Semanas después.
Justin:
He vuelto a pelear. He vuelto al círculo y he subido de categoría. Ahora soy uno de ellos. Soy como aquellos a los que temía. Visto ropa negra porque es mucho mejor para camuflarse por la noche. Sólo salgo de noche. Llevo tiempo sin que un mísero rayo de sol me toque. Sin sentir calor. Sin sentir nada. Un esclavo de la noche. Porque eso es lo que somos, esclavos de la noche.
Y peligrosos, muy peligrosos. ¿Desde cuando he empezado a llevar un arma conmigo? No lo recuerdo. A veces me cuesta recordar muchas cosas desde que estoy aquí. Con ellos. Mi nueva familia, como suelen llamarse. Y a mi la boca me sabe a sangre.
Me han dado en la mandíbula. Debo continuar. Doy un derechazo que no llega con demasiada rapidez y mi oponente se agacha. Era lo que quería, desde ahí puedo golpear sus costillas con mi pierna. Los brazos empiezan a dolerme de mantenernos en alto, pero las piernas siguen resistiendo. Mi contrincante se tambalea. Perfecto. Doy un paso adelante protegiéndome el pecho con las manos en posición defensiva. Mi adversario parece enfadado al darse cuenta del golpe que ha recibido. No se lo esperaba y eso ha jugado en mi ventaja. Me agacho deprisa, muy deprisa e inclino mi cuerpo hacia la derecha para tener el ángulo perfecto e impulsar mi pierna izquierda y darle un fuerte golpe en las rodillas.
Crack.
Un golpe sordo. Mi oponente cae de lado. Parece que le he roto la rodilla. Aprovecho que está arrodillado para ir en su busca y darle un fuerte golpe por debajo de la mandíbula. Cae de espaldas, abatido, derrotado. Pero no lo dejo ahí, no puedo. Quieren espectáculo. Han pagado por eso. Me pongo a horcajadas sobre su cuerpo y empiezo el baile de puños.
La sangre baja por mi mano. Pero no es mía. Me duelen los nudillos, pero no dejo de golpear. Tengo ganas de seguir dando puñetazos. Se siente bien, me libera. Tengo ganas de gritar. Parece que su cuerpo se amolda a mis nudillos. Uno, dos, otro mas. ¿Cuántos llevo? ¿Sigue consciente? La verdad es que no me importa. Quiero destrozarlo, destrozarle como han hecho conmigo. ¿Dejará de respirar? Que mas da. Yo también he estado sin respirar mucho tiempo. Ahogado, confuso. Todo se está nublando a mi alrededor. Dejo que la ira fluya por todo mi cuerpo. Pero no por mi adversario. No por la persona que tengo debajo. A esa ya no la veo, ha cambiado de apariencia. Ahora es un hombre gordo y repulsivo que conozco demasiado bien. Y mis puños no paran. Y grito, grito que le odio, que ojalá se muera. Y no puedo parar.
Siento como unos brazos tiran fuerte de mi llevándome lejos. No, no, tengo que volver, tiene que morir. Mi cuerpo golpea el ring debido al empujón que he recibido. Me tienen sujeto por las manos y las piernas. Intento escaparme pero no puedo. Sigo pegado al suelo, atado, como un animal.
El sonido de toda la audiencia me golpea. Y vuelvo a ver. Mi respiración está fuera de control. Casi me falta el aire. Tardo en saber donde estoy. Busco con la mirada cualquier cara conocida. Pero no la encuentro. Ni a ella. Nunca está. Y sé que lo merezco.
Me sueltan con cuidado sin apartarse de mi y me incorporo. Hay una persona siendo atendida delante de mí. Tiene la cara llena de sangre y con tonalidades negras y moradas, e hinchada, muy hinchada. Miro mis manos. Mis nudillos están completamente pelados y la sangre resbala por ellos. ¿He sido yo? Debo de haberlo hecho. El cuerpo me duele y me escuece. He vuelto ha ganar, pero está vez he pasado el límite. Ver a mi oponente me asquea y me produce dolor. Le he dejado realmente mal y ni siquiera me he dado cuenta. ¿Por qué no me han detenido antes? Ya sabes la respuesta. Eres peligroso.
Mi boca me sabe a oxido y me limpio el labio con la mano. Una punzada. Lamo mi labio y noto un corte que lo atraviesa. También estoy herido, pero no le doy importancia. Necesito aire. Noche. Fuera. Pero mis piernas no responden. Y los que me rodean tampoco parecen que vayan a marcharse de ahí.
“¿Está muerto...?” Pregunto, pero mi voz suena demasiado débil.
Varias personas levantan al herido y lo sacan de allí entre empujones e insultos. Nadie se vuelve a mirarme a mi. Nadie me dice nada.
Un brazo tira de mi. Me pongo en pie sin apartar la vista de todo ellos que hablan, gritan y cuchichean. Me siento perdido, pero todo es familiar. El brazo sigue tirando con fuerza de mi. Me lleva lejos de todo esto. Me aparta de todo el alboroto y me encierra dentro de un pequeño armario. Ni siquiera sabía que había algo así hay dentro. El olor a maría me golpea. Dentro no se ve absolutamente nada. Solo nos ilumina la pequeña rendija que sale por debajo dela puerta. Busco cualquier cosa, una voz, una respiración. Lo que sea. Y llega rápido.
“Justin, Justin, tío, ¿sabes quién soy?” Murmura la voz conocida.
“¿Adam? ¿Qué haces tú aquí?”
“¿Qué mierdas haces tú aquí? Tu lugar está en el círculo, esto no es para tí. Joder, pueden matarte de verdad.” Grita casi exasperado.
“¿Qué coño haces tú aquí?” Repito. No tengo tiempo para esto. Tony tiene que andar buscándome y tiene que encontrarme rápido.
“Me dijeron que había un nuevo chico que podría llegar a ser profesional en una semana. No me lo tragaba, nadie ha llegado tan alto empezando desde aquí.” Tragó saliva y suspiró. “Vine a comprobarlo y te encontré a ti. Y tú no debes estar aquí.”
“No me digas donde tengo que estar y donde no, Adam. No eres mi padre.” Apreté mi mandíbula.
“Si Ryan se entera de que te he visto aquí me corta los huevos por no haberte llevado a casa de vuelta.”
No tardé en encontrar su cuello. Le empujé con fuerza contra la pared y apreté. “No vas ha decirle nada a Ryan, a nadie, ¿lo has comprendido?” Amenacé. No pueden saber que he estado aquí, joder. Ryan vendrá. Sé que lo hará si se entera. Y no puedo permitir eso.
“No me asustas, Bieber.”
Mi mano apretó el agarre y escuché como gruñía y su respiración se hacía mas pesada. Tiré un poco de él hacia arriba levantándolo. Sus manos fueron hasta las mía tirando con fuerza para poder respirar. Algo inútil.
“Si le dices una simple palabra a alguien, sea quien sea, te mato.” Solté una pequeña risa. Mi amigo estaba totalmente acojonado pero no me importaba. Había aprendido unas cuantas formas de hacer sufrir a alguien. Ellos lo habían hecho conmigo. “Te volaré la cabeza sin ni siquiera pestañear, ¿ha quedado claro, Adam?”
Tragó saliva y asintió. “Espero no volver a repetirlo.” Aflojé mi agarre y su cuerpo se deslizó por la pared hasta caer al suelo buscando aire de donde fuera.
Solté una carcajada y negué con la cabeza. “Y que sea la última vez que me arrastras.” Mi pie golpeó con fuerza su estomago. Adam soltó un gemido de dolor y se retorción.
Todo estaba hecho. Me dirigí a la puerta y la abrí dando un fuerte golpe. La gente que había fuera miró en nuestra dirección en cuanto oyeron el portazo.
“Hijo de puta.” Dijo Adam desde el suelo.
Sonreí y saqué un cigarro del bolsillo trasero de mi pantalón. Gilipollas. Encendí el piti y solté una carcajada. El público no dejaba de mirarnos.
“Nos vemos, Adam. O tal vez no.” Dije sin volverme.
Y me fui a buscar el aire que llevaba necesitando desde hacía bastante rato, dejando una estela de humo tras de mi.
***
______:
Llamé al timbre. Estaba bastante nerviosa. No había vuelto a verle desde aquella noche. Desde que habíamos traído a Matt al hospital. No había recibido ninguna llamada suya, ni un mensaje. La verdad es que yo tampoco había puesto de mi parte para volver a vernos. ¿Me sentía culpable? Sí. ¿Tenía miedo? Un poco. Aunque no sabía de qué. ¿De su reacción tal vez? A la mierda eso, también era mi amigo. Y le echaba de menos.
Golpeé la puerta con mis nudillos y cuando lo hice la puerta se abrió. Eché un pequeño vistazo a través del pequeño hueco que la puerta había hecho. Todo estaba oscuro. Tal vez no estaba en casa, pero entonces, ¿qué haría la puerta abierta?
Abrí la puerta despacio. Haciendo que toda la luz que dejaba el pasillo inundara el salón. Todo esto me daba mal rollo.
“¿Hola? ¿Ryan, estás ahí?” Pregunté y di un paso hacia delante.
En el momento en el que entré unos brazos me rodearon y me taparon la boca con fuerza impidiendo que hablara. ¿De donde había salido? Joder, no puedo moverme. No, no, no. Por favor, no me hagas nada. Mi corazón empezaba a bombeara toda velocidad.
Entonces las manos se alejaron de mi.
“Joder, ____, que susto me has dado.” Murmuró Ryan con un suspiro y cerró la puerta para luego encender la luz.
Ryan tenía un aspecto horrible. Llevaba varios días sin afeitarse y vestía una camisa de tirantees blanca un poco sucia y unos pantalones negros de basket. El pelo lo tenía bastante sucio, y el apartamento estaba mas o menos igual. Todo era un caos.
Yo todavía seguía en completo shock. Intentando decirme a mi misma que había sido Ryan y que ya estaba libre, que podía hablar.
“¡¿Qué yo te he asustado?!” Dije sin aire. Me giré para encararle y le golpeé el brazo con fuerza. Toda la que pude reunir al menos.
“Ah, ah, para, para.” Dijo echándose hacia atrás y tapándose el brazo. “No te pases, joder.”
“Gilipollas, casi me matas del susto.”
“No esperaba que viniera nadie. Relajate un poco, ¿quieres? Ha dolido.” Murmuró mientras se acariciaba el brazo.
“Lo siento, pero realmente me he asustado. Además, ¿qué hacías completamente a oscuras? ¿Ahora eres medio vampiro?” Bromeé.
Ryan colocó una pequeña sonrisa en su rostro y negó con la cabeza. “No, no me va lo de la sangre, lo siento.” Echó a andar en dirección a una mesa llana de papeles apilados por todas partes que había colocado donde antes estaban los sofás. “He estado trabajando.”
“Trabajando, ¿en qué?” Me fijé en la mesa y en el fluorescente que la alumbraba con fuerza.
“En encontrar a Justin.”
Mi corazón se paró. Hacía mucho tiempo que ese nombre sólo se repetía en mi cabeza. Hacía mucho tiempo desde que no escuchaba a nadie decirlo en voz alta. Nadie, ni siquiera yo.
Y también le he estado buscando. Le he estado buscando mil veces y nunca ha aparecido. También he esperado que volviera, que algún día de estos cruzara la puerta y me abrazara. Que me susurrara que todo estaba bien, que ahora no nos iban a separar. Pero nunca ha ocurrido. Nada de eso ha pasado. Ni una pista, ni un indicio de donde podría estar. Nada. Y eso me mata.
“Creo que puedo averiguar donde está, ____.” Susurra mirandome a los ojos con esperanza.
Pero yo sé que no va a volver. No lo hará. No puede.
“Ryan... Justin no...”
“¡Vendrá! Tu no has pasado tantas cosas con él como yo, ____.” Pasó sus manos por su pelo alborotándolo, nervioso. “Y sé que va a volver, sólo... sólo necesita un poco de ayuda... eso es todo...” Empezó a buscar entre sus papeles con rapidez. No parecía encontrar lo que buscaba.
“No sabemos ni si está vivo...” Susurré con gran dolor. Aquellas palabras me costaron decirlas pero, era verdad. Ninguno de los dos sabíamos si estaba vivo, si estaba bien. Tal vez ni siquiera podemos salvarlo...
“¡CALLATE!” Gritó dando un fuerte golpe a la mesa con los puños. “Pensaba que tú, entre todas las personas, mantendrías la esperanza.” Tragó saliva y volvió su vista a mi. “Parece que me equivoqué.”
Mordí mi labio. Mis ojos empezaban a humedecerse. ¿De verdad era tan mala? ¿Tan segura estaba de que estaba muerto? Una lágrima bajó por mi mejilla. Yo quería encontrarle pero nadie había encontrado nada sobre él. Absolutamente nada. Y parecía que empezaba a asimilar que no volvería.
“Vete.” Ordenó.
“Ryan...” Supliqué. Los ojos me escocían debido a las lágrimas.
“Si no vas a ayudarme, vete, ____. No haces nada aquí.” Volvió a mirar sus papeles y colocó unos cuantos con la manos.
No tenía nada que hacer allí. Me había dolido todo lo que había dicho y yo, también le hice daño. Giré sobre mis talones y avancé hasta la puerta lo mas rápido que pude. Mis pies pesaban, dolían. Eran como cemento. Llegué a la puerta principal y la abrí. Las lágrimas se derramaban ya sin descanso. Lloraba en silencio y me costaba respirar. Justo cuando iba a despedirme, Ryan volvió hablar.
“Adam le vio en el círculo la otra noche. No está muerto, ____, no lo está.”
Cerré la puerta de nuevo.
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