viernes, 31 de enero de 2014

Capitulo 36

Justin:

Otra vez el mismo sonido. Otra vez el mismo golpe. Mis nudillos contra la carne blanda de su mejilla. Pam, pam. Van de dos en dos, o tal vez de tres. No lo sé. La mente se me nubla en este momento. Tengo que concentrarme en lo que estoy haciendo. Tengo que fijarme en mi único objetivo. Y no es la persona que está sentada delante de mí, es otra. Otra que ahora estará en su cama, durmiendo, con sus preciosos ojos cerrados ajenos a toda esta sangre. Porque jamás debería ver algo así, porque no lo hará.
Mis manos empiezan a doler. Llevo golpeando fuerte bastante tiempo. El tipo sangra, gime, escupe lo que tiene dentro pero no habla. Nunca hablan. Y eso me cabrea mas todavía, porque quiero irme. Quiero salir de todo esto y protegerla. Protegerla de aquel que me causa esto. Y por eso tiene que hablar.
Mi puño golpea de nuevo en su rota nariz. La sangre le mancha la cara y toda la camiseta. Pero él sólo se ríe. Y maldita sea, yo no quiero esto. No quiero pegarle, no quiero estar aquí dentro por mas tiempo. Habla jodido inútil, habla.
El eco de su risa se extendió por la habitación. Había dicho esas palabras en alto. Escupió la sangre que le llenaba la boca hacia un lado. Estaba desecho. Su jefe le había metido en todo esto y él iba a aguantar. No iba a decir absolutamente nada.
Tu tiempo se acaba, Parker.” Amenazó Watson detrás de mí.
Estábamos en uno de sus almacenes. Todo estaba completamente vacío. La habitación la llenaba la lámpara sobre mi cabeza y la silla en el centro, justo de bajo. Parker estaba atado de manos y pies a la silla, destrozado por cada uno de mis golpes. Watson y Greg estaban justo detrás de mi. A dos metros de distancia de la acción. Tony estaba fumando un grueso puro y Greg mantenía los brazos cruzados mirando impasible la escena. Yo hacía todo el trabajo sucio.
No... no diré... nada.” Las palabras costaban. Parker tenía la boca inflamada y llena de sangre, y apostaba que había algún que otro diente roto.
Justin.” Llamó dándome pie.
Levanté el arma y lo apreté contra su sien. Le miraba fijamente a los ojos buscando algún rastro de miedo en su expresión. Nada. Iba a morir. Empujé el arma contra su cabeza.
Habla, ¿donde lo tenéis?” Grité.
Él sólo sonrió mostrando su dentadura ensangrentada. Esto no me gustaba, no me gustaba nada. Cargué la pistola y volví a pegarla con fuerza contra el lado izquierdo de su cabeza. Parker se puso serio al ver que no estaba jugando. Tragó saliva y me miró observando cada uno de mis movimientos. Intentaba relajar mi respiración, mi corazón en cambio, era diferente.
Dispara.” Ordenó Tony.
Asentí y tensé mi mandíbula. Si hacia esto me convertiría en un asesino. Si hacia esto cargaría este peso en mi consciencia toda la vida. Si lo hacía iba a perderme a mi mismo, a ella, todo. Pero si no lo hacía también.
Mi dedo rodeó el gatillo. Tragué saliva y miré a mi victima. Tal vez tendría familia, tal vez tendría a alguien quien le echaría de menos. Tal vez tenía un futuro que llevar a cabo. ¿Y yo iba a arrebatárselo? ¿Por ella? Dios, haría cualquier cosa por ella, cualquier cosa. Pero, ¿esto? Convertirme en un asesino...
El eco del disparo invadió el aire. El agujero de bala se veía perfectamente a esta distancia. En su cabeza. Limpio. Directo al cerebro. Había muerto al instante. Bajé el arma. Ardía en mi mano. Quemaba. Quería soltarla. Mis ojos estaban totalmente abiertos mirando el cuerpo sin vida de Parker. Mi respiración se había ido. Había un silencio total en la habitación. Apreté los dientes y aparté la mirada, Tony observaba totalmente serio.
Cuando se te ordena algo Bieber, espero que lo cumplas. Conoces el trato.”
Mi mano se aferró al arma descargándola. Greg bajó la suya, con una bala menos en el cartucho. Había tenido una puntería certera desde esa distancia. Si antes no le tenía miedo, ahora lo tenía.
Me giré encarandolo. “No iba a matarle.” Escupí.
Harás lo que yo diga y cuando diga, niñato.” Gritó con fuerza haciendo que mi cuerpo temblara. Nunca antes le había oído gritar así. Entendía porque todos le tenían miedo. Estaban chantajeados como yo o incluso de alguna manera peor.
Tiré la pistola a su pies y me di la vuelta queriendo salir. Encontré la puerta justo detrás de mí. Ni siquiera le eché un vistazo al cuerpo inerte de mi derecha. Necesitaba respirar. El trabajo por hoy había llegado a su fin y solo quería olvidarlo.
Escapé por la puerta recibiendo el frescor de la noche en la cara. Cerré de un portazo y me dirigí a mi moto. Necesitaba velocidad, necesitaba adrenalina. Olvidarme de todo. Fui directo hacia ella sacando las llaves del interior de mi chaqueta. Arranqué y le metí gas, una, dos, tres. Apreté el acelerador y dejé que mi pequeña me llevara a donde sabía que debía ir en este momento. Donde he ido cada noche después de esto.


No quedaba mucho para que llegara la primavera y el cielo estaba despejado. Desde aquí podía ver las estrellas infinitas, reflejadas en el agua, dibujadas en el cielo. Dejé escapar el humo despacio. Que bien sentaba esto. Ahora mismo sólo quería volar, irme lejos. Llevármela conmigo. Irnos a Canadá, sí, eso estaría bien.
Había vuelto a mi sitio secreto. Donde venía a recordar a mi abuelo, a donde venía cuando me sentía solo y perdido, donde la conté la verdad acerca de mi. Desde entonces habíamos seguido juntos y quería que fuera así siempre.
Eché mi cuerpo hacia atrás cerrando los ojos. El cigarrillo colgaba de mis labios. Amaba el sonido de las olas del mar golpeando las rocas. Siempre me imaginé con un futuro, lejos de aquí. Viajando por todo el mundo con una guitarra a cuestas. Incluso aunque fuera cantando en la calle para conseguir dinero. Me encantaría haber podido elegir una buena universidad, un buen trabajo. Pero ahora, con todo esto, el sueño se destruía mas y mas.
Tony me había llamado hace mas de un mes. Tenía un trabajo para mí. Lucharía de vez en cuando para ganar dinero para él y además haría su trabajo sucio. Mas o menos cada dos noches a la semana tenía un mensaje suyo con una dirección y un nombre. Yo tenía que prepararme para cualquier cosa y presentarme en seguida. No importara qué, no importara como. Me tocaba golpear y patear a quien fuere por mantenerla a salvo. Hubo una vez en la que no me fié, no pude. Y lo que obtení fue un mensaje amenazador y una foto de ____ en su habitación, tumbada, leyendo. Y la llamé, y se encontraba así. Y entonces supe que todo iba en serio. Que me tenían cogido por los huevos. Y haría y diría cualquier cosa. Pero hoy ha sido diferente, hoy me han pedido que matara a alguien y no pude. Me lo volverán a pedir y no podré, y joderé todo.
_____ no había vuelto a preguntarme sobre la nota ni sobre nada de aquel asunto. Pero sabía que había hablado con Ryan para intentar sonsacarle algo. Pero Ryan no sabía gran cosa, por lo que mi secreto seguía a salvo. Y así iba a continuar. Pero de todas formas, la había mentido. Las veces en las que he tenido que irme le dije que trabajaba, y en cierto modo era verdad. Tony me pagaba algo, no gran cosa, pero al menos así aparentaba ser un cabrón bueno. Y yo podría decir que tenía un trabajo. Le dije a _____ que trabajaba de mecánico. Aún mas mentiras a la lista.
Tomé una fuerte calada y tragué el humo lamiendo después mis labios. Quería que todo acabara.
Bip, bip. Mi móvil vibró dentro del bolsillo. Lo saqué y comprobé que era un mensaje.

De: _____

Te echo de menos. Odio tu trabajo :(

Mi corazón pegó un vuelco al saber quien era. Pero mi cuerpo se tensó al ver la clara mentira que siempre le decía.
Me levanté y tiré el cigarrillo lejos dejando que se apagara poco a poco con la brisa. Miré hacia el horizonte y cogí aire. Mañana empezaba un nuevo día, otra historia diferente, otras mentiras.
Respondí antes de marcharme. Era hora de volver a casa. Era hora de volver a mirarla y no decirla nada de todo esto. Era hora de protegerla, de ponerla por delante de todo. Sonreír cuando todo esta mal. Sonreír cuando no tienes ganas. Era hora de intentar ser un héroe, aunque no me sintiera como tal.

Para: _____

Yo también te echo de menos.

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