"Tu madre ha estado llorando cada día. Tu abuelo se ha puesto peor. Y ___ llama cada día preguntando por ti."
"Tío, como veo que esto no funciona, te voy a contar una cosa." La voz de Ryan llegó a mis oídos disipando la oscuridad que me invadía. Poco a poco todo se volvía más claro. "Mira, te voy a contar mi primera vez, pero no esa que te conté en la que soy un campeón... La de verdad."
Notaba como empezaba a sentir cada uno de mis músculos. Moví los dedos de los pies con sutileza, para estar seguro de que podía moverlos. Mi cuerpo empezaba a reaccionar.
"Pues eso" carraspeó aclarándose la garganta. "¿Recuerdas la noche del baile? ¿La del último curso?"
Recordaba la noche del baile. Música, tías buenas y un buen polvazo en la clase de química. Mereció la pena la pasta en la limusina para meterme entre las piernas de Grace. Esa si que fue una fiesta. Intenté no sonreír al recordarla.
Comprobé las demás partes de mi anatomía. Cerré mi puño, ese que estaba escondido. Si mi cuerpo ya estaba listo para despertar no quería que Ryan se enterara, tenía que escuchar esta historia. Esto iba a pintar muy bien.
"Bien pues, fui con Marian, pero después de unos bailes y alcohol, se piró. Literalmente, se fue sin decirme nada con Nathan, el del equipo de fútbol. Maldito, hijo de p..." Noté como apretaba los dientes. "Entonces me encontré a Sarah, sí, Sarah Parker. La de los granos, que tenía hasta barba, esa. Y estaba borracho, ella era virgen también y... Una cosa llevó a la otra. No me culpes. Pero la tía fue una fiera en la cama, joder."
Intenté aguantar la risa pero fue inútil. Me reí bien fuerte, tanto que la vía de mi brazo me provocó un pinchazo fuerte. Pero no podía parar. Mi amigo se había tirado a La Pelos. Esto era una pasada.
Estaba con la cabeza agachada. "Joder, tío. Parece que oigo tu risa. Fue penoso, te lo juro."
"Bro, para algo en lo que te tengo en un pedestal y es mentira." Dí unos pequeños golpecitos en su cabeza con la mano. "Sigues siendo el puto pringado." Volví a reírme con mas fuerza cuando levantó su cara y me miró con aquella expresión de vergüenza, enfado y sorpresa. Todo en uno. Esta rojo como la sangre.
"Vete a la mierda."
"Estoy hecho mierda." Cuando dije aquello, Ryan se levantó y me abrazó. Intenté devolverle el abrazo como pude pero el brazo me dolía infinito y el pecho otro tanto.
"Me alegro de que hayas despertado" se apartó poco después volviendo a sentarse al lado de mi cama.
"Tenía que oír esa historia" dije sonriendo con ironía.
"No me obligues a pegarte yo ahora otra paliza." Su mandíbula se apretó dándole aspecto de tipo duro. Pero en Ryan no colaba. Era imposible.
"Estoy medio inválido, dame un respiro..." Reproché señalando mi cuerpo y su estado. "¿Por cierto, cuánto tiempo llevo aquí?"
"Una semana y media. Has estado en coma y los médicos no estaban seguros de que despertaras. Te dispararon, perdiste mucha sangre, has tenido dos hemorragias internas y 3 costillas rotas." Ahora entendía el dolor de mi pecho.
Hice una mueca de dolor cuando mencionó todo. La noche del ataque no la llegaba a recordar con exactitud. Sólo recordaba algunos tramos. Los que hacían que mi piel se erizara.
"Un solo paso mas y tus preciosos amigos acaban con el pie en el otro lado, ¿lo has entendido?"
“Tu querida puta será la primera en morir.”
“Vuelve a intentar algo como esto y serás el primero en morir. Seguido de tus putos amigos.”
Todo eso taladraba mi cabeza una y otra y otra vez. No se podía alejar. Y recordaba el trato. Peleas a cambio de mis amigos. El 70% para él y el resto todo mío. Con eso no podía pagarle el tratamiento a mi abuelo. Con eso tendría para vivir. Tony iba a quitármelo todo. Absolutamente todo y yo estaba dispuesto a dejarle hacerlo por ellos. Y había acabado aquí. Por gilipollas, por imbécil. Rompiendo las reglas con la Mafia. Jugando a juegos estúpidos en los que siempre voy a perder. Porque ellos son mas. Porque ellos tienen mas poder. Porque mi mundo empieza a girar a su alrededor. Porque no tengo otra opción. Él había sido claro. No iba a poder negarme nunca. Acababa de destruir mi vida a cambio de salvar las suyas, las de Ryan y ___.
Un agudo dolor atravesó mi pecho. Grité y me retorcí. Joder. Dolía, dolía infiernos.
Ryan se levantó de un golpe mirándome con preocupación. Aparta esa mirada de mi, Butler. No necesito compasión. No ahora. El dolor continuaba insistente. Apreté los dientes con fuerza junto con mis ojos.
"Llamaré a una enfermera." Dijo antes de alejarse de mi para dirigirse con velocidad a la puerta.
"NO" grité haciendo que se diera la vuelta. No quería ningún médico más. Se pasaría. Y de todas formas merecía esto. Y más. "No necesit... necesito una enfermera..." Intenté incorporarme en la cama a la vez que procuraba eliminar el dolor de mi expresión. "E--Estoy bien."
Ryan no parecía convencido. "¿Seguro, bro?"
Asentí. Debía acostumbrarme al dolor. Iba a protegerlos y me merecía esto. Las puñaladas, los golpes, todo. Ryan pareció ceder cuando no volví a quejarme. Pero no estaba de todo convencido. Sabía que no me creía.
"Todo ha estado mal desde que te fuiste. Mason se enteró de que vas a trabajar para Tony y quiere otra pelea. Sigue sin estar dispuesto a perder contra ti. Tu madre ha estado llorando cada día. Tu abuelo se ha puesto peor. Y ___ llama cada día preguntando por ti." Tragué saliva. Todo dolía. Y no por la paliza. "Ha sido un completo caos, no pierdas la cabeza así nunca. No sabes cuanta gente cuenta contigo."
Toda esta información era demasiada. Era culpable. Y a ver ido a enfrentarme a Tony me lo hacía aún más. Un golpe en el corazón. Directo. Sin miedo.
La puerta se abrió entonces. En la puerta estaba mi madre. Lloraba. Lloraba pero sonreía. Estaba preciosa pero rota. Completamente rota, más incluso que con su propio padre. Se llevó las manos a la boca parando el temblor de estas y su llanto. No se movió del umbral y yo no pude articular palabra. Hacía tanto que no la veía. Y seguía siendo hermosa. Mi madre. Estaba allí. Cuidando de mí. Joder, como la echaba de menos.
"Mamá..." Mi voz sonó ronca y rota. "Estoy bien, mamá. Estoy aquí." No supe para quien fueron esas palabras. ¿Intentaba que aquello se metiera en mi mente o en la suya?
Ryan se fue de la habitación cuando mi madre se acercó. Despacio. No había prisa. Y me abrazó. Me abrazó como en las noches en las que tenía pesadillas. Me abrazó como cuando lloraba. Me abrazó como cuando me rompieron el corazón. Como una madre. Y lloró, lloró en mi hombro y yo no pude impedirlo. Otro golpe al corazón.
La abracé con toda la fuerza que pude encontrar y lo que todos aquellos tubos conectados a mí me permitieron. No fue suficiente. Para ninguno.
Mi madre se apartó. Pero se mantuvo cerca. Acarició mis mejillas con ambas manos. Intentaba contener las lágrimas pero, no podía. Besó mi frente. Y se dejó caer en la silla que antes ocupaba Ryan. Agarré sus manos con la mía libre y las apreté dándole apoyo. No iba a irme. Nunca.
"Mi niño..." Apretó sus labios después de soltar aquel susurro.
"Mamá, estoy bien, tranquila." Dije en su mismo tono de voz sin apartar la vista de ella. Tenía que recomponer los cachos.
"Estas aquí... Eso es lo que importa. Si." Vino de nuevo a abrazarme. Y esta vez lloré con ella.
Había destrozado a mi madre. Y el golpe en el corazón dolió como un disparo.
**
"Justin." Mi madré se asomó a través de la puerta. Me había quedado traspuesto después de su visita. No me sentía con fuerzas de nada. Estaba hasta arriba de emociones. "Tienes visita." Dijo con una sonrisa.
"¿Qui-" Me corté antes de acabar. Su melena morena acaba de atravesar la puerta. Seguida de sus ojos verdes. Y su boca perfecta. Había llorado. Tenía los ojos rojos y acuosos. No podía apartar la mirada de ella. Todo alrededor había desaparecido y me maldije a mi mismo. Me maldije por dejar que fuera tan importante. Por ponerla en peligro. Por haberla hecho llorar. Por haberla encontrado en aquel banco aquella noche.
"Hola, Justin." Voz rota. Lágrimas a punto. Joder, vete. Vete y no me veas. Olvídate de mí. Sería menos doloroso que verte llorar.
Mi madre cerró la puerta una vez que ___ entró dejándonos algo de intimidad. No podía decir nada. Mi corazón estaba acelerado pero mi mente solo pensaba: peligro, peligro, márchate. Ella anduvo solo unos pasos. Esperaba una respuesta por mi parte. Pero, ¿que la diría? ¿Qué me alegraba de verla? Siempre. ¿Qué se fuera? Por supuesto. ¿Qué la escuché llorar? Nunca. ¿Qué necesitaba sus besos como una droga? Eso no, no. Dolería más la despedida. Porque eso es lo que debía hacer. De verdad. Tenía que echarla. Mantenerla a salvo de Tony. Mantenerla a salvo de todo. De mi mismo. Tenía que olvidarme. No saber que existía. Devolverla a una vida feliz, sin mí.
"Márchate, ___." Solté cuando pude apartar la mirada de ella.
"No voy hacerlo, Justin." Su tono no permitía objeción.
"No tenías que venir. Lárgate, por favor."
"No quiero." Declaró.
"¿Por qué no?" Mi corazón bombeaba más rápido. Todo era un error, ella no tenía que decir esto. Tenía que irse por la puerta. Rápido.
"Porque no puedo."
"Claro que puedes. Abre la puerta y sal. Vive tu vida."
"No puedo, Justin. Ya no puedo vivir mi vida sin que tú rompas mis esquemas."
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Me gustaría mucho que comentarais. Tanto aquí como por twitter. Bienvenidas a las nuevas lectoras.
sábado, 23 de noviembre de 2013
domingo, 17 de noviembre de 2013
Capitulo 19
“Tu querida puta será la primera en morir.”
Justin:
Tenía ganas de destrozar su cabeza. Para ser exactos quería
destrozar cualquier parte de su cuerpo que le doliera. Que le doliera y le
mandara al jodido hospital. Le quería muerto. Fuera de mi camino y lejos de
ella. No me importaba lo que pasara conmigo. Me daba igual un brazo, un órgano
e incluso la vida. Pero iba a pagar por esto. No iba a luchar por él, no iba
hacer una mierda que le proporcionara algo a esa rata. Iba a cargármelo sin ni
siquiera mirarle. Iba a destruir todo su imperio en un momento.
Había hecho que me alejara de ella para siempre. Porque eso
es lo que haría. No iba a acercarme mas. No debía. Era peligroso. Tony no era
el único que me quería. ___ no me había mirado ni una vez al salir del coche y
eso dolía. Dolía infinito. Y no la culpaba. Cada vez que había estado conmigo
todo se había vuelto negro y lleno de mierda. Olvidarse de mí no la costaría.
No sería ningún problema. En cambio para mi…
Deshice esos pensamientos en seguida. Ahora tenía que
concentrarme. Tal vez acabaría en la cárcel por esto. Y eso era peor que morir.
Pero iba hacerle sufrir.
Abrí la guantera del coche casi al segundo de haber aparcado
delante del edificio. Harris controlaba gran parte de la producción de la
cuidad. Pero no tenía miedo. Sabía lo que hacía. Agarré la pistola y la coloqué
por dentro de mis pantalones, sujeta en la cintura, y la tapé con la camiseta. Listo.
Salí del coche dando un fuerte portazo. Caminé en línea recta hasta la puerta. Un
enorme gorila me vio y supo al instante quien era. Asintió con la cabeza y se
alejó de la recepción. Yo me apoyé sobre la pared de al lado de las puertas aún
sin entrar. No iba hacerlo. Ahora sólo tenía que esperar. Ya había hecho la
llamada por el camino.
<<”Bieber, qué alegría hablar contigo.” Su tono burlón
no hizo mas que aumentar mis ganas de partirle el cuello.
“Tenemos que hablar.” Dije cortante.
“Estoy en mi edificio. Pásate y hablaremos. Dile a uno de
los guardias de la puerta que me avise.” Y la llamada se colgó.>>
Miré mi reloj. 2 am. Demasiado tarde para estar en una
oficina. Saqué un cigarrillo del bolsillo interior de mi chaqueta y lo prendí. Exhalé
el humo. Dios, esto era lo que necesitaba.
Las puertas se abrieron y me incorporé. Tony venía solo.
Esto no era bueno. Justin, céntrate. Primero
disparas, después preguntas. Así funciona.
“Vaya, vaya, mira a quien tenemos aquí. Mi nuevo juguetito.”
Plasmó una sonrisa repugnante en su cara y se paró a dos metros de distancia.
“No soy tu puto juguete.” Escupí tirando el cigarrillo al
suelo con fuerza.
“Oh, ya lo creo que sí.” Pasó sus manos por su pelo echándolo
hacia atrás. Eso era pura gomina. “Tú y yo vamos a pasarlo muy bien, amigo.” Rió
con esa voz grave. No era una risa divertida y mucho menos simpática.
En ese momento eché la mano izquierda hacia atrás y saqué la
pipa apuntándole. Tony volvió a reírse y esta vez con mas ganas.
“¿De qué coño te ríes, cabrón?” Grité enfurecido. Esto iba
acabar ahora.
“No pensarás de verdad que puedes matarme.” Su voz sonaba a
rata. Rata arrogante.
“Eso es lo que voy hacer ahora mismo.” Cargué el arma y di
un paso hacia delante, encarándole.
Una risa alta escapó de él. “Escúchame, niñato. Un solo paso
mas y tus preciosos amigos acaban con el pie en el otro lado, ¿lo has
entendido?” Amenazó. Sus ojos se clavaron en mi.
“No te creo una mierda.” El arma apuntaba directamente al
centro de su frente.
“Tu querida puta será la primera en morir.” Tragué saliva.
No estaba hablando en serio. “Baja el arma o no tardaran ni 2 segundos en ver sólo
oscuridad.”
Esto era mentira. No podían tener a ___ controlada, ¿o sí?
“Tienes 5 segundos, chico. No me obligues a repetirlo.” Una
sonrisa maligna se dibujó en su rostro.
“Hijo de puta.” Tiré el arma a sus pies. Esta gente sabía lo
que hacía. Tenían siempre todo bajo control y no se les escapa nada. Si les tenían
controlados mas me valía hacer todo lo que ellos quisieran. Por Ryan. Por ___.
“Niño estúpido.” Comenzó a andar hasta mí. Era un poco mas
bajo que yo pero lo suficiente como para mirarme cara a cara. Su aliento olía a
fumo y repugnancia. “Ahora vas a ser un chaval obediente. Muchachos.” Llamó.
En un instante algo me golpeó el rostro. Duro. Mi equilibrio
se desestabilizó un poco pero conseguí mantenerme en pie. La cabeza me daba
vueltas y podía notar la sangre caer por un lado de esta. Me giré propinándole
un puñetazo a mi agresor. La vista se me nublaba. Fallé y a cambio recibí una
patada en el estomago que me obligó a doblarme. Mierda, eran mas de uno. Conté
los pares de pies cuando me agaché. 6 en total. 3 personas. Me levanté seguido
de mi puño que fue a parar a la entrepierna de uno de ellos lo que me dio la
oportunidad para atizar una patada a sus piernas que hizo que cayera al suelo a
mi lado. Bingo. Otro puñetazo llegó a mi de costazo. La sangre invadió mi boca.
Escupí. Reí. No iban a acabar conmigo. No era el fin. Intenté golpear de nuevo
a cualquiera de mis oponentes. Tenía que luchar. Pero, ¿qué mas daba? Les tenían
controlados. A todos. Por mi puta culpa.
Un brazo me rodeó el cuello y apretó. Apretó fuerte de
verdad. Mis manos intentaron soltarle pero no podía. La falta de aire empezaba
a dejarme débil y aún seguía atontado por los golpes. Los otros dos cascaron
sus dedos y cuello. Sus sonrisas asustaban. Tal vez si era el fin. El que había
tirado al suelo fue el primero. Puñetazo. Estomago. Puñetazo. Pecho. Puñetazo.
De nuevo estomago. El aire se iba acabando y yo luchaba por un poco de él. Iba
a morir. Iba a morir antes de curar a mi abuelo. Iba a morir antes de
explicarle todo a ___. Iba a morir antes de irme a recorrer el mundo con Ryan. Iba
a morir antes de ser feliz con ella.
Mis pulmones escocían y mi vista se nubló. Todo el cuerpo
dolía y la sangre estaba en mi boca, por todas partes. El gorila me soltó antes
de quedarme inconsciente. Caí al suelo golpeándome la cara. ¿De verdad era el
fin?
Alguien se acercó a mi. Arrodillándose. Pegó su boca a mi
oreja. Olor a rata.
“Vuelve a intentar algo como esto y serás el primero en
morir. Seguido de tus putos amigos.”
Entonces el disparo sonó alto y claro. Mi brazo ardía más
que ninguna otra parte de mí. Intenté gritar pero no pude. Mi garganta estaba
rota a falta del oxígeno. Todo se oscureció. No sentía nada. ¿Era así como se
moría? ¿Iba a desangrarme en ese puto lugar? Oí pasos alejarme pero mi vista
seguía negra. Perdía la consciencia poco a poco. Supongo que iba a desangrarme.
Que todo acabaría.
Dejé llevarme por la sensación. Lo último en lo que pensé
fue en ella. En ella y sus besos.
**
Biiiiiiiip, biiiiiiiip.
¿Qué es ese estúpido ruido? Dios, me taladra la cabeza. Biiiiiiiip, biiiiiiiip. ¿No va a parar nunca? Joder, que alguien lo
pare.
“Parece que aún no va a despertar, señora Bieber.”
¿Señora Bieber? ¿Mamá?
“No, no. Mi hijo lo hará, esta bien, se va a recuperar…” El
llanto de mi madre se escuchaba por todos los lugares de mi mente.
Quería llamarla, decirla que estaba aquí, que la escuchaba. Quería
mover mi mano y coger la suya. Darla cariño. Pero no podía moverme. Mi cuerpo
no respondía. Joder.
“Su hijo a entrado en coma, señora. No sabemos cuanto tardará
en recuperarse, lo siento mucho.”
¿Coma? No, no. Yo estoy aquí. ¿Es que no me escuchan? ESTOY
AQUÍ JODER. MIRADME. ¿Mamá, me oyes? Tienes que hacerlo, estoy aquí. Contigo. No
me voy a ninguna parte. No llores, mamá. No voy a dejarte sola.
Pero la oscuridad no tardó en llevarme de nuevo.
**
“Justin, tío. Despierta venga. Esto no tiene ni puta gracia.”
Ryan, Ryan está aquí. Tengo que avisarle de que le oigo, de
que estoy con él aquí. Tengo que despertar. Vamos joder, muévete.
“No sé que mierdas pasó, pero tienes que estar aquí, tío. Esto
es caos sin ti. Necesito a mi mejor amigo de vuelta. A mi hermano.”
Mi hermano… Por favor cuerpo, déjame despertar. Déjame
decirles a todos que estoy bien, que no me he ido. Déjame cuidar de ellos. Déjame
verles. Por favor, cuerpo, por favor…
Pero la oscuridad no estaba por la labor de escucharme.
**
“Justin… Justin, sé que estas aquí. Por favor, dime algo…”
Esa voz. Esa voz, no, no podía ser.
“Me pediste que me alejara pero no puedo…” Su voz sonaba
rota. Lloraba. Podía oírla llorar. “Llevas aquí una semana y esto me mata. Me
mata que no despiertes, que no pueda acercarme a ti… Te necesito. Te
necesitamos.”
Estoy aquí, pequeña. Pero no me oyes, nadie lo hace. Y
duele. Quiero volver, quiero volver y no puedo. Quiero tenerte conmigo para
protegerte. Porque te vigilan. Porque es por mi culpa. Y no me lo perdono.
“Has llegado a mi vida de improvisto y lo has cambiado todo.
Y ahora, tu… Por favor despierta, tigre. Quiero que discutamos, quiero que me
saques de quicio, que me sonrías de esa forma tuya. Quiero que me abraces, que
me beses, que me llames gatita. Que te rías de las cosas que hago, que me
busques y yo haga lo mismo. Quiero ver esos ojos miel con los que he soñado
siempre. Quiero que despiertes y seas algo mas que esto para mi. Por favor,
tigre. Por favor, Justin…”
Mi cuerpo no respondía. Todo esto me estaba matando. Era
como gritar pero sin que nadie lo oyera. Dolía el pecho. Quería estar con ella.
He querido eso desde que la conocí en aquel banco. Desde que lloró por aquel imbécil.
Quiero tenerla en mis brazos y cuidarla a mi manera. Hacerla sentir querida,
deseada, bonita. Porque lo era. Realmente lo era. Es lo que siempre he querido.
Noté un tacto sobre mis labios. Me besaba. Era húmedo. No
había dejado de llorar. Y no podía consolarla. No podía hacer nada por ella. Intenté
devolverla el beso con todas mis ganas pero mi cuerpo seguía inactivo, fuera de
cobertura. El llanto de ___ seguía escuchándose. Despierta de una maldita vez, inútil.
Pero no iba hacerme caso. Igual que las veces anteriores. Y
me llevó la oscuridad. Ya estaba acostumbrado a la sensación.
viernes, 15 de noviembre de 2013
Capitulo 18.
"Pero acepté. Ahora voy a luchar por
Tony."
El coche rugió fuerte cuando Justin pisó el
acelerador. Sabía que tenía que irse y sabía la razón. Es decir,
era obvio. Pelea. Y odiaba eso. Odiaba que estuviera por debajo de
eso. Pero era su abuelo. Su abuelo siempre iba a estar por encima de
todo. Pero eso no quitaba que me doliera que tuviera que irse. En ese
momento no pensaba en su abuelo, no pensaba en nada mas que en que se
iba. En que se iba y me dejaba sola, de nuevo. Estaba siendo egoísta
y me daba igual. Le quería para mí hoy, era nuestra noche. ¿Pero
por qué estas así si no sois nada? Tal vez sea por eso.
Tal vez sea por que no tengo ni idea en que punto estamos. Pero
quizás es mejor así. Quizás no importe que seamos, que hagamos.
Tal vez de igual si somos esto o aquello. Tal vez sólo debamos
sentirnos infinitos como en aquel libro que tanto me gusta. A lo
mejor debemos dejarnos llevar, por el uno, por el otro, a donde sea.
Pero si se largaba ahora no íbamos a dejarnos llevar a ningún
sitio.
Miraba por la ventana. No tenía ganas de hablar con él.
Las farolas iluminadas eran más interesantes, la verdad. Iba
contando una a una. Parecía gilipollas. Apoyé la cabeza sobre el
cristal. Después de todo, había sido una noche increíble.
“¿Dónde quieres que te lleve?” Preguntó
levantando la mirada de la carretera unos segundos para echarme un
rápido vistazo.
“A mi casa.” Era pronto todavía y no tenía ganas
de ir a casa de Danna, ya la llamaría cuando estuviera en casa.
Justin asintió y sus manos se apretaron en el volante.
Los nudillos blancos. “¿Vas a seguir enfadada mucho más tiempo?”
Preguntó.
“No estoy enfada-”
“A mi no intentes mentirme, ___. Se cuando lo haces”
dijo con el ceño fruncido. Mierda.
“Olvídalo.” Dije con desdén.
Suspiró y dejó caer su cabeza contra el volante un
instante. Después sus ojos fueron hacia mí.
“No quiero volver a cagarla de esta forma, contigo.”
“Pues no lo hagas, Justin.” Crucé mis brazos. No
quería discutir nada ahora. “Sé que tienes que irte. No tienes
que explicarme nada.”
“Sí, si lo tengo. Porque no quiero que pienses que no
me gustaría quedarme contigo toda la noche.” Cuando dijo aquello
no supe reaccionar. Le miré intentando encontrar algo de mentira. No
había nada. Sus ojos volvieron a la carretera. Íbamos por la
carretera principal y no había ningún coche. Extraño.
“Lo siento...” susurré.
Frunció el ceño y me miró. Un coche se había
colocado detrás de nosotros. “¿Por qué? No has hecho nada para
que tengas que disculparte.”
“Sí, por haberme enfadado.” Tragué saliva y lamí
mis labios lista para mirar sus ojos mieles. “Lo siento mucho,
Justin.”
PUM.
El golpe nos había dado de lleno. La fuerza del impacto
nos lanzó hacia delante. Mi voz se apagó cuando todo ocurrió. Los
cinturones nos mantenieron lo suficientemente sujetos para que
nuestras cabezas no chocaran contra el coche. Me sobresalté cuando
miré hacía atrás. El coche de detrás nos había dado de lleno. Su
delantera estaba aboyada, y no quería ni imaginar como debería de
estar la parte nuestra de detrás.
“Hijos de puta.” Justin agarró con fuerza el
volante y cambió de marcha. La velocidad comenzó a notarse.
Justin:
No, no, joder. Aquí con ___ no. Mierda. Esto no
estaba pasando ahora. Apreté el acelerador. Necesitaba alejarnos de
ellos. Las cosas que podrían pasar esta noche no eran buenas y con
___ aquí no iba a poder perder el tiempo en jueguecitos estúpidos.
120, 130, 140. Tenía que alejarme y darles esquinazo. Otro golpe.
Por la derecha. Y rápido. Maldita sea, iba a perder el control como
volvieran a golpear de esa manera.
Miré a ___. Estaba apretada al asiento con los ojos
cerrados. Estaba asustada, con verdadero pánico. Giré hacía un
lado. Ahora nos separaban dos carriles. La carretera era de 4 y
estaba desierta. Debería meter más gas. Alejarme por completo pero
quedaban unos cuantos kilómetros en línea recta hasta la casa de
___. No iba a poder llevarles allí. No podía meterla en toda esta
mierda. Era asunto mío y lo iba a arreglar. 150, 160, 170. Intentaba
pillarnos pero por ahora le sacaba una buena ventaja. Se movió otro
carril. Su velocidad aumentaba con la mía. Mierda.
“___, ¿estas bien? Respóndeme.”
“Si...si.” Todavía seguía con los ojos cerrados.
Joder, esto no debería pasar ahora. Miré por el retrovisor. Mismo
carril. Pocos metros.
“Gatita, necesito que me ayudes.” Sus ojos se
abrieron y me miraron todavía asustados, llenos de terror. “No va
a pasar nada, ¿de acuerdo?” Asintió a regañadientes. “Necesito
que mires hacía atrás y me digas en que posición van, ¿vale? Voy
a darles esquinazo en la siguiente salida.”
____ se incorporó un poco y miró hacia atrás. Yo
había comenzado a acelerar de nuevo. Desde el retrovisor no podía
ver quienes eran pero tenía una idea. Ahora la prioridad era sacarla
de aquí.
180, 190, 200. Cambiaba de carril para mantenernos
alejados de ellos, al menos lo suficiente para poder tener una
seguridad y mas tarde una oportunidad de darles esquinazo.
En 50 metros estaba la siguiente salida.
“Justin, nos van a coger.”
“Tranquila, solo unos metros mas.” Fruncí el ceño
y apreté el volante con todas mis fuerzas. Tenía que bajar la
velocidad si no quería que nos estrellásemos al girar. 30 metros.
“Justin...”
10 metros. Un giro y entramos. Seguíamos teniéndolos
detras.
“JODER.” Golpeé el volante y volví a darle marcha
al coche. Íbamos entrando de nuevo a la ciudad. Estos tíos no se
iban a rendir. Tiré de la camiseta de ___ para que se sentara. Un
movimiento fuerte. Su respiración iba muy muy rápido. Saqué mi
móvil y se lo tendí.
“Llama a Adam, rápido. Dile que les diga que acepto y
cuelga.” Ella se quedó paralizada sin entender nada de lo que
había dicho.
El coche de detrás nos rozó de nuevo la parte trasera
lanzándonos un poco hacia delante. Mi pié pisó el acelerador.Volvíamos a coger velocidad. Había que salir de todo esto.
Ella hizo esa llamada. Adam gritaba incoherencias por el telefono que hizo que ___ lo alejara de su oído y colgara rápidamente. Yo tampoco querría oírle después de lo que acababa de decirle. No tardó ni dos segundos después
de colgar que el coche paró. Paró y nos dejó irnos. Maldita
sea. ___ miró hacía atrás comprobando que era cierto que ya no
nos seguía. Suspiró de alivio y volvió a su sitio. Parpadeaba
repetidas veces intentando no llorar. Mi corazón dolía en ese
instante. La había puesto en peligro. Mi estúpida vida lo había
hecho y no había ningún perdón. Siempre es la misma mierda,
siempre son los mismos problemas. Y todo por lo mismo. Todo por la
mierda de la Mafia. Todo por ellos y su jodido dinero. Mis manos
condujeron hasta casa de ___. Ahora mismo sólo pensar en llevarla
allí y que no tuviera que volver a verme si no quisiera. Que no
tuviera que volver a hablarme ni a saber de mí si era lo que quería.
Porque yo no iba a poder alejarme sólo.
No me atrevía a mirarla. “¿Estas bien...?” Susurré
sin apartar los ojos del camino.
“Si... creo que sí. Tu coche, no tanto.” Al menos
aún podía bromear.
Hice una mueca con la boca y asentí. “No te preocupes
por eso.”
No volvimos a hablar. Todo lo que quedaba de camino fue
en completo silencio. Ambos lo necesitaban. Mis nudillos dolían, aún
no había alejado la presión de ellos. No tardamos en llegar. A los
pocos minutos ya divisaba su casa, su jardín, su valla. Estábamos
delante de la puerta. Y aún no podía mirarla. Mi cabeza estaba procesando la decisión que había tomado. Era lo mejor para los dos. Sobre todo para ella. Era una bestia, un monstruo. Debía de tener a alguien en su vida que la quisiera de verdad, que la cuidara y no se metiera en los líos en lo que yo estaba. Alguien que estuviera día si y día tambien y no de vez en cuando. Y menos cuando tenía que cuidar de un anciano. Un anciano enfermo. No cuando tenía que cuidar a alguien por el que daría su vida. No podía arriesgar también la suya. Tenía que dejarla ir. Sin interferir.
“Justin, ¿qué fue lo que aceptaste?”
Esa fue la pregunta que temía que hiciera. No quería
que supiera nada. No quería que se metiera en esto. No quería otra
noche como esta o peor para ella.
“Nada.”
“¿Has aceptado la petición del señor Watson? Dime
que no.”
Apreté la mandíbula y la miré. “No había otra puta
opción.”
“Justin, sí que la había.”
“No iba a permitir que te mataran. Y mucho menos por
mi mierda.”
“No iban a matarme...” Susurró. Sus ojos volvieron
a encharcarse.
“Iban hacerlo. Pero acepté. Ahora voy a luchar por
Tony, voy a ganar dinero para él y no quejarme porque eso va a ser
lo único que te va a mantener a salvo.” Desvié la mirada. No
podía seguir así. No con ella.
“Tú me mantienes a salvo...” Susurró cuando sus
manos se alzaron hasta acariciar mi mejilla.
Aparté la cara de su toque. “Esta es la única forma
que encuentro de hacerlo.” Tragué saliva y hice un gesto con la
cabeza hacia la calle. Iba a rompernos el corazón. “Vete, ___. No
creo que volvamos a vernos.”
sábado, 9 de noviembre de 2013
Capitulo 17
"Eres la primera... Porque este sitio es especial,
igual que tú."
No recordaba así sus labios. No recordaba así los
besos. Este fue diferente, fue mejor, fue perfecto. Lento, suave y
dulce, muy dulce. De esos que hacen parar el tiempo. De los de “soy
capaz de batir el record del mundo”. De esos que cada vez que los
piensas te devuelven las mariposas al estomago. No quise que acabara,
no quise ni respirar otro aire que no fuera el de su boca. No quería
nada lejos de sus labios, dientes y lengua. Quería todo lo que me
demostraba en ese beso. Provocativo. Deseoso.
Nos separamos cuando el aire que nos dábamos mutuamente
no fue suficiente. Abrí mis ojos y mordí mi labio. Mi respiración
iba rápida, al compás de la suya, pero él mantenía aún sus ojos
cerrados. Miré sus ojos de cerca, apoyando mi frente sobre la suya.
Sus manos acariciaban mi cintura con suavidad. Mieles, marrones, eran
maravillosos.
Cuando nuestras respiraciones se relajaron, suspiró.
“Quiero mostrarte algo.” Sus ojos se abrieron y
buscaron los míos en la oscuridad de la noche.
Bajó una de sus manos hasta encontrar la mía y
entrelazó nuestros dedos. Sonrió levemente separándose de mí. Y
con su mano aún sujetando la mía, nos dirigió de nuevo al coche.
**
Durante todo el camino viajé con los ojos cerrados y la
mano sujeta por la de Justin. Sólo la soltaba cuando cambiaba de
marcha pero después, volvía a su anterior posición. Conducimos en
silencio. Cómodo. Reconfortante. Pero yo me moría de los nervios.
No tenía ni idea de a donde podíamos ir o que era lo que iba a
enseñarme. Y que me hubiera obligado a cerrar los ojos lo empeoraba
todo. Intenté adivinar por donde podíamos ir. Sólo recuerdo haber
llegado a la carretera principal. De vez en cuando hacía alguna que
otra pregunta del tipo “¿cuanto queda?” ¿a donde vamos?” “¿me
das una pista?”, pero Justin solo reía y decía que no, que debía
esperar a la sorpresa. Pero sobre la decimoquinta pregunta, ya empezó
a enfadarse un poco, por lo que opté por estarme calladita y dejar
de parecer una niña consentida.
Contaba el tiempo por canciones. Justin de vez en cuando
cantaba alguna canción, en voz baja. Siempre en voz baja. Cuando
llegué a la séptima, The Other Side de Jason Derulo, el
coche por fin paró. Mis manos buscaron la manija antes de que él
pudiera decirme nada y salí. Salí llevándome un enorme coscorrón
en la cabeza, que hizo que las carcajadas retumbaran por la noche.
“Ja, ja, ja, me parto.” Señalé. Llevé una mano a
mi cabeza, justo donde el golpe, y masajeé como pude para que se
fuera el dolor.
“Eres tan boba” dijo riendo todavía. “Anda ven”
oí los pasos mientras se acercaba.
“¿Puedo abrir ya los ojos?” Intenté entreabrirlos
un poco, pero Justin se dio cuenta y me chistó cuando lo hice
regañándome.
Cerré de nuevo los ojos, apretándolos para que él lo
viera. “No miro, no miro.”
Noté como el tono de su voz cambiaba. Creo que sonreía.
Volvió a agarrar mi mano y a dirigirme de nuevo por el camino. Esta
vez intenté averiguar donde estábamos. Sonidos, olores, lo que
fuera. Y olía a mar, arena. La brisa de vez en cuando alcanzaba. Y
la colonia de Justin llegaba a mí. Y temblaba. Y no de frío, si no
por él. Apretó su mano a la mía con fuerza y fue llevándome. Poco
a poco alcanzábamos ese sitio, esa cosa que tenía que ver.
“Con cuidado...” Susurró unas cuantas veces. Mis
pies tropezaban con él suelo. Se había vuelto piedra. “Ahora
vamos a tener que subir, ¿de acuerdo? Yo te ayudaré.” Me colocó
entonces delante de él, agarrando fuerte mi cintura, pero no tan
fuerte como para hacerme daño.
Su cuerpo iba empujando el mío poco a poco para que
caminara. Me levantaba cuando tenía que subirme a una roca o cuando
había un saliente en el que podía caer. Subimos de roca en roca. No
eran complicadas si no fuera con los ojos cerrados. Parecían
bastante fáciles. Cuando llegamos arriba la roca se volvió mas
plana que las demás. Justin me colocó en una posición. La brisa me
daba en la cara. Noté como se puso delante de mí, a un lado.
“Ya puedes abrirlos.” Y lo hice. Y nunca olvidaré
aquello.
El mar se veía delante de nosotros, lejano, hermoso.
Desde este pequeño acantilado podías ver más allá que desde la
playa, mas allá que desde cualquier sitio. El cielo parecía unirse
a él. Ambos juntos. No sabías donde acaba uno y empezaba el otro.
Las estrellas se reflejaban en el mar, en las olas. Y no podía
apartar la vista. No quería perderme detalle de aquello. Justin se
colocó detrás de mí y apoyó su barbilla sobre mi hombro
observando aquel paisaje. Sus dedos acariciaron mis brazos de arriba
a bajo.
“¿Te gusta?”
“¿Como has encontrado esto?” Pregunté al mismo
tiempo que él.
Se encogió de hombros y me miró desde su posición.
“Un día, caminando. No hay mucha mas historia.”
Me alejé lo suficiente para mirarle. “Justin...”
“¿Te gusta?” Volvió a preguntar. Asentí.
Asentiría millones de veces.
“Me encanta, gracias” sonreí. Y eso le hizo sonreír
a él.
“Imaginaba que conseguiría impresionarte con esto.”
Besó mi mejilla y sus manos rodearon mi cintura, colocándolas sobre
mi viente.
“Así que, ¿usas siempre esto para impresionar,
Bieber?” Pregunté con sarcasmo.
“Sólo contigo, gatita.” Ronroneó en mi oído. La
electricidad invadió mi cuerpo. “Eres la primera en venir.”
“¿La primera? ¿Por qué? Este sitio es perfecto
para... No sé, llevarte a cualquier tía ala cama.”
“¿Eso quiere decir que vas a probarla?” Sus cejas
se levantaron y su sonrisa estúpida apareció.
“Sigue soñando, tigre” dije dándole unas
palmaditas en la mejilla. Reí ante la mueca que hizo.
“Eres la primera... Porque este sitio es especial,
igual que tú.” Afirmó. Agachó su cabeza en mi hombro y lo besó.
Después se incorporó. “Sé que sabes porque hago lo
que hago. Y no me arrepiento. Volvería a elegirlo siempre.” Me
giré cuando sus manos abandonaron mi cuerpo y miré sus ojos.
“Cuando me enteré, tenía 16 años y desde entonces, he estado
consiguiendo dinero para mi abuelo. Me escapé de casa y me vine con
Ryan. Tenía que hacer algo por él, luchar y ayudarle.”
Tragó saliva y desvió la mirada. “Un día mi abuelo
se puso peor, la quimio no le hacía nada y yo no podía verle morir.
No puedo decirle adiós en una cama de hospital. Y aquel día estaba
destrozado. Rompí cosas, grité gilipolleces, me enfadé con
cualquiera que me mirara incluso. Tenía en mente que mi abuelo iba a
morir, ___. Que moriría pasando un puto infierno y...” Lamió sus
labios y miró al mar, para poco después volver sus ojos a mí.
“Encontré este sitio por casualidad. Iba con la moto
y llegué a la playa. Anduve en línea recta, sin importar a donde
fuera. Y encontré esto. Y pensé, ¿por qué no? Mi abuelo se va a
ir, ¿por qué yo no con él? Y quería hacerlo, quería saltar. Pero
no lo hice. Porque soy un cobarde.”
“No Justin, tu no eres un cobarde...”
“Lo soy. Lo soy porque quise huir. Quise escapar de
todo porque no iba a poder soportarlo.”
“Pero cambiaste de opinión, y ahora estas aquí,
conmigo.” Mi voz empezó a quebrase.
“Por este sitio, ___. Cuando llegué y estaba a punto
de hacerlo miré al mar, al cielo. Y vi que mi abuelo lo conseguiría,
que si me iba jamás le ayudaría. Que lucharía siempre por él. Que
seríamos infinitos como el cielo y el mar. Que jamás iba a
perderle.”
Le abracé. Le abracé por todo. Por su dolor, por el
mío, por el de cada persona que pasa por esto. Por haberse ido de
casa, por haber tenido que pelear por ayudar a un ser querido. Por
ser más valiente y fuerte de lo que nunca había sido. Y él al
final me abrazó. Con fuerza. Porque estaba ahí para él.
“No quiero que me veas así, ___.”
“Calla.”
“Esto era para tí, no para-”
“Justin, callate.” Me aparté centímetros. Sólo
para mirarle. Nuestras bocas estaban muy cerca aún. “Gracias,
gracias por esta noche, por demostrarme como eres. Por enseñarme
esto. No estas solo de acuerdo, nunca más.”
“¿Tú estas conmigo?” Susurró con voz ronca.
“Si.” Asentí mirando sus ojos marrones. “Y no voy
a irme.”
Sus labios se acercaron a los míos. Un suave roce.
Lento. Dejándome sin respiración.
Bip. Bip. Mensaje.
Justin gruñó y sacó
su móvil del bolsillo. No necesité ver el mensaje, imaginé lo que
venía a continuación.
“Llévame a casa.”
Levantó la vista de su
teléfono. Su expresión cambió a tristeza. “___, yo no quier-”
“No importa, sólo
déjame en casa.” Sonreí un poco. Asintió y me indicó con la
cabeza.
“Ven, es por aquí.”
lunes, 4 de noviembre de 2013
Capitulo 16
“Nunca nadie me había bailado de
esa manera...”
Música de nuevo. El olor a humo y alcohol invadía todo
el establecimiento, mezclado con el olor a perfume y sudor que la
gente iba dejando. No soltaba su mano, no podía. Aún no llegaba a
sentirme segura en aquel lugar y mucho menos con esta ropa. La gente
bailaba separada, pegada, muy junta. No sabías donde empezaban el
cuerpo del otro. Manos por todas partes, arriba, abajo,
balanceándose, tocando. Apreté su mano. Al fondo el DJ ponía Bad
Boy de Cascada. Vaya, venía al pego, ¿una indirecta? La música
sonaba alta, fuerte, hacía retumbar el suelo y te incitaba a bailar.
Poco a poco la gente nos iba dejando pasar y pudimos llegar a la
pista. Justin movía su cabeza al ritmo de la música. Dio un apretón
a mi mano cuando llegamos al centro.
-Remember the feelings, remember the day. My stone
heart was breaking. My love ran away. This moments I know I would be
someone else. My love turned around and I fell-
Siempre me había gustado esta canción, podías bailar
bien con ella (en este ambiente, claro). Mordí mi labio aún no muy
segura de que hacer o que decir. Justin soltó mi mano dándose la
vuelta hacia mí. Sonrió de lado, con esa sonrisa tan suya. Su
cuerpo se acercó a mí rozando sus labios con mi oreja. Un susurro,
dos. La música nos envolvía.
“¿Sabes bailar, gatita?” Voz ronca. Piel de
gallina.
Su mano se deslizó por mi mano subiendo poco a poco por
mi brazo para una vez llegar a mi hombro, hacer su camino hasta
abajo, hasta mi cintura.
-Be my bad boy, be my man, be my weekend lover. But
don't be my friend-
“Mejor de lo que tu crees.” Respondí. Iba a ganar
su juego por una vez. Iba a seguir el consejo de Danna, ese que me
dió hace mucho tiempo: Se tu misma pero un poco mas atrevida.
-You can be my bad boy, but understan that I don't
need you in my life again-
Se lo tomó exactamente como yo quería. Un juego. Sus
manos apretaron mi cadera, ambas ya se habían colocado ahí en un
movimiento rápido. Un empujón, como un golpe seco. Mi cuerpo pegado
al suyo y sus manos acariciando parte de la espalda que mi vestido
dejaba ver. Había electricidad pura, fugaz. Apoyé mis manos en sus
brazos. Los tatuajes aún podían verse bajo la luz tenue del lugar.
Fui subiendo mis manos como él antes había hecho por sus brazos.
Poco a poco alcancé su cuello y subí un poco mas, colocando mis
manos en su nuca, sintiendo su pelo entre mis dedos. El estribillo
volvía a repetirse. Mi cuerpo quería amoldarse al suyo. Mis caderas
comenzaron lentas a un lado y al otro. Mis dedos recorrían su pelo
revuelto. Me dejaba llevar por la música y me pegaba aún mas a él.
Cintura a cintura. Notaba su respiración, cada vez mas rápida. No
se movía. Me encanta. Cerré los ojos acercándome a él, a
su cuello. Y lo besé. Lo besé lento. Lo besé con un toque
delicado, el cual te dejaba loco (sabéis el tipo de beso del que
hablo). Oí un gemido. Sonreí, esto ya estaba hecho.
Me dí la vuelta cuando sus dedos se aflojaron un poco
tras el beso. Lo estaba consiguiendo y me encantaba. Sus manos
volvieron a atrapar mi cintura.
-You once made this promeise to stay by my side, but
after some time you just pushed me aside. You never thought that a
girl could be strong, now I'll show you how to go on-
Mi cuerpo comenzó a balancerse de un lado a otro. Manos
arriba siguiendo el ritmo que Cascada me marcaba. Mi cadera
acompañaba a mi cuerpo y mis manos fueron bajando poco a poco
dibujando el contorno de mi cuerpo. Las manos de Justin se apretaron
en torno a mí. Lamí mis labios. Comenzaba a tener calor.
-Be my bad boy, be my man, be my weekend lover. But
don't be my friend-
Pegó estaba vez su cintura a la mía. Fuerte. Mis ojos
se abrieron al sentirle. ¿He hecho yo eso? Con sus manos marcaba el
ritmo de mi cintura y la suya. Nos movíamos lentos, sin nada de
separación. Eché mi cabeza hacia un lado haciendo que mi pelo
cayera en esa dirección. Mis manos fueron a las suyas.
-You can be my bad boy, but understan that I don't
need you in my life again-
Sentí sus labios en mi cuello. Un beso, dos, tres. La
música y el baile nos llevaba a otro mundo. Lengua, un dulce
lametón.
“Gatita, ¿has visto lo que has hecho?” Susuró
contra mi cuello.
-That I don't need you again, no I don't need you
again-
“¿Tigre, no puedes ni contenerte en un baile?”
Respondí sonriendo cuando la canción terminó.
Le miré todavía colocada delante de él. Justin se
miró hacia abajo y se encongió de hombros. La sonrisa irónica
volvió acolarse en sus labios.
“Lo que haga, no es problema mio. Deberías controlar
a ese precioso culo que tienes.” Sus manos bajaron entonces a mi
culo. Me aparté de un empujón.
“No te pases, solo estábamos bailando.” Mi voz
había cambiado drásticamente. Eso no iba a pasar.
Levantó las manos en señal de rendición una vez ver
mi cara. “Tranquila, ___.” Metió después sus manos en sus
bolsillos. Se veía adorable si no fuera por el bulto que sobresalía
en sus pantalones. Mi cara se tornó roja cuando me fijé en ese
punto y aparté la mirada. La sonrisa de Justin se ensanchó.
“Voy a por algo de beber.” Pasó por mi lado para
dirigirse a la barra no sin antes acercase a mi y susurrar una frase
que hizo que mi bello se erizara. “Nunca nadie me había bailado de
esa manera...”
Mi cara se puso aún mas roja si eso era posible. Agaché
la cabeza y evité mirarlo mientras una risa brotó de su garganta
mientras se alejaba. Gilipollas. Ahora me había quedado sola.
Cerré los ojos y aparté mis pensamientos del baile, Justin y su
estúpido empalme. Observé mi alrededor. Las parejas bailaban
juntas, pegada. ¿Qué tenía mi baile de especial? Joder, pasa de
eso, solo quería ponerte nerviosa. Lo había conseguido. Agh. Me
abracé ami misma no sabiendo que hacer. Justin comenzaba a tardar un
poco. Coloqué un mechón de mi pelo detrás de mi oreja e intenté
visualizarlo por el lado en el que se había marchado.
“¿Estas sola, preciosa?”
Unas manos acariciaron mi espalda. Me alejé. Un chico
alto y moreno se había acercado. Llevaba el pelo corto, rapado por
los lados y sonreía con los dientes torcidos mientras sujetaba una
cosa. Sus ojos negros no me gustaban nada.
“No, lo siento, estoy con alguien.”
“Oh vamos, ¿quieres bailar?” Preguntó dando un
paso hacia mi. La distancia se cortó de nuevo. Negué con la cabeza
y me eché hacia atrás chocándome con alguien que hizo que caminara
de nuevo para adelante.
El chico pensó que me había acercado y agarró mi mano
tirando con fuerza hacia él. Mis manos pararon mi golpe en su pecho.
Las suyas acariciaban mi cintura bajando poco a poco al final de mi
vestido.
“Así estas mejor, guapa. Bailame como has bailado
antes.” Su aliento olía a alcohol. Aparté mi cara con asco de él
intentando soltarme.
“Suéltame.” Espeté. Como vi que estaba borracho le
pegué un fuerte empujón que hizo que se tambaleara hacia atrás
soltándome. No sin antes tirarme la copa encima cuando casi se
tropieza. La cara de aquel chaval cambió en un segundo y pronto lo
tenía delante de mi agarrando mis hombros con mas fuerza que la de
antes. Justin, te necesito.
“Puta, vas a pagar-”
“Creo que no, tío.” Su voz. Mi salvación. “Y
ahora vas a soltar las manos de mi chica. ¡Ahora!”
Justin había aparecido detrás de mi. Aquel grito había
asustado al chico que en seguida apartó sus manos de mi. No
necesitaba ver la expresión del rostro de Justin. Sabía como debía
de estar ahora. Su mano agarró mi muñeca y tiró suavemente de mí
para colocarme detrás de él mientras encaraba al tipo.
“No sabía que estaba contigo, Bieber.” El chico
tragó saliva alejándose poco a poco de Justin. Su expresión era de
horror total. La espalda de Justin se tensó. Me pegué a él.
“Dejálo, por favor. Olvidalo y vamonos...”
Supliqué. Pero no me oyó. La voz estaba muy alta y yo no podía
gritar mucho más.
El puño de Justin se levantó y las manos del chico
también al mismo tiempo, cubriéndose la cara. Esto no podía pasar.
Cerré los ojos y apreté la mano de Justin.
“Justin, por favor, no.” Volví a suplicar. Abrí
los ojos. El chico seguía con las manos en la misma posición pero
Justin comenzaba a bajar su puño. Su cuerpo se relajaba. Se giró.
No me dio tiempo a decir nada más.
Justin aumentó la velocidad sacándonos del local a
toda prisa. Estaba asustada, preocupada. Dios, casi se monta una
pelea delante de todo el lugar. Ni un solo comentario. Ni una sola
palabra. La noche fría nos daba de lleno pero nosotros seguíamos
caminando. Paso rápido. Mis tacones golpeaban el suelo con dureza.
Casi estábamos corriendo.
“Justin, para.” Pedí. Tiré un poco de él pero no
surgió efecto. El seguía andando y conmigo a su lado. Su mano
sostenía con fuerza la mía. No iba a soltarme.
No, no hasta que llegamos al coche que abrió mi puerta
con un golpe seco.
“Entra.”
No discutí mas. Pero no quería verle así. Hoy era
otra noche, hoy no debía haber peleas, no debía haber enfado.
Eramos él y yo. Quería sentirme bien, quería que él también lo
estuviera. Monté en el coche y cerré la puerta al mismo tiempo que
él entraba por su lado. Cerró de un golpe e introdujo la llave de
contacto. Sus manos apretaron con fuerza el volante y los nudillos se
volvieron blancos. Le miré. Mandíbula apretada, mirada fija en la
carretera y ojos negros, negros como la noche. Nunca le había visto
así. El motor rugió y aceleró. Íbamos rápido y no sabía hacía
donde.
“Justin...”
El acelerador se apretó. 100, 110, 120... La carretera
recorría las ruedas del coche. Cada vez mas rápido, cada vez la
mandíbula mas apretada y el ceño mas fruncido.
“Para, Justin...”
130, 140, 150... La aguja del acelerador seguía y
seguía aumentando. La carretera principal estaba desierta pero tenía
miedo. Tenía miedo con Justin. 160, 170, 200...
“¡JUSTIN, PARA!” Grité con todas mis fuerzas.
Entonces sus ojos volvieron a su origen, su mirada se
suavizó y frenó. Frenó en medio de la nada. Le eché una mirada
aún con la agitación de la velocidad. Abrí la puerta y salí. A la
mierda la cita, a la mierda el vestido, a la mierda él y su enfado
suicida.
“¡Estas completamente loco!” Le grité una vez que
salió del coche. “¡Podíamos haber muerto!”
“No iba a dejar que eso pasara.” Su cabeza estaba
agachada.
“No puedes conducir así, ¿no lo ves?” Mi pecho
subía y baja con rapidez. Él levantó su mirada y frunció el ceño.
“Puedo conducir como me de la gana. No eres mi madre.”
“No, no lo soy.”
“Entonces, ¿qué coño haces?¿Eh?” Gritó
acortando la distancia que quedaba entre nosotros. Levanté la vista
para verle y él acercó su cara a la mía encarándome. “Eres una
niña de mamá. Casi me pego por ti, ¿y así me lo pagas?”
“No te pedí que me defendieras.”
“¡NO IBA A DEJAR QUE TE TOCASE DELANTE DE MI NI DE
NADIE!” Me asustó. Su voz realmente me asustó. Las lagrimas
querían salir en ese instante. Mordí mi labio y agaché la cabeza.
“Estaba contro-”
“Oh, por favor, no me hagas reir, ___. Ese hijo de
puta podía haberte hecho cualquier cosa ahí.” Se alejó dejándome
espacio para respirar. Dio unos pocos pasos dándome la espalda con
las manos sobre su cintura. Mis puños se apretaron.
“Eso nunca iba a pasar.” Susurré casi para mí.
“Dios y tu cara, joder...” Pasó una de sus manos
por su cuello, frustrado.
Levanté mi cara para mirarle. “Le empujé, todo
estaba bien.”
“No, no lo estaba. Y cuando me hiciste no pegarle lo
que se merecía yo...”
“¿Tú, qué?” Solté enfadada.
“¡Nunca había hecho eso! Nunca había parado por
nadie, ¿vale?” Mis ojos se abrieron de sorpresa y mis puños de
aflojaron. “Tu me haces parar. Me haces pensar con claridad. Pero
cuando Jordan te estaba tocando, yo-” Se cortó apretando la
mandíbula y se dio la vuelta para no mirarme.
Di unos pasos hacia él y rodeé su cintura desde atrás
con mis manos, apoyando mi mejilla sobre su espalda.
“Gracias. Gracias por parar y por haberme sacado de
allí.” Susurré. Su cuerpo se relajó ante eso y continué. “Sé
que no soy lo mejor que vas a encontrar y que no soy como se espera
muchas veces, pero gracias por todo.”
Se giró. Mirada con mirada. Miel y verde. Suspiró y
acarició mis mejillas con ambas manos. Su frente se posó en la mía
y cerró los ojos. Su respiración chocaba con la mía y mi corazón
aceleraba cada vez más. A mil por hora.
“Gracias a ti, por ser lo que llevo tanto tiempo
buscando, una razón para parar.”
Y sus labios fueron en busca de los míos.
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