"Tengo uno de los mejores amigos que se puedan encontrar en el mundo."
Justin:
Sábado por
la noche:
“Menudo partidazo, tío.”
“Ryan, lo has repetido
desde que se ha acabado el partido. Ya lo sé, he estado ahí.”
“Cuando LeBron ha hecho ese
pedazo de mate. Y y y y, cuando Andersen ha encestado ese impresionante
triple.” Casi gritó entusiasmado. “Ha sido una jodida pasada.”
Yo solo pude reír mientras
salíamos del coche y nos dirigíamos a la entrada de casa.
“Por cierto, felicidades de
nuevo.” Dijo dándome un golpe amistoso en la espalda.
“¿Vas a decirlo muchas
veces mas? Porque creo que con esta en la décima.” Comenté con una sonrisa.
Hoy era mi cumpleaños. Sí,
por fin cumplía 20 años y la verdad es que los notaba diferente. No es que yo
me sintiera así, sino que, había tenido la sensación de que algo malo iba a
ocurrir este día. No me olía nada bien.
Ryan me levantó esta mañana
gritando a los cuatro vientos mi regalo de cumpleaños. Unos pases para segunda
fila en el partido de los Heats contra Houston Rockets en el que habíamos
ganado por una diferencia de nueve puntos. El partido había estado bastante
interesante y movido. La verdad es que habíamos disfrutados como niños los dos.
Sobre todo Ryan cuando salieron las animadoras y el pobre creaba un río con su
baba.
_____ sólo me había mandado
un mensaje de ‘feliz cumpleaños’ a las doce de la noche. Había sido la primera
en felicitarme pero no habíamos hablado mucho mas. Deseaba haber podido pasar
este día con ella, pero yo tenía un partido al que asistir y ella la boda de su
prima. La echaba de menos, mucho. Y algo dentro de mí decía que algo no andaba
del todo bien entre nosotros. Esta semana a penas la había visto y joder, no
aguantaba sin verla mucho mas tiempo. ¿Por qué coño celebraba su prima su boda
en Marzo? ¿No se supone que la gente prefiere el buen tiempo? Que asco.
“Tío, no todos los días se
cumplen 20 tacos, so viejo.” Respondió mientras metía la llave en la cerradura.
“Tu los cumples también
este año.” Me defendí.
“Pero aún me quedan meses
de juventud.” Abrió la puerta con una sonrisa. Después se inclinó e hizo una
reverencia. “Adelante, su majestad.”
Levanté una ceja sin saber
muy bien que era lo que estaba haciendo. Me encogí de hombros y entré por la
puerta quitándome la chaqueta para poder dejarla en su sitio. Ryan entró justo
detrás.
“Tío, necesitas que te
miren la cabeza.”
Cuando la puerta se cerró,
la luz se encendió casi a la vez.
“¡SORPRESA!”
Abrí los ojos totalmente
sorprendido. Todos mis amigos estaban en el salón, detrás del sofá, saliendo de
un armario, de la cocina, agachados bajo la mesa. ¿Habían hecho una fiesta para
mi? ¿Qué co-?
“Felicidades, tigre.”
Su suave voz hizo que la
buscara con la mirada mientras se acercaba a mí. Ahora era cuando realmente
disfrutaba de mi cumpleaños. Me rodeó el cuello con ambos brazos y la acerqué a
mí totalmente cuando mis manos apretaron su cintura. Sus labios encontraron los
míos y fue como si el mundo exterior no existiera. Este era un buen regalo de
cumpleaños, el mejor sin duda. Echaba de menos su piel, su olor, sus labios,
sus caricias, su voz. Echaba de menos todo de ella y mas. Nuestras lenguas se
rozaron, enviando calor por todo mi cuerpo. Quería mas, mas, mas de ella. De
todo lo que hacíamos juntos. De todo lo que me daba. Quería mas.
Pero cuando los silbidos de
los presentes en la habitación llegaron a nosotros, nos apartamos. Fruncí mi
ceño lanzándoles una mirada a todos los presentes mientras ____ se sonrojaba y
se medio escondía detrás de mí.
“¡Porno, porno, porno!”
Cantaba Ryan con ánimo.
Yo le di una mirada todavía
mas peligrosa seguido de mi mano estampada contra su nuca.
“¡AH! Tío, Justin, que
duele.”
“Para con eso.” Amenacé.
“Bueno, bueno. ¡Que empiece
la fiesta!” Gritó Danna. Apretó el play del aparato de música y un ruido
constante llenó toda la casa.
Ryan se olvidó pronto del
dolor y se dirigió al centro de la pista improvisada y empezó a bailar de esa
forma tan suya. Esa en la que según él atraía a todas las chicas. Esa en la que
según yo y el resto de la humanidad decía que parecía un pingüino. Sonreí al
verle tan animado.
Eric y Danna fueron por el
mismo camino, riendo y bailando al ritmo de la música. Todos los demás, Evan,
John, Sally, Adrian, Julia, incluso el gilipollas de Matt, se fueron acercando
a mi para felicitarme.
No aparté a ____ ni un
segundo de mí. Mi brazo la rodeaba y no dejaba que se marchara. Después de casi
una semana merecía tenerla un buen rato para mi. La miré sonriendo y eso hizo
que se sonrojara y se mordiera el labio. Entrelacé sus dedos con los míos
tirando suavemente de ella hacia el centro del salón. Ella negó con la cabeza y
me dio un fuerte tirón hacia ella. Volvió a unir sus labios con los míos y
estaba vez nos demoramos un poco mas. Disfrutando el uno del otro. Saboreando
cada lugar. Deleitándonos con el aliento del otro.
Cuando nuestros pulmones
necesitaron oxígeno con urgencia nos separamos. Lamí mis labios mientras
observaba esos grandes ojos verdes. Se la veía feliz, pero algo en su mirada no
estaba bien.
“____, ¿qué pa-“
“Ven, voy a darte tu
regalo.” Dijo antes de que pudiera terminar.
Me llevó hasta mi cuarto
cerrando la puerta tras de sí, no sin antes oírse las risas de Danna y Eric
después de que este último gritara: “¡Usar precaución!”
____ me soltó la mano y
sacó un pequeño sobre que había guardado en su abrigo, ahora perdido de nuevo
entre el gran montón de ellos que había sobre mi cama. Era bueno saber que
había usado tu cuarto de guardarropa.
Me extendió el sobre esta
vez con algo mas de felicidad en los ojos. Estaba actuando y no sabía por qué.
Tal vez, ella… No, no era posible que se hubiera enterado. Ryan no me haría
eso. Podía contar con él, siempre. Nunca diría nada. Pero, ¿y sí…?
“Gatita, dime que-“
“Toma, ábrelo.” Susurró
interrumpiéndome de nuevo.
Sonreí como pude y asentí,
atrapando el sobre de sus manos. Lo abrí con cuidado temiendo romper lo que
había dentro. El sobre no era pesado, por lo que debía de ser algo de papel,
tal vez otras entradas, o…
Cuando lo abrí y vi el
contenido, no pude aceptarlo. “____, esto… esto es demasiado, yo…”
“Sabía que querías ir a ver
a tu familia. Además, no es nada, tenía suficiente ahorrado para poder comprar
los billetes.”
Saqué los billetes como si
al cualquier movimiento brusco pudieran romperse. Me había regalado unos
billetes para ir a ver a mi familia, para viajar a Canadá, para ver a mi
abuelo.
“No puedo, ___.”
“Si puedes, son tuyos. Es
uno de mis regalos.” Se sonrojó y mordió su labio. “Sólo espero que me lleves a
mí contigo. Tengo que conocer a tu abuelo.”
“Gracias.” Sonreí. Sonreí
de verdad. Sonreí porque este era el mejor regalo que alguien pudiera haberme
hecho. Claro que la llevaría conmigo, la llevaría conmigo siempre y a donde
fuera. Lejos, cerca, a la Luna.
“Gracias, gracias, gracias.” Solté riendo mientras iba hasta ella y la rodeaba
con mis brazos haciéndola girar conmigo. Su risa era música para mis oídos.
Cuando la dejé en el suelo
caí en la cuenta de algo.
“¿Y cuál es mi otro
regalo?” Pregunté con voz ronca.
Ella mordió su labio y
acercó sus labios a los míos. Rozándolos susurró unas palabras que hicieron que
mi amigo cobrara vida. “Está debajo de la ropa. Y lo enseña, todo.”
Toc, toc, toc.
“Eh, tortolitos.” Ryan
asomó su cabeza a través de la puerta. “Vamos a encender la tarta, necesito al
cumpleañero.”
Suspiré luchando contra mis
instintos de salir ahí fuera y echarles a todos para que ____ y yo pudiéramos
quedarnos completamente solos.
“Me necesitan.”
“Te necesitan” susurró con
una sonrisa.
Me acerqué a ella y besé su
mejilla. Antes de separarme e irme con Ryan susurré en su oído: “Luego tengo
que hablar contigo.” Creí que ya iba siendo hora de ser sinceros.
Salí con Ryan para
encontrarme todos alrededor de la pequeña mesa del salón. Había una tarta justo
en medio con dos velas, un 0 y un 20. Me reí cuando Ryan fue abriendo paso
hasta ella gritando cosas como: aquí está el cumpleañero, dejad paso al
viejuno, y cosas por el estilo.
“Atención, antes de que
este chico sople las velas y pida un deseo voy a decir unas palabras.” Proclamó
Ryan sacando pecho.
Un ‘buuuh’ general se oyó
por parte de todos.
“Hace ya muchos años desde
que conozco a este retrasado de aquí.”
“Eh” Me quejé con una
sonrisa.
Ryan me guiñó un ojo y
siguió con su discurso. “Puede que a veces sea un vago, se le olviden las
cosas, se tire mas tiempo en el baño que una tía y que se pasee medio desnudo
por la casa. Pero es el tío mas increíble que he conocido. Es un hermano para
mí, siempre lo he dicho. Creo que nos separaron al nacer.” Soltó una risa y
continuó. “A veces me saca de quicio, no sabe hasta donde llegar. Pero nunca me
ha fallado, siempre ha estado conmigo en lo bueno y en lo peor. Tengo uno de
los mejores amigos que se puedan encontrar en el mundo. Y sí, me estoy
volviendo muy amariconado.” Levantó la copa en dirección de Eric. “Perdona por
la expresión, tío. Pero nunca, nunca, voy a poder agradecerle todo lo que ha
hecho por mi. Felicidades, Justin.” Me sonrió y me levanté dándole un fuerte
abrazo.
No sabía que el que de
verdad tenía suerte en tener a alguien como él era yo. Era mi hermano, no un
simple amigo. Había sido así desde la guardería.
“Sopla las velas ahora
antes de que se derritan y no haya quien se coma la tarta.”
“Ya voy, plasta.”
Me incliné y cerré los
ojos. Pensé en el deseo que mas quería. Y soplé las velas.
Eran casi las 3:30 de la
mañana. Habíamos estado toda la noche bebiendo, riendo y bailando como críos.
Pero era lo que todavía éramos, unos simples chavales. Había bailado con Danna,
con ____, hasta con Eric. Y no había dejado de hacer bromas con Ryan y los
demás. ____ estaba mas relajada que antes, y se la veía empezar a disfrutar de
la fiesta. Pero yo todavía quería hablar con ella y dejar todo claro. Soltar la
verdad antes de que me explotara en la cara. Y quería saber qué era aquello que
de verdad la preocupa.
La música estaba tan alta
que casi me costó oír el sonido del timbre. Fui hasta la puerta para
encontrarme con aquello que jamás esperaba. Recé porque todo fuera una
alucinación. Esto debía de ser el alcohol.
“Hola, Justin. Tenemos
trabajo. ¿Está el señor Johnson por aquí?”
Tony estaba en la puerta,
junto con dos gorilas que impedían la visión de la calle mas allá.
Estaba jodido. Muy jodido.
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