lunes, 17 de marzo de 2014

Capitulo 42

"Tengo uno de los mejores amigos que se puedan encontrar en el mundo."




Justin:

Sábado por la noche:

“Menudo partidazo, tío.”
“Ryan, lo has repetido desde que se ha acabado el partido. Ya lo sé, he estado ahí.”
“Cuando LeBron ha hecho ese pedazo de mate. Y y y y, cuando Andersen ha encestado ese impresionante triple.” Casi gritó entusiasmado. “Ha sido una jodida pasada.”
Yo solo pude reír mientras salíamos del coche y nos dirigíamos a la entrada de casa.
“Por cierto, felicidades de nuevo.” Dijo dándome un golpe amistoso en la espalda.
“¿Vas a decirlo muchas veces mas? Porque creo que con esta en la décima.” Comenté con una sonrisa.
Hoy era mi cumpleaños. Sí, por fin cumplía 20 años y la verdad es que los notaba diferente. No es que yo me sintiera así, sino que, había tenido la sensación de que algo malo iba a ocurrir este día. No me olía nada bien.
Ryan me levantó esta mañana gritando a los cuatro vientos mi regalo de cumpleaños. Unos pases para segunda fila en el partido de los Heats contra Houston Rockets en el que habíamos ganado por una diferencia de nueve puntos. El partido había estado bastante interesante y movido. La verdad es que habíamos disfrutados como niños los dos. Sobre todo Ryan cuando salieron las animadoras y el pobre creaba un río con su baba.
_____ sólo me había mandado un mensaje de ‘feliz cumpleaños’ a las doce de la noche. Había sido la primera en felicitarme pero no habíamos hablado mucho mas. Deseaba haber podido pasar este día con ella, pero yo tenía un partido al que asistir y ella la boda de su prima. La echaba de menos, mucho. Y algo dentro de mí decía que algo no andaba del todo bien entre nosotros. Esta semana a penas la había visto y joder, no aguantaba sin verla mucho mas tiempo. ¿Por qué coño celebraba su prima su boda en Marzo? ¿No se supone que la gente prefiere el buen tiempo? Que asco.
“Tío, no todos los días se cumplen 20 tacos, so viejo.” Respondió mientras metía la llave en la cerradura.
“Tu los cumples también este año.” Me defendí.
“Pero aún me quedan meses de juventud.” Abrió la puerta con una sonrisa. Después se inclinó e hizo una reverencia. “Adelante, su majestad.”
Levanté una ceja sin saber muy bien que era lo que estaba haciendo. Me encogí de hombros y entré por la puerta quitándome la chaqueta para poder dejarla en su sitio. Ryan entró justo detrás.
“Tío, necesitas que te miren la cabeza.”
Cuando la puerta se cerró, la luz se encendió casi a la vez.
“¡SORPRESA!”
Abrí los ojos totalmente sorprendido. Todos mis amigos estaban en el salón, detrás del sofá, saliendo de un armario, de la cocina, agachados bajo la mesa. ¿Habían hecho una fiesta para mi? ¿Qué co-?
“Felicidades, tigre.”
Su suave voz hizo que la buscara con la mirada mientras se acercaba a mí. Ahora era cuando realmente disfrutaba de mi cumpleaños. Me rodeó el cuello con ambos brazos y la acerqué a mí totalmente cuando mis manos apretaron su cintura. Sus labios encontraron los míos y fue como si el mundo exterior no existiera. Este era un buen regalo de cumpleaños, el mejor sin duda. Echaba de menos su piel, su olor, sus labios, sus caricias, su voz. Echaba de menos todo de ella y mas. Nuestras lenguas se rozaron, enviando calor por todo mi cuerpo. Quería mas, mas, mas de ella. De todo lo que hacíamos juntos. De todo lo que me daba. Quería mas.
Pero cuando los silbidos de los presentes en la habitación llegaron a nosotros, nos apartamos. Fruncí mi ceño lanzándoles una mirada a todos los presentes mientras ____ se sonrojaba y se medio escondía detrás de mí.
“¡Porno, porno, porno!” Cantaba Ryan con ánimo.
Yo le di una mirada todavía mas peligrosa seguido de mi mano estampada contra su nuca.
“¡AH! Tío, Justin, que duele.”
“Para con eso.” Amenacé.
“Bueno, bueno. ¡Que empiece la fiesta!” Gritó Danna. Apretó el play del aparato de música y un ruido constante llenó toda la casa.
Ryan se olvidó pronto del dolor y se dirigió al centro de la pista improvisada y empezó a bailar de esa forma tan suya. Esa en la que según él atraía a todas las chicas. Esa en la que según yo y el resto de la humanidad decía que parecía un pingüino. Sonreí al verle tan animado.
Eric y Danna fueron por el mismo camino, riendo y bailando al ritmo de la música. Todos los demás, Evan, John, Sally, Adrian, Julia, incluso el gilipollas de Matt, se fueron acercando a mi para felicitarme.
No aparté a ____ ni un segundo de mí. Mi brazo la rodeaba y no dejaba que se marchara. Después de casi una semana merecía tenerla un buen rato para mi. La miré sonriendo y eso hizo que se sonrojara y se mordiera el labio. Entrelacé sus dedos con los míos tirando suavemente de ella hacia el centro del salón. Ella negó con la cabeza y me dio un fuerte tirón hacia ella. Volvió a unir sus labios con los míos y estaba vez nos demoramos un poco mas. Disfrutando el uno del otro. Saboreando cada lugar. Deleitándonos con el aliento del otro.
Cuando nuestros pulmones necesitaron oxígeno con urgencia nos separamos. Lamí mis labios mientras observaba esos grandes ojos verdes. Se la veía feliz, pero algo en su mirada no estaba bien.
“____, ¿qué pa-“
“Ven, voy a darte tu regalo.” Dijo antes de que pudiera terminar.
Me llevó hasta mi cuarto cerrando la puerta tras de sí, no sin antes oírse las risas de Danna y Eric después de que este último gritara: “¡Usar precaución!”
____ me soltó la mano y sacó un pequeño sobre que había guardado en su abrigo, ahora perdido de nuevo entre el gran montón de ellos que había sobre mi cama. Era bueno saber que había usado tu cuarto de guardarropa.
Me extendió el sobre esta vez con algo mas de felicidad en los ojos. Estaba actuando y no sabía por qué. Tal vez, ella… No, no era posible que se hubiera enterado. Ryan no me haría eso. Podía contar con él, siempre. Nunca diría nada. Pero, ¿y sí…?
“Gatita, dime que-“
“Toma, ábrelo.” Susurró interrumpiéndome de nuevo.
Sonreí como pude y asentí, atrapando el sobre de sus manos. Lo abrí con cuidado temiendo romper lo que había dentro. El sobre no era pesado, por lo que debía de ser algo de papel, tal vez otras entradas, o…
Cuando lo abrí y vi el contenido, no pude aceptarlo. “____, esto… esto es demasiado, yo…”
“Sabía que querías ir a ver a tu familia. Además, no es nada, tenía suficiente ahorrado para poder comprar los billetes.”
Saqué los billetes como si al cualquier movimiento brusco pudieran romperse. Me había regalado unos billetes para ir a ver a mi familia, para viajar a Canadá, para ver a mi abuelo.
“No puedo, ___.”
“Si puedes, son tuyos. Es uno de mis regalos.” Se sonrojó y mordió su labio. “Sólo espero que me lleves a mí contigo. Tengo que conocer a tu abuelo.”
“Gracias.” Sonreí. Sonreí de verdad. Sonreí porque este era el mejor regalo que alguien pudiera haberme hecho. Claro que la llevaría conmigo, la llevaría conmigo siempre y a donde fuera. Lejos, cerca, a la Luna. “Gracias, gracias, gracias.” Solté riendo mientras iba hasta ella y la rodeaba con mis brazos haciéndola girar conmigo. Su risa era música para mis oídos.
Cuando la dejé en el suelo caí en la cuenta de algo.
“¿Y cuál es mi otro regalo?” Pregunté con voz ronca.
Ella mordió su labio y acercó sus labios a los míos. Rozándolos susurró unas palabras que hicieron que mi amigo cobrara vida. “Está debajo de la ropa. Y lo enseña, todo.”
Toc, toc, toc.
“Eh, tortolitos.” Ryan asomó su cabeza a través de la puerta. “Vamos a encender la tarta, necesito al cumpleañero.”
Suspiré luchando contra mis instintos de salir ahí fuera y echarles a todos para que ____ y yo pudiéramos quedarnos completamente solos.
“Me necesitan.”
“Te necesitan” susurró con una sonrisa.
Me acerqué a ella y besé su mejilla. Antes de separarme e irme con Ryan susurré en su oído: “Luego tengo que hablar contigo.” Creí que ya iba siendo hora de ser sinceros.


Salí con Ryan para encontrarme todos alrededor de la pequeña mesa del salón. Había una tarta justo en medio con dos velas, un 0 y un 20. Me reí cuando Ryan fue abriendo paso hasta ella gritando cosas como: aquí está el cumpleañero, dejad paso al viejuno, y cosas por el estilo.
“Atención, antes de que este chico sople las velas y pida un deseo voy a decir unas palabras.” Proclamó Ryan sacando pecho.
Un ‘buuuh’ general se oyó por parte de todos.
“Hace ya muchos años desde que conozco a este retrasado de aquí.”
“Eh” Me quejé con una sonrisa.
Ryan me guiñó un ojo y siguió con su discurso. “Puede que a veces sea un vago, se le olviden las cosas, se tire mas tiempo en el baño que una tía y que se pasee medio desnudo por la casa. Pero es el tío mas increíble que he conocido. Es un hermano para mí, siempre lo he dicho. Creo que nos separaron al nacer.” Soltó una risa y continuó. “A veces me saca de quicio, no sabe hasta donde llegar. Pero nunca me ha fallado, siempre ha estado conmigo en lo bueno y en lo peor. Tengo uno de los mejores amigos que se puedan encontrar en el mundo. Y sí, me estoy volviendo muy amariconado.” Levantó la copa en dirección de Eric. “Perdona por la expresión, tío. Pero nunca, nunca, voy a poder agradecerle todo lo que ha hecho por mi. Felicidades, Justin.” Me sonrió y me levanté dándole un fuerte abrazo.
No sabía que el que de verdad tenía suerte en tener a alguien como él era yo. Era mi hermano, no un simple amigo. Había sido así desde la guardería.
“Sopla las velas ahora antes de que se derritan y no haya quien se coma la tarta.”
“Ya voy, plasta.”
Me incliné y cerré los ojos. Pensé en el deseo que mas quería. Y soplé las velas.


Eran casi las 3:30 de la mañana. Habíamos estado toda la noche bebiendo, riendo y bailando como críos. Pero era lo que todavía éramos, unos simples chavales. Había bailado con Danna, con ____, hasta con Eric. Y no había dejado de hacer bromas con Ryan y los demás. ____ estaba mas relajada que antes, y se la veía empezar a disfrutar de la fiesta. Pero yo todavía quería hablar con ella y dejar todo claro. Soltar la verdad antes de que me explotara en la cara. Y quería saber qué era aquello que de verdad la preocupa.
La música estaba tan alta que casi me costó oír el sonido del timbre. Fui hasta la puerta para encontrarme con aquello que jamás esperaba. Recé porque todo fuera una alucinación. Esto debía de ser el alcohol.
“Hola, Justin. Tenemos trabajo. ¿Está el señor Johnson por aquí?”
Tony estaba en la puerta, junto con dos gorilas que impedían la visión de la calle mas allá.


Estaba jodido. Muy jodido.

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