"¿A dónde irás, héroe?”
Justin se crujió los nudillos. No se
encontraba a gusto en ese coche. Le faltaba aire. Le faltaba respirar cualquier
cosa que no fuera aquel ambiente. Que no fuera aquella culpa que sentía. Porque
lo había hecho. Había disparado. Y aún a pesar de todo, aún a pesar del dolor
en su cara, a pesar de su grito, a pesar de todas sus lágrimas, volvería
hacerlo una y otra vez. Para mantenerla a salvo. Para que no la hicieran daño.
Se sentía extraño, lejano, fuera del coche
en el que estaba. No tenía idea de a donde iba ni cuando volvería. ¿Qué
importaba? ¿Por qué debía volver? Sus pensamientos estaban a años luz de todo
lo que le rodeaba. Ni siquiera el aire frío de la noche que le golpeaba a través
de la ventana parecía devolverle al mundo real. ¿Para qué? ¿Para ver el
monstruo en el que se había convertido? ¿Para ver todo el horror que había
causado? No, no. Todo eso podía irse al infierno. Él había causado esto. Y no
iba hacer nada para arreglarlo.
Por una vez, iba a dejarse llevar.
El coche aparcó delante de unos edificios
que parecían totalmente abandonados. No había nada mas alrededor que oscuridad
y frío. Justin se dio cuenta de que debían de haber estado en la carretera por
un largo tiempo porque la cuidad quedaba en la lejanía. A sus espaldas. Fuera
de su alcance. Tony y sus dos secuaces salieron del coche en cuanto este hubo
frenado. Justin todavía luchaba contra el impulso de quedarse dentro y
compadecerse de sí mismo cuando unos golpes en su cristal le obligaron a
levantar la vista y a poner un pie fuera de este. Era hora de vivir la
realidad.
Tony hizo un gesto con la cabeza para que
le siguieran y fueron tras él. Los pasos se le hacían cada vez mas pesados a
medida que avanzaba. ¿Dónde coño estoy?
No se dio cuenta de que lo había dicho en alto hasta que Tony le respondió.
“Tranquilo, chico, pronto lo sabrás.” Contestó
sin ni siquiera mirarle.
Justin apretó la mandíbula y caminó los
metros que quedaron hasta la puerta. El edificio daba mas miedo de cerca que de
lejos. La cristalera de la que estaba hecha tenía algún que otro agujero hecho.
Sin olvidar unos cuantos graffitis que alguien se había encargado de dejar. Nada
de esto le daba buena espina pero, ¿qué importaba?
Tony sacó un manojo de llaves y encontró
la que buscaba para meterla en la cerradura y abrir la puerta. La abrió de una
patada entrando sin temor el primero de los cuatro. Uno a uno fuimos entrando.
La oscuridad nos consumió pero Tony sabía que camino debía coger. Mis ojos se
acomodaron a aquella negrura y no tardé en ver una pequeña luz al final del
pasillo por el que íbamos. Una figura se dibujó justo en medio. Las manos
empezaban a sudarme, ya no me notaba tan confiado. Me vino de nuevo a la mente
Matt. Apreté los puños.
“Bienvenido, señor.” Saludó aquella figura
que antes vi a lo lejos. Ahora le tenía delante y no era mas que un chaval
desecho y encorvado, lleno de suciedad y con el pelo grasiento. Tenía que
llevar semanas sin ducharse. Tenía ojeras negras como el carbón y unos ojos
rojos con la pupila totalmente dilatada. “¿Qué-qué le trae por-por aquí?”
Tartamudeó.
“Relájate, Maxy, sólo vengo a por un poco
de mercancía.” Dijo Tony dándole unos golpecitos en la espalda encorvada.
Habíamos llegado a un inmenso almacén. Todo
ello estaba lleno a rebosar de cajas y paquetes enormes de hierba. El olor
impregnaba todo el edificio y hacía daño al olfato. Tuve que taparme la nariz
con el brazo para no acabar totalmente mareado. Aunque parecía que Maxy ya
estaba acostumbrado al hedor.
“Le juro que es-está todo. No-no me he
llevado na-nada.”
“Seguro que no.” Levantó la vista a sus
gorilas y les señaló unas cuantas cajas.
Ellos asintieron y se dirigieron a ellas
con una sonrisa de satisfacción. No debía de ser la primera vez que se
encontraban aquí.
“Justin, ven aquí.” Ordenó.
Ni si quiera me moví.
“¡He dicho que vengas, sucio bastardo!” Gritó.
Mis pies se movieron instintivamente
mientras mi cabeza gritaba que por ahí no, que fuera hacía el otro lado. Con
____.
“Muy bien.” Soltó una
fuerte risa. “Hoy voy a premiarte. Maxy, quiero que le des a Justin una buena
cantidad de las delicias que tenemos aquí y le lleves con Sam.”
“Pero señor, Sam hoy…”
“¡VE POR ELLA!” Voceó con
furia. Maxy tragó saliva y salió corriendo por el pasillo por el que habíamos
venido.
“No quiero nada tuyo.”
“Perdona, no te oí. ¿Qué
has dicho?” Preguntó con ironía.
“Qué no quiero nada que
provenga de ti y toda tu mierda.” Escupí con asco.
Sin esperármelo, Tony me
agarró por el cuello y me estampó contra la pared. Apretaba con fuerza. Me
costaba respirar pero no iba a rendirme ante él. Intenté luchar pero el hijo de
puta sacó un arma del bolsillo y la puso contra mi sien. Sonrió con malicia.
“Mira, maldito engendro,
vas hacer lo que yo te diga, ¿entendido? Aquí el que pone las normas soy yo y
de momento estoy siendo amable contigo.” Apretó el arma con mas fuerza. “No
juegues conmigo.”
“Suéltame.”
“Lo haría encantado, pero
te largarías. ¿Y a donde irías? Tus amigos no te quieren a su lado, tu familia
te odiará cuando se entere y tu novia no es capaz de mirarte a la cara sin
salir corriendo. ¿A dónde irás, héroe?”
“Lejos de ti.” Respondí sin
pensarlo.
“Eso es imposible, chico.
Te estoy dando una oportunidad que nadie te dará nunca. No la dejes escapar.”
Le miré a esos ojos
inyectados en sangre. ¿De verdad era la única oportunidad que tenía? Y la única
que merecía. Era un asesino, una bestia, un monstruo. ¿Quién me daría una
oportunidad? ¿Quién me perdonaría si ni siquiera lo hacía yo mismo? Ni Ryan, ni
____, ni mi familia. Tenía razón. Todos huirían de mí, todos saldrían corriendo
a la menor oportunidad. Había hecho algo imperdonable. Algo tan horrible que me
provocaba asco a mí mismo. Y todavía no había sido capaz de asimilar que había
apretado al gatillo.
Cuando no respondí y Tony
vio que aquello que había dicho surgió efecto me soltó y yo me dejé caer por la
pared. Derrotado, cansado, sin fuerzas. Porque ya no tenía nada por lo que
luchar. Me daba por vencido. Me rendía. Watson había ganado. Siempre lo había
hecho y yo decidí competir contra él con las cartas boca arriba.
Maxy llegó corriendo y le
dijo a Tony que todo estaba listo, que podía subir en el momento que quisiera
que Sam estaba esperando. Tony sonrió con complacencia y me levantó agarrándome
del brazo y me empujó hacia Maxy que levantó las manos para intentar taparse
por si me caía encima.
“Disfruta de mi regalo y no
me hagas matarte.” Anunció.
Maxy me agarró de la
camiseta y tiró de mi por el pasillo oscuro por el que habíamos venido, solo
que esta vez nos alumbraba la pequeña linterna que llevaba con él. ¿Dónde iba
esta vez? Sólo quería dormir. Dormir y que el dolor y la culpa me llevaran. ¿Quién
era Sam? Tal vez podría matarme y así sufriría menos. Tal vez así podría
esperar a ____ sin culpa, sin conciencia. Tal vez el mejor regalo que podían
ofrecerme era un arma. Un arma y tiempo. Tiempo suficiente para volarme la
cabeza.
Maxy me llevó por una
escalera hasta el piso superior. En ningún momento me soltó la camisa. El chico
tiraba con decisión y de vez en cuando temblaba. ¿Qué haría un chaval metido en
esta mierda? Cuando estuvimos arriba me acercó a la primera habitación y se paró
en seco. Tragó saliva y levantó la vista para mirarme.
“La señorita Samantha está
dentro. Es-espero que disfrute, se-señor.” Se echó a un lado y abrió la puerta.
Empujándome hacia dentro para poco después cerrar la puerta tras de mí.
La habitación estaba
alumbrada por una luz roja. El cuarto no era especialmente grande, pero sí lo
suficiente para que hubiera una cama de matrimonio con sábanas de estampado de
leopardo. Había una mesilla a su lado con lo que parecía ser un bol lleno de
envoltorios de condones.
Al otro lado de la habitación
había una puerta por la que salió una chica.
“Tony, le he dicho a Maxy
que no- Oh, hola.”
La chica no debería tener
uno o dos años mas que yo. Estaba vestida solamente con una bata transparente
que dejaba al descubierto todo su cuerpo. Estaría completamente desnuda si no
fuera por eso. Tenía el pelo negro que le caía sobre los hombros mas abajo del
pecho, tapándoselo. Tenía unos ojos grandes y azules, era guapa si no fuera por
la cantidad de maquillaje que debía llevar puesto.
Me giré cuando me di cuenta
de cómo vestía. “Tranquila, no quiero que hagas nada.” Cerré los ojos deseando
salir de aquí. No quería hacer esto, no iba hacerlo. No, no, no. ¡Joder!
Sentí unas manos por mi
espalda, subiendo lentamente hasta mis hombros. Su aliento chocó contra mi
cuello.
“Shhh, voy hacerte
disfrutar mas que nunca, cariño.”
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No sé si podré subir capitulo la semana que viene. Si el lunes no puedo lo mas seguro es que suba el jueves o el viernes.
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