“Tu querida puta será la primera en morir.”
Justin:
Tenía ganas de destrozar su cabeza. Para ser exactos quería
destrozar cualquier parte de su cuerpo que le doliera. Que le doliera y le
mandara al jodido hospital. Le quería muerto. Fuera de mi camino y lejos de
ella. No me importaba lo que pasara conmigo. Me daba igual un brazo, un órgano
e incluso la vida. Pero iba a pagar por esto. No iba a luchar por él, no iba
hacer una mierda que le proporcionara algo a esa rata. Iba a cargármelo sin ni
siquiera mirarle. Iba a destruir todo su imperio en un momento.
Había hecho que me alejara de ella para siempre. Porque eso
es lo que haría. No iba a acercarme mas. No debía. Era peligroso. Tony no era
el único que me quería. ___ no me había mirado ni una vez al salir del coche y
eso dolía. Dolía infinito. Y no la culpaba. Cada vez que había estado conmigo
todo se había vuelto negro y lleno de mierda. Olvidarse de mí no la costaría.
No sería ningún problema. En cambio para mi…
Deshice esos pensamientos en seguida. Ahora tenía que
concentrarme. Tal vez acabaría en la cárcel por esto. Y eso era peor que morir.
Pero iba hacerle sufrir.
Abrí la guantera del coche casi al segundo de haber aparcado
delante del edificio. Harris controlaba gran parte de la producción de la
cuidad. Pero no tenía miedo. Sabía lo que hacía. Agarré la pistola y la coloqué
por dentro de mis pantalones, sujeta en la cintura, y la tapé con la camiseta. Listo.
Salí del coche dando un fuerte portazo. Caminé en línea recta hasta la puerta. Un
enorme gorila me vio y supo al instante quien era. Asintió con la cabeza y se
alejó de la recepción. Yo me apoyé sobre la pared de al lado de las puertas aún
sin entrar. No iba hacerlo. Ahora sólo tenía que esperar. Ya había hecho la
llamada por el camino.
<<”Bieber, qué alegría hablar contigo.” Su tono burlón
no hizo mas que aumentar mis ganas de partirle el cuello.
“Tenemos que hablar.” Dije cortante.
“Estoy en mi edificio. Pásate y hablaremos. Dile a uno de
los guardias de la puerta que me avise.” Y la llamada se colgó.>>
Miré mi reloj. 2 am. Demasiado tarde para estar en una
oficina. Saqué un cigarrillo del bolsillo interior de mi chaqueta y lo prendí. Exhalé
el humo. Dios, esto era lo que necesitaba.
Las puertas se abrieron y me incorporé. Tony venía solo.
Esto no era bueno. Justin, céntrate. Primero
disparas, después preguntas. Así funciona.
“Vaya, vaya, mira a quien tenemos aquí. Mi nuevo juguetito.”
Plasmó una sonrisa repugnante en su cara y se paró a dos metros de distancia.
“No soy tu puto juguete.” Escupí tirando el cigarrillo al
suelo con fuerza.
“Oh, ya lo creo que sí.” Pasó sus manos por su pelo echándolo
hacia atrás. Eso era pura gomina. “Tú y yo vamos a pasarlo muy bien, amigo.” Rió
con esa voz grave. No era una risa divertida y mucho menos simpática.
En ese momento eché la mano izquierda hacia atrás y saqué la
pipa apuntándole. Tony volvió a reírse y esta vez con mas ganas.
“¿De qué coño te ríes, cabrón?” Grité enfurecido. Esto iba
acabar ahora.
“No pensarás de verdad que puedes matarme.” Su voz sonaba a
rata. Rata arrogante.
“Eso es lo que voy hacer ahora mismo.” Cargué el arma y di
un paso hacia delante, encarándole.
Una risa alta escapó de él. “Escúchame, niñato. Un solo paso
mas y tus preciosos amigos acaban con el pie en el otro lado, ¿lo has
entendido?” Amenazó. Sus ojos se clavaron en mi.
“No te creo una mierda.” El arma apuntaba directamente al
centro de su frente.
“Tu querida puta será la primera en morir.” Tragué saliva.
No estaba hablando en serio. “Baja el arma o no tardaran ni 2 segundos en ver sólo
oscuridad.”
Esto era mentira. No podían tener a ___ controlada, ¿o sí?
“Tienes 5 segundos, chico. No me obligues a repetirlo.” Una
sonrisa maligna se dibujó en su rostro.
“Hijo de puta.” Tiré el arma a sus pies. Esta gente sabía lo
que hacía. Tenían siempre todo bajo control y no se les escapa nada. Si les tenían
controlados mas me valía hacer todo lo que ellos quisieran. Por Ryan. Por ___.
“Niño estúpido.” Comenzó a andar hasta mí. Era un poco mas
bajo que yo pero lo suficiente como para mirarme cara a cara. Su aliento olía a
fumo y repugnancia. “Ahora vas a ser un chaval obediente. Muchachos.” Llamó.
En un instante algo me golpeó el rostro. Duro. Mi equilibrio
se desestabilizó un poco pero conseguí mantenerme en pie. La cabeza me daba
vueltas y podía notar la sangre caer por un lado de esta. Me giré propinándole
un puñetazo a mi agresor. La vista se me nublaba. Fallé y a cambio recibí una
patada en el estomago que me obligó a doblarme. Mierda, eran mas de uno. Conté
los pares de pies cuando me agaché. 6 en total. 3 personas. Me levanté seguido
de mi puño que fue a parar a la entrepierna de uno de ellos lo que me dio la
oportunidad para atizar una patada a sus piernas que hizo que cayera al suelo a
mi lado. Bingo. Otro puñetazo llegó a mi de costazo. La sangre invadió mi boca.
Escupí. Reí. No iban a acabar conmigo. No era el fin. Intenté golpear de nuevo
a cualquiera de mis oponentes. Tenía que luchar. Pero, ¿qué mas daba? Les tenían
controlados. A todos. Por mi puta culpa.
Un brazo me rodeó el cuello y apretó. Apretó fuerte de
verdad. Mis manos intentaron soltarle pero no podía. La falta de aire empezaba
a dejarme débil y aún seguía atontado por los golpes. Los otros dos cascaron
sus dedos y cuello. Sus sonrisas asustaban. Tal vez si era el fin. El que había
tirado al suelo fue el primero. Puñetazo. Estomago. Puñetazo. Pecho. Puñetazo.
De nuevo estomago. El aire se iba acabando y yo luchaba por un poco de él. Iba
a morir. Iba a morir antes de curar a mi abuelo. Iba a morir antes de
explicarle todo a ___. Iba a morir antes de irme a recorrer el mundo con Ryan. Iba
a morir antes de ser feliz con ella.
Mis pulmones escocían y mi vista se nubló. Todo el cuerpo
dolía y la sangre estaba en mi boca, por todas partes. El gorila me soltó antes
de quedarme inconsciente. Caí al suelo golpeándome la cara. ¿De verdad era el
fin?
Alguien se acercó a mi. Arrodillándose. Pegó su boca a mi
oreja. Olor a rata.
“Vuelve a intentar algo como esto y serás el primero en
morir. Seguido de tus putos amigos.”
Entonces el disparo sonó alto y claro. Mi brazo ardía más
que ninguna otra parte de mí. Intenté gritar pero no pude. Mi garganta estaba
rota a falta del oxígeno. Todo se oscureció. No sentía nada. ¿Era así como se
moría? ¿Iba a desangrarme en ese puto lugar? Oí pasos alejarme pero mi vista
seguía negra. Perdía la consciencia poco a poco. Supongo que iba a desangrarme.
Que todo acabaría.
Dejé llevarme por la sensación. Lo último en lo que pensé
fue en ella. En ella y sus besos.
**
Biiiiiiiip, biiiiiiiip.
¿Qué es ese estúpido ruido? Dios, me taladra la cabeza. Biiiiiiiip, biiiiiiiip. ¿No va a parar nunca? Joder, que alguien lo
pare.
“Parece que aún no va a despertar, señora Bieber.”
¿Señora Bieber? ¿Mamá?
“No, no. Mi hijo lo hará, esta bien, se va a recuperar…” El
llanto de mi madre se escuchaba por todos los lugares de mi mente.
Quería llamarla, decirla que estaba aquí, que la escuchaba. Quería
mover mi mano y coger la suya. Darla cariño. Pero no podía moverme. Mi cuerpo
no respondía. Joder.
“Su hijo a entrado en coma, señora. No sabemos cuanto tardará
en recuperarse, lo siento mucho.”
¿Coma? No, no. Yo estoy aquí. ¿Es que no me escuchan? ESTOY
AQUÍ JODER. MIRADME. ¿Mamá, me oyes? Tienes que hacerlo, estoy aquí. Contigo. No
me voy a ninguna parte. No llores, mamá. No voy a dejarte sola.
Pero la oscuridad no tardó en llevarme de nuevo.
**
“Justin, tío. Despierta venga. Esto no tiene ni puta gracia.”
Ryan, Ryan está aquí. Tengo que avisarle de que le oigo, de
que estoy con él aquí. Tengo que despertar. Vamos joder, muévete.
“No sé que mierdas pasó, pero tienes que estar aquí, tío. Esto
es caos sin ti. Necesito a mi mejor amigo de vuelta. A mi hermano.”
Mi hermano… Por favor cuerpo, déjame despertar. Déjame
decirles a todos que estoy bien, que no me he ido. Déjame cuidar de ellos. Déjame
verles. Por favor, cuerpo, por favor…
Pero la oscuridad no estaba por la labor de escucharme.
**
“Justin… Justin, sé que estas aquí. Por favor, dime algo…”
Esa voz. Esa voz, no, no podía ser.
“Me pediste que me alejara pero no puedo…” Su voz sonaba
rota. Lloraba. Podía oírla llorar. “Llevas aquí una semana y esto me mata. Me
mata que no despiertes, que no pueda acercarme a ti… Te necesito. Te
necesitamos.”
Estoy aquí, pequeña. Pero no me oyes, nadie lo hace. Y
duele. Quiero volver, quiero volver y no puedo. Quiero tenerte conmigo para
protegerte. Porque te vigilan. Porque es por mi culpa. Y no me lo perdono.
“Has llegado a mi vida de improvisto y lo has cambiado todo.
Y ahora, tu… Por favor despierta, tigre. Quiero que discutamos, quiero que me
saques de quicio, que me sonrías de esa forma tuya. Quiero que me abraces, que
me beses, que me llames gatita. Que te rías de las cosas que hago, que me
busques y yo haga lo mismo. Quiero ver esos ojos miel con los que he soñado
siempre. Quiero que despiertes y seas algo mas que esto para mi. Por favor,
tigre. Por favor, Justin…”
Mi cuerpo no respondía. Todo esto me estaba matando. Era
como gritar pero sin que nadie lo oyera. Dolía el pecho. Quería estar con ella.
He querido eso desde que la conocí en aquel banco. Desde que lloró por aquel imbécil.
Quiero tenerla en mis brazos y cuidarla a mi manera. Hacerla sentir querida,
deseada, bonita. Porque lo era. Realmente lo era. Es lo que siempre he querido.
Noté un tacto sobre mis labios. Me besaba. Era húmedo. No
había dejado de llorar. Y no podía consolarla. No podía hacer nada por ella. Intenté
devolverla el beso con todas mis ganas pero mi cuerpo seguía inactivo, fuera de
cobertura. El llanto de ___ seguía escuchándose. Despierta de una maldita vez, inútil.
Pero no iba hacerme caso. Igual que las veces anteriores. Y
me llevó la oscuridad. Ya estaba acostumbrado a la sensación.
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