“Tiene
un culazo que flipas, nena.”
Realmente eso lo iba a disfrutar.
La maña siguiente no fue como esperaba. Mas que nada
por que el maldito despertador no sonó cuando debería, por lo que
me dormí. Una hora tarde. Esto era genial, iba a llegar directamente
a mi segunda hora.
Cuando me levanté agarré los primeros vaqueros que
encontré, unos negros rotos y mi camiseta blanca de Obey que me
llegaba a mitad del muslo, mi favorita. Alisé mi pelo como pude con
el peine, quedándome con unas cuantas ondas y bajé a la cocina.
Esperaba que mi madre ya se hubiera ido con mi hermano para llevarle
al colegio. Mas me valía que fuera así. Fui sigilosa a la cocina y
abrí la nevera agarrando la leche para luego verterla sobre un vaso
que había sobre la encimera. Me tomé la leche de un trago y guardé
las cosas. Abrí la pequeña despensa y cogí unas cuantas galletas
para comérmelas por el camino. Iba a desmayarme en clase si no comía
nada. Justo cuando me giré vi a mi hermano pequeño con una sonrisa
triunfal en su cara. Pillada.
“Jake, no le digas a mamá que estoy aquí.” Le dije
mirando a la puerta por si aparecia. “Me quedé dormida y no debe
enterarse.”
Él siguió sonriendo y extendió su mano con la palma
hacia arriba. “10 pavos y no digo ni una palabra.”
“¿Estas de coña? Hoy no como si te lo doy.”
Susurré alzando una ceja.
“Entonces... ¡MA-” Le tapé la boca con la mano
antes de que pronunciara nada. Mierda, iba a ser chantageada por un
enano de 9 años. Suspiré y agarré la mochila que había dejado
sobre la mesa de la cocina y saqué la cartera. Mis 10 dólares
desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos.
“Me encanta hacer negocios contigo, hermanita.”
“De esta no te libras, canijo.” Gruñí y me puse la
mochila al hombro saliendo por la puerta de atrás de la cocina con
el mayor sigilo posible.
Eché un vistazo esperando que mi hermano no dijera nada
y crucé el jardín medio corriendo para llegar a clase a tiempo. No
podía seguir corriendo hasta allí, así que cuando vi el autobús
acercarse me monté y me dejé caer en el asiento de delante. Mas le
valía al autobusero darse prisa.
**
“No me creo que hayas llegado tarde” rió Danna
mientras nos dirigíamos a la clase de castigados.
Al llegar y no tener ningún motivo válido por haber
llegado a esa hora me habían castigado todo el recreo. Mi media hora
de libertad interrumpida por un simple despertador. Pero no solo
tenía eso como castigo, si no que además los siguientes dos días
iba a tener que llegar puntal y firmar un papel para hacer ver que el
castigo me había servido. Aún no le veía el sentido a aquello.
“No te rías, ya es bastante desagradable que me hayan
castigado.” La eché una mirada seria. Ella levantó los brazos en
señal de rendición.
“Oye, no te mosquees. Además, he oído que en la sala
de castigos siempre hay tíos buenos.” Me guiñó el ojo. “¿Quién
sabe? A lo mejor encuentras a tu Romeo.”
“Sí, o a alguien que me robe la cartera.”
Suspiré cuando llegamos a la clase y me despedí de
ella entrando dentro. La profesora Grace ya estaba en su habitual
postura. Sentada en la mesa con los brazos cruzados mirando un libro,
sin sonreír ni un momento, con sus gafas de culo de botella y su
pelo rubio-blanco cortado por los hombros. Esta mujer nunca iba a
cambiar. Me acerqué a ella dándole mi papel con el castigo. Ella le
dio una mirada.
“Siéntate donde quieras. No hables. Haz deberes. Es
muy simple” dijo mientras sus ojos seguían en el libro.
Asentí y me di la vuelta buscando un sitio. Y allí
estaba, mirándome con una ceja levantada en tono vacilante. Ag, ¿es
que no me iba a librar de él nunca? Me senté en la otra punta de
clase, lo más lejos posible. Sólo había 5 personas mas a parte de
mí, cada una sentada lo más alejada posible de las demás. Dejé la
mochila junto a mí y saqué el libro de química dispuesta hacer mis
ejercicios, por difíciles que fueran me ayudarían a pasar del
imbécil y olvidarme de su presencia.
Comencé haciendo la formulación. Maldita sea, ¿cómo
era el sulfito de amonio? Intenté concentrarme mas, pero
entonces la mesa de mi lado se movió, junto a la silla. Levanté la
mirada y ahí le tenia, con esos ojos miel que me encantaban y sus
sonrisa de niño bueno que lo escondía todo. Parece que te gusta,
___. Ni loca. Pero, mirale ¿a quién no le gustaría? A
mi. Iba con una camiseta de cuello en V roja, con unos vaqueros
negros caídos y Supras negras. Dios, ¿por qué tiene que saber
vestir tan bien? Ag.
Se
acercó a mi cuando le miré. “Hola, gatita.” Su estúpido mote
de nuevo. “Aún espero tu disculpa por el numerito de ayer.”
“¿Qué
numerito? ¿El de los espaguetis en tu cabeza? Eso era porque te lo
merecías.” susurré enfadada lo bastante bajo para que solo me
escuchara él volviendo mi vista a mi libro de química.
Él
negó con la cabeza divertido. “Sabes, me gusta cuando sacas las
garras, pero no fue divertido.”
“Lástima
que no tengas un buen sentido del humor” Soltó una carcajada
cuando hablé.
“He
oído que vas a venir a verme pelear, que bonito.” Sonrió de nuevo
apoyando sus brazos en su mesa mirándome. Nunca apartaba la mirada
de mi.
“Sí,
solo para ver como te dan una paliza” me encogí de hombros y le
miré. “Por nada más, no te emociones.”
“Auch,
eso ha dolido.” Dijo poniendo una mano sobre su pecho, en su
corazón con una cara de dolor a la vez. “Admite de una vez que te
tengo loca.”
“Mira
Justin, tu-”
“¡Shhh!
Señorita Sanders, si vuelvo a escucharla, su castigo se alargará
una semana, ¿ha entendido?” Grace levantó la mirada hacia mí.
Seguía igual de seria que antes y sus brazos no se apartaban del
libro.
Asentí
temblorosa. “Si, si, señora...” Agaché mi cabeza ruborizada y
cuando vi que no me miraba le solté un manotazo en el hombro a
Justin.
“Vas
hacer que me castiguen de nuevo.” Susurré con el ceño fruncido.
Él solo sonreía igual de divertido que antes.
“Al
menos estaremos castigados juntos.” Me guiñó un ojo y rió bajito
cuando puse cara de asco ante su gesto. “¿Por qué estas castigada
de todos modos?”
“Llegué
tarde, ¿y tú?” comenté mientras escribía las soluciones que iba
sabiendo, no quería volver a mirarle.
“Me
tiré a Katy en el baño.” Pegué un bote en la silla de la
sorpresa. Me esperaba cualquier cosa, fumar, pegar o vacilar a algún
chaval. Incluso a un profesor. Pero eso... Le miré y vi como echaba
su cabeza hacia un lado mirando a una rubia. Una de sus rubias
plásticas y la saludaba con un gesto con los dos dedos. La chica nos
miraba un tanto seria, pero cuando Justin la saludó ella ser
ruborizó totalmente y su expresión cambió, devolviendole el
saludo.
“Eres
repulsivo” solté sin querer.
Se
giró y se encogió de hombros. “Ella quería, yo quería, ¿donde
está el problema?”
“Estamos
en un colegio” gruñí. “Ya sabes, alumnos, libros, profesores.
Esas cosas.”
“Tiene
un culazo que flipas, nena.” Luego me miró de arriba a bajo.
“Bueno, el tuyo está muchisimo mejor, he de admitirlo.”
“Agh...”
Sacudí la cabeza lo que le provocó otra carcajada.
La
sirena sonó en ese instante. Por fin. Guardé mis cosas a la
máxima velocidad posible. No quería estar mas a su lado. Me puse de
pie y colgé mi mochila en mi hombro dispuesta a salir cuando una
mano rodeó mi muñeca dandome una descarga electrica que no había
sentido nunca. ¿Qué diablos...?
“Espero
verte el Viernes, gatita.” Sonrió de lado y me adelantó saliendo
por la puerta como si nada.
Me
quedé en el sitio. ¿Qué había sido esa maldita sensación? ¿Había
sido solo yo? Miré el punto donde me había tocado. Esa
electricidad... A parte mis pensamientos y salí de la clase, detrás
de Katy la barbie que se paró en seco cuando salí con ella.
“Pero,
¿que...? No te pares así”
Se
giró quedando delante de mi. No fui capaz de detectar su expresión
pero contenta no estaba.
“No
te acerques a Justin, ¿queda claro? Es mio.”
Como
si yo lo quisiera para algo. “Todo tuyo, muñeca” la miré
encogiéndome de hombros. ¿De que iba esta? “No me interesa.”
“Creo
que es al contrario, cariño.” Se acercó más, mi espacio vital
estaba siendo invadido. Demasiado.
“¿Perdona?”
Fruncí mi ceño.
“¿Quién
se fijaría en alguien como tú?” Agarró mi pelo rizando la punta
sobre sus dedos. “Eres una simple niña estúpida, y además,
mirate. No vales nada.” Me eché hacia atrás haciendo que soltara
mi pelo y esto hizo que soltara una carcajada. “No te acerques,
espero no tener que repetírtelo.” Dijo en tono cortante y se fue
con sus aires de diva sin dejarme tiempo a responder. Como odiaba que
me dejaran así. ¿Por qué no respondí antes? Y lo peor de todo,
¿qué se cree que quiero con Justin?
La
miré alejarse. Esta situación no me gustaba.
“Puta”
susurré.
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