“No hago tratos contigo.”
“¿Dónde está?”
“¿Dónde está qué, Justin?”
“La nota, ___. Quiero verla ahora mismo.” Pronunció
con voz dura.
Le entregué la carta después de haber cerrado la
puerta de mi cuarto. Justin acababa de llegar y había subido por la
ventana (parece ser que es su forma mas habitual de entrar en una
casa ajena). Antes de si quiera darme un beso de bienvenida, o como
quieras llamarlo, había venido pidiendo la nota. La estúpida nota
que no sabía quien había podido escribir. Si Justin no había sido,
¿entonces quién? ¿Matt?
Justin inspeccionó la nota con mucha atención. La
leyó, volvió a leer y releyó por infinita vez. La nota iba a ser
la misma. Arrugó la nota en un puño y comenzó a pasearse de arriba
a bajo por mi cuarto. Estaba nervioso y tenso. No tenía mucha idea
de qué decir en este momento.
“No puede ser...” Susurró lo suficientemente bajo
para que me costara entenderlo. Estaba hablando para sí mismo.
“¿Qué no puede ser?” Pregunté antes de darme
cuenta. Bocazas.
“¿Qué?” Respondió sin pisparse. Señalé la bola
de papel entre sus manos y él bajó la mirada siguiendo mi señal.
“Oh... No es nada, voy... Voy a llamar a Ryan. Ahora vengo.” Dijo
sin expresión.
Justin tiró la bola de papel a la basura y se encaminó
al baño sacando su iPhone del bolsillo. Marcó el número que se
sabía de memoria, el de su mejor amigo y se puso al teléfono. Justo
cuando estaba apunto de hablar cerró la puerta tras de él.
Me quedé sola en mi cuarto, perpleja y sin entender
nada de la situación. ¿Habría reconocido la letra? ¿Sabría de
quien podría ser? ¿Y por qué no me lo decía? Suspiré y fui a la
papelera a recoger el cacho papel.
Una vez lo hube estirado en mis manos, volví a intentar
ver si conocía la letra. Plan fracasado. Miré a contra luz, por si
acaso tenía algo escrito con una tinta casi invisible o algo por el
estilo. El plan volvió a fallar. ¿Quién demonios mandaba mensajes
así? Todo esto estaba empezando a ponerme nerviosa y a asustarme.
“Ryan, llámalo.”
La voz de Justin se colaba a través de la puerta. Hubo
un silencio después de esa frase. Ryan estaría respondiendo,
supuse.
“No. Mira, entiende que... ¡Me importa una jodida
mierda! ¡Llámalo!” Gritó lleno de enfado.
¿A quién mierdas tenía que llamar? Desearía poder
estar escuchando que decía Ryan.
“Joder, joder. Bien. Quedaré con él mas tarde.”
Podía notarse que tenía la mandíbula apretada. “No, no vas a
venir conmigo. Adiós, Ryan.”
La puerta se abrió de golpe antes de que pudiera
procesar que la llamada había acabado. Pegué un pequeño salto
debido al susto y a la expresión de ira que tenía Justin. Dejé
caer mis manos, las cuales todavía sujetaban el dichoso papel y me
acerqué con cautela. Él apretaba su teléfono en su mano izquierda.
Estaba quieto, quieto e ido. Miraba al frente pero su vista estaba
fija mas allá, mas allá de una pared. Fuera de aquí.
“Justin, ¿es... estas bien?” Lamí mis labios y
entrelacé una de sus manos con la mía.
Él pareció reaccionar y bajó la mirada. Su expresión
cambió cuando vio la preocupación dibujada en mi cara.
Asintió. No dijo ni hizo nada mas. Me acerqué a su
cuerpo y rodeé su cintura apoyando mi cabeza contra su pecho. Le
abracé durante unos segundos antes de decir nada. Él poco a poco
fue respondiéndome, hasta que finalmente los dos quedamos
fuertemente abrazados el uno al otro.
“Gatita, voy a arreglar esto, ¿de acuerdo? Confía en
mi.” Susurró contra mi pelo antes de depositar ahí un beso.
“¿Sabes quién-”
“Shhhh” cortó. “Dejámelo a mi, ¿si? No te
preocupes por nada mas.”
Levanté la vista encontrándome con sus ojos miel.
Confiaba en él, claro que lo hacía. Pero estas palabras habían
hecho que saltara la alerta por todo mi cuerpo. ¿No iba a decirme
quién era? Eso no tenía sentido, sea quien fuere, era cosa mía.
Cosa de los dos. No iba a dejarle sólo en esto. No iba a dejar que
se ocupara de este asunto y me mantuviera al margen. Yo no era así.
“Dime quién es, Justin.”
Besó mi frente y volvió a abrazarme con fuerza. “Debo
irme.”
Su cuerpo se despegó del mío. El vacío invadió todo.
La habitación, mi cuerpo, mi corazón. ¿Iba a irse tan normal
después de todo? ¿No confiaba él en mí? Abrió la ventana sacando
medio cuerpo fuera. Se quedó ahí parado un segundo antes de
inclinarse y saltar hasta abajo.
Volví a quedarme sola. Y esta vez me sentía sola de
verdad.
“Justin, ¿por qué...?” Susurré cuando ya no había
forma de que pudiera escucharme.
**
Mas tarde.
Justin:
Habíamos quedado en unos minutos. Pero me daba igual.
Había estado todo el día deseando que llegara este momento. Toda la
tarde pensando en ____. Toda la tarde pensando en que había hecho lo
correcto en no haberle dicho quién había mandado la nota, porque en
verdad, no era para ella. La nota iba para mí, a través de ella.
Abrí la puerta empujando con el hombro y pasé la
recepción sin percatarme de cada uno de los gritos que pegaba la
recepcionista. No me importaba no poder entrar, no me importaba una
mierda nada en este instante. Mi mente estaba fija en un sólo
hombre.
La recepcionista siguió detrás de mí hasta que me
paré delante de la puerta que buscaba. Había un gran tipo
custodiando la puerta. Un negro enorme y corpulento. Si hubiera sido
Ryan en este momento hubiera dado la vuelta y estaría diciéndomelo
con la recepcionista y esperando que fuera mi turno junto con un
café. El hombre me miró de arriba abajo con arrogancia. Esperaba a
que dijera algo. Me sacaba una cabeza pero era todo grasa y mal olor.
Podría...
“¿Qué miras? Sigue andando.” Ordenó.
Mi sonrisa arrogante surcó mi cara sin ni siquiera
pretenderlo. “Voy a entrar.”
La risa se escapaba de su boca. “¿Qué te hace pensar
eso?”
Mi puño voló hasta su estomago y en momento justo en
el que se dobló para agarrarse la tripa mi codo encontró ese sitio
detrás de la nuca. Con un fuerte impacto, sordo, hice que el
grandullón cayera a mis pies. La técnica consistía en saber donde
dar y no dejar que te diera. Aparté uno de mis pies que sujetaba
parte de la cara del gorila y moví su cuerpo con ese mismo pie hacia
un lado, para poder abrir la puerta y entrar.
Dentro había dos hombres. El que estaba buscando y otro
tío clavado al que acababa de derribar, la diferencia era que este
tenía mas cara de mala ostia. Tal vez en otro momento me encantaría
encargarme de él también.
Apreté mi mandíbula y me acerqué con decisión hacía
la mesa. Mis puños la golpearon con tanta fuerza que hizo retumbar
cada una de las cosas que había encima. La ira estaba invadiéndome
y yo solo quería dejarla salir. Que saliera y fluyera. No iba a
detenerla, no iba a pararla. Podría romperle los huesos ahora mismo
y ni me importaría.
El gorila dos pareció alterarse y se inclinó a modo de
protección contra mi futura victima. ¿Tienen que defenderte de mí,
Tony?
“Tranquilo, Greg. Todo está bajo control.” Dijo
dándole unas pequeñas palma ditas en la espalda a su
guardaespaldas.
“Si, Greg, ¿por qué no te largas?” Solté con
ironía sin ni siquiera mirarle.
Soltó un gruñido y se cruzó de brazos colocándose
detrás de su jefe. Así que tenían miedo de mí, eh.
“¿En que puedo ayudarte, Bieber?” Preguntó con una
sonrisa. Estuve apunto de arrancársela de la cara.
“No te hagas el gilipollas. Sabes a que he venido.”
Mis manos se apretaron. Todavía seguía inclinado sobre la mesa. Mi
ceño continuaba fruncido y la ira seguía creciendo.
“Mmmm, creo que era algo así como: Te echo de
menos...” Se echó hacia atrás en su silla mientras contemplaba
como cada una de sus palabras se clavaba en mi. Hijo de...
“Que bien, que quieras negociar.”
“Yo no he venido a negociar contigo.” Escupí.
“Oh, pero yo si quiero negociar contigo.” Entrelazó
sus dedos sonriendo. Estaba harto de su felicidad.
“¿Qué coño quieres, Watson?” Golpeé con fuerza
la mesa de nuevo con ambos brazos. El gorila volvió a intentar
avanzar hasta mí pero Tony le paró levantando la mano. Él
continuaba sonriendo. Y su grandullón no hacía mas que enfadarse.
“Un trato” soltó cascando su cabeza de un lado a
otro.
“No hago tratos contigo.”
“Pero este te interesa.” Se inclinó hacia delante.
Cara a cara conmigo. “Verás, o trabajas para mí o tu novia muere.
¿Te gusta el trato?” Sonrió de manera peligrosa.
Un escalofrío recorrió toda mi espalda. ¿____? Joder,
por eso le mandaron la nota a ella. Por eso toda esta estúpida
patraña. Joder, no podía hacer nada. No podía decir nada. Si no
aceptaba, si llamaba a la policía ambos moriríamos antes incluso de
marcar el primer número.
La prometí no volver hacer esto. Me prometí a mi mismo
no hacerlo. Pero ahora... La última vez intenté alejarla de mí y
nada funcionó. ¿Qué haría ahora? ¿La mantendría conmigo? Esta
mañana me había sentido terriblemente mal al no contarla nada. Pero
no podía. No debía. Este cabrón es para mi. Sólo tiene que
joderme a mí. Ella queda al margen. Al margen...
“De acuerdo, ¿qué tengo que hacer?”
“Eso querido amigo, vendrá después.” Su sonrisa
oscura invadió la habitación. Mi cuerpo. Mi mente.
____, no iba a correr ningún peligro. Prometí
cuidarla. Sea cual sea el precio.
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