lunes, 7 de abril de 2014

Capitulo 45

"¿A dónde irás, héroe?”





Justin se crujió los nudillos. No se encontraba a gusto en ese coche. Le faltaba aire. Le faltaba respirar cualquier cosa que no fuera aquel ambiente. Que no fuera aquella culpa que sentía. Porque lo había hecho. Había disparado. Y aún a pesar de todo, aún a pesar del dolor en su cara, a pesar de su grito, a pesar de todas sus lágrimas, volvería hacerlo una y otra vez. Para mantenerla a salvo. Para que no la hicieran daño.
Se sentía extraño, lejano, fuera del coche en el que estaba. No tenía idea de a donde iba ni cuando volvería. ¿Qué importaba? ¿Por qué debía volver? Sus pensamientos estaban a años luz de todo lo que le rodeaba. Ni siquiera el aire frío de la noche que le golpeaba a través de la ventana parecía devolverle al mundo real. ¿Para qué? ¿Para ver el monstruo en el que se había convertido? ¿Para ver todo el horror que había causado? No, no. Todo eso podía irse al infierno. Él había causado esto. Y no iba hacer nada para arreglarlo.
Por una vez, iba a dejarse llevar.
El coche aparcó delante de unos edificios que parecían totalmente abandonados. No había nada mas alrededor que oscuridad y frío. Justin se dio cuenta de que debían de haber estado en la carretera por un largo tiempo porque la cuidad quedaba en la lejanía. A sus espaldas. Fuera de su alcance. Tony y sus dos secuaces salieron del coche en cuanto este hubo frenado. Justin todavía luchaba contra el impulso de quedarse dentro y compadecerse de sí mismo cuando unos golpes en su cristal le obligaron a levantar la vista y a poner un pie fuera de este. Era hora de vivir la realidad.
Tony hizo un gesto con la cabeza para que le siguieran y fueron tras él. Los pasos se le hacían cada vez mas pesados a medida que avanzaba. ¿Dónde coño estoy? No se dio cuenta de que lo había dicho en alto hasta que Tony le respondió.
“Tranquilo, chico, pronto lo sabrás.” Contestó sin ni siquiera mirarle.
Justin apretó la mandíbula y caminó los metros que quedaron hasta la puerta. El edificio daba mas miedo de cerca que de lejos. La cristalera de la que estaba hecha tenía algún que otro agujero hecho. Sin olvidar unos cuantos graffitis que alguien se había encargado de dejar. Nada de esto le daba buena espina pero, ¿qué importaba?
Tony sacó un manojo de llaves y encontró la que buscaba para meterla en la cerradura y abrir la puerta. La abrió de una patada entrando sin temor el primero de los cuatro. Uno a uno fuimos entrando. La oscuridad nos consumió pero Tony sabía que camino debía coger. Mis ojos se acomodaron a aquella negrura y no tardé en ver una pequeña luz al final del pasillo por el que íbamos. Una figura se dibujó justo en medio. Las manos empezaban a sudarme, ya no me notaba tan confiado. Me vino de nuevo a la mente Matt. Apreté los puños.
“Bienvenido, señor.” Saludó aquella figura que antes vi a lo lejos. Ahora le tenía delante y no era mas que un chaval desecho y encorvado, lleno de suciedad y con el pelo grasiento. Tenía que llevar semanas sin ducharse. Tenía ojeras negras como el carbón y unos ojos rojos con la pupila totalmente dilatada. “¿Qué-qué le trae por-por aquí?” Tartamudeó.
“Relájate, Maxy, sólo vengo a por un poco de mercancía.” Dijo Tony dándole unos golpecitos en la espalda encorvada.
Habíamos llegado a un inmenso almacén. Todo ello estaba lleno a rebosar de cajas y paquetes enormes de hierba. El olor impregnaba todo el edificio y hacía daño al olfato. Tuve que taparme la nariz con el brazo para no acabar totalmente mareado. Aunque parecía que Maxy ya estaba acostumbrado al hedor.
“Le juro que es-está todo. No-no me he llevado na-nada.”
“Seguro que no.” Levantó la vista a sus gorilas y les señaló unas cuantas cajas.
Ellos asintieron y se dirigieron a ellas con una sonrisa de satisfacción. No debía de ser la primera vez que se encontraban aquí.
“Justin, ven aquí.” Ordenó.
Ni si quiera me moví.
“¡He dicho que vengas, sucio bastardo!” Gritó.
Mis pies se movieron instintivamente mientras mi cabeza gritaba que por ahí no, que fuera hacía el otro lado. Con ____.
“Muy bien.” Soltó una fuerte risa. “Hoy voy a premiarte. Maxy, quiero que le des a Justin una buena cantidad de las delicias que tenemos aquí y le lleves con Sam.”
“Pero señor, Sam hoy…”
“¡VE POR ELLA!” Voceó con furia. Maxy tragó saliva y salió corriendo por el pasillo por el que habíamos venido.
“No quiero nada tuyo.”
“Perdona, no te oí. ¿Qué has dicho?” Preguntó con ironía.
“Qué no quiero nada que provenga de ti y toda tu mierda.” Escupí con asco.
Sin esperármelo, Tony me agarró por el cuello y me estampó contra la pared. Apretaba con fuerza. Me costaba respirar pero no iba a rendirme ante él. Intenté luchar pero el hijo de puta sacó un arma del bolsillo y la puso contra mi sien. Sonrió con malicia.
“Mira, maldito engendro, vas hacer lo que yo te diga, ¿entendido? Aquí el que pone las normas soy yo y de momento estoy siendo amable contigo.” Apretó el arma con mas fuerza. “No juegues conmigo.”
“Suéltame.”
“Lo haría encantado, pero te largarías. ¿Y a donde irías? Tus amigos no te quieren a su lado, tu familia te odiará cuando se entere y tu novia no es capaz de mirarte a la cara sin salir corriendo. ¿A dónde irás, héroe?”
“Lejos de ti.” Respondí sin pensarlo.
“Eso es imposible, chico. Te estoy dando una oportunidad que nadie te dará nunca. No la dejes escapar.”
Le miré a esos ojos inyectados en sangre. ¿De verdad era la única oportunidad que tenía? Y la única que merecía. Era un asesino, una bestia, un monstruo. ¿Quién me daría una oportunidad? ¿Quién me perdonaría si ni siquiera lo hacía yo mismo? Ni Ryan, ni ____, ni mi familia. Tenía razón. Todos huirían de mí, todos saldrían corriendo a la menor oportunidad. Había hecho algo imperdonable. Algo tan horrible que me provocaba asco a mí mismo. Y todavía no había sido capaz de asimilar que había apretado al gatillo.
Cuando no respondí y Tony vio que aquello que había dicho surgió efecto me soltó y yo me dejé caer por la pared. Derrotado, cansado, sin fuerzas. Porque ya no tenía nada por lo que luchar. Me daba por vencido. Me rendía. Watson había ganado. Siempre lo había hecho y yo decidí competir contra él con las cartas boca arriba.
Maxy llegó corriendo y le dijo a Tony que todo estaba listo, que podía subir en el momento que quisiera que Sam estaba esperando. Tony sonrió con complacencia y me levantó agarrándome del brazo y me empujó hacia Maxy que levantó las manos para intentar taparse por si me caía encima.
“Disfruta de mi regalo y no me hagas matarte.” Anunció.
Maxy me agarró de la camiseta y tiró de mi por el pasillo oscuro por el que habíamos venido, solo que esta vez nos alumbraba la pequeña linterna que llevaba con él. ¿Dónde iba esta vez? Sólo quería dormir. Dormir y que el dolor y la culpa me llevaran. ¿Quién era Sam? Tal vez podría matarme y así sufriría menos. Tal vez así podría esperar a ____ sin culpa, sin conciencia. Tal vez el mejor regalo que podían ofrecerme era un arma. Un arma y tiempo. Tiempo suficiente para volarme la cabeza.
Maxy me llevó por una escalera hasta el piso superior. En ningún momento me soltó la camisa. El chico tiraba con decisión y de vez en cuando temblaba. ¿Qué haría un chaval metido en esta mierda? Cuando estuvimos arriba me acercó a la primera habitación y se paró en seco. Tragó saliva y levantó la vista para mirarme.
“La señorita Samantha está dentro. Es-espero que disfrute, se-señor.” Se echó a un lado y abrió la puerta. Empujándome hacia dentro para poco después cerrar la puerta tras de mí.
La habitación estaba alumbrada por una luz roja. El cuarto no era especialmente grande, pero sí lo suficiente para que hubiera una cama de matrimonio con sábanas de estampado de leopardo. Había una mesilla a su lado con lo que parecía ser un bol lleno de envoltorios de condones.
Al otro lado de la habitación había una puerta por la que salió una chica.
“Tony, le he dicho a Maxy que no- Oh, hola.”
La chica no debería tener uno o dos años mas que yo. Estaba vestida solamente con una bata transparente que dejaba al descubierto todo su cuerpo. Estaría completamente desnuda si no fuera por eso. Tenía el pelo negro que le caía sobre los hombros mas abajo del pecho, tapándoselo. Tenía unos ojos grandes y azules, era guapa si no fuera por la cantidad de maquillaje que debía llevar puesto.
Me giré cuando me di cuenta de cómo vestía. “Tranquila, no quiero que hagas nada.” Cerré los ojos deseando salir de aquí. No quería hacer esto, no iba hacerlo. No, no, no. ¡Joder!
Sentí unas manos por mi espalda, subiendo lentamente hasta mis hombros. Su aliento chocó contra mi cuello.

“Shhh, voy hacerte disfrutar mas que nunca, cariño.”






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No sé si podré subir capitulo la semana que viene. Si el lunes no puedo lo mas seguro es que suba el jueves o el viernes.




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