en la horrible cama del hospital. Aún mantenía unos cuantos tubos unidos a sus brazos. Y un gota a gota. Tenía un aspecto horrible pero seguía siendo él. Siendo el chico del cual me estoy enamorando. Y no me importaba nada mas en este momento que él. Él y hacerle comprender que no me iba a ir.
¿No lo entiendes?” Abrió los ojos. Su mirada se tornó fría e hiriente. La voz grave volvió a salir del fondo de su garganta. “No tienes ninguna vida conmigo. No tienes nada a mi lado. No me creo que seas tan tonta, como para no darte cuenta de eso.”
Tu eres el que no se da cuenta de que no puedes venir, dejarme así e irte.” Respondí.
¿Así cómo, eh? ¿Haciéndote ilusiones para meterme en tus piernas? ¿Follándome a otras mientras te trataba como una princesa?”
Eso es mentira...” Mi voz volvía a quebrarse. No era verdad. No había hecho. No.
Eres tan estúpida” su risa llenó toda la habitación. “¿De verdad pensaste que yo podía incluso, quererte?” Las carcajadas ardían contra mi pecho. Sólo sentía dolor y tenía miedo de caerme aquí mismo. Delante de él. Derrumbarme totalmente.
Su cara no mostraba la mayor preocupación cuando una sonrisa maliciosa asomó en sus labios.
Todo era un juego, ____. Una apuesta al azar. Podías haber sido tu u otra.”
Me estas mintiendo.” Seguía intentando aferrarme a eso. Pero sus palabras y su forma de decirlo iban destruyendo mis muros sin temor. Sin importarle.
Has sido la puta más difícil de conseguir. Pero, ¿sabes una cosa? Me rindo. No hay ni un solo tío que vaya a meterse en tus bragas.” Lamió sus labios y me miró de arriba abajo. “A no ser que quieras hacerlo ahora. Tal vez los hospitales y los moratones te pongan burra.” Me guiñó un ojo. Su asquerosa sonrisa no se había ido de su cara.
Tuve ganas de vomitar. Las lágrimas caían sin control. Mis puños estaban apretados a ambos lados de mi cadera. Tuve ganas de pegarle. O matarlo. Todavía estaba pensando cual de las dos era la mejor opción cuando volvió a hablar.
Inclinó su cabeza hacia un lado. “¿No me has oído, zorra? Te odio. Nunca tuve que haberme encontrado contigo aquella noche.”
Eso fue suficiente.
Me alegro de estar en lo mismo contigo. Yo tampoco he querido conocerte nunca.” No levanté la mirada del suelo. No quería que me viera llorar por él. No quería que me faltaran fuerzas para esto. “Espero que te vaya bien, o te pudras. Lo que antes suceda. No quiero volver a encontrarme contigo, ni a saber de ti.”
Pude notar la diversión en su voz. “Lo mismo digo. Ahora por favor, vete. Y llevate tus putas lágrimas. No sabía que fueras tan llorica”
Tragué saliva intentando llevarme mis sollozos conmigo. Fue imposible. Todo esto hacía muchísimo daño. E iba a explotar en cualquier momento. Todo lo que había creído real no lo era. Todo por lo que apostaba era una mentira. Justin era una mentira. Y yo había caído en el estúpido juego de quererle. Cuando no debía. Cuando nunca tuve que hacerlo.
Me giré cuando mis pies me lo permitieron y abrí la puerta de un tirón. Antes de salir oí su voz por última vez.
Ah, dila a Katy de mi parte que venga a verme. Tengo la polla un poco hinchada, ella sabrá que hacer.” Soltó aguantándose la risa.
Cerré la puerta con un fuerte portazo. Temí que las paredes se cayeran. Deberían haberlo hecho. Pero sobre él.
Limpié mis mejillas con las mangas de mi camiseta. Me prometí no llorar por un chico. Y ya estaba incumpliendo mi promesa. Tenía que irme de allí. Tenía que escapar de esta pesadilla. No era real. Me iba a despertar en mi cama en cualquier momento. Esto era un sueño horrible. Un sueño creado por un monstruo.
Y ese era la persona de la cual estaba enamorada.


La puerta se abrió interrumpiendo a Harris. De la misma forma en la que había interrumpido mis pensamientos. Y entró. Entró en esta clase después de semanas. Lo miré por un segundo. Solo un instante que hizo que su mirada se dirigiera en mi dirección. Tragué saliva y escondí el papel en mi bolsillo derecho.
Avanzó rápido hasta su asiento. Se dejó caer mientras la boca de todos los presentes se cerraba. Harris carraspeó y continuó con la clase. Supongo que estaba mas asombrado por la aparición de Justin que por el hecho de que llegaba tarde.
Le miré de reojo y él seguía mirándome. Mi corazón se aceleró con rapidez. Tenía que recordar las palabras y la nota. Tenía que recordar que no le quería en mi vida. Que se acabó. Lo tiró todo a perder. Pero no apartaba la vista. Mi pulso estaba a mil por hora. Sin freno. Y comenzaba a preocuparme que me diera un ataque al corazón en cualquier momento. Me ponía nerviosa. Y no en el buen sentido. Suspiré pesadamente y fue como una llamada de atención. Bajó su vista y lamió sus labios. Se fijó en el pequeño bulto que tenía en mis pantalones. Sin que me diera tiempo a responder o incluso retorcerme para que no pudiera, metió la mano en mi bolsillo sin permiso y sacó el papel que Katy me había dado antes.
Justin.” Susurré con enfado.
Desenvolvió el papel y leyó aquella frase que tanto había dolido. Abrió un poco mas los ojos y la arrugó con rapidez en su mano. Se giró pero le interrumpí antes de que las palabras salieran de su boca.
Ni te molestes. Espero que al menos hayas disfrutado.” Dije sin mirarle. Y antes de poder decir nada más, la sirena sonó.
Salvada.

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