“Tú eres mi problema.”
El pecho dolió todo el fin de semana. Las horas se
pasaron lentas y yo no tenía ganas de hacer nada. Danna me llamó
para quedar pero ni siquiera respondí. Mis planes de finde eran
quedarme en la cama el máximo tiempo posible, escuchando música y
olvidando el viernes. Él me llamó también, me envió mensajes
incluso pero tampoco respondí. No tenía fuerzas. Todo lo que
dijimos, aquellas cosas... Sabía que la había cagado, sabía que
era una estúpida por no darme cuenta de que Justin realmente me
gustaba, por que lo hacía. Me gustaba mucho. Y eso no era posible en
tan poco tiempo.
Matt también llamó y respondí. Hablamos de todo lo
que había sucedido. De que llevaba una semana entera sin hablar con
él y estaba acostumbrada ha hacerlo a cada minuto. Me pidió vernos
el lunes a la hora del almuerzo. Pero que le perdonara si se acercaba
antes de esa hora a hablar conmigo. No tengo ni idea de por qué le
di una oportunidad. No tengo ni idea de por qué hablé con él, pero
creo que le echaba de menos. Pero aún le veía con las manos en la
rubia, así que no iba a ver nada de reconciliación, como mucho
amistad. Porque supongo que un amigo no hace nada malo.
Pero a Justin no le di esa oportunidad, no le dejé ser
mi amigo. Porque quería ser algo más para él. Y él también
quería o eso dijo antes de volver a su verdadero yo y sacar sus
verdaderas intenciones. Yo solo tenía miedo. Tenía miedo a que
volvieran a romperme el corazón, a que me fallaran de nuevo después
de tantas veces. Tal vez sea una exagerada pero para mi es
importante. No quiero una relación basada en mentiras. No quiero
volver a sentirme sola, no quiero volver a tener que llorar por
nadie. Esa no soy yo. Esa es la que me hace ser mi corazón y no me
gusta porque duele, realmente duele. Y por eso no muestro mis
sentimientos. Es signo de debilidad. De que puedes romperte. Y Justin
me hace eso. Me hace débil.
El lunes no empezó con buen pie. Tuve que salir de casa
corriendo ya que mi hermano me había parado el despertador. Es así
de majo. Mi madre como siempre, defendiéndolo: “Son cosas de
niños, ___”. Espero que cuando él se encuentre sin su mando de la
Xbox también diga que “solo son cosas de niños”. Llegué a
clase antes de que la directora me cerrara la puerta en las narices.
Entré dando grandes bocanadas de aire y me disculpé por mi retraso.
La primera clase al menos fue entretenida. Adoraba a mi profesor de
filosofía. De verdad. Era el único que podía hacer que Platón me
gustara. Y eso ya es decir.
La segunda clase por el contrario... Cuando crucé la
puerta Katy estaba sentada sobre las piernas de Justin. Volviendo
a tu yo habitual. Yo pasé por su lado sin darles demasiada
importancia y dejé caer mi mochila sobre mi mesa. Me giré
intentando encontrar a esa persona. Allí estaba. Tal vez sería
divertido. Vas a meterte en un lío. No, sólo vamos a jugar a
su mismo juego. Matt no lo sabrá... Esa es la cosa. Me
acerqué a Matt que hablaba animadamente con Jake, su mejor amigo, y
con mi mejor sonrisa me senté sobre sus piernas y le di un beso en
la mejilla. Tampoco íbamos a excedernos.
“Buenos días.” Sonreí.
“Bueno días, princesa. ¿Qué ha pasado hoy?” Rió.
Me encogí de hombros y rodeé su cuello con mis manos.
“Nada, ¿no puedo venir a abrazarte ahora o qué?” Él soltó una
fuerte risota y asintió sin dejar de sonreír.
“Claro, las veces que quieras” dijo sonriendo y
devolviéndome el beso en la mejilla que yo antes le había dado.
Jake carraspeó. “Creo que no me habéis contado
algo...” Yo reí junto con Matt.
Me levanté no sin antes volver a darle un beso, esta
vez en la barbilla. “Mejor me voy, que el señor Harris ya está
aquí, hablamos a la hora de comer.” Me giré hacia Jake y le dí
un puñetazo juguetón en el hombro.
Cuando volví a mi sitio la arpía aún seguía allí
intentando llamar la atención de Justin como podía. Él en cambio
no dejaba de mirarme con el ceño fruncido.
Me senté en mi mesa y comencé a sacar las cosas de la
mochila cuando escuché una voz chillona.
“¿Has vuelto con Matt?” Preguntó Katy después de
separarse unos instantes del cuello de Justin.
“Eso no te incumbe a ti.” Respondí sin mirarla.
Ella se encogió de hombros y sonrió. “La que queda
mal eres tú, que vuelves con él después de que estuviera con
otra.” Comenzó a reír lo que me hizo apretar los puños.
“Esa historia solo los concierne a él y a mí. Tal
vez a mi realmente me guste y no sea como tú.” Ahora si la miré.
“Que vas de polla en polla.”
“Maldita zorra.”
Katy hizo el amago de levantarse antes de que Justin
agarrara fuertemente su cadera y la hiciera volverse a sentar
susurrando cosas a su asqueroso oído. Ella asintió roja como un
tomate. No pude escuchar nada mas antes de que cogiera y se levantara
cuando el Sr. Harris abrió la puerta.
La mitad de la clase pasó mas o menos bien. Justin
estuvo con la mandíbula apretada todo ese tiempo y yo no podía
concentrarme en nada más que no fuera él. Le miraba de reojo de vez
en cuando y notaba que él lo veía, porque apretaba sus manos en
puños cada vez que lo hacía. Tragué una vez cuando su mirada se
juntó con la mía. Rápidamente el se acercó a mi oído y con la
vista fija hacia delante susurró.
“¿Has vuelto con el gilipollas que te hizo llorar?
Porque a mi no me mientes, sé que fue por él por el que lloraste la
noche en la que nos conocimos.” Después de eso se volvió a su
posición.
Me giré hacia él y susurré: “Ese no es tu
problema.”
“Tú eres mi problema.”
“La otra noche no lo era.” Y se calló. Se calló
durante 5 minutos antes de responderme.
“Te va a lastimar de nuevo, ___” dijo con voz dura.
“No me importa. Tú lo has hecho ya igual que él.”
Le miré y pude ver como sus ojos se volvieron oscuros. Su mandíbula
se tensó y con rapidez agarró todas sus cosas, se levantó de un
solo golpe y se largó de la clase. El profesor intentó llamarle
pero, aún a pesar de los gritos, Justin se fue. Sin mirarme ni una
sola vez.
¿Realmente esto iba a servir de algo?
**
Justin:
No podía ser tan jodidamente gilipollas. No podía
volver con ese patán. Solo servía para jugar al puñetero fútbol y
eso sabía hacerlo cualquiera. No podía ser tan tonta de mirarle de
esa manera. No cuando a mi me miraba así, ¿o lo hacía diferente?
¿Y qué era eso de que le había hecho daño? ___ era fuerte, no se
dejaba ablandar por nadie. Ni siquiera por mí. ¿Y si realmente
entré dentro? ¿Y si...? Deja de pensar de una puta vez, Drew. Que
haga lo que quiera con su vida. Que haga lo que le de la real gana
porque a ti no te importa. A ti te da igual con quien se va o con
quien no.
Agarré la puerta de
salida y anduve camino al aparcamiento. Dejé la mochila caer al lado
de mi moto y saqué un cigarrillo de mi chaqueta. Lo prendí y dejé
que el humo invadiera mi entorno. Dios, como lo necesitaba. Me apoyé
sobre mi moto y tomé una fuerte calada. Aguante el humo unos
segundos y dejé que saliera lentamente de mi boca. Esta chica iba a
llevarme al límite. No iba a dejar que volviera con ese. No iba a
dejar que volvieran hacerla daño. Ni siquiera yo. ¿Y si la había
hecho llorar? Joder, tal vez por eso no respondía a mis mensajes.
Maldito gilipollas. No puedes cagarla mas, ¿o qué?
No, no. Yo no podía haberla hecho llorar. Ella no haría tal cosa
por mí. No le importo, no quiere volver a verme, ni hablar conmigo.
Mi mano va a mi nuca y
la rasca intentado aliviar la frustración. La sirena sonaba. No iba
a volver a clases. Pero si al comedor. Tenía que verla otra vez. La
había oído quedar con él a esa hora. Iba a volarle la cabeza como
sus manos o su boca rozaran cualquier parte de ___. Eres un
puto celoso, Bieber. Que te den.
**
La hora del almuerzo había llegado. Ryan se había
sentado conmigo e intentaba que le contara algo de por qué estaba
así. Pero no quería hablar. Ahora mismo mi mirada estaba justo en
la mesa de enfrente, dos mesas mas allá de la mía, donde Matt
(había descubierto que se llamaba así gracias a Katy) y ___
hablaban. El chico tenía un brazo por detrás de ella pegado a su
silla. Reían, sonreían y a mi no me hacía ni puta gracia. Ryan
acabó por descubrir sólo que me pasaba ya que yo no apartaba la
vista de los dos.
“Bro, parece que vas a matar a alguien.”
No respondí. Pero no diré que no se me pasó por la
mente las infinitas cosas que podía hacer para que Matt sufriera.
“Si esa chica realmente te gusta, lucha por ella.”
Matt se inclinó sobre ___ y la dio un beso en la
mejilla que hizo que ella se ruborizara. La sangre hervía dentro de
mí. Estaba a punto de levantarme cuando mi teléfono sonó.
“Intento luchar por ella.” Le respondí a Ryan
mientras saca mi móvil del bolsillo.
“Se nota...” dijo con ironía. “¿Es Grey?”
Asentí y le mostré el mensaje. “Pelea en 1 hora,
vayámonos.” Nos levantamos los dos. Ya sabíamos como escaparnos.
Estábamos listos para esto. Desde que empecé estas peleas Ryan
siempre había estado contigo, menos la última noche en la que ___
había venido. Caminamos a paso ligero cuando quise intentar una
cosa.
“Ryan, adelántate, en seguida voy.” Ryan frunció
su ceño y me vio alejarme mientras yo me acercaba cada vez mas a la
mesa de ___ y el tipo gilipollas.
Cuando estuve a unos pies de ellos dejaron de hablar y
me miraron. El tipo sorprendido, ___ cabreada. Genial. Me apoyé con
ambas manos sobre la mesa acercándome a ella.
“Tengo una pelea en una hora, te necesito allí
conmigo.”
Entonces su enfado se cambió a sorpresa. Negó con la
cabeza. “Estoy hablando, Justin. No tengo tiempo para ir a ningún
lado contigo.”
“Por favor, eres mi amuleto de la suerte, por
favor...” Casi supliqué. Pero era una forma de tenerla conmigo y
alejada de Matt. Tenía que intentarlo. Tenía que ver quién le
importaba más. Con quién prefería estar realmente.
No dijo nada. Solo me miraba. Yo asentí y me incorporé.
Supongo que estaba con él. Ella agachó la cabeza y yo estaba a
punto de irme cuando la oí.
“Lo siento, Matt. Me necesita...” Entonces se
incorporó y yo casi no lo pude creer. Sonreí. Y ella me devolvió
la sonrisa. Agarró su chaqueta y se colocó enfrente de mí.
“¿Nos vamos, entonces?” Dijo sonriendo. Asentí sin
dejar de mirarla y cogí su mano entrelazando sus dedos con los míos.
Después de todo. La batalla aún no la tenía perdida.
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