"Te quiero a ti..."
Sus
labios volvieron a invadirme. El calor llenaba todo mi cuerpo, la
habitación. Y su respiración iba rápida, como la mía, a mil por
hora. Nuestras lenguas disfrutaban de su pequeña batalla, sin
vencer, sin derrota, solo disfrutando del sabor del otro. Sus manos
apretaban mi cintura, pegándome mas, queriendo mas. Y yo también lo
deseaba, llevaba deseándolo mucho tiempo. El corazón a mil
revoluciones y no importaba, daba igual. Sólo quería sus labios en
contacto con los míos.
Justin
me levantó lo suficiente como para enrollar mis piernas alrededor de
su cintura, apretándome, haciendo que soltara un pequeño suspiro
que se unió a mi gemido. Mi espalda chocó contra la pared. Sobraba
ropa, mucha ropa y a los dos nos incomodaba. Mi pecho chocaba contra
el suyo. Una de sus manos subió lentamente por mi tripa dedicándome
caricias, amor. Subió hasta mi pecho y allí ya no fue delicado. Sus
labios descendieron por mi cuello haciendo un pequeño camino hasta
mis labios para después volver a recorrerlo hacia abajo, hasta mi
pecho, haciendo que viera las estrellas en cuestión de segundos
mientras él chupaba y mordía y yo perdía totalmente el control de
mí misma. Volví a apretarme contra él, restregándome un poco para
regalarme otro de sus gemidos que me hacían volar muy muy alto. Su
cintura estaba totalmente apretada a la mía y diablos, si eso no se
sentía bien.
Mis
manos se entrelazaban con su pelo, tirando de él en el momento justo
en el que sentía que iba a alcanzar el clímax. Pero todavía no,
todavía era pronto, quería mas de él. Le había echado de menos,
mucho. Y ahora le tenía aquí, conmigo y lo demás no importaba.
Solo disfrutar, solo él y yo.
"Joder,
gatita, no me provoques." Susurró contra mi cuello.
Me
incliné hacia delante y volví a hacer el mismo movimiento, notando
como él cada vez se ponía mas duro, y susurré: "Quiero mas,
Justin, mucho mas..."
Un
profundo gruñido del fondo de su garganta cobró vida. Reí contra
su oído y mordisqueé su lóbulo mientras nos dirigía a la cama con
una velocidad increíble. También tenía prisa, como yo, pero ambos
lo queríamos despacio. Profundo. Lento. Nuestro.
Me
dejó caer sobre la cama colocándose él entre mis piernas. Y mas
besos, mas caricias. Mas besos de los que nos dejaban sin
respiración, de esos suaves, calientes y malditamente sexys. Mordí
su labio mientras sentía como la única pieza de ropa que tenía se
deslizaba por mis piernas. Sus labios volvieron hasta mi pecho,
atrapando uno de mis pezones mientras no dejaba solo el otro.
Masajeaba uno mientras el otro era atrapado por el inmenso placer que
producía su lengua contra mi piel.
"Justin..."
solté en un suspiro ahogado.
Mi
cuerpo se arqueaba hacia delante sintiendo el calor que su boca
desprendía. Y es que casi no podía mas, le había echado de menos,
infinitamente. Y ahora estaba aquí, era mío, todo él. Y yo suya,
como siempre había sido.
"Tranquila,
gatita, sólo acabo de empezar..." Murmuró con la voz grave y
una sonrisa maliciosa.
Sus
palabras hicieron que mi bello se erizara. Me ponía nerviosa, todo
él, entero. Me hacía débil y temblorosa a la vez que fuerte y
segura. Él, sólo él, hacía que fuera yo misma.
Dibujó
un camino de besos hasta la parte baja de mi cintura. Mi corazón se
aceleraba, a toda ostia. Mi cuerpo ahora mismo era gelatina bajo sus
manos. Me dejaba hacer, disfrutaba. Maldita sea, si lo hacia. Con un
dios como él, ¿cómo no iba hacerlo?
Sus
labios besaron mis muslos, bajando por cada uno, primero una pierna,
luego la otra. Provocándome, tentándome. Y yo me retorcía de sumo
placer y aún no me había tocado ahí. Justo cuando iba a llegar
cerré un poco las piernas, no sé por qué lo hice, fue instintivo.
Levantó la vista y sus ojos coincidieron con los míos. Acarició
con las yemas de sus dedos la parte exterior de mis muslos
regalándome tranquilidad.
"Déjame
probarte, ____. Seguro que estas deliciosa." Susurró con la voz
rota.
Joder,
como me tenía. No era normal.
Asentí
y volví a abrir las piernas. Él se inclinó sin apartar los ojos de
mí. Cuando su lengua tocó mi feminidad, fue el paraíso. Cerré los
ojos y me dejé llevar. Su lengua estaba haciendo maravillas. Lamía,
chupaba. Y cuando sus dientes actuaban yo no podía mas. Mis manos se
agarraron de su pelo mientras gemía. Esto era otro nivel, otra
sensación de placer completamente distinta. Noté su lengua
adentrándose en mí y arqueé mi cuerpo queriendo mas. Mas de él.
Mas de nosotros.
"Que
bien sabes, ____..." Pronunció llevándome con él a otro
lugar. Lejos, muy lejos.
Dio
otro fuerte lametón que hizo que mi cuerpo temblara. Joder,
joder.
"Justin,
voy a..." Murmuré mientras mis manos agarraban las sábanas con
fuerza.
"No,
no, aún no..."
Noté
como dos de sus dedos se colaban ahora donde hace un momento estaba
su lengua. Siguiendo el juego, haciendo que me mareara, sus dedos
siguieron el movimiento de vaivén. Hacia delante, hacia atrás. Yo
no podía mas. Iba a llegar en cualquier momento.
Me
incliné hacia delante y rodeé su cuello con mis manos para atraerle
hacia mí y besarle. Besarle con unas ganas infinitas, respirando su
aire, probando mi sabor. Justin me respondió con la misma voracidad,
sin dejar de hacerme sentir aquella explosividad. Le quería dentro.
A él. Ahora.
"Por
favor, Justin..." Supliqué contra sus labios antes de volver a
unirlos.
"Por
favor, ¿qué...?" Apoyó su frente contra la mía. Nuestras
narices se rozaban y yo solo dejaba escapar gemido de placer.
"Te
quiero a ti..."
"Me
tienes a mi." Dijo deslizando sus labios sobre los míos.
"Te
quiero dentro de mi."
"¡Pues
vamos a follar como locos!" Gritó una voz distinta a la de
Justin.
Y
entonces abrí los ojos.
Justin:
"¿Estamos
todos?" Preguntó Tony.
Asentimos.
No había salido últimamente de allí. De aquel edificio. Su base
secreta. No aquel en el que me habían encerrado desde un principio.
Su edificio general. Su terreno.
Desde
que había llegado (sí, ahora lo digo así), había estado metido en
aquel edificio perdido, sucio y apestoso. Esta era la segunda vez que
venía a la empresa de Tony. La primera para llevarme una buena
paliza... Todavía recordaba los golpes... por ella.
Negué
con la cabeza y me obligué a estar atento. Esto era importante.
Íbamos a coger el envío de uno de los grupos mas importantes de
todo Estados Unidos, y no era un juego de niños. Iba a ser
peligroso, muy peligroso, y debía poner mis cinco sentidos en la
misión que me toca ejercer.
Había
muchas caras que había conocido desde que estaba aquí. Algunas
mucho mas agradables que otras. Derek, Shaw, Travis, Lucas... Habían
hecho que fuera uno de ellos, un monstruo. Y había empezado a
acostumbrarme a la sensación de ser temido, de ser odiado, de ser
poderoso. Y empezaba a gustarme, a gustarme mucho.
Estábamos en la Sala B, una de las últimas salas, en el sótano, rodeando la
mesa central que iluminaba la única luz que había en el techo. Preparando lo que sería el mejor contrabando de la
historia. Y yo quería participar. Yo quería estar en el juego, en
la acción.
"Bien,
empecemos." Anunció Tony, que se encontraba a mi derecha
observando todos y cada uno de los mapas y papeles que se encontraban
en la mesa. "Esto es lo mas importante que hemos hecho, chicos.
No permitiré ni un puto fallo. Ni uno solo. Todos tendréis que
representar vuestro papel a la perfección, si veo que alguno se
desvía, será sustituido. Y seguro que nadie quiere ser sustituido."
Su voz ronca por el tabaco entraba de lleno.
"El
barco llegará en dos días. En dos días todos estaréis en vuestros
puesto esperando ordenes y acatándolas. Scot, tu recibirás la
mercancía junto con cuatro hombres: David, Shaw, Dylan y Oliver."
"Entendido."
Confirmó Scot.
Scot
agarró uno de los papeles que Tony le ofrecía. Supuse que ponía la
hora, el barco y el código del envío junto con el número de
embarque y de cajas.
"Travis,
te quiero en la retaguardia junto con tus chicos. No quiero que nadie
estropee el plan. Nadie puede acercarse a menos de 10 metros del
barco sin mi consentimiento, ¿queda claro?" Ordenó señalando
el perímetro en el mapa que había justo en el centro de la mesa.
"Captado
jefe." Anunció Travis con una sonrisa de orgullo.
"Derek,
Lucas y Greg iréis en los camiones a esperar la mercancía. Los
chicos os la llevaran hasta este bunker y vosotros la recogeréis una
vez la hayan colocado todo dentro." Marcó la cruz en el lugar
indicado.
Los
tres asintieron sin decir una sola palabra. Todavía no había dicho
que sería lo que me tocaría hacer a mí, pero lo intuía. ¿Estaba
preparado? No lo sabía. Pero lo haría. Como siempre. Porque no soy
un cobarde.
"Justin,
tú conmigo." Asentí sin mirarlo.
"¿Qué
haremos?" Sí, me atreví a hacer la pregunta después de todo.
"Vamos
a matar a todos y cada uno de los tripulantes de ese barco."
Tragué
saliva.
"A todos." Murmuré.
_____:
"¡RYAN VETE A LA MIERDA!"
Grité lanzando la almohada hacia su cara.
Mala suerte la mia que la cogió
al aire antes de que impactara mientras se volvía a reír con mucha
mas fuerza.
"Eso te pasa por soñar
cosas que no debes y encimas comentarlas en alto." Comentó
riéndose como si en cualquier momento le fuera a faltar el aire.
"Que te jodan."
Comenté mientras me cruzaba de brazos sentada sobre la cama de
Justin.
Esa noche nos habíamos quedado
hasta muy tarde trabajando sobre los posibles lugares en lo que
podría estar Justin, y como íbamos a lograr reunirnos con él. Yo
acabé tan cansada que tuve que quedarme a dormir en su casa. Al
menos había una cama vacía. Asi que esa noche me dormí en la
habitación de Justin, que tantas otras veces había compartido con
él y cuando todo estuvo sumido en un completo silencio y Ryan estaba
completamente k.o, lloré. Lloré cuando su olor me invadió y me
hizo echarle mucho de menos. Me recordó donde podría estar, que
estaría haciendo y como sería. ¿Habría cambiado mucho? ¿Pensaría
en mi de la misma forma que yo en él? ¿Habría intentado escapar?
La chica que vino a verme, dijo que nunca saldría de allí. Pero,
ella escapó, ¿no? Tiene que haber una salida y si la hay, tiene que
haber un modo de entrar.
Ryan y yo vamos a conseguirlo.
Voy a conseguirlo.
"No, gatita, te joderé yo
a ti, grrr" Dijo imitando la voz de su amigo desde la puerta de
la habitación.
Me levanté de la cama y fui
directa hacia él. Pareció tardar en ver a donde iba y su risa se
paró cuando se fijó en mi cara, completamente serie salvo por una
sonrisa perversa.
"Te vas a cagar, Butsy."
Y los dos echamos a correr por
toda la casa, riendo, por primera vez después de muchas semanas. Y
nos sentíamos bien, nos sentíamos libres.
Porque íbamos a conseguir traer a Justin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario