"Porque el amor
no existe para toda la vida."
“Quiero una cita. De verdad. Tú y yo.”
Me quedé quieta. No podía respirar. ¿De verdad estaba
pidiendo esto? Le miré a los ojos y vi como sonreía esperando mi
reacción. Pero yo estaba en completo shock. Me estaba pidiendo una
cita, es decir, él y yo. Como la otra vez... Eso me echó un poco
atrás.
“Justin...”
“Prometo que no será en Tony's. Será algo mejor, lo
prometo.”
Sonreí y dije aquel si que tanto estábamos deseando
escuchar. Justin rió y besó mi mejilla sin parar de sonreír, cosa
que me contagió de la misma manera. Después se separó de mi y
agarró su chaqueta de cuero y abrió la puerta mientras yo seguía
en mi misma posición, sin creerme todavía lo que acababa de
ocurrir. Entrelazó mi mano con la suya y tiró de mi para poder
salir por la puerta. Cerró detrás de nosotros.
“¿Que-qué haces?” Pregunté aturdida. Tenía que
volver pronto a casa si no quería no volver a ver la luz del sol. Mi
madre era bastante drástica a veces. Se encogió de hombros y fuimos
caminando hasta su moto.
“Voy a llevarte. ¿No pensarías que te iba a dejar
sola a estas horas?” Me miró por encima del hombro como si aquello
que había dicho fuera obvio.
Me crucé de brazos cuando se montó en la moto. “Puedo
cuidarme sola, Drew.”
Él levantó una ceja y comenzó a reírse, bien fuerte.
“Por favor, no mas chistes...” Puso su pie en el pedal y con un
rápido movimiento la moto arrancó. Me miró esperando a que montara
tras de él pero yo aún no iba hacerlo. “Oh, Dios ___. No seas
imposible ahora. Sube.”
“Sé cuidarme sola.” Repetí.
Rodó los ojos y se apoyó con una mano en el manillar
mientras que con la otra tiraba de mi chaqueta hacia él. “Venga,
sube que es tarde.”
“Admite que lo soy o no me voy a ninguna parte
contigo, nene.” Lamí mis labios mientras veía como pensaba que
decir a continuación. Sonrió de lado cuando lo supo.
“Tengo razón. Si supieras hacerlo no te habrías
acercado nunca a mí.”
“Eso es porque no te tengo miedo.” Le encaré, dando
un paso más cerca suyo para demostrárselo. Eso pareció alegrarle.
Porque su sonrisa se ensanchó. La sonrisa que me ponía nerviosa y
agarró mi cintura con fuerza. Me sacudió un fuerte escalofrío
cuando sus dedos tocaron parte de mi piel que mi camiseta dejaba al
descubierto.
“No tiembles, gatita, sólo soy yo. Y no me tienes
ningún miedo...” Inclinó su cabeza para ir hacia mi cuello pero
me aparté cuando noté su aliento contra él. Esta vez sonreí yo
con ironía.
Me apoyé en sus hombros y subí a la moto bajo su
mirada de confusión. “Y por esa razón, llevame a casa.” Me
sujeté bien a su cintura a la vez que él giraba su cabeza hacia la
carretera. Apretó el acelerador mientras su estómago temblaba
producido por su risa.
Y con aquel sonido tan perfecto, nos machamos.
**
La moto paró al fin. Le pedí que me dejara una calle
mas atrás. Imaginaba la cara de mi madre al verme llegar así y
podía asegurar un paro cardíaco en ese instante. Se llevaría las
manos a las caderas y empezaría a soltar cualquier cosa por la boca.
Desde que estaba completamente loca hasta por qué pensaba
suicidarme. Y después empezarían las preguntas sobre Justin. Y eso
me daba aún mas miedo, porque no sabía que pensaría de él. Es
decir, no es que me avergonzara de él, sólo que no era el típico
chico al que presentas a tu madre y va vestido como para ir a la
iglesia. Él era todo cuero, humo y adrenalina. Aquella adrenalina
que necesitaba pero que mi madre pensaba que era peligrosa. Y en
cierto modo Justin lo era. Era adrenalina en mi piel, en mis
sentidos, en su mirada. Y yo simplemente era una adicta. Joder, te
está calando hondo.
Me bajé de la moto cuando Justin la aparcó. Él lo
hizo poco después apoyándose sobre la moto con cuidado. Antes de
que pudiera despedirme o hacer, incluso, el amago de irme, el susurró
algo que hizo que mi corazón diera un vuelco.
“Sé que puedes cuidarte por ti misma. Lo he visto.”
No me miraba. Simplemente cerró los ojos y cogió aire para poder
volver la vista hacia mi. Sus ojos con los míos. Lamió sus labios y
continuó. “Una chica que no supiera hacerlo no se hubiera
comportado como tú en medio de la Mafia.”
Hice una mueca con mi boca intentando formar una
sonrisa.
“Eres valiente, ___. Y es algo que me gusta de ti.”
Aquella afirmación fue lo que hizo que mi piel se erizara. Me
consideraba valiente. Valiente... Eso era algo que yo no era, es
decir, jamás me había considerado eso. Pensaba que sólo los
caballeros y los héroes podían serlo. Yo no era valiente, yo me
enfrentaba a mis miedos. Pero no salvaba a nadie... ¿Era eso ser
valiente? ¿Era enfrentarte a todo lo que te de miedo o tener el
coraje de hacerlo? Yo tenía miedo allí. Yo no me sentía segura en
aquel lugar. Pero, ¿era valiente por no irme corriendo? ¿Por
esperar y aguantar?
“Gra-”
“No me las des” interrumpió antes de que terminara
la palabra. “Vete a casa, mañana hablaremos.”
Asentí. Y antes de que mi cerebro dijera que no, antes
de que mi cuerpo se avergonzara, le hice caso al corazón. Me acerqué
a él y le besé. Un toque suave de labios. Él se echó hacia atrás
un poco antes de que nuestros labios se juntaran por la sorpresa.
Pero al final se dejó llevar de la misma forma que yo. Rodeé su
cuello con mis manos acariciando su nuca con mis uñas. Él me rodeó
con sus brazos y me pegó a él. Había querido volver a besarle
desde la última vez. Labios contra labios, piel con piel. Su
respiración acompañada de la mía. Fue un beso lento, suave, de los
que no tienen prisa por acabar. De los que te suben a la quinta,
décima o centésima nube y no quieres que acabe. Su lengua rozó con
cuidado mi labio inferior pidiéndome más acceso a mi boca. Se lo dí
con ganas. Nuestras lenguas comenzaron a acompañar a nuestros
labios. Mis manos tiraron de su pelo haciendo que soltara un dulce
gemido en mi boca. Sonreí ante eso y el imitó mi sonrisa. Reímos y
nos separamos poco a poco.
“Buenas noches” susurré mezclando mi aliento con el
suyo. Su pecho subía y bajaba a la misma velocidad que el mío.
“Buenas noches, gatita...” Mordí mi labio y me
separé despacio. No quería irme, pero tenía que hacerlo. Justin
deslizó sus manos de mi cintura poco a poco hacia abajo, dejándolas
caer a ambos lado de él.
Metí un mechón de mi pelo detrás de mi oreja y
sonreí hacía él con las mejillas sonrojadas. Me devolvió la
sonrisa con diversión. Agaché mi cabeza y anduve los pocos pasos
que quedaban hasta mi casa. Atravesé el jardín intentando no hacer
mucho ruido. Tal vez mi madre no había mirado aún en mi habitación.
Tal vez aún no había notado que me había ido... Eché un vistazo a
mi espalda cuando una moto pasó por delante de mi. Sonreí. Dios,
parecía una idiota enamorada. No quería ser así. No quería tener
que recordar una fecha cada mes, cada año. Dios, esto era ridículo,
ni siquiera era mi novio. No sabía ni que eramos. Algo mas que
amigos, eso estaba claro. Pero no había un nombre... Tal vez
deberían buscar alguno. “Posible pretendiente a novio formal”
quedaba bastante raro. Pero que digo, con Justin eso no existía. Ni
siquiera sabía que podía pasar más allá de la cita. La anterior
no fue como esperaba, aun que tampoco tenía ni idea de que era una.
Pero tal vez todo esto sólo era para llevarme a su estúpida cama.
Le gustas, creele por una vez. Pero me era difícil. En el
fondo aún desconfiaba.
Matt también me dijo eso. Matt me dijo que seríamos
felices, como los abuelitos, que viviríamos muchos años juntos. Él
y yo. Me prometió que el amor existía para siempre. Que los finales
felices no solo están en los cuentos. Y le creí. Le creí como una
estúpida y mira lo que pasó. Pero tal vez con Justin no sea así. O
tal vez sea peor. Podía ser peor por muchas razones. Porque el amor
no existe para toda la vida. No creo que puedas querer de la misma
forma para siempre. Todo acaba. Todo acaba en desastre, sufrimiento y
llanto. Todo tiene un final que nadie espera. Y con Justin jamás me
espero nada... Todo me sorprende. Todo hace que el corazón me de un
vuelvo, que mi respiración se agite o se pare, que se me erice la
piel por cada palabra que dice o cuando me toca. Eso no lo había
sentido nunca por nadie, ni siquiera por Matt. Y eso era lo que me
daba miedo. Que Justin pudiera tener el suficiente poder como para
romperme. Como mi padre.
Suspiré librando mis pensamientos. Abrí la puerta
cuando pude encajar la llave y entré con total sigilo. Eran casi las
once de la noche y podía darme por muerta si mi madre se enteraba.
Me quité los zapatos con cuidado para no hacer ruido y caminé con
total silencio hacia la escalera. Que no estuviera despierta, que
no estuviera despierta... La luz se encendió entonces.
Mierda.
“Ejem.” Mi madre se encontraba apoyada en el marco
de la puerta que conducía al salón. “¿Qué son estas horas,
señorita?” Mi madre cruzó sus brazos sobre su pecho y me echó su
mirada de “madre enfadada”. Creo que todas sabéis a cual me
refiero. Exacto, esa que realmente acojona.
“Yo... Estaba en casa de Danna haciendo un trabajo y a
lo tonto nos quedamos dormidas las dos” respondí en medio segundo.
Que suene convincente, por favor.
“Danna... Claro, ¿y no pudiste llamar?” Levantó
una ceja empezando a acercarse a mi.
Saqué mi móvil y se lo enseñé. “Apagado, ¿ves?”
Menos mal que eso era cierto...
“Vete a la cama. Hablaremos de tu castigo mañana.”
“Pero ma-”
“A la cama, ___.”
Apreté los dientes y subí las escaleras sin decir ni
una sola palabra. Sabía que me lo merecía. Al menos no tendría un
castigo muy severo. Si supiera donde realmente estuve... Suspiré
abriendo la puerta de mi cuarto y saqué la chaqueta por mis hombros
colocándola sobre la silla. Cerré la puerta con el pie sin que
hiciera mucho ruido. No quería despertar también a Jake.
Me quité el resto de mi ropa y agarré una camiseta
ancha que tenía guardada en el armario. La azul. La camiseta
favorita de mi padre. Me llegaba por la mitad del muslo. Me
encantaba. Todavía olía a él. Cerré los ojos intentando no
imaginarle aquí. Ahora sería el momento en el que entraría en mi
cuarto con una taza caliente de colacao y me diría que todo estaba
bien, que a mamá se le pasaría el enfado en seguida y que hablaría
con ella para que no me castigara. Sonreí cuando las lágrimas
comenzaron a formase.
Me acerqué a la cama y enchufé el móvil para que se
cargara antes de meterme en la cama. Bip, bip. Mensaje. Tenía
unos cuantos de Danna. Y otros tantos de Eric preguntándome que a
donde había ido con Justin. Que respondiera en seguida, que mas me
valía contarles todo y... Bueno el último de Eric no es muy
agradable. Pero el mensaje que había llegado fue el que de verdad me
hizo sonreír. Respondí a toda prisa y dejé el móvil sobre la
cómoda antes de taparme hasta arriba y dejar que Morfeo se ocupara
del resto.
De: Justin
Pasa una buena noche, gatita.
Ya echo de menos que me beses como antes.
Y que admitas que te tengo totalmente enamorada.
Para: Justin
Buenas noches.
Yo también echo de menos esos besos.
Y que admitas que te tengo totalmente loco.
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