"Va acumplir 20 años y tiene pene. Joder, si le gustará."
Justin:
Viernes por la noche
Apreté la pistola en mi puño. Arwin y yo habíamos llegado
demasiado pronto. Nos tocaba esperar. Esperaba que todo acabara lo mas rápido
posible. Era la segunda vez que hacía algo como esto y la primera no salió
especialmente bien. Evan salió herido. Y por mi culpa.
Arwin hizo un gesto con la cabeza y le seguí con rapidez.
Nuestro plan consistía en entrar y salir. No teníamos tiempo para entretenernos
con nada. Debíamos encontrar lo que andábamos buscando a la
primera y salir a toda leche. No podían cogernos. Arwin hizo palanca en la
puerta y la abrió de un golpe. Metió la cabeza echando un vistazo al interior.
Me miró y asintió. Despejado. Era la hora de entrar.
Arwin avanzó con paso decidido por el almacén. Las
cajas se apilaban una encima de otra a nuestro alrededor, por todas
partes, sin dejar casi suelo por el que caminar. Avanzamos pegados,
pero protegiéndonos el uno al otro. Arwin buscaba de un lado a
otro aquello que veníamos a encontrar. Yo nunca sabía que era. Yo solo servía
para proteger y de anzuelo. Nunca me contaban el plan. Nunca me decían por qué
ese sitio, por qué esa persona, por qué aquella situación. Iba a ciegas.
Siempre. Y eso es lo que mas me acojonaba.
Arwin encontró lo que veníamos a buscar y me lo señaló.
Asentí al comprenderlo. Como siempre, droga. Unos cuantos montones de droga que
le habían robado a Tony o que él (nosotros) se encargaba de robar. Nos
acercamos en una carrera guardando nuestras armas en los pantalones para poder
meter las bolsas dentro de las mochilas. No había nadie a la vista. Esto no
pintaba nada bien. Metimos cuatro bolsas dentro. Dos por cada mochila y nos
preparamos para salir. Esto estaba resultando demasiado fácil. Incluso un
simple aprendiz se hubiera dado cuenta. Cuando me colgué la mochila me fije en
el montón. En un pequeño hueco había una cuenta atrás. Quedaban 30 segundos
para que llegara a cero. Mi cuerpo se quedó rígido y completamente frío.
"Una bomba." Tragué saliva.
"Bieber, corre."
Ninguno esperó a nada mas. Salimos corriendo lo máximo
posible. Las piernas dolían por la fuerza con la que mis pies se impulsaban
contra el suelo. Cada vez que miraba a la salida la veía mas y mas lejos.
Fuimos apartando cajas de nuestro camino. Teníamos que salir. Tengo que salir. Vamos, joder.
Alguien gritó al fondo, pero no nos detuvimos. Ni tampoco
lo hicimos cuando las balas casi nos rozaban. Se nos acercaban, pero ¿y la
bomba? Creo que ni sus secuaces tenían ni idea de lo que había allí
dentro.
La puerta quedaba a solo dos metros. Acortamos la distancia
y en el instante en el que la puerta volvió a cerrarse el almacén salió por los
aires. El impacto de la bomba nos tiró hacia delante. Caí al suelo sobre mi
costado. Mis oídos me pitaban y estaba totalmente desorientado. El fuego nos podría
alcanzar en cualquier momento.
Arwin fue el primero en ponerse de pie. Se acercó a mi y
tiró de mi brazo para que pudiera levantarme. Ni siquiera esperó a que me
estabilizara. Salió corriendo indicándome el camino hacia el coche. Había que
salir de allí.
_____;
"_____, por favor, deja de hacer el tonto. Estas
increíble." Gritó Danna con alegría.
"¿Tu crees que le gustará?" Mordí mi labio
mirándome en el espejo.
Estábamos en la tienda de Victoria's Secret. Danna había
conseguido convencerme de que era un buen regalo comprarme algo de ropa
'especial' para el cumpleaños de Justin. Y aquí estaba, como una idiota delante
del espejo con uno de esos modelitos que no dejaban nada a la imaginación pero
eran increíblemente sexys. El que llevaba era morado oscuro. El sujetador casi
hacía que se viera mi pecho entero y la parte de abajo digamos que era
demasiado trasparente. Mi cuerpo entero estaba teñido de rojo por la vergüenza.
Todavía no sabía como había acabo aquí.
"Va acumplir 20 años y tiene pene. Joder, si le
gustará."
Reí por su comentario y la eché fuera del probador.
"Ale, ale, me lo llevo, pesada."
Levantó los pulgares y sonrió con gesto de aprobación
mientras salía y me permitía volver a mi ropa. La verdad es que la echaba de
menos.
"Por cierto, yo ya tengo elegido unos cuantos
modelos."
Saqué la cabeza del probador y miré las 6 prendas que
sujetaba en sus manos. Fruncí el ceño.
"Danna, eso no esconde nada."
"Es de lo que se trata." Me guiñó un ojo de
manera seductora y reí metiendo de nuevo la cabeza.
Una vez me hube cambiado y pagamos volvimos al frío
invierno de Marzo. Menos mal que para la noche de mañana predecían una buena
noche.
"¿Tienes todo listo para mañana?"
Asentí. "Ryan se llevará a Justin a un partido de los
Heats y mientras nosotras preparemos las cosas en su casa."
"Me refería a los regalos..." Danna rodó los
ojos.
"Oh, eso, si, también lo tengo previsto."
"No vas a decirme que es, ¿verdad?"
Sonreí con malicia. "Ni loca."
Me sacó
la lengua. "Eres una pésima amiga, que sepas que el sexo no superará mi
regalo."
Reí por aquella afirmación. "¿Y qué se supone que
es?"
"Ryan y yo le vamos a regalar unos patines de hockey.
Ya sabes, ultra deslizantes."
"Danna, tú no sabes nada de hockey y menos de
patines..."
"Pero por suerte, Ryan sí así que todo
arreglado."
Bip, bip.
Saqué el móvil del bolsillo. Número desconocido. Fruncí el
ceño y me quedé quieta. ¿Quién demonios...?
"¿Quién es?"
"No lo sé."
"A ver... A lo mejor es una de estas líneas
calientes" Dijo con una sonrisa.
"¡Danna!" Me quitó el móvil antes de que yo
pudiera decir o hacer cualquier cosa.
Abrió el menú y se dirigió a la zona de mensajes. Se echó
el móvil hacia atrás para que yo no pudiera leerlo haciéndome de rabiar. Pero
su sonrisa se apagó cuando leyó el mensaje.
"¿Qué pasa?"
"____..."
Cogí el teléfono de entre sus manos y leí aquel mensaje. Mi
respiración se cortó cuando esas líneas acabaron. Y mi corazón se paró cuando
vi todo lo que contenía.
De: Desconocido.
Deberías saber qué hace tú novio cuando no estas con él,
gatita.
Había una imagen adjunta. Un edificio en llamas.
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