“Justin está en algo muy malo ____. Está metido hasta el fondo.”
Abrí los ojos cuando el rayo de luz incidió de lleno
contra nosotros. Justin soltó un gruñido y metió la cabeza bajo la almohada, tapándose.
Sonreí cuando le vi hacer aquello y salí de la cama con cuidado. Me acerqué a
la ventana y corrí las cortinas apagando la luz que había entrado en la
habitación.
Miré el reloj. Eran las 10 de la mañana del domingo y no
tenía muchas ganas de volver a la cama. Justin todavía seguía bajo la almohada cubriéndose
de todo aquello que pudiera molestarle. Fui hasta el armario y saqué unos
pantalones cortos de basket que le había visto alguna vez y me los puse. Había
dormido con una de sus camisetas anchas y la verdad, me encantaba.
Salí en silencio de la habitación y me dirigí a la cocina.
Mi intención era hacer un buen desayuno para los dos, pero no sabía que era
exactamente lo que te apetecía teniendo encima una buena resaca. Y la de Justin
pintaba bastante fea. Abrí los armarios buscando qué poder hacer. Tenía
suficiente para unas cuantas tortitas, y además, esperaba que no se me
quemaran. Demasiado al menos. Agarré los ingredientes. Harina, sal, huevo… Uno
a uno los fui sacando. Acerqué el bol de encima de la mesa y me puse a ello.
Espera que al menos le gustaran.
Casqué los huevos, mezclé la masa e hice unas cuantas
tortitas. La mayoría habían sobrevivido y no estaban negras. Bueno, mejor, no
muy negras. Podían comerse. Preparé una bandeja con un par de vasos (un café y
un colacao) y los siropes. Tal vez un desayuno en la cama no estaría nada mal…
Eché el último poco que quedaba de masa y preparé la última
tortita. Esta iba a salirme perfecta. Le di la vuelta cuando ya estaba hecha y
justo cuando iba a sacarla una voz me sobresaltó, haciendo que la tortita
cayera sobre un lado de la sartén y se desmoronara.
“¿Tenemos tortitas para desayunar?”
Casi pegué un grito cuando oí su voz. Me alegré de haberme
puesto los pantalones.
“Aun que la verdad… Están un poco quemadas, creo que mejor
paso.”
Recogí la tortita que se había roto y la tiré a la basura.
Algunos cachos habían caído sobre la encimera y no era plan de comérsela. Una
vez todo limpio me giré y le miré a los ojos con una ceja levantada.
“¿Quién ha dicho que vaya a compartir contigo, Ryan?” Pregunté
cruzándome de brazos.
Él levantó los brazos sonriendo.
“¿Nos hemos levantado con el pie izquierdo?”
“Estoy bien, gracias.” Sonreí irónicamente y cogí el plato
donde había colocado todas las tortitas y lo puse sobre la bandeja.
“Deberías mejorar tus dotes culinarias…” Dijo a la vez que
agarraba un tenedor.
Ryan estiró el brazo dispuesto a coger la tortita mas alta
del montón. Levanté la bandeja antes de que pudiera llegar a ella y le guiñé un
ojo.
“Oh vamos, ____. Tengo una resaca que no me aguanto en
pie.” Suspiró dejándose caer sobre una de las sillas de la cocina.
“Tienes razón, no te gustaría mi comida medio quemada.” Solté
sacándole la lengua.
Él intentó poner cara de niño bueno, pero al ver que no
funcionaba y solo me hacía reír, se rindió y se levantó de la mesa hasta la
nevera, de donde sacó una cerveza.
“¿Te apetece eso a esta hora?” Pregunté perpleja.
“La verdad es que no, pero es lo que realmente quita la
resaca, así que…” Abrió la lata y tomó un largo trago.
Negué con la cabeza. “Bueno, voy a ver si tu amigo se
despierta…”
“Espera.” Me detuvo unos pasos antes de llegar al salón. Dejó
la cerveza sobre la mesa y me miró serio. “Tengo que hablar contigo de una
cosa.”
Fruncí el ceño con curiosidad y algo de miedo. Ryan no era
del tipo serio. Es mas, incluso las cosas serias se las tomaba a cachondeo. Y
que ahora estuviera así me ponía los pelos de punta.
“Dime” incité.
“Verás…” Se rascó la nuca buscando las palabras adecuadas.
“No es asunto mío, ¿vale? Y no puedo contarte todo, pero creo que necesitas
saberlo.”
Tragué saliva. “¿Qué pasa, Ryan?”
Cogió aire y lo soltó. “Justin está en algo muy malo ____.
Está metido hasta el fondo.”
“¿Cómo de malo?”
Ryan miró hacia la puerta de la habitación de Justin y se
acercó a mí.
“La clase de malo que no le gusta a nadie. Y es peligroso.
Necesito que me ayudes a sacarle de ello.” Susurró. Su cara mostraba preocupación
y ¿miedo? Oh Dios mío.
“¿Qué es?”
“No puedo decírtelo, no puedo.” Agachó la cabeza desviando
la mirada de mí. “Sólo prométeme que esto quedará entre nosotros. Cuando pueda
decirte mas te lo diré, confía en mí.” Levantó la vista encontrándose con mis
ojos. Me agarró por los hombros. “¿Prometido?”
Asentí. No era capaz de decir nada. ¿En qué estaba metido
Justin? ¿Por qué no me había dicho nada? ¿Por qué Ryan decía que era peligroso?
¿Le hacían daño? No, no… Justin es fuerte. Es el chico mas fuerte que conozco y
no dejarían que le hicieran nada. Nadie. Si él no le había dicho nada seguro
que podía solucionarlo. Pero, entonces, ¿por qué Ryan me lo cuenta de esta
forma? ¿Por qué siente miedo por su amigo? Él sabe como es Justin. Yo también
lo sé. Y ambos sabemos que no es invencible.
Ryan me soltó y volvió a la cocina, tragando esa cerveza
de una sola vez. Yo tomé tres profundas respiraciones antes de volver a la
habitación.
“¿Justin?” Susurré cerrando la puerta detrás de mi con el pie, con
cuidado de que nada de la bandeja se derramara. Mi cuerpo temblaba todavía. La
conversación anterior no había sido demasiado buena para un domingo por la
mañana. Hice caso a lo que mi corazón me decía. Olvídate de eso en este
momento, disfruta. Estas con él, lo demás importará luego. Y además, el único
que puede contarte algo de verdad es Justin. Tiene que decírtelo él.
Por lo tanto, dejé la bandeja sobre la mesilla y me subí a
la cama. “¿Justin?”
Al no recibir respuesta no me quedó alternativa. Me coloqué
en mi lado y empecé a pegar saltos sobre la cama intentando no pisarle.
“¡Buenos días!” Grité mientras no dejaba de saltar y reír.
En este momento me sentía como una niña el día de navidad. Sabía que me la
estaba jugando pero no me importaba. Me lo debía por la noche anterior.
Seguí saltando oyendo de vez en cuando los muelles
aguantar mi peso.
“Es hora de levantarse.”
Entonces pasó muy rápido. Una mano agarró mi pie tirando
hacia abajo haciendo que tropezara y cayera sobre la cama al tiempo que un
cuerpo se colocaba poco después sobre mí, con una sonrisa sumamente seductora.
“¿Te parece una buena idea despertar así a tu novio?”
Preguntó con una sonrisa.
“Bueno, si le llamo varias veces y no responde, ¿qué podía
hacer?”
“¿Tal vez un beso de ‘buenos días’?” Dijo inclinándose
sobre mí para unir nuestros labios. Pero yo fui mas rápida y giré mi cara
haciendo que besara mi mejilla. Cuando se hubo dado cuenta se apartó y frunció
el ceño pero todavía había diversión en su rostro.
Negué con la cabeza. “Eso sería demasiado común. Mejor
saltar.”
“¿Esto es una venganza o algo así?” Se inclinó de nuevo
esta vez mordiendo mi mejilla.
“Debería serlo por todo lo de anoche.”
Soltó un gruñido y dejó caer su cabeza sobre mi hombro. “Dios,
no me acuerdo de nada.”
“¿De nada?” Mordí mi labio con nerviosismo.
“Bueno… Recuerdo beber, beber mucho. Y a una chica… Se
acercó y quiso que la invitara a algunos tragos pero yo solo quería ir al baño
a mear.” Esa parte me hizo sonreír. Me imagina a Cath arrascándose por una
invitación mientras él intentaba librarse de ella. Luego viniste tu… Y nos
besamos. Tenías los pezones duros, por cierto.”
Abrí los ojos de par en par y le golpeé el pecho varias
veces. “Eres. Un. Idiota.” Dije separando bien las palabras mientras mi rostro
se volvía completamente rojo.
Justin rió con ganas y atrapó mis manos colocándolas
encima de mi cabeza. Lamió sus labios y sonrió de manera lasciva.
“No me niegues que no estuviste dispuesta a mas.”
“No Justin, el beso fue horrible, estabas completamente
borracho.”
“Solo un poco… Además tu me cuidaste, estaba en buenas
manos.” Susurró inclinándose sobre mi para besar mi cuello. Lento, dulce,
derritiéndome. Joder.
“Para, Justin… He traído el desayuno.” Comenté como pude.
Levantó la cabeza y rió. “Primero mi beso de ‘buenos días’”
“¿Y si no quiero?” Levanté las cejas haciéndome la
rebelde. La verdad es que tenía muchas ganas de besarle. Lento, rápido, fuerte,
suave. Como fuera. Pero quería besarle.
“Eres una pésima mentirosa, gatita.” Mierda. “Quiero mi beso, o sino no te levantarás de aquí nunca.”
No era tan mala idea.
“¿Es un chantaje?” Me moví intentando librar mis manos de su agarre. Misión
fallida.
“Es una amenaza.” Susurró contra mis labios. “Ahora bésame.”
“Idiota.”
“Fea.”
“Pesado.”
“Orgullosa.”
“Yo no so-“ Sus labios se unieron a los míos antes de que
pudiera murmurar algún otro insulto.
Este fue del tipo de beso que sólo existen en los cuentos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario