Justin:
Otra vez el mismo sonido. Otra vez el mismo golpe. Mis
nudillos contra la carne blanda de su mejilla. Pam, pam. Van de dos
en dos, o tal vez de tres. No lo sé. La mente se me nubla en este
momento. Tengo que concentrarme en lo que estoy haciendo. Tengo que
fijarme en mi único objetivo. Y no es la persona que está sentada
delante de mí, es otra. Otra que ahora estará en su cama,
durmiendo, con sus preciosos ojos cerrados ajenos a toda esta sangre.
Porque jamás debería ver algo así, porque no lo hará.
Mis manos empiezan a doler. Llevo golpeando fuerte
bastante tiempo. El tipo sangra, gime, escupe lo que tiene dentro
pero no habla. Nunca hablan. Y eso me cabrea mas todavía, porque
quiero irme. Quiero salir de todo esto y protegerla. Protegerla de
aquel que me causa esto. Y por eso tiene que hablar.
Mi puño golpea de nuevo en su rota nariz. La sangre le
mancha la cara y toda la camiseta. Pero él sólo se ríe. Y maldita
sea, yo no quiero esto. No quiero pegarle, no quiero estar aquí
dentro por mas tiempo. Habla jodido inútil, habla.
El eco de su risa se extendió por la habitación. Había
dicho esas palabras en alto. Escupió la sangre que le llenaba la
boca hacia un lado. Estaba desecho. Su jefe le había metido en todo
esto y él iba a aguantar. No iba a decir absolutamente nada.
“Tu tiempo se acaba, Parker.” Amenazó Watson detrás
de mí.
Estábamos en uno de sus almacenes. Todo estaba
completamente vacío. La habitación la llenaba la lámpara sobre mi
cabeza y la silla en el centro, justo de bajo. Parker estaba atado de
manos y pies a la silla, destrozado por cada uno de mis golpes.
Watson y Greg estaban justo detrás de mi. A dos metros de distancia
de la acción. Tony estaba fumando un grueso puro y Greg mantenía
los brazos cruzados mirando impasible la escena. Yo hacía todo el
trabajo sucio.
“No... no diré... nada.” Las palabras costaban.
Parker tenía la boca inflamada y llena de sangre, y apostaba que
había algún que otro diente roto.
“Justin.” Llamó dándome pie.
Levanté el arma y lo apreté contra su sien. Le miraba
fijamente a los ojos buscando algún rastro de miedo en su expresión.
Nada. Iba a morir. Empujé el arma contra su cabeza.
“Habla, ¿donde lo tenéis?” Grité.
Él sólo sonrió mostrando su dentadura ensangrentada.
Esto no me gustaba, no me gustaba nada. Cargué la pistola y volví a
pegarla con fuerza contra el lado izquierdo de su cabeza. Parker se
puso serio al ver que no estaba jugando. Tragó saliva y me miró
observando cada uno de mis movimientos. Intentaba relajar mi
respiración, mi corazón en cambio, era diferente.
“Dispara.” Ordenó Tony.
Asentí y tensé mi mandíbula. Si hacia esto me
convertiría en un asesino. Si hacia esto cargaría este peso en mi
consciencia toda la vida. Si lo hacía iba a perderme a mi mismo, a
ella, todo. Pero si no lo hacía también.
Mi dedo rodeó el gatillo. Tragué saliva y miré a mi
victima. Tal vez tendría familia, tal vez tendría a alguien quien
le echaría de menos. Tal vez tenía un futuro que llevar a cabo. ¿Y
yo iba a arrebatárselo? ¿Por ella? Dios, haría cualquier cosa por
ella, cualquier cosa. Pero, ¿esto? Convertirme en un asesino...
El eco del disparo invadió el aire. El agujero de bala
se veía perfectamente a esta distancia. En su cabeza. Limpio.
Directo al cerebro. Había muerto al instante. Bajé el arma. Ardía
en mi mano. Quemaba. Quería soltarla. Mis ojos estaban totalmente
abiertos mirando el cuerpo sin vida de Parker. Mi respiración se
había ido. Había un silencio total en la habitación. Apreté los
dientes y aparté la mirada, Tony observaba totalmente serio.
“Cuando se te ordena algo Bieber, espero que lo
cumplas. Conoces el trato.”
Mi mano se aferró al arma descargándola. Greg bajó la
suya, con una bala menos en el cartucho. Había tenido una puntería
certera desde esa distancia. Si antes no le tenía miedo, ahora lo
tenía.
Me giré encarandolo. “No iba a matarle.” Escupí.
“Harás lo que yo diga y cuando diga, niñato.”
Gritó con fuerza haciendo que mi cuerpo temblara. Nunca antes le
había oído gritar así. Entendía porque todos le tenían miedo.
Estaban chantajeados como yo o incluso de alguna manera peor.
Tiré la pistola a su pies y me di la vuelta queriendo
salir. Encontré la puerta justo detrás de mí. Ni siquiera le eché
un vistazo al cuerpo inerte de mi derecha. Necesitaba respirar. El
trabajo por hoy había llegado a su fin y solo quería olvidarlo.
Escapé por la puerta recibiendo el frescor de la noche
en la cara. Cerré de un portazo y me dirigí a mi moto. Necesitaba
velocidad, necesitaba adrenalina. Olvidarme de todo. Fui directo
hacia ella sacando las llaves del interior de mi chaqueta. Arranqué
y le metí gas, una, dos, tres. Apreté el acelerador y dejé que mi
pequeña me llevara a donde sabía que debía ir en este momento.
Donde he ido cada noche después de esto.
No quedaba mucho para que llegara la primavera y el
cielo estaba despejado. Desde aquí podía ver las estrellas
infinitas, reflejadas en el agua, dibujadas en el cielo. Dejé
escapar el humo despacio. Que bien sentaba esto. Ahora mismo sólo
quería volar, irme lejos. Llevármela conmigo. Irnos a Canadá, sí,
eso estaría bien.
Había vuelto a mi sitio secreto. Donde venía a
recordar a mi abuelo, a donde venía cuando me sentía solo y
perdido, donde la conté la verdad acerca de mi. Desde entonces
habíamos seguido juntos y quería que fuera así siempre.
Eché mi cuerpo hacia atrás cerrando los ojos. El
cigarrillo colgaba de mis labios. Amaba el sonido de las olas del mar
golpeando las rocas. Siempre me imaginé con un futuro, lejos de
aquí. Viajando por todo el mundo con una guitarra a cuestas. Incluso
aunque fuera cantando en la calle para conseguir dinero. Me
encantaría haber podido elegir una buena universidad, un buen
trabajo. Pero ahora, con todo esto, el sueño se destruía mas y mas.
Tony me había llamado hace mas de un mes. Tenía un
trabajo para mí. Lucharía de vez en cuando para ganar dinero para
él y además haría su trabajo sucio. Mas o menos cada dos noches a
la semana tenía un mensaje suyo con una dirección y un nombre. Yo
tenía que prepararme para cualquier cosa y presentarme en seguida.
No importara qué, no importara como. Me tocaba golpear y patear a
quien fuere por mantenerla a salvo. Hubo una vez en la que no me fié,
no pude. Y lo que obtení fue un mensaje amenazador y una foto de
____ en su habitación, tumbada, leyendo. Y la llamé, y se
encontraba así. Y entonces supe que todo iba en serio. Que me tenían
cogido por los huevos. Y haría y diría cualquier cosa. Pero hoy ha
sido diferente, hoy me han pedido que matara a alguien y no pude. Me
lo volverán a pedir y no podré, y joderé todo.
_____ no había vuelto a preguntarme sobre la nota ni
sobre nada de aquel asunto. Pero sabía que había hablado con Ryan
para intentar sonsacarle algo. Pero Ryan no sabía gran cosa, por lo
que mi secreto seguía a salvo. Y así iba a continuar. Pero de todas
formas, la había mentido. Las veces en las que he tenido que irme le
dije que trabajaba, y en cierto modo era verdad. Tony me pagaba algo,
no gran cosa, pero al menos así aparentaba ser un cabrón bueno. Y
yo podría decir que tenía un trabajo. Le dije a _____ que
trabajaba de mecánico. Aún mas mentiras a la lista.
Tomé una fuerte calada y tragué el humo lamiendo
después mis labios. Quería que todo acabara.
Bip, bip. Mi móvil vibró dentro del bolsillo.
Lo saqué y comprobé que era un mensaje.
De: _____
Te echo de menos. Odio tu trabajo :(
Mi corazón pegó un vuelco al saber quien era. Pero mi
cuerpo se tensó al ver la clara mentira que siempre le decía.
Me levanté y tiré el cigarrillo lejos dejando que se
apagara poco a poco con la brisa. Miré hacia el horizonte y cogí
aire. Mañana empezaba un nuevo día, otra historia diferente, otras
mentiras.
Respondí antes de marcharme. Era hora de volver a casa.
Era hora de volver a mirarla y no decirla nada de todo esto. Era hora
de protegerla, de ponerla por delante de todo. Sonreír cuando todo
esta mal. Sonreír cuando no tienes ganas. Era hora de intentar ser
un héroe, aunque no me sintiera como tal.
Para: _____
Yo también te echo de menos.
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