domingo, 25 de mayo de 2014

Capitulo 51

“No se te ocurra mencionarla.”


Justin:


Me dejaba llevar por la ira. Todo a mi alrededor estaba confuso, solo sentía. Odio, dolor. Todo. Pero, ¿por qué? ¿No era yo quién no había vuelto? ¿No era yo quién la había obligado a seguir adelante y a olvidarse de mi? Era egoísta. Era celoso. Joder, ¿cómo mierdas no iba a serlo? Tenía a la chica mas maravillosa que he encontrado. Tenía a la única chica que me había hecho frenar, pensar y querer. Querer por primera vez y de verdad. Pero era eso, el verbo tener. En pasado. Y con dolor. Porque ya no la tengo. La tiene otro. En su habitación. Lejos de mí y todo el daño que he causado. Porque elegí mal y siempre he hecho lo incorrecto.
La moto me llevaba por sí sola. Los nudillos blancos no hacían mas que contraerse a la vez que daba otro acelerón. La adrenalina no podía apartarme la imagen de la cabeza. Pero es la única que está ahí, que siempre lo ha estado. Suave, dulce, peligrosa. Como una droga. Pero no mi droga favorita, no aquella que me es indispensable para vivir, porque esa está en otro sitio. A unas cuantas manzanas y unos cuantos giros de volante. En brazos de otro que no soy yo.
¿Debería llamar a Ryan y preguntarle? No. Él también merecía olvidarse de mi. Tener un mejor amigo como  yo solo había traído problemas. Yo soy problemas. Como los que tiene aquel que la estaba tocando. El miedo y el odio fluyen dentro de mi. Tengo ganas de patear algo. Con fuerza. Duro. Joder. La estaba abrazando. Aprieto los dientes y sigo conduciendo. Cada vez mas rápido. A punto de matarme.
Aparco la moto de cualquier manera en la acera, esta se cae aún encendida mientras el motor toma la orden de apagarse. La verdad es que me da igual. También sufre. Como yo. Tengo el cuerpo tenso, necesito unos cuantos golpes, unos cuantos gritos. Porque ella está con otro y no puedo hacer nada para cambiarlo. Estoy cegado completamente y ya ni recuerdo cómo he podido llegar hasta aquí con vida. He alcanzado mas de la velocidad permitida y he corrido sin ni siquiera fijarme en mi alrededor. Pero, ¿a quién le importa eso ahora? Si muriera nadie vendría a mi funeral. Nadie. Y tampoco me echarían de menos.
Camino hasta el edificio con paso rápido y pesado. Y dejo que todo salga antes de cruzar la puerta. Pego un fuerte grito de frustración que se mezcla con lo que parece un gruñido, y mi puño sale disparado a la pared que hay en torno a la puerta. Y después va el otro. Y de nuevo el primero. Y no paro hasta que la sangre de los nudillos me cae hasta los codos. Ni siquiera noto el dolor. Dejé de sentirlo hace mucho, cuando comencé a castigarme por primera vez. Porque no es la primera vez que lo hago, ni va a ser la última. Me odio a mi mismo y odio en qué me he convertido.
Unas manos tiran de mí con fuerza hacia atrás. Vuelvo a gritar lleno de ira para intentar soltarme pero no tengo éxito. Lanzo un par de golpes que la persona que me tiene agarrada consigue esquivar. Me da la vuelta en un movimiento rápido y me aprieta contra la pared con su brazo alrededor de mi cuello. La vista empieza a serme clara y le veo. Derek. 
“¡Basta ya, Bieber!” Grita.
Esta cabreado, la vena de su frente ahora es totalmente visible. Pero da igual, ni en veinte años tendría la suficiente fuerza como para alcanzarme. Pongo las manos sobre su brazo y le aparto de un empujón. Escupo hacia un lado y aprieto la mandíbula sin apartar los ojos de él.
“¿Qué mierdas haces?” 
“Intentar que no te desangres, joder.” Baja la vista hasta mis manos y el gran charco de sangre que se ha formado bajo mis pies. 
No siento nada.
“Aléjate de mí, sé cuidarme solo.” Amenazo con los brazos caídos. Todavía sigo cabreado, furioso. La imagen no se borra de mi cabeza, sólo se repite una y otra y otra vez.
“Mierda, no, no tienes ni puta idea. ¿Dónde coño has estado?”
“Fuera.”
“Eso ya lo sé, ¿pero qué cojones has visto que te ha cabreado tanto?”
No respondo. No puedo. La imagen está doliendo demasiado. Está entrando muy adentro y crea agujeros por donde pasa. No soy un puto débil, ya no. Y esto me está destrozando.
“Has ido a verla, ¿cierto?” Pregunta levantando el tono de voz.
Mis manos actúan con vida propia. Le agarro por el cuello de la camisa sin que ni siquiera se lo espere y le aprieto contra la pared en la que antes estaba yo. Golpe su espalda con fuerza provocándole una mueca de dolor. Mis nudillos vuelven a apretar con fuerza lo que hace que vuelva a caer la sangre por mi brazo, manchándonos a los dos. 
“No se te ocurra mencionarla.” Ordeno con la cara roja de enfado. Me acerco mas a él para que le quede claro. “Nunca, ¿has entendido, Bale?”
Asiente con la mirada fija en mis ojos sin mostrar temor. Aunque su cuerpo me expresa lo contrario. Suelto su camisa y me aparto. Necesito fumar. Necesito un puto cigarro.
Y olvidar.


Al día siguiente:


“Centrate de una puta vez, joder.” Me susurré a mi mismo.
Saqué el cartucho acabado de la pistola y volví a meter otro en un movimiento rápido y ya aprendido. La cargué y volví a colocarla apuntando a mi objetivo.
Esta mañana no había podido acertar ni uno solo y estaba empezando a desquiciarme. 
Coloqué la mano en su posición y está vez no cerré uno de mis ojos para poder centrar el arma. Sin parpadear apreté el gatillo y por fin, después de toda la mañana conseguí acertar. La baja atravesó la pared justo por el centro de la frente de mi objetivo. Sonreí orgulloso de mi victoria y volví a disparar. Esta vez de forma seguida, vaciando toda la munición que acababa de hacer. Todas las balas se juntaron alrededor del mismo lugar que había dibujado la primera. Por fin empezaba a calentarme.
“Has mejorado.”
Me giré tras escuchar la oscura voz a la que ya me había acostumbrado. Tony estaba delante de mí, vestido totalmente de negro con un traje y corbata. Fumaba uno de esos puros que tanto le gustaban. Dejó salir el humo mientras miraba mas allá de mi hacia los agujeros que acababa de formar.
“Antes no solías acertar ni una sola.” Prosiguió.
“Antes no era un criminal.” Declaré.
“Pero siempre has tenido el potencial, ¿no?” Su mirada fue hasta mí y sonrió con el puro entre sus labios. Tomo una calada y lo quitó de su boca. Soltando el humo gris mientras continuaba. “Por eso ahora se te da tan bien esto.”
“Podría dispararte ahora mismo.”
“Pero no lo harás, no eres tan estúpido.”  
Dio unos pasos hacia mí colocándose a mi lado. Alargó entonces la mano y cogió el arma de entre mis dedos. Yo ni siquiera me moví. No podía. Este hombre era peor que el mismísimo diablo y durante todo este tiempo lo había comprobado. Si le disparaba, habría consecuencias. Y el siguiente en morir, sería yo. Después de...
“Anoche escuché la agradable conversación que tuviste con Derek...” Mi cuerpo se tensó. Él levantó la pistola y apuntó en dirección a la pared de objetivos. “Estoy muy decepcionado contigo.”
“Tenía que verla.” Respondí con rapidez.
“¿Y te gustó lo que encontraste?” Preguntó con una sonrisa.
Mis manos se apretaron en dos puños. Tony soltó una fuerte risa y disparó. Oí el zumbido cerca de mí. La bala pasó a toda hostia hasta golpear la pared.
“Mas te vale no volver a verla, Justin. Sabes donde está tu sitio y el suyo ahora. Espero no tener que repetirlo.” Cargó el arma de nuevo y volvió a alzar la pistola.
Mi respiración se agitó con fuerza. “No hará falta.”
“Bien. Porque en unas horas te quiero listo.” Se giró y colocó la pistola bajo mi barbilla haciendo que girara la cabeza para mirarle. “Ni un fallo. No quiero ni uno solo. O tú y tus estúpidos amigos volareis por los aires.” Amenazó con la vista fija en mi.
El puro se apagó cuando volvió a disparar el arma.


_____:


Esa noche soñé con él. Soñé que por fin volvía y me abrazaba. Que no se marchaba en su moto y se quedaba conmigo. Que todo estaba bien por una vez. Que nada nos impedía querernos.
Pero entonces desperté. Y me invadió el miedo. 
Ahora sólo podía pensar en lo que íbamos hacer mañana. En cómo saldría todo. Y si volvería a verle. 
Esperaba que sí. Lo hacía con fuerza. Porque lo necesitaba. Pero, ¿por qué volvió a noche y no se quedó? ¿Por qué gritó? ¿Por qué no me llamó? Porque todo era difícil. Todo estaba mal. Los dos estábamos en ambientes completamente diferentes y no podíamos seguir así. Pero cuando vino supe que no me había olvidado. Que seguía con él como él estaba conmigo. A pesar de lo lejos que estuviera realmente.
Miré a Ryan. Tenía las gafas puestas y estaba concentrado en el plano del puerto. Había estado trabajando toda la noche mientras yo lloraba, sola, en el sofá. Me sentía una inútil. No había hecho nada por ayudarle. No había ideado el plan con él como habíamos acordado. Nada. No pude. Verle me había destrozado. Me había roto por dentro. Y no había sabido poner buena cara y continuar. Yo no era tan fuerte como los demás creían y por primera vez, me sentía totalmente perdida.
Ryan se dio cuenta de que lo miraba y mostró una leve sonrisa que no le llegó a los ojos. Intentaba ser amable pero sabía que en ese momento era lo último que podía hacer.
“¿Cómo vas?” Preguntó quitándose las gafas y colocándolas sobre la mesa.
“No lo sé, ¿alguna novedad?” 
“La verdad... sí. Adam nos ha conseguido la hora de llegada del barco y además...” Tragó salvia y dirigió la mirada de nuevo a todos los planos que se amontonaban en la mesa. “Armas.”
Abrí los ojos totalmente sorprendida. “¿Ar-armas? ¿Es en serio?” Pregunté anonadada.
Había pensado en la posibilidad de qué tal vez las necesitáramos pero ahora que sabía que las teníamos, no estaba tan segura de sí sería capaz de utilizar alguna.
“Son solo dos pistolas de bajo calibre, pequeñas. Para usarlas en caso de... bueno... una emergencia.”
“¿De verdad piensas que podrían matarnos?”
“Estamos hablando de mafia, ____. No es un juego de niños y ni tan siquiera un video juego, es real.”
Tragué saliva y asentí. Me miré los dedos que estaban sobre mi regazo y me moví incómoda.
“¿Crees... crees que él podría dispararnos?”
El silenció calló sobre nosotros. El tic-tac del reloj hacía eco. Ryan lamió sus labios y apartó la vista de mi cuando volví a mirarle. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. ¿En serio estaba pensando qué...
“Tal vez sí, y no sé si estoy dispuesto a morir antes que él.”

Mis peores pesadillas se hacían reales.

No hay comentarios:

Publicar un comentario