“¿De verdad
pensaste que yo podía incluso, quererte?”
La mañana siguiente no fue exactamente como me
esperaba. Después de la noche que había pasado no era completamente
yo misma, por así decirlo. Las palabras de Matt retumbaban por mi
cabeza todavía. “Te
quiero”. Eran
palabras fuertes para soltar a la ligera. ¿Yo le quería? ¿Le había
querido antes? Por supuesto que sí, pero no había dicho esas
palabras. No había dado nombre a esos sentimientos. No eran lo
suficientemente fuertes como para dotarlos de nombre. No había
ningún te quiero. Pero aún así le quería. Le quería como se
puede querer a un amigo. Me daba cuenta de eso ahora.
Pero el problema
estaba en otra cosa. Otra persona. Otro lugar. En el corazón. ¿Qué
quería yo? ¿Le quería a él? ¿Le quería para toda la vida? ¿Le
quería para crear historias que no tienen final? Tal vez si. Tal vez
es lo que deseaba. Pero mis sentimientos estaban fuera de sí y no
había manera de entenderlos.
Toda la noche estuve
dando vueltas en la cama. Lo mejor sería no pensarlo más. Hacer
como si la cosa no fuera conmigo. Olvidarme de todo. Estas cosas del
amor solo daban dolores de cabeza innecesarios. Pero seguía pensando
en esas cosas. En los “te quieros” y en la forma en la que la
gente lo suelta a la ligera. Era una palabra muy grande que
significaba aún más y ellos se lo dicen a cualquiera. Y todos
acaban con el corazón roto. Yo no quiero eso.
Entré en la clase
de Harris como cada mañana y me senté en mi sitio. Busqué a Matt
con la mirada pero fue inútil. Su madre me había dicho que no iba a
aparecer por unos días. En su estado lo que necesitaba era
descansar. Pero aún así mi mirada le buscó como cada mañana. La
costumbre.
En cambio no le
busqué a él. No había aparecido por esta clase desde que salió
del hospital. Sabía que quería evitarme, de la misma manera en que
lo hacía yo. Pero ayer me miró. Me miró y mantuvo su mirada. No
como las otras veces. Mantuvo su mirada en mí.
Harris cerró la
puerta detrás de él. Ningún alumno más iba a entrar entonces.
Colocó sus libros en su escritorio y yo hice lo mismo sobre el mio,
ocupando parte del espacio de mi compañero. Invisible. Harris
comenzó a hablar sobre el descubrimiento de América. Este tema
siempre se abordaba cada año y me lo sabía de memoria. Gracias a
eso, la clase se pasaría todavía mas lenta si eso era posible.
Abrí mi cuaderno y
tomé “apuntes”. O lo que en mi idioma significa: dibujar todo lo
que se me pase por la cabeza. Al menos no tendría que estar atenta a
la explicación y pasaría por alto mi existencia. O eso pensaba.
“Chist, chiiist.
____.” Me giré con disimulo cuando Sophie, la chica que se sentaba
detrás mio me llamó. Extendió un pequeño trozo de papel en mi
dirección. Lo cogí y la miré interrogante.
“De Katy”
susurró. Y volvió a colocarse en su sitio. Espalda recta.
Me giré de nuevo y
pensé en hacer una bola con la mierda del papel. Romperlo o
tirárselo a la cabeza. Seguro que acertaría. Y además sonaría
hueco cuando la golpeara. Pero la curiosidad fue mas fuerte que mi
odio y abrí el papel escondiéndolo por debajo de la mesa.
-No tienes ni idea
de lo bien que lo pasamos ayer Justin y yo-
La sangre me hirvió.
Tuve que contar hasta diez y decirme a mi misma unas cincuenta veces
que estábamos en clase. Que este no era sitio para ir y arrancarle
los pelos de un solo tirón. Arrugué el papel y mantuve la bola en
mi mano. Intenta
sacarte de quicio. Sólo lo hace para provocar. Y
lo había conseguido. Todo mi cuerpo estaba tenso y apretado. Mis
manos, mis dientes, mi entrecejo. Quería barrer el suelo con cada
una de sus extensiones.
Tenía que respirar.
Cabrearme con Katy no me llevaba a ningún lado. Además, la vida de
Justin me tenía que dar igual. Tenía que pasar completamente de su
existencia. Para mi no formaba parte de mi vida. No le conocía. No
sentía nada por él.
A quien pretendía
engañar. Todo eso era mentira.
Cerré los ojos
intentando que las imágenes se fueran de mi cabeza. Fue imposible.
"No puedo,
Justin. Ya no puedo vivir mi vida sin que tú rompas mis esquemas."
Susurré.
Justin cerró los
ojos por un momento. Estaba tumbado en la horrible cama del hospital.
Aún mantenía unos cuantos tubos unidos a sus brazos. Y un gota a
gota. Tenía un aspecto horrible pero seguía siendo él. Siendo el
chico del cual me estoy enamorando. Y no me importaba nada mas en
este momento que él. Él y hacerle comprender que no me iba a ir.
“¿No lo
entiendes?” Abrió los ojos. Su mirada se tornó fría e hiriente.
La voz grave volvió a salir del fondo de su garganta. “No tienes
ninguna vida conmigo. No tienes nada a mi lado. No me creo que seas
tan tonta, como para no darte cuenta de eso.”
“Tu eres el que
no se da cuenta de que no puedes venir, dejarme así e irte.”
Respondí.
“¿Así cómo,
eh? ¿Haciéndote ilusiones para meterme en tus piernas? ¿Follándome
a otras mientras te trataba como una princesa?”
“Eso es
mentira...” Mi voz volvía a quebrarse. No era verdad. No había
hecho. No.
“Eres tan
estúpida” su risa llenó toda la habitación. “¿De verdad
pensaste que yo podía incluso, quererte?” Las carcajadas ardían
contra mi pecho. Sólo sentía dolor y tenía miedo de caerme aquí
mismo. Delante de él. Derrumbarme totalmente.
Su cara no
mostraba la mayor preocupación cuando una sonrisa maliciosa asomó
en sus labios.
“Todo era un
juego, ____. Una apuesta al azar. Podías haber sido tu u otra.”
“Me estas
mintiendo.” Seguía intentando aferrarme a eso. Pero sus palabras y
su forma de decirlo iban destruyendo mis muros sin temor. Sin
importarle.
“Has sido la
puta más difícil de conseguir. Pero, ¿sabes una cosa? Me rindo. No
hay ni un solo tío que vaya a meterse en tus bragas.” Lamió sus
labios y me miró de arriba abajo. “A no ser que quieras hacerlo
ahora. Tal vez los hospitales y los moratones te pongan burra.” Me
guiñó un ojo. Su asquerosa sonrisa no se había ido de su cara.
Tuve ganas de
vomitar. Las lágrimas caían sin control. Mis puños estaban
apretados a ambos lados de mi cadera. Tuve ganas de pegarle. O
matarlo. Todavía estaba pensando cual de las dos era la mejor opción
cuando volvió a hablar.
Inclinó su
cabeza hacia un lado. “¿No me has oído, zorra? Te odio. Nunca
tuve que haberme encontrado contigo aquella noche.”
Eso fue
suficiente.
“Me alegro de
estar en lo mismo contigo. Yo tampoco he querido conocerte nunca.”
No levanté la mirada del suelo. No quería que me viera llorar por
él. No quería que me faltaran fuerzas para esto. “Espero que te
vaya bien, o te pudras. Lo que antes suceda. No quiero volver a
encontrarme contigo, ni a saber de ti.”
Pude notar la
diversión en su voz. “Lo mismo digo. Ahora por favor, vete. Y
llevate tus putas lágrimas. No sabía que fueras tan llorica”
Tragué saliva
intentando llevarme mis sollozos conmigo. Fue imposible. Todo esto
hacía muchísimo daño. E iba a explotar en cualquier momento. Todo
lo que había creído real no lo era. Todo por lo que apostaba era
una mentira. Justin era una mentira. Y yo había caído en el
estúpido juego de quererle. Cuando no debía. Cuando nunca tuve que
hacerlo.
Me giré cuando
mis pies me lo permitieron y abrí la puerta de un tirón. Antes de
salir oí su voz por última vez.
“Ah, dila a
Katy de mi parte que venga a verme. Tengo la polla un poco hinchada,
ella sabrá que hacer.” Soltó aguantándose la risa.
Cerré la puerta
con un fuerte portazo. Temí que las paredes se cayeran. Deberían
haberlo hecho. Pero sobre él.
Limpié mis
mejillas con las mangas de mi camiseta. Me prometí no llorar por un
chico. Y ya estaba incumpliendo mi promesa. Tenía que irme de allí.
Tenía que escapar de esta pesadilla. No era real. Me iba a despertar
en mi cama en cualquier momento. Esto era un sueño horrible. Un
sueño creado por un monstruo.
Y ese era la
persona de la cual estaba enamorada.
La puerta se abrió
interrumpiendo a Harris. De la misma forma en la que había
interrumpido mis pensamientos. Y entró. Entró en esta clase después
de semanas. Lo miré por un segundo. Solo un instante que hizo que su
mirada se dirigiera en mi dirección. Tragué saliva y escondí el
papel en mi bolsillo derecho.
Avanzó rápido
hasta su asiento. Se dejó caer mientras la boca de todos los
presentes se cerraba. Harris carraspeó y continuó con la clase.
Supongo que estaba mas asombrado por la aparición de Justin que por
el hecho de que llegaba tarde.
Le miré de reojo y
él seguía mirándome. Mi corazón se aceleró con rapidez. Tenía
que recordar las palabras y la nota. Tenía que recordar que no le
quería en mi vida. Que se acabó. Lo tiró todo a perder. Pero no
apartaba la vista. Mi pulso estaba a mil por hora. Sin freno. Y
comenzaba a preocuparme que me diera un ataque al corazón en
cualquier momento. Me ponía nerviosa. Y no en el buen sentido.
Suspiré pesadamente y fue como una llamada de atención. Bajó su
vista y lamió sus labios. Se fijó en el pequeño bulto que tenía
en mis pantalones. Sin que me diera tiempo a responder o incluso
retorcerme para que no pudiera, metió la mano en mi bolsillo sin
permiso y sacó el papel que Katy me había dado antes.
“Justin.”
Susurré con enfado.
Desenvolvió el
papel y leyó aquella frase que tanto había dolido. Abrió un poco
mas los ojos y la arrugó con rapidez en su mano. Se giró pero le
interrumpí antes de que las palabras salieran de su boca.
“Ni te molestes.
Espero que al menos hayas disfrutado.” Dije sin mirarle. Y antes de
poder decir nada más, la sirena sonó.
Salvada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario