miércoles, 15 de enero de 2014

Capitulo 32

"Con los gritos que pega ____ no hay quien duerma."




Sentí como unos brazos me apretaban con fuerza. Abrí los ojos lentamente. No me encontraba en mi cuarto, pero este me resultaba muy familiar. La ventana dejaba escapar unos cuantos rayos de luz que invadían la habitación con fuerza. Las sábanas estaban por todos lados, revueltas, con olor a perfume. La ropa estaba en cualquier parte, encima de la silla, sobre el escritorio, en el suelo... Mis mejillas se tiñeron de rojo cuando vi mi ropa interior a los pies de la cama.
Giré la vista encontrándome con Justin todavía dormido. Sus brazos envolvían mi cintura con fuerza. Estábamos frente a frente. Él profundamente dormido. La imagen de él, con el pecho descubierto, con la cintura tapada con la sábana, con el pelo revuelto, me hizo sonreír. No quería despertarlo y menos después de aquella noche.
Tal vez había sido precipitado (y de hecho, lo era), pero no me importaba. Había disfrutado, había sido feliz y dios mío, volvería a repetirlo siempre. La verdad es que siempre había imaginado mi primera vez de forma distinta. Ya sabes, en plan película total de amor pasteloso. En la que el chico lo planea todo, te sorprende con un pic-nic en la playa o en cualquier otra parte. Una primera vez de esas en las que el agua está rozando los dedos de tus pies, el aire mueve tu cabello y tu solo tienes arena en tu ropa interior. Vale, no es un buen ejemplo pensándolo así, y más si no te gusta la arena de la playa como a mí, pero yo me imagina mi primera vez en plan princesa. Creo que cualquier chica se lo imagina así. A pesar de eso, no cambiaría nada de esa noche. Ni las palabras, ni los gestos, ni las caricias. Nada. Yo sólo pondría un bucle infinito en ese instante y lo repetiría una y otra vez. Sin cansarme.
Dejo salir una mano de entre las sábanas y acaricio su pelo con mucha suavidad. Él sigue todavía dormido, soñando. Y yo puedo mirarle mejor. Puedo ver cada uno de sus lunares, cada uno de sus pequeños granitos, la pequeña cicatriz que tiene en un lado. Sus cejas pobladas, su nariz pequeña y esos labios que estoy deseando volver a besar.
Suspiro. Deberías dejar de pensar estas cosas
Pero no puedo. No puedo después de todo. Después de hacer esto con él. Después de lo que me dijo.
"Te quiero, ___."
Esas palabras se habían repetido una y otra vez en mi cabeza toda la noche. Había dicho esas palabras que yo había tenido tanto miedo a pronunciar. Esas palabras que ya superan los sentimientos de "gustar". Porque ya no es eso, ya es "querer". Y querer a alguien implica todo. No son unas palabras que se digan a la ligera, no es algo que se dice un día y al otro no se cumple. No, eso dura. Eso dura y duele. Duele como el infierno si no se cumple. Porque querer a alguien ya es algo mas grande, mas bonito. Era algo que siempre había querido oír de su boca. 
Pero, ¿yo le quería? ¿Las mariposas que sentía cada vez que le veía era "amor"? Aun que mas que mariposas, eso eran águilas. ¿Me atrevía a decirle yo lo mismo? ¿A dejar que de verdad entrara dentro y privarle de la oportunidad de romperme? ¿Confiaba tanto en él como para todo esto? Veía mi futuro. Cercano, lejano, infinito. Y él estaba en todas y cada una de las imágenes.
Y respondí: "Yo también te quiero."
Y bueno, diría que en ese momento saltaron fuegos artificiales, pero fueron mas que eso. Fueron explosiones, bombas nucleares. Y hubo besos, caricias, palabras. Y volvimos a fundirnos en uno. Y me dejé hacer. Y él se dejó llevar. Y todo fue aún mas lento y dulce que la primera vez.
Sonreí como una completa imbécil mientras recordaba la noche anterior. Justin todavía dormía, ajeno a los pensamientos que empezaba a tener sobre su cuerpo sobre el mío.
Deja de hacer eso. Cállate.
Agarré sus manos y las aparté de mi cuerpo con el máximo cuidado posible para no despertarle. Miré el reloj de la mesilla. 9:47 am. Era pronto todavía.
Salí de la cama agarrando la parte inferior de mi ropa interior y me la puse, seguida de la camisa que Justin había usado para el baile. Olía a él, a mi perfume favorito. Otra vez los putos pensamientos sobre su cuerpo, agh.
Abroché los botones uno tras otro mientras salía de la habitación. Dejé la puerta entre abierta después de echarle un rápido vistazo a la cama. Sonreí y me dirigí a la cocina cuando vi un abrigo que antes no estaba ahí.
“¿Qué demonios- oh, oh…”
Además del abrigo sobre el sofá, en la mesa de la cocina había una nota. La cogí y cuando terminé de leerla mi cara era un completo poema.

“Tíos, me voy a dormir a casa de Nate. Con los gritos que pega ____ no hay quien duerma.
Disfruta del polvo, campeón.
Ryan.”

Iba a matar a Ryan. Estaba asegurado. Iba a matarlo lenta y dolorosamente. Además, yo no he gritado tanto como para que se fuera a dormir a otra parte. ¿O sí…? Mierda, mierda.
Cuando la vergüenza de la situación se me pasó y me dije a mi misma que ya no había mucho mas que hacer (a parte de pegarle un balazo en la cabeza), debía hacer lo que quería hacer desde un principio. Que era el desayuno.
Cogí la tostadora después de un rato buscando e hice un par de tostadas mientras se preparaba el café de Justin en la cafetera. Saqué un par de vasos y coloqué las tostadas en un plato. Serví el café en un vaso cuando este estuvo hecho seguido de un poco de leche en ambos vasos.
“¿Dónde está el maldito colacao en esta casa…?” Me pregunté a mi misma después de abrir el tercer armario sin éxito.
Unas manos rodearon mi cintura haciendo que diera un pequeño bote debido a la sorpresa.
“Buenos días, gatita… ¿Qué haces?” Preguntó Justin con voz ronca de recién levantado. Hasta así era sexy, esto era imposible.
“Buenos días” dije con una sonrisa. “Hice el desayuno, ¡sorpresa!”
Soltó una suave risa contra mi odio cuando apoyó su barbilla en mi hombro, observando las cosas que había hecho.
“¿Qué buscas?”
“Colacao, pero creo que en esta casa no hay…” Dejé caer mis manos en los costados. El cuarto armario tampoco tenía.
“Aquí no hay, esta casa es de hombres. Los hombres toman café.” Explicó.
“Una casa sin colacao, no es una casa…”
“Esta en aquel armario” susurró señalando con la cabeza. Sus brazos me dejaron libre mientras él iba a sentarse en la mesa de la cocina. Abrí el armario y bingo.
Eché unas cuantas cucharadas y removí el líquido con la cuchara. Cuando el color me gustó coloqué el desayuno sobre la mesa mientras Justin me miraba con una sonrisa divertida.
“¿Qué? ¿Tengo algo en la cara?” Dije mirándole mientras me sentaba enfrente de él.
Negó con la cabeza y su sonrisa se ensanchó.
“Anoche tuvimos público…” Señaló.
“¿Público?”
Asintió y sacó la nota que Ryan había dejado. Mierda, tuve que haberla tirado a la basura cuando la había leído.
Carraspeó y leyó una frase. “Con los gritos que pega ____ no hay quien duerma” Lamió sus labios y me miró con una sonrisa arrogante. “A mi me parecieron increíblemente sexys”
“Cállate.” Solté enfadada con el rubor en mis mejillas.
“Oh Justin, vamos, sigue, sigue…” Dijo imitando mi voz.
Cogí una tostada y se la tiré al pecho. Esta estampó de lleno cayendo después al suelo. Justin me miraba atónito.
“No. Has. Hecho. Eso” dijo haciendo hincapié en cada palabra.
“Oh ___, que bien te sientes…” Contraataque imitándole.
Soltó una risa levantándose. Eso hizo que me levantara con él. “Oh gatita, ya puedes correr.”
“Oh tigre, no te tengo miedo.” Mi sonrisa ahora era igual de arrogante que la suya.
“En cuanto te coja no solo va a oírte Ryan” Iba avanzando poco a poco hacia a mí. Mis pasos eran contrarios, escapando de él. Lista para huir. “Van a oírte todos y cada uno de los vecinos de este edificio.”
“Mmm… ¿Un tercer asalto? ¿Crees que podrás aguantar?” Dije a modo de desafío.
“Nena, puedo estar todo el día entre tus piernas si quisiera.” Mas pasos en mi dirección. Mas pasos hacia atrás.
Mi cerebro empezó a contar mentalmente hasta 3, lista para salir corriendo. Mi corazón y mi cuerpo en cambio me pedían que me rindiera, que aceptara la oferta. Pero mi orgullo no iba a dejárselo tan fácil.
Mi cuerpo chocó contra el gran sillón de la sala de estar. Mierda. Si corría hacia la izquierda podría tener una oportunidad.
“Eso será si me coges, ¿no?”
“Tú tienes mas ganas de que lo haga que yo. Y mira que ahora mismo te follaría en el suelo.” Admitió con voz ronca y mirada lasciva.
Joder. Ríndete. RÍNDETE.
“Macharías tu preciosa camisa…” Mi cuerpo se movía poco a poco a la izquierda. Tres…
“Tengo mas. Y espero que te las pongas. Te ves malditamente caliente con ellas puestas”
Creo que podría encerrarme en la habitación de Ryan. No, no, no, no y no. Dos…
“No juegues con fuego, Justin” advertí.
“Oh gatita, la que está jugando eres tú y te vas a quemar.”

Uno…

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