Sentí como unos brazos me apretaban con fuerza. Abrí los ojos
lentamente. No me encontraba en mi cuarto, pero este me resultaba muy familiar.
La ventana dejaba escapar unos cuantos rayos de luz que invadían la habitación
con fuerza. Las sábanas estaban por todos lados, revueltas, con olor a perfume.
La ropa estaba en cualquier parte, encima de la silla, sobre el escritorio, en
el suelo... Mis mejillas se tiñeron de rojo cuando vi mi ropa interior a los
pies de la cama.
Giré la vista encontrándome con Justin
todavía dormido. Sus brazos envolvían mi cintura con fuerza. Estábamos frente a
frente. Él profundamente dormido. La imagen de él, con el pecho descubierto,
con la cintura tapada con la sábana, con el pelo revuelto, me hizo sonreír. No
quería despertarlo y menos después de aquella noche.
Tal vez había sido precipitado (y de
hecho, lo era), pero no me importaba. Había disfrutado, había sido feliz y dios
mío, volvería a repetirlo siempre. La verdad es que siempre había imaginado mi
primera vez de forma distinta. Ya sabes, en plan película total de amor
pasteloso. En la que el chico lo planea todo, te sorprende con un pic-nic en la
playa o en cualquier otra parte. Una primera vez de esas en las que el agua
está rozando los dedos de tus pies, el aire mueve tu cabello y tu solo tienes
arena en tu ropa interior. Vale, no es un buen ejemplo pensándolo así, y más si
no te gusta la arena de la playa como a mí, pero yo me imagina mi primera vez
en plan princesa. Creo que cualquier chica se lo imagina así. A pesar de eso,
no cambiaría nada de esa noche. Ni las palabras, ni los gestos, ni las
caricias. Nada. Yo sólo pondría un bucle infinito en ese instante y lo
repetiría una y otra vez. Sin cansarme.
Dejo salir una mano de entre las sábanas y
acaricio su pelo con mucha suavidad. Él sigue todavía dormido, soñando. Y yo
puedo mirarle mejor. Puedo ver cada uno de sus lunares, cada uno de sus
pequeños granitos, la pequeña cicatriz que tiene en un lado. Sus cejas
pobladas, su nariz pequeña y esos labios que estoy deseando volver a besar.
Suspiro. Deberías
dejar de pensar estas cosas.
Pero no puedo. No puedo después de todo.
Después de hacer esto con él. Después de lo que me dijo.
"Te quiero, ___."
Esas palabras se habían repetido una y
otra vez en mi cabeza toda la noche. Había dicho esas palabras que yo había
tenido tanto miedo a pronunciar. Esas palabras que ya superan los sentimientos
de "gustar". Porque ya no es eso, ya es "querer". Y querer
a alguien implica todo. No son unas palabras que se digan a la ligera, no es
algo que se dice un día y al otro no se cumple. No, eso dura. Eso dura y duele.
Duele como el infierno si no se cumple. Porque querer a alguien ya es algo mas
grande, mas bonito. Era algo que siempre había querido oír de su boca.
Pero, ¿yo le quería? ¿Las mariposas que
sentía cada vez que le veía era "amor"? Aun que mas que mariposas,
eso eran águilas. ¿Me atrevía a decirle yo lo mismo? ¿A dejar que de verdad
entrara dentro y privarle de la oportunidad de romperme? ¿Confiaba tanto en él
como para todo esto? Veía mi futuro. Cercano, lejano, infinito. Y él estaba en
todas y cada una de las imágenes.
Y respondí: "Yo también te
quiero."
Y bueno, diría que en ese momento saltaron fuegos
artificiales, pero fueron mas que eso. Fueron explosiones, bombas nucleares. Y
hubo besos, caricias, palabras. Y volvimos a fundirnos en uno. Y me dejé hacer.
Y él se dejó llevar. Y todo fue aún mas lento y dulce que la primera vez.
Sonreí como una completa imbécil mientras recordaba la noche
anterior. Justin todavía dormía, ajeno a los pensamientos que empezaba a tener
sobre su cuerpo sobre el mío.
Deja de hacer eso.
Cállate.
Agarré sus manos y las aparté de mi cuerpo con el máximo
cuidado posible para no despertarle. Miré el reloj de la mesilla. 9:47 am. Era
pronto todavía.
Salí de la cama agarrando la parte inferior de mi ropa
interior y me la puse, seguida de la camisa que Justin había usado para el
baile. Olía a él, a mi perfume favorito. Otra vez los putos pensamientos sobre
su cuerpo, agh.
Abroché los botones uno tras otro mientras salía de la
habitación. Dejé la puerta entre abierta después de echarle un rápido vistazo a
la cama. Sonreí y me dirigí a la cocina cuando vi un abrigo que antes no estaba
ahí.
“¿Qué demonios- oh, oh…”
Además del abrigo sobre el sofá, en la mesa de la cocina había
una nota. La cogí y cuando terminé de leerla mi cara era un completo poema.
“Tíos, me voy a dormir a
casa de Nate. Con los gritos que pega ____ no hay quien duerma.
Disfruta del polvo, campeón.
Ryan.”
Iba a matar a Ryan. Estaba asegurado.
Iba a matarlo lenta y dolorosamente. Además, yo no he gritado tanto como para
que se fuera a dormir a otra parte. ¿O sí…? Mierda, mierda.
Cuando la vergüenza de la
situación se me pasó y me dije a mi misma que ya no había mucho mas que hacer
(a parte de pegarle un balazo en la cabeza), debía hacer lo que quería hacer
desde un principio. Que era el desayuno.
Cogí la tostadora después de
un rato buscando e hice un par de tostadas mientras se preparaba el café de
Justin en la cafetera. Saqué un par de vasos y coloqué las tostadas en un
plato. Serví el café en un vaso cuando este estuvo hecho seguido de un poco de
leche en ambos vasos.
“¿Dónde está el maldito
colacao en esta casa…?” Me pregunté a mi misma después de abrir el tercer
armario sin éxito.
Unas manos rodearon mi
cintura haciendo que diera un pequeño bote debido a la sorpresa.
“Buenos días, gatita… ¿Qué
haces?” Preguntó Justin con voz ronca de recién levantado. Hasta así era sexy,
esto era imposible.
“Buenos días” dije con una
sonrisa. “Hice el desayuno, ¡sorpresa!”
Soltó una suave risa contra
mi odio cuando apoyó su barbilla en mi hombro, observando las cosas que había
hecho.
“¿Qué buscas?”
“Colacao, pero creo que en
esta casa no hay…” Dejé caer mis manos en los costados. El cuarto armario
tampoco tenía.
“Aquí no hay, esta casa es de
hombres. Los hombres toman café.” Explicó.
“Una casa sin colacao, no es
una casa…”
“Esta en aquel armario”
susurró señalando con la cabeza. Sus brazos me dejaron libre mientras él iba a
sentarse en la mesa de la cocina. Abrí el armario y bingo.
Eché unas cuantas cucharadas
y removí el líquido con la cuchara. Cuando el color me gustó coloqué el
desayuno sobre la mesa mientras Justin me miraba con una sonrisa divertida.
“¿Qué? ¿Tengo algo en la
cara?” Dije mirándole mientras me sentaba enfrente de él.
Negó con la cabeza y su
sonrisa se ensanchó.
“Anoche tuvimos público…”
Señaló.
“¿Público?”
Asintió y sacó la nota que
Ryan había dejado. Mierda, tuve que haberla tirado a la basura cuando la había
leído.
Carraspeó y leyó una frase. “Con
los gritos que pega ____ no hay quien duerma” Lamió sus labios y me miró con
una sonrisa arrogante. “A mi me parecieron increíblemente sexys”
“Cállate.” Solté enfadada con
el rubor en mis mejillas.
“Oh Justin, vamos, sigue,
sigue…” Dijo imitando mi voz.
Cogí una tostada y se la tiré
al pecho. Esta estampó de lleno cayendo después al suelo. Justin me miraba atónito.
“No. Has. Hecho. Eso” dijo
haciendo hincapié en cada palabra.
“Oh ___, que bien te sientes…”
Contraataque imitándole.
Soltó una risa levantándose.
Eso hizo que me levantara con él. “Oh gatita, ya puedes correr.”
“Oh tigre, no te tengo miedo.”
Mi sonrisa ahora era igual de arrogante que la suya.
“En cuanto te coja no solo va
a oírte Ryan” Iba avanzando poco a poco hacia a mí. Mis pasos eran contrarios, escapando
de él. Lista para huir. “Van a oírte todos y cada uno de los vecinos de este
edificio.”
“Mmm… ¿Un tercer asalto?
¿Crees que podrás aguantar?” Dije a modo de desafío.
“Nena, puedo estar todo el día
entre tus piernas si quisiera.” Mas pasos en mi dirección. Mas pasos hacia atrás.
Mi cerebro empezó a contar
mentalmente hasta 3, lista para salir corriendo. Mi corazón y mi cuerpo en
cambio me pedían que me rindiera, que aceptara la oferta. Pero mi orgullo no
iba a dejárselo tan fácil.
Mi cuerpo chocó contra el
gran sillón de la sala de estar. Mierda. Si corría hacia la izquierda podría
tener una oportunidad.
“Eso será si me coges, ¿no?”
“Tú tienes mas ganas de que
lo haga que yo. Y mira que ahora mismo te follaría en el suelo.” Admitió con
voz ronca y mirada lasciva.
Joder. Ríndete. RÍNDETE.
“Macharías tu preciosa camisa…”
Mi cuerpo se movía poco a poco a la izquierda. Tres…
“Tengo mas. Y espero que te
las pongas. Te ves malditamente caliente con ellas puestas”
Creo que podría encerrarme en
la habitación de Ryan. No, no, no, no y
no. Dos…
“No juegues con fuego, Justin”
advertí.
“Oh gatita, la que está
jugando eres tú y te vas a quemar.”
Uno…
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