"Eres la primera... Porque este sitio es especial,
igual que tú."
No recordaba así sus labios. No recordaba así los
besos. Este fue diferente, fue mejor, fue perfecto. Lento, suave y
dulce, muy dulce. De esos que hacen parar el tiempo. De los de “soy
capaz de batir el record del mundo”. De esos que cada vez que los
piensas te devuelven las mariposas al estomago. No quise que acabara,
no quise ni respirar otro aire que no fuera el de su boca. No quería
nada lejos de sus labios, dientes y lengua. Quería todo lo que me
demostraba en ese beso. Provocativo. Deseoso.
Nos separamos cuando el aire que nos dábamos mutuamente
no fue suficiente. Abrí mis ojos y mordí mi labio. Mi respiración
iba rápida, al compás de la suya, pero él mantenía aún sus ojos
cerrados. Miré sus ojos de cerca, apoyando mi frente sobre la suya.
Sus manos acariciaban mi cintura con suavidad. Mieles, marrones, eran
maravillosos.
Cuando nuestras respiraciones se relajaron, suspiró.
“Quiero mostrarte algo.” Sus ojos se abrieron y
buscaron los míos en la oscuridad de la noche.
Bajó una de sus manos hasta encontrar la mía y
entrelazó nuestros dedos. Sonrió levemente separándose de mí. Y
con su mano aún sujetando la mía, nos dirigió de nuevo al coche.
**
Durante todo el camino viajé con los ojos cerrados y la
mano sujeta por la de Justin. Sólo la soltaba cuando cambiaba de
marcha pero después, volvía a su anterior posición. Conducimos en
silencio. Cómodo. Reconfortante. Pero yo me moría de los nervios.
No tenía ni idea de a donde podíamos ir o que era lo que iba a
enseñarme. Y que me hubiera obligado a cerrar los ojos lo empeoraba
todo. Intenté adivinar por donde podíamos ir. Sólo recuerdo haber
llegado a la carretera principal. De vez en cuando hacía alguna que
otra pregunta del tipo “¿cuanto queda?” ¿a donde vamos?” “¿me
das una pista?”, pero Justin solo reía y decía que no, que debía
esperar a la sorpresa. Pero sobre la decimoquinta pregunta, ya empezó
a enfadarse un poco, por lo que opté por estarme calladita y dejar
de parecer una niña consentida.
Contaba el tiempo por canciones. Justin de vez en cuando
cantaba alguna canción, en voz baja. Siempre en voz baja. Cuando
llegué a la séptima, The Other Side de Jason Derulo, el
coche por fin paró. Mis manos buscaron la manija antes de que él
pudiera decirme nada y salí. Salí llevándome un enorme coscorrón
en la cabeza, que hizo que las carcajadas retumbaran por la noche.
“Ja, ja, ja, me parto.” Señalé. Llevé una mano a
mi cabeza, justo donde el golpe, y masajeé como pude para que se
fuera el dolor.
“Eres tan boba” dijo riendo todavía. “Anda ven”
oí los pasos mientras se acercaba.
“¿Puedo abrir ya los ojos?” Intenté entreabrirlos
un poco, pero Justin se dio cuenta y me chistó cuando lo hice
regañándome.
Cerré de nuevo los ojos, apretándolos para que él lo
viera. “No miro, no miro.”
Noté como el tono de su voz cambiaba. Creo que sonreía.
Volvió a agarrar mi mano y a dirigirme de nuevo por el camino. Esta
vez intenté averiguar donde estábamos. Sonidos, olores, lo que
fuera. Y olía a mar, arena. La brisa de vez en cuando alcanzaba. Y
la colonia de Justin llegaba a mí. Y temblaba. Y no de frío, si no
por él. Apretó su mano a la mía con fuerza y fue llevándome. Poco
a poco alcanzábamos ese sitio, esa cosa que tenía que ver.
“Con cuidado...” Susurró unas cuantas veces. Mis
pies tropezaban con él suelo. Se había vuelto piedra. “Ahora
vamos a tener que subir, ¿de acuerdo? Yo te ayudaré.” Me colocó
entonces delante de él, agarrando fuerte mi cintura, pero no tan
fuerte como para hacerme daño.
Su cuerpo iba empujando el mío poco a poco para que
caminara. Me levantaba cuando tenía que subirme a una roca o cuando
había un saliente en el que podía caer. Subimos de roca en roca. No
eran complicadas si no fuera con los ojos cerrados. Parecían
bastante fáciles. Cuando llegamos arriba la roca se volvió mas
plana que las demás. Justin me colocó en una posición. La brisa me
daba en la cara. Noté como se puso delante de mí, a un lado.
“Ya puedes abrirlos.” Y lo hice. Y nunca olvidaré
aquello.
El mar se veía delante de nosotros, lejano, hermoso.
Desde este pequeño acantilado podías ver más allá que desde la
playa, mas allá que desde cualquier sitio. El cielo parecía unirse
a él. Ambos juntos. No sabías donde acaba uno y empezaba el otro.
Las estrellas se reflejaban en el mar, en las olas. Y no podía
apartar la vista. No quería perderme detalle de aquello. Justin se
colocó detrás de mí y apoyó su barbilla sobre mi hombro
observando aquel paisaje. Sus dedos acariciaron mis brazos de arriba
a bajo.
“¿Te gusta?”
“¿Como has encontrado esto?” Pregunté al mismo
tiempo que él.
Se encogió de hombros y me miró desde su posición.
“Un día, caminando. No hay mucha mas historia.”
Me alejé lo suficiente para mirarle. “Justin...”
“¿Te gusta?” Volvió a preguntar. Asentí.
Asentiría millones de veces.
“Me encanta, gracias” sonreí. Y eso le hizo sonreír
a él.
“Imaginaba que conseguiría impresionarte con esto.”
Besó mi mejilla y sus manos rodearon mi cintura, colocándolas sobre
mi viente.
“Así que, ¿usas siempre esto para impresionar,
Bieber?” Pregunté con sarcasmo.
“Sólo contigo, gatita.” Ronroneó en mi oído. La
electricidad invadió mi cuerpo. “Eres la primera en venir.”
“¿La primera? ¿Por qué? Este sitio es perfecto
para... No sé, llevarte a cualquier tía ala cama.”
“¿Eso quiere decir que vas a probarla?” Sus cejas
se levantaron y su sonrisa estúpida apareció.
“Sigue soñando, tigre” dije dándole unas
palmaditas en la mejilla. Reí ante la mueca que hizo.
“Eres la primera... Porque este sitio es especial,
igual que tú.” Afirmó. Agachó su cabeza en mi hombro y lo besó.
Después se incorporó. “Sé que sabes porque hago lo
que hago. Y no me arrepiento. Volvería a elegirlo siempre.” Me
giré cuando sus manos abandonaron mi cuerpo y miré sus ojos.
“Cuando me enteré, tenía 16 años y desde entonces, he estado
consiguiendo dinero para mi abuelo. Me escapé de casa y me vine con
Ryan. Tenía que hacer algo por él, luchar y ayudarle.”
Tragó saliva y desvió la mirada. “Un día mi abuelo
se puso peor, la quimio no le hacía nada y yo no podía verle morir.
No puedo decirle adiós en una cama de hospital. Y aquel día estaba
destrozado. Rompí cosas, grité gilipolleces, me enfadé con
cualquiera que me mirara incluso. Tenía en mente que mi abuelo iba a
morir, ___. Que moriría pasando un puto infierno y...” Lamió sus
labios y miró al mar, para poco después volver sus ojos a mí.
“Encontré este sitio por casualidad. Iba con la moto
y llegué a la playa. Anduve en línea recta, sin importar a donde
fuera. Y encontré esto. Y pensé, ¿por qué no? Mi abuelo se va a
ir, ¿por qué yo no con él? Y quería hacerlo, quería saltar. Pero
no lo hice. Porque soy un cobarde.”
“No Justin, tu no eres un cobarde...”
“Lo soy. Lo soy porque quise huir. Quise escapar de
todo porque no iba a poder soportarlo.”
“Pero cambiaste de opinión, y ahora estas aquí,
conmigo.” Mi voz empezó a quebrase.
“Por este sitio, ___. Cuando llegué y estaba a punto
de hacerlo miré al mar, al cielo. Y vi que mi abuelo lo conseguiría,
que si me iba jamás le ayudaría. Que lucharía siempre por él. Que
seríamos infinitos como el cielo y el mar. Que jamás iba a
perderle.”
Le abracé. Le abracé por todo. Por su dolor, por el
mío, por el de cada persona que pasa por esto. Por haberse ido de
casa, por haber tenido que pelear por ayudar a un ser querido. Por
ser más valiente y fuerte de lo que nunca había sido. Y él al
final me abrazó. Con fuerza. Porque estaba ahí para él.
“No quiero que me veas así, ___.”
“Calla.”
“Esto era para tí, no para-”
“Justin, callate.” Me aparté centímetros. Sólo
para mirarle. Nuestras bocas estaban muy cerca aún. “Gracias,
gracias por esta noche, por demostrarme como eres. Por enseñarme
esto. No estas solo de acuerdo, nunca más.”
“¿Tú estas conmigo?” Susurró con voz ronca.
“Si.” Asentí mirando sus ojos marrones. “Y no voy
a irme.”
Sus labios se acercaron a los míos. Un suave roce.
Lento. Dejándome sin respiración.
Bip. Bip. Mensaje.
Justin gruñó y sacó
su móvil del bolsillo. No necesité ver el mensaje, imaginé lo que
venía a continuación.
“Llévame a casa.”
Levantó la vista de su
teléfono. Su expresión cambió a tristeza. “___, yo no quier-”
“No importa, sólo
déjame en casa.” Sonreí un poco. Asintió y me indicó con la
cabeza.
“Ven, es por aquí.”
No hay comentarios:
Publicar un comentario