“¿Vas dejar que te bese?”
Unos meses después:
Había pasado ya el suficiente tiempo para que todo
fuera bien. Todo estaba bajo control. Tal vez alguna que otra cosa
pudiera ir mal de vez en cuando. Peleas, piques, pequeños enfados.
Daba igual, todo acababa con un beso de sus labios. Que podría
caerse el mundo y yo seguía perdidamente enamorada de él. Durante
estos meses todo había sido casi perfecto. Porque la verdad, ninguno
de los dos queríamos una relación perfecta. Nada de cuentos
fantásticos que no se cumplen. Nada de príncipes azules, ni
princesas azules. Teníamos una historia real.
Una historial real de verdad. Una historia de esas que
acaban las discusiones por teléfono con un 'te quiero' por muy
enfadados que estemos. Una historia de esas en las que los silencios
no son incómodos. Una historia real como la de los abuelos. Esos que
van de la mano y todavía se dan besos. Teníamos una historia que no
cambiaría por ninguna otra, y menos que sea de cuento. Porque, ¿para
qué quería un príncipe encantador? Esos sólo terminan en sapo.
Los dos nos habíamos conocido mucho, mucho mas. No era
sólo mi novio, era mi mejor amigo. Y dios, si eso no me encantaba.
Me sabía cada una de sus manías, sus gustos y cómo le gustaba que
estuviera cada cosa. Podría decir su comida favorita, la colonia que
tanto se echa, que cosas le molestan y que otras no soporta. Y él me
conocía a mi. De la misma forma o incluso mas.
Y tal vez fuéramos jóvenes para la palabra “amor”,
pero a este punto de la historia, sabía que era lo que realmente
había entre nosotros.
Sonreí como una completa idiota mientras acariciaba su
pelo con una de mis manos mientras la otra descansaba sobre su pecho.
Justin estaba tumbado, con la cabeza apoyada sobre mi regazo. Era
viernes por la tarde, y nuestro mejor plan fue quedarnos en su casa
viendo una película.
Me incliné hacia abajo y le di un pequeño beso en la
mejilla. Él giró la cara, fijando sus ojos en los míos. Frunció
las cejas.
“¿Y esto...?”
“¿Qué pasa? ¿No puedo darle un beso a mi novio?”
Respondí con ironía.
Él soltó una carcajada que hizo que mi sonrisa se
ensanchara.
“Claro que puedes. Pero a mi me gustan de otro tipo.”
Lamió sus labios y subió las cejas con expresión arrogante.
“Lo siento, ese tipo de besos se han acabado, vuelva
en unos días.” Anuncié con diversión cerca de su boca. Mordí mi
labio para que no se me escapara una risa cuando vi la cara que se le
había quedado.
Justin se levantó de encima mío, todavía sobre el
sofá y se giro atrapando mis manos. Me tumbó con rapidez hacia
atrás colocando mis manos sobre mi cabeza mientras él se cernía
sobre mí. No tuve tiempo a responder. Su cara se acercó a la mía.
Notaba su respiración golpear contra mis labios. Él sonrió con
orgullo cuando me vio tragar saliva.
“No te pongas nerviosa, gatita. Sólo voy a besarte.”
Dios, si, besos, besos.
“¿Quién te ha dicho que esté nerviosa?” Tiré de
mis manos intentando soltarme. Justin apretó su agarre.
Negó con la cabeza y sonrió con esa estúpida sonrisa
de arrogancia. “¿No lo estas? ¿Seguro?”
Sujetó mis dos manos, todavía sobre mi cabeza, con una
sola. La otra fue bajando poco a poco. Desde el nacimiento de mi pelo
hasta mi muslo, dibujando el contorno de mi cuerpo con suma
delicadeza. Cuando terminó su recorrido, sujetó mi pierna
levantándola para poder abrir un hueco y colocarse entre ambas.
Apretando su cuerpo al mio. Tuve que cerrar los ojos para no dejar
escapar un gemido.
“Gatita, mirame.” Ordenó. Abrí los ojos fijándome
en sus gruesos labios. Joder, que ganas.
“¿Vas dejar que te bese?” Susurró con voz dulce.
Negué con la cabeza siguiendo el juego. Eso le hizo
sonreír. Pegó su parte baja a la mía, notándome, notándole.
Mordí mi labio dejando escapar un suspiro. El cabrón sabía
provocarme.
Bajó entonces su boca a la mía. Desde aquí podía
notar lo preciosos que eran aquellos ojos marrones. Su respiración
se mezclaba con la mía. Mis labios se abrieron desesperados por los
suyos y él los rozó con muchísima sutiliza. Casi costó notar la
caricia.
Una mano acariciaba mi tripa, dibujando pequeños
círculos alrededor de mi ombligo. Justin giró la cabeza y volvió a
rozar mis labios con los suyos de la misma manera, buscando la
postura perfecta. Su cuerpo se apretó contra el mío, mas cerca, mas
fuerte. Mis manos se intentaban liberar, pero maldita sea...
“¿Cómo va mi beso...?” Susurró con voz ronca.
Lamió sus labios haciendo que su lengua tocara mi labio inferior por
la proximidad.
Moví mis manos con brusquedad liberándome y agarré
ambas de sus mejillas y me incliné sobre él con fiereza. Le besé,
y el me besó. Nuestros labios luchaban contra el dominio de la boca
del otro, sin tener suficiente, queriendo mas. Mordí su labio
inferior provocando que soltara un gemido, dándome la oportunidad de
colar mi lengua dentro de su boca. Justin apretó mis caderas sin
dejar que me separara ni un milímetro. Eras sólo bocas y lenguas.
Chupó mi lengua a la vez que el beso se intensificaba mas y mas. Nos
devorábamos, nos degustábamos. Y se sentía demasiado bien.
Rompimos el beso durante unos segundos, los suficientes para que
Justin se colocara debajo de mí y pudiéramos recuperar un poco el
aliento.
Sus manos acariciaban mi cintura, colando algún que
otro dedo por debajo de la cinturilla del pantalón. El ambiente se
iba calentando. Nuestras pieles ardían con el roce de la otra. Y
nuestros labios no querían despegarse, querían seguir jugando,
seguir luchando en una pelea en la que ambos éramos vencedores.
Justin cogió el borde de mi camiseta y tiró de ella
para sacarla. Me separé de su boca con recelo, soltando un pequeño
gemido y saqué mi camiseta dejándola caer al suelo poco después.
Mis manos acariciaban su pelo mientras volvía a inclinarme sobre él
para besar su cuello. Y me apreté contra él, de esa forma que sabía
que le volvía loco.
“Gatita...” Gimió haciendo que mi piel se erizara.
Mi lengua repasó la pequeña marca del mordisco que
acababa de hacerle. Su sabor era el paraíso. Sus manos acariciaron
mi espalda de arriba a bajo, pasando sus dedos por debajo del
enganche del sujetador impaciente por poder soltarlo. Sonreí en su
cuello cuando soltó un gruñido de desesperación. Me incorporé un
poco mirándole a través de la cortina que hacía mi pelo a un lado
de los dos. Pasé mis manos hacia atrás lista para desabrochar el
sujetador. Justin lamió sus labios y fijó su vista en mi pecho.
“¡Justin, tío, ya estoy en casa!” La puerta
principal acababa de abrirse mostrando a un Ryan todo rojo por la
vergüenza. “No joder, mi sofá no”
Salté lejos del cuerpo de Justin a la vez que agarraba
mi camiseta y me la colocaba con rapidez. Me crucé de brazos tapando
mi pecho al otro lado del sofá. Mi cara debería estar pero que la
de Ryan.
Justin se incorporó soltando una fuerte risa. Le miré
fulmiándole con la mirada.
Justin carraspeó y miró a su amigo intentando mostrar
una cara de enfado. Al gilipollas le parecía graciosa la situación.
Agh.
“¿Qué mierdas haces aquí, Ryan?” Preguntó
colando un brazo sobre el respaldo del sofá, dándole así una mejor
visión de su amigo.
“¿Será que es mi casa también? Vete a tu cuarto a
hacer lo que quieras con ____.”
Me hundí todavía mas en el sofá cuando oí eso.
Justin agarró su zapatilla y se la tiró a Ryan quien la esquivó
haciendo que golpeara la pared.
“No te pases, bro.”
“Lo que sea... Lo siento, ____.” Dijo colocando su
abrigo y sus cosas sobre la percha y la mesa.
“No... no importa.” Dije todavía mas ruborizada,
sin mirarle.
Justin sonreía con diversión. Yo le pellizqué la
pierna haciendo que soltara un 'ay' y la encogiera. Le saqué la
lengua todavía cabreada y roja por la situación.
“Os dejo solos” comentó Ryan mientras se dirigía a
su habitación. “Pero apagar la tele si vais a seguir, es un
desperdicio estar viendo Star Wars y que os pongáis a enrollaros.”
Suspiró alto para que le oyéramos y cerró la puerta de su
habitación.
Cuando se hubo ido, Justin comenzó a reírse con
fuerza. Yo agarré un cojín y se lo tiré a la cara. Con puntería
certera por cierto.
Justin me fulminó con la mirada y yo no pude contener
la risa. A los pocos segundos ya volvía a tenerlo sobre mí
haciéndome cosquillas y robándome besos.
Esperaba que estos momentos duraran siempre.
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