domingo, 17 de noviembre de 2013

Capitulo 19

“Tu querida puta será la primera en morir.” 




Justin:


Tenía ganas de destrozar su cabeza. Para ser exactos quería destrozar cualquier parte de su cuerpo que le doliera. Que le doliera y le mandara al jodido hospital. Le quería muerto. Fuera de mi camino y lejos de ella. No me importaba lo que pasara conmigo. Me daba igual un brazo, un órgano e incluso la vida. Pero iba a pagar por esto. No iba a luchar por él, no iba hacer una mierda que le proporcionara algo a esa rata. Iba a cargármelo sin ni siquiera mirarle. Iba a destruir todo su imperio en un momento.
Había hecho que me alejara de ella para siempre. Porque eso es lo que haría. No iba a acercarme mas. No debía. Era peligroso. Tony no era el único que me quería. ___ no me había mirado ni una vez al salir del coche y eso dolía. Dolía infinito. Y no la culpaba. Cada vez que había estado conmigo todo se había vuelto negro y lleno de mierda. Olvidarse de mí no la costaría. No sería ningún problema. En cambio para mi…
Deshice esos pensamientos en seguida. Ahora tenía que concentrarme. Tal vez acabaría en la cárcel por esto. Y eso era peor que morir. Pero iba hacerle sufrir.
Abrí la guantera del coche casi al segundo de haber aparcado delante del edificio. Harris controlaba gran parte de la producción de la cuidad. Pero no tenía miedo. Sabía lo que hacía. Agarré la pistola y la coloqué por dentro de mis pantalones, sujeta en la cintura, y la tapé con la camiseta. Listo. Salí del coche dando un fuerte portazo. Caminé en línea recta hasta la puerta. Un enorme gorila me vio y supo al instante quien era. Asintió con la cabeza y se alejó de la recepción. Yo me apoyé sobre la pared de al lado de las puertas aún sin entrar. No iba hacerlo. Ahora sólo tenía que esperar. Ya había hecho la llamada por el camino.
<<”Bieber, qué alegría hablar contigo.” Su tono burlón no hizo mas que aumentar mis ganas de partirle el cuello.
“Tenemos que hablar.” Dije cortante.
“Estoy en mi edificio. Pásate y hablaremos. Dile a uno de los guardias de la puerta que me avise.” Y la llamada se colgó.>>
Miré mi reloj. 2 am. Demasiado tarde para estar en una oficina. Saqué un cigarrillo del bolsillo interior de mi chaqueta y lo prendí. Exhalé el humo. Dios, esto era lo que necesitaba.
Las puertas se abrieron y me incorporé. Tony venía solo. Esto no era bueno. Justin, céntrate. Primero disparas, después preguntas. Así funciona.
“Vaya, vaya, mira a quien tenemos aquí. Mi nuevo juguetito.” Plasmó una sonrisa repugnante en su cara y se paró a dos metros de distancia.
“No soy tu puto juguete.” Escupí tirando el cigarrillo al suelo con fuerza.
“Oh, ya lo creo que sí.” Pasó sus manos por su pelo echándolo hacia atrás. Eso era pura gomina. “Tú y yo vamos a pasarlo muy bien, amigo.” Rió con esa voz grave. No era una risa divertida y mucho menos simpática.
En ese momento eché la mano izquierda hacia atrás y saqué la pipa apuntándole. Tony volvió a reírse y esta vez con mas ganas.
“¿De qué coño te ríes, cabrón?” Grité enfurecido. Esto iba acabar ahora.
“No pensarás de verdad que puedes matarme.” Su voz sonaba a rata. Rata arrogante.
“Eso es lo que voy hacer ahora mismo.” Cargué el arma y di un paso hacia delante, encarándole.
Una risa alta escapó de él. “Escúchame, niñato. Un solo paso mas y tus preciosos amigos acaban con el pie en el otro lado, ¿lo has entendido?” Amenazó. Sus ojos se clavaron en mi.
“No te creo una mierda.” El arma apuntaba directamente al centro de su frente.
“Tu querida puta será la primera en morir.” Tragué saliva. No estaba hablando en serio. “Baja el arma o no tardaran ni 2 segundos en ver sólo oscuridad.”
Esto era mentira. No podían tener a ___ controlada, ¿o sí?
“Tienes 5 segundos, chico. No me obligues a repetirlo.” Una sonrisa maligna se dibujó en su rostro.
“Hijo de puta.” Tiré el arma a sus pies. Esta gente sabía lo que hacía. Tenían siempre todo bajo control y no se les escapa nada. Si les tenían controlados mas me valía hacer todo lo que ellos quisieran. Por Ryan. Por ___.
“Niño estúpido.” Comenzó a andar hasta mí. Era un poco mas bajo que yo pero lo suficiente como para mirarme cara a cara. Su aliento olía a fumo y repugnancia. “Ahora vas a ser un chaval obediente. Muchachos.” Llamó.
En un instante algo me golpeó el rostro. Duro. Mi equilibrio se desestabilizó un poco pero conseguí mantenerme en pie. La cabeza me daba vueltas y podía notar la sangre caer por un lado de esta. Me giré propinándole un puñetazo a mi agresor. La vista se me nublaba. Fallé y a cambio recibí una patada en el estomago que me obligó a doblarme. Mierda, eran mas de uno. Conté los pares de pies cuando me agaché. 6 en total. 3 personas. Me levanté seguido de mi puño que fue a parar a la entrepierna de uno de ellos lo que me dio la oportunidad para atizar una patada a sus piernas que hizo que cayera al suelo a mi lado. Bingo. Otro puñetazo llegó a mi de costazo. La sangre invadió mi boca. Escupí. Reí. No iban a acabar conmigo. No era el fin. Intenté golpear de nuevo a cualquiera de mis oponentes. Tenía que luchar. Pero, ¿qué mas daba? Les tenían controlados. A todos. Por mi puta culpa.
Un brazo me rodeó el cuello y apretó. Apretó fuerte de verdad. Mis manos intentaron soltarle pero no podía. La falta de aire empezaba a dejarme débil y aún seguía atontado por los golpes. Los otros dos cascaron sus dedos y cuello. Sus sonrisas asustaban. Tal vez si era el fin. El que había tirado al suelo fue el primero. Puñetazo. Estomago. Puñetazo. Pecho. Puñetazo. De nuevo estomago. El aire se iba acabando y yo luchaba por un poco de él. Iba a morir. Iba a morir antes de curar a mi abuelo. Iba a morir antes de explicarle todo a ___. Iba a morir antes de irme a recorrer el mundo con Ryan. Iba a morir antes de ser feliz con ella.
Mis pulmones escocían y mi vista se nubló. Todo el cuerpo dolía y la sangre estaba en mi boca, por todas partes. El gorila me soltó antes de quedarme inconsciente. Caí al suelo golpeándome la cara. ¿De verdad era el fin?
Alguien se acercó a mi. Arrodillándose. Pegó su boca a mi oreja. Olor a rata.
“Vuelve a intentar algo como esto y serás el primero en morir. Seguido de tus putos amigos.”
Entonces el disparo sonó alto y claro. Mi brazo ardía más que ninguna otra parte de mí. Intenté gritar pero no pude. Mi garganta estaba rota a falta del oxígeno. Todo se oscureció. No sentía nada. ¿Era así como se moría? ¿Iba a desangrarme en ese puto lugar? Oí pasos alejarme pero mi vista seguía negra. Perdía la consciencia poco a poco. Supongo que iba a desangrarme. Que todo acabaría.
Dejé llevarme por la sensación. Lo último en lo que pensé fue en ella. En ella y sus besos.

**

Biiiiiiiip, biiiiiiiip. ¿Qué es ese estúpido ruido? Dios, me taladra la cabeza. Biiiiiiiip, biiiiiiiip. ¿No va a parar nunca? Joder, que alguien lo pare.
“Parece que aún no va a despertar, señora Bieber.”
¿Señora Bieber? ¿Mamá?
“No, no. Mi hijo lo hará, esta bien, se va a recuperar…” El llanto de mi madre se escuchaba por todos los lugares de mi mente.
Quería llamarla, decirla que estaba aquí, que la escuchaba. Quería mover mi mano y coger la suya. Darla cariño. Pero no podía moverme. Mi cuerpo no respondía. Joder.
“Su hijo a entrado en coma, señora. No sabemos cuanto tardará en recuperarse, lo siento mucho.”
¿Coma? No, no. Yo estoy aquí. ¿Es que no me escuchan? ESTOY AQUÍ JODER. MIRADME. ¿Mamá, me oyes? Tienes que hacerlo, estoy aquí. Contigo. No me voy a ninguna parte. No llores, mamá. No voy a dejarte sola.
Pero la oscuridad no tardó en llevarme de nuevo.

**

“Justin, tío. Despierta venga. Esto no tiene ni puta gracia.”
Ryan, Ryan está aquí. Tengo que avisarle de que le oigo, de que estoy con él aquí. Tengo que despertar. Vamos joder, muévete.
“No sé que mierdas pasó, pero tienes que estar aquí, tío. Esto es caos sin ti. Necesito a mi mejor amigo de vuelta. A mi hermano.”
Mi hermano… Por favor cuerpo, déjame despertar. Déjame decirles a todos que estoy bien, que no me he ido. Déjame cuidar de ellos. Déjame verles. Por favor, cuerpo, por favor…
Pero la oscuridad no estaba por la labor de escucharme.

**

“Justin… Justin, sé que estas aquí. Por favor, dime algo…” Esa voz. Esa voz, no, no podía ser.
“Me pediste que me alejara pero no puedo…” Su voz sonaba rota. Lloraba. Podía oírla llorar. “Llevas aquí una semana y esto me mata. Me mata que no despiertes, que no pueda acercarme a ti… Te necesito. Te necesitamos.”
Estoy aquí, pequeña. Pero no me oyes, nadie lo hace. Y duele. Quiero volver, quiero volver y no puedo. Quiero tenerte conmigo para protegerte. Porque te vigilan. Porque es por mi culpa. Y no me lo perdono.
“Has llegado a mi vida de improvisto y lo has cambiado todo. Y ahora, tu… Por favor despierta, tigre. Quiero que discutamos, quiero que me saques de quicio, que me sonrías de esa forma tuya. Quiero que me abraces, que me beses, que me llames gatita. Que te rías de las cosas que hago, que me busques y yo haga lo mismo. Quiero ver esos ojos miel con los que he soñado siempre. Quiero que despiertes y seas algo mas que esto para mi. Por favor, tigre. Por favor, Justin…”
Mi cuerpo no respondía. Todo esto me estaba matando. Era como gritar pero sin que nadie lo oyera. Dolía el pecho. Quería estar con ella. He querido eso desde que la conocí en aquel banco. Desde que lloró por aquel imbécil. Quiero tenerla en mis brazos y cuidarla a mi manera. Hacerla sentir querida, deseada, bonita. Porque lo era. Realmente lo era. Es lo que siempre he querido.
Noté un tacto sobre mis labios. Me besaba. Era húmedo. No había dejado de llorar. Y no podía consolarla. No podía hacer nada por ella. Intenté devolverla el beso con todas mis ganas pero mi cuerpo seguía inactivo, fuera de cobertura. El llanto de ___ seguía escuchándose. Despierta de una maldita vez, inútil.

Pero no iba hacerme caso. Igual que las veces anteriores. Y me llevó la oscuridad. Ya estaba acostumbrado a la sensación.

No hay comentarios:

Publicar un comentario