“Estas preciosa. A Justin se le van a caer los
pantalones”
“Así que, tú y Justin...”
“No, yo y Justin nada.”
“Pero va a pasar...”
“Danna, no me rayes mas la cabeza que ya tengo
demasiado.” Danna comenzó a reir.
Las primeras horas del día habían pasado con mucha
pesadez, pero al menos ya sólo nos quedaba una hora más para irnos.
Y entonces...
“¿Sabes que te vas a poner? Yo personalmente, te
recomendaría ese vestido morado que tienes.” Hizo un gesto pasando
su manos desde su pecho hasta su cintura lentamente. “Ya sabes, el
ajustado” susurró guiñándome un ojo poco después. Reí negando
con la cabeza.
“Eso sería demasiado para una primera cita y yo no
soy Katy.” Respondí sonriendo.
“No, tú eres ___ y estás mas buena que esa zorra”
puso cara de asco mientras hablaba de esa idiota y continuó después
con una sonrisa. “Pero ese vestido, con unos taconazo, uf... Me
pones hasta a mí, guapa.”
La dí un codazo mientras reíamos las dos. Desde el
lunes, Justin no había vuelto a pisar el instituto y en cierto modo
eso me preocupaba. Habíamos hablado unas cuantas veces por teléfono,
con algún 'Hola, ¿qué tal?' y algunos otros 'Te echo de menos por
aquí' pero nada mucho más allá. Desde el día de la pelea no
habíamos vuelto a vernos. No sabía que hacía, con quien estaba o
si volvería a parecer y eso me mataba por dentro. Es decir, después
de los besos y las palabras, ¿desaparecería? Le echaba de menos,
cierto, pero otra parte de mí tenía ganas de patearle el trasero
por no aparecer por ninguna parte. Dios, hasta echaba de menos sus
estúpidos 'gatita'. Agh.
Pero ayer llamó de nuevo. Ayer volví a escuchar su
voz. Habíamos quedado para esta tarde. Los dos solos. Iríamos a
Torna, la discoteca. Jamás había pisado un sitio así, pero según
Danna no era mucho más distinto que las fiestas a las que habíamos
ido. Asique solo habría humo, música, sudor y mucha, mucha gente.
Pero estaba contenta. Se tomaba en serio eso de nuestra “cita”.
Vendría a recogerme a las diez. Estaba nerviosa. Para ser sinceros,
acojonada. Y por esa misma razón Danna se venía a casa conmigo.
El plan era el siguiente: yo le diría a mi madre que me
quedaba con Danna a dormir, ya que Eric nos había invitado a una
pequeña fiesta. Eso quitaría las sospechas de la ropa y me
permitiría quedarme mas tarde con Justin. Pero al final iría a
dormir a casa de Danna, ya que sus padres no estaban y ella me
dejaría pasar. Chris y Monica se habían ido de fin de semana
romántico, o alguna cosa así según me había dicho Danna. El plan
no podía fallar. Pero aún así yo olía que algo no iba a cuadrar
del todo y nos hundiríamos como el Titanic. Yo, ella y el resto de
la tripulación. Mi madre al menos había dejado pasar el castigo de
la otra noche. Hacer las tareas y ser mejor hija habían surtido
efecto esta vez. Pero si me pillaba esta noche, no vería la luz del
sol de nuevo.
Llegamos a mi casa. Mi madre ya estaba ahí con mi
hermano. Esta noche tenía turno nocturno. En una media hora la
tocaría irse. Pasillo libre. Se encontraba en la cocina arreglando
unas cuantas cosas de su cena para esta noche. Ya vestía su traje
habitual de enfermera. Siempre perfecta. Siempre dispuesta a ayudar a
los demás.
“Hola, mamá.” Sonreí dándola un pequeño beso en
la mejilla. Ella me lo devolvió a la vez.
“Hola, chicas. ¿Vais a ir a cambiaros?” Las dos
asentimos. “Pasároslo bien y no lleguéis muy tarde, ¿de
acuerdo?”
“La tengo controlada, señora Sanders.” Danna sonrió
como las niñas buenas de la televisión. Pero de las buenas de
verdad, no de esas que cuando se dan la vuelta son un putón de las
buenas.
“Mas os vale a las dos...” Se giró volviéndose
hacia la nevera, observando lo que había dentro. “Tendré que
dejarle algo de dinero a tu hermano. ¡Jake!” Llamó. “¡Esta
noch, pizza!”
Se oyó un 'siiiiiiiii' feliz por toda la casa. Esa fue
nuestra señal y mi amiga y yo subimos a mi cuarto antes de que mi
madre me entretuviera con algo más. Los nervios empezaban a
afectarme de verdad. Abrí la puerta de mi cuarto y ambas dejamos
caer las mochilas a un lado del escritorio. Danna fue veloz hacia el
armario y comenzó a rebuscar en él. Me encantaba verla de esta
manera. En mis anteriores citas con Matt había estado comportándose
igual. Y cuando era ella la de la cita no os podéis imaginar el caos
que montaba ella sola. Por esa razón veía como llevaba en la sangre
lo de ser diseñadora. Le encantaba la moda, las ultimas tendencias y
,sobre todo, jugar a que todo el mundo eran sus modelos. Yo me senté
en mi cama observando como sacaba todos aquellos vestidos que le
parecían adecuados para la ocasión. Colocó uno a uno al lado mio,
sobre la cama, y los miró. Su mirada iba de uno a otro y su
expresión era igual de seria y concentrada. Sus ojos azules se deban
cuenta de cada uno de los detalles. Cogió el blanco. El vestido
palabra de honor con un pequeño cinturón marrón alrededor del
pecho y que caía hasta las rodillas en una suave onda que lo hacía
libre y ligero. Lo apoyó sobre mí frunciendo el ceño. La miré y
puse una cara rara sacándola la lengua.
“No es gracioso, ___. No sé que demonios ponerte.”
Dijo mirándome de arriba a bajo de la misma forma seria con la que
miraba los vestidos.
“Oh vamos, el blanco está bien. Déjame probármelo.”
Dije con una sonrisa. Ella negó con la cabeza y cogió el vestido
morado. El ajustado. El que me llegaba por encima del muslo. El que
dejaba ver gran parte de mi espalda con su caída en V y unas cuantas
tiras negras en forma de X en la parte alta de ella. El que me dejaba
el hombro al descubierto. El vestido que aún no me había puesto
porque no tenía el valor suficiente como para poder hacerlo.
“Este. Este es el perfecto.” Se formó una gran
sonrisa en su cara.
“¨No sé, yo...” Me cortó tapándome la boca con
la mano.
“Este. Es. Perfecto.” Su sonrisa no desaparecía.
Mordí mis labios cuando quitó su mano de mi boca y asentí.
Esperaba que al menos le gustara a Justin y no pensara que era una
cualquiera. No quería ser como las otras, no lo era.
“Vamos a ponerte más guapa aún.”
El resto de la tarde pasó rápida. Mi madre se despidió
de nosotras con un simple 'pasároslo bien' y mi hermano se había
ido a casa de un amigo a echar unas partidas a la Play. Mas tarde
volvería a casa. Danna para entonces ya me había peinado y
maquillado. Pero fue un maquillaje normal, es decir, solo me echó un
poco de eyeliner, mascara y me había pintado los labios con un poco
de brillo, no muy cantoso. Había echado espuma a mi pelo, dejándolo
suelto y ondulado, más marcado que habitualmente. Me metió en el
vestido y me puso los tacones negros. Me miré en el espejo. No iba
nada mal. Sonreí. Sonreí ante mi reflejo. Sobraba maquillaje. Pero
me veía guapa y eso no sucedía muy a menudo. Yo era de las típicas
que llevan camisetas anchas dos tallas mas grandes que ellas, de las
que siempre llevan calzado cómodo y pocas veces llevaba vestido o
falda. Aunque tenía millones. A mi padre le encantaba que me las
pusiera alguna vez. Por eso seguían en el armario. No tengo la
autoestima por las nubes, nunca me ha gustado que me echen piropos,
yo no me veo como ellos dicen. No me veo guapa o bonita. Pero esta
vez me veía así. Me veía como siempre he pensado que se veían a
si mismas las modelos. Como aquellas personas que sonríen ante su
imagen, que aceptan cumplidos y realmente se lo creen. Por primera
vez no me sentía agusto con mi ropa ancha. Esta del espejo era yo.
Esta del espejo era cómo quería ser todos los días de mi vida.
Danna sonrió cuando yo lo hice.
“Estas preciosa. A Justin se le van a caer los
pantalones” comentó riendo y yo la seguí poco después. Pero
aquel pensamiento hizo que un escalofrío recorriera toda mi espalda
y me pusiera en situación. Nervios. Piel de gallina. La hora se
acercaba poco a poco.
A las nueve y media Danna se fue, no sin antes decirme
que la llamara si pasaba cualquier cosa y que me esperaba en su casa.
También insinuó que acabaría acostada con Justin. Eso no iba a
pasar. Mis nervios aumentaron. Quedaba media hora. Media hora para
verle. Media hora para ver sus ojos, su sonrisa.
Me quité los zapatos y me acerqué al espejo. Pasé mi
mano por mis mejillas quitando un poco de máscara y por mis labios
después. No quería brillo. Eso no era para nada mi estilo. Me
arreglé un poco más el pelo para que tuviera un poco mas de
volumen. Lista. Ahora tocaba esperar y yo no podía mas.
Anduve de arriba abajo por todo mi cuarto pensando en
una reacción buena para cuando le viera. ¿Debería abrazarle?
¿Besarle? ¿Pegarle un puñetazo? Suspiré y coloqué mis manos en
jarras mirando hacia el techo. ¿Desde cuando me ponía tan nerviosa
por un chico? ____ estas cambiando. Y no sé si empieza a
gustarme. Miré el reloj. 15 minutos más. Un mensaje. Bip, bip.
Fui hasta mi mesilla y agarré el móvil. Mi sonrisa iluminó mi cara
al ver el nombre de la persona que me enviaba el mensaje. Pero cuando
lo abrí, mi cara cambió a confusión.
De: Justin
Gatita, abre la ventana.
¿La ventana? Espera, ¿iba a entrar por ahí? Pero si
hay una puerta enorme en la entrada... Me dirigí con rapidez a la
puerta y la abrí mirando hacia abajo. Nada. No había nadie. Me giré
cogiendo mi móvil entre mis manos. Respondí con rapidez.
Para: Justin
Hay una puerta bien grande, ¿por qué no la usas?
Bip, bip. El
sonido de otro móvil sonó detrás de mí.
“¿Qué gracia
tendría eso entonces?” Su voz sonó con un toque de diversión.
Me volteé viendo como
Justin estaba en frente de mí. Con sus manos mentidas en sus
bolsillos. Me miraba de arriba a bajo. Parecía inocente. Iba con
unos vaqueros negros junto con sus supra del mismo color y llevaba
camisa, camisa blanca por fuera de los pantalones, remangada hasta
los codos dejando ver sus tatuajes. Dios, estaba increíble. El pelo,
su sonrisa al verme, todo él. Mordí mi labio ruborizada bajo sus
ojos que no se apartaban.
“Idiota, esto no
hacía falta.”
“Me gusta sorprender”
dijo encogiéndose de hombros. Dio un paso hacia mí. Nervios.
Respiración agitada. “Estas increíble, ___”
“Tú también lo
estas” respondí con rapidez. Mi voz estaba nerviosa igual que el
resto de mi cuerpo.
Sonrió al escucharme y
sacó sus manos de sus bolsillos colocándolas esta vez sobre mis
caderas. Otro paso.
“¿Cuándo no me veo
así?” Rió ante su comentario. Otro paso. Centímetros. Estaba
paralizada. No podía moverme. Tenerle aquí, en mi cuarto, vestido
así. Todo esto era por esta noche. Por mí. Mi cerebro no respondía.
Sus labios se acercaron a mi oreja. “El morado es mi color
preferido...” Susurró con voz ronca.
Me debilité. Las
piernas me empezaban a fallar. Si hubiera estado con los tacones
puestos me hubiera caído. Mordí mi labio e intenté seguirle el
juego. Muy lentamente me acerqué y rocé mis labios contra
mandíbula, arañando poco después con mis dientes esa parte, con
cuidado. “Y a mi me gusta eso de que te hayas vestido así por una
chica”
Una risa retumbó en su
pecho. “Gatita, tu no eres una simple chica.”
Mis defensas comenzaban
a caer y la noche no había hecho nada mas que empezar.
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