“Tu mente no es un
lugar peligroso para mi.”
Supongo que el plan no era malo. Podría perdonarle en
algún momento. Pero solo con palabras no iba a conseguirlo. No
después de todo lo que había dicho y como lo dijo. Pero, ¿y si es
verdad? ¿Y si lo dijo todo aquello por alguna razón? ¿Y si eso era
todo mentira y sentía algo por mí realmente? Entonces, ¿qué
motivo le habría llevado a todo eso? ¿Por qué alejarse de esa
manera de mi? Yo no podría odiarle. Y tampoco puedo ahora. Sé como
es su vida. Sé las cosas que ha tenido que pasar, pero no le conozco
del todo. Tal vez esconde algo, algo en su pasado o en alguna parte.
¿Por qué mandarlo todo a la mierda? Necesitaba respuestas y solo
había una persona capaz de dármelas.
De todas formas, tenía miedo. Tenía miedo de qué
esperar de él, de lo que podría encontrar si preguntaba mas a
fondo, tenía miedo de enamorarme de él y que me hiciera daño.
Estas enamorada, idiota.
No.
Lo sabes muy bien.
Pero no quiero permitírmelo.
No vas a poder negarlo mucho tiempo mas.
Hundí mi cara en al almohada. No pienses, no pienses,
no pienses. Bip, bip. Estiré mi mano hasta la mesilla y
agarré mi móvil sin levantar la cara de donde se encontraba. Lo
encontré a tientas y leí el mensaje.
De Matt:
Hola, princesa. ¿Has tenido un buen día?
¿Había tenido un buen día? Primero Katy, luego Justin
y después mas Justin. Había sido un día movidito la verdad. Me
incorporé y me apoyé sobre el cabecero de la cama. Respondí.
Para Matt:
Ha sido movido, mas bien. ¿Y el tuyo?
De Matt:
Cama y mas cama. ¿Te apetece una peli?
¿Una peli? Es decir, ¿como una cita? La verdad es que
mis ganas de enfrentarme al mundo hoy se veían reducidas a cero.
Incluso menos. Tenía uno de esos días de invierno en los que sólo
te apetece un libro y una manta calentita. Aunque esto incluso me
apetecía en verano. Hoy me apetecía mucho desconectar de todo y
encerrarme en mi mundo. No hacer caso a nada del exterior. Quería
viajar a mi mundo paralelo yo sola.
Bip, bip. Matt
estaría esperando una respuesta. Impaciente.
De Justin:
Gatita, abre la
ventana y vente conmigo.
Creo que sabéis de
sobra con quien me fui.
Agarré mis cosas lo
antes posible. Me levanté de la cama a toda velocidad y eché un
vistazo por la ventana. Pude verle apoyado en su moto delante de mi
puerta. Sonreí como una idiota. Me puse mis vans negras, arreglé
mis vaqueros, cogí mi jersey granate favorito y el abrigo. No era lo
mejor para arreglarse pero me sentía cómoda siempre vistiendo así.
Corrí al baño y me peiné un poco. Hay
que hacer algo con este desastre. Coloqué
mi pelo a un lado y al otro. Seguía rebelde.
Pinté la línea de mis
ojos. No creo que necesite mucho más. Me miré en el espejo dando el
visto bueno una vez que me acostumbré a mi reflejo.
Agarré el móvil y
respondí. A ambos.
Para Justin:
No tengo que usar la
ventana, tengo una buena puerta en la entrada.
Para Matt:
Lo siento, Matt. Mi
madre me ha pedido que le acompañe a por los regalos de navidad.
Otro día, ¿vale?
De Justin:
Con eso pierde toda la
magia, sosa.
De Matt:
Ok, nos vemos otro
día.
Sabía que Matt se
había enfadado. Pero en este punto supongo que me daba igual. Que
directamente seguía a mi instinto, a mi corazón. Y mi mente se
maldecía por dentro por no seguir el plan inicial de libro y manta.
Supongo que tal vez pudiera haber libro, manta y Justin. Pero algo me
decía que en la ecuación sobraban dos cosas, y una no era
precisamente Justin. Ya me disculparía por Matt. Ahora sólo me
fijaba en el chico que había delante de mi puerta y que me miraba
con su estúpida sonrisa una vez que hube abierto la puerta
principal.
“____, ¿te vas?”
Preguntó mi madre desde la cocina. Asomó la cabeza cuando oyó el
sonido de la puerta abriéndose.
La miré y asentí.
Todavía sonreía. “Si, voy... Voy a casa de Matt con unos amigos.”
Asintió y me devolvió
la sonrisa volviendo a meterse en la cocina. “No llegues muy tarde,
¿de acuerdo? Sé que es viernes pero te quiero aquí a las 23:00
como muy tarde.”
“¡De acuerdo!”
Grité una vez que hube cerrado la puerta.
Me dirigí medio
corriendo, medio saltando hasta Justin. Me veía como una idiota,
seguro. Una copia de Heidi corriendo por el campo. Pero no podía
negar la felicidad que estaba invadiendo mi cuerpo. ¿Todo
esto por un tío? ____, controlate.
No podía.
“Hola, gatita.
¿Lista?” Lamió sus labios y me devolvió la sonrisa.
“La verdad es que
sí, pero lo estaría mas si supiera donde vamos...”
Soltó una fuerte
carcajada y agarró el manillar de la moto. Pasó uno de sus pies
alrededor y se sentó en ella. Miraba al frente todavía riendo.
“Si te lo dijera,
perdería la gracia, ¿no, sosa?” Volvió a mirarme, esta vez con
las cejas levantadas. Se creía que todo era obvio. Ts.
“No tenía ni idea
de que fuera una sorpresa. ¿Haremos algo como, globos y tarta?”
Respondí con ironía.
“Mucho mejor, que
eso. Todo está en mi cabeza. Planeado a la perfección.” Cogió
las solapas de su chupa y colocó la chaqueta sobre sus hombros.
Fardando, por supuesto. “Deberías adivinarlo, gatita.”
“Para que lo sepas,
no estoy en tu mente, idiota. No sé que estas pensando a cada
momento.” Me apoyé en uno de sus hombros y me impulsé para
subirme en la moto. Encajé mi culo en el asiento y agarré su
cintura. Mas bien su abrigo.
“Si estuvieras en
ella, saldrías corriendo.” Echó un vistazo tras de él, a mi. Una
sonrisa maliciosa, sexy.
“No te tengo miedo.”
Susurré acercando mi cara a su oído.
“¿Seguro...?”
Giró el acelerador. Una, dos, tres veces. La moto rugió fuerte.
Intentaba asustarme.
Mi boca mostró la
misma sonrisa que él. Iba a ganar este juego.
“Tu mente no es un
lugar peligroso para mi.” Susurré.
“Pero mis
pensamientos, sobre todo los que tengo sobre ti, son los mas
peligrosos.” Su voz se tornó ronca. Esto estaba subiendo a otro
nivel. Y me gustaba. Me gustaba mucho.
Lo hice a propósito.
Y me encantó su reacción. Acerqué mis labios a su oreja,
rozándolos suavemente. “Entonces... podría hacerlos realidad.”
Noté su cuerpo
tensarse. Me aparté mostrando mi sonrisa. Él en cambio no sonreía.
Cerró los ojos cogiendo aire y se dio la vuelta. Colocó sus pies y
aceleró. Esta vez de verdad. Llevándonos por la carretera. Me
agarré con fuerza a su cintura. Su cuerpo todavía estaba tenso bajo
mis manos.
No sé de donde había
sacado estas cosas, pero me encanta.
**
“¿Vamos a
patinar... sobre hielo?” Tragué saliva y le miré.
No había hablado en
todo el camino. Y yo había insistido bastante en que me respondiera.
Había estado nerviosa todo el trayecto. ¿Y si le había molestado
mi comentario? Era Justin. No podía haberle molestado nada de eso.
Esta vez, por suerte,
habló. “Si, ¿no te gusta?” Preguntó una vez que ambos habíamos
bajado de la moto.
Estábamos en una
plaza enorme. Rodeada completamente de árboles que a su vez rodeaban
una pista de hielo en el centro. Los árboles estaban rodeados por
luces de colores. La pista estaba casi vacía, pero aún así podías
ver a las parejas de la mano, patinando. Algunas personas miraban la
pista desde fuera. La verdad es que era una estampa bonita. Muy
bonita. Inspiraba navidad por todas partes.
Asentí. “Me gusta
pero...”
Una risa se escondía
en su voz. “No me digas que no sabes patinar.”
Se estaba riendo de
mí, genial. Eso me cabreó. “Claro que sé. Te lo demostraré.”
Pasé por delante de
él sin mirarle. Se iba a enterar. Vería como sabía patinar a la
perfección. Mejor que él, incluso. Me acerqué hasta la pequeña
caseta situada en la puerta de la pista y pedí al encargado unos
patines de mi talla. Justin se acercó por detrás de mí y pidió
otro par, de su talla esta vez. Tenía una sonrisa burlona en la
cara. Pero increíblemente sexy. Agh.
Agarré mis patines
una vez que el encargado los trajo y le di las gracias. Me fui a
sentar en uno de los bancos para ponérmelos. Debería recordar como
se ponían. Quité mis zapatillas dejándolas a un lado y metí ambos
pies en los patines. Cruce, cruce, cruce y lazada. Repetí. Ya tenía
los patines. Justin se había colocado a mi lado y estaba atando sus
patines cuando me dirigí hasta la puerta. Un paso, dos, tres...
Me coloqué en la
puerta y metí un pie en el hielo. Escurridizo. A quien pretendía
engañar, en cuanto me metiera ahí dentro me caería de boca. Creo
que me quedé mucho tiempo en la puerta esperando y pensando en las
múltiples heridas y daños que podría producirme el meterme ahí
dentro. Y mas sola. Justin se acercó por detrás y agarró mi
cintura con ambas manos, apoyando su cabeza en mi hombro, mirando la
pista.
“Desde aquí no vas
a patinar, gatita. Hay que entrar dentro.”
“Ya lo sé.” Solté
su agarre con mis manos y entré en la pista decidida.
Me mantuve en pie. Lo
suficiente para poder sonreír un segundo, porque al segundo
siguiente estuve a punto de caerme de bruces. Mis reflejos me
protegieron y pude agarrar la valla con fuerza. Salvada.
“Bueno, gatita,
muéstrame lo bien que patinas.” Su sonrisa y su vacile me estaban
llevando al límite. Quería golpearlo.
Me separé de la valla
y moví mis pies con cuidado. Uno detrás del otro. Me movía a
centímetros por hora. Mierda.
Una mano se extendió
hacia mi. “Ven, anda. Yo te enseño.” Dijo Justin, esta vez de
verdad.
Cogí su mano y él
entrelazó sus dedos con los míos. Tiró de mi despacio para
acercarme a él, colocándome a su lado. Señaló sus pies.
“No tienes que
andar, tienes que ir deslizándote, ¿de acuerdo? Hacía los lados.”
Movió su pie
izquierdo hacia la izquierda, con un suave desliz. “Y ahora
impulsas también tu cuerpo, acompañándolo.”
Impulsó su cuerpo
como había dicho. Se movió un poco hacia la izquierda, tirando de
mi brazo.
“Ahora el mismo
movimiento con la derecha, y luego repites.”
Patinó un poco hacia
delante para que pudiera observar como se hacía. No separó su mano
de la mía. Repetí sus movimientos pero con mas torpeza. Conseguí
llegar hasta él sin apartar mis ojos de mis pies. No quería caerme.
“Muy bien” dijo
sonriendo. “Ahora vamos hacerlo un poco mas deprisa. Ven conmigo.”
Tiró de mí con él.
Iría a donde
quisieras. Callate.
Asentí y le seguí.
La mayor parte del tiempo tiraba de mí y me llevaba. Pero poco a
poco iba aprendiendo a moverme sin él. Iba patinando poco a poco. Un
pie, luego el otro, deslizando, no caminando. Como él me había
enseñado. Dimos unas cuantas vueltas a la pista. La gente que nos
veía soltaba alguna risita o susurraban. Debíamos de estar dando un
buen espectáculo. Era la única que no sabía patinar. Mi cara
ardía. Juraría que estaba del mismo color que mi camiseta. Pero
Justin sólo se fijaba en mí y en mis pies. Las veces que había
tropezado me había sujetado justo a tiempo para no caerme. Se lo
agradecía infinito la verdad. No quería dar aún mas el espectáculo
y me sentía un poco inútil. No le dejaba patinar tranquilo y sabía
que lo estaba deseando.
“¿Cómo es que
sabes patinar tan bien?” Pregunté sin venir a cuento. Estaba
regañándome por no mover los pies como debía.
“Hacía hockey
cuando era pequeño. Impulsate, ____.” Dijo con sus manos en mi
cintura, delante de mi, mirando nuestros pies. Como hacía yo.
Intenté seguir sus
instrucciones.
“¿Eras bueno?”
Mantenía mis manos en sus hombros.
“Por supuesto”
noté una sonrisa de satisfacción. “El mejor de todos. Vamos a
probar una cosa...”
Levanté la mirada
mirándole con miedo. “¿Qué cosa?”
Nos paró a ambos en
medio de la pista. Levantó la mirada y soltó mi cintura para
agarrar mis manos y dejarlas caer con las suyas. Empezó a patinar
hacia atrás, alejándose de mí. Mierda,
mierda.
La sonrisa de idiota
que tanto me gustaba apareció cuando estuvo a una distancia
importante. Importante al menos para mí, que podía pegarmela en
cualquier momento.
“Ven hasta aquí,
gatita.”
“¿QUÉ?” El grito
sonó muy alto. Mierda.
“No tengas miedo, no
vas a caerte. Estoy aquí, ven hacia mi.” Me animó.
Asentí no muy
convencida. Sabía que no iba a poder ni llegar a la mitad. Recordé
las instrucciones y patiné hacia él. Derecho, izquierdo, derecho,
izquierdo. Recuerda que también tienes que impulsar el cuerpo. No
mires al suelo, así te caes, no mires al suelo. Cuando quise darme
cuenta Justin tenía abiertos su brazos hacía mí. Estaba cerca.
Había patinado todo este camino. ¡BIEN,
BIEN!
¿Sabéis eso de que
no cantes victoria antes de tiempo? Pues ahí lo tenéis. Justo
cuando sus manos agarraban las mías me tropecé hacia delante. Mi
puntera había golpeado el suelo. Caí hacía delante pero Justin fue
lo suficientemente rápido para poder cogerme. Pero no pudo mantener
el equilibrio. Caímos los dos al suelo. Yo encima de él, él encima
del suelo. Cerré los ojos con fuerza antes del impacto. Cuando
llegamos al suelo Justin reía con fuerza. Su risa me contagió.
Pronto la risa se apagó. Hacia mucho que no estábamos tan cerca,
tan pegados. Él notó lo mismo que yo porque su sonrisa desapareció,
al igual que la mía. De nuevo solo había electricidad. Esa
electricidad que sólo sentía con él. Las respiraciones comenzaron
a acompañarse. Sus labios se acercaron a los míos. No hubo quejas,
no hubo duda. Besé sus labios. Besé sus labios necesitando esos
besos siempre. Amoldó su boca a la mía y nos besamos despacio, con
calma, saboreando cada detalle de la boca del otro. Sus manos en mi
espalda, las mías sobre sus mejillas. Nos besamos con lentitud,
ninguno quería que terminara. Poco a poco nos fuimos separando,
había que respirar.
Sonrió ampliamente.
“Si cada vez que te caigas va a pasar esto, podías haberte caído
mas veces.”
Sonreí con él. Unos
cuantos mechones de su pelo habían sido sacados de su linea natural.
Eché su pelo hacía atrás, junto con los demás.
“Creo que no me
volveré a caer, ya le he pillado el truco.”
“Es una lástima, yo
quería mas besos.”
“Entre el profesor y
la alumna no es bueno...”
“Bueno, es que tu ya
has aprobado el curso.” Eso me hizo reír.
Pero me cayó de
nuevo. Sus labios encontraron de nuevo los míos. Y ahora mismo no me
importaba estar en el suelo, en medio de una pista y con unas cuantas
personas mirándonos.
Era feliz y quería
volver a besarle.
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