"...esto no va a ser difícil, va a ser imposible."
"Volvemos
a vernos... Gatita"
Esto
era un sueño. Definitivamente lo era. En 5 minutos sonaría el
despertador y tendría que levantarme. Esto no estaba pasando. Él no
estaba en mi clase, sentado a mi lado y con su estúpida sonrisa en
la cara. Él estaría por ahí, en su mundo, sin afectar en el mio.
Todo esto era una horrible, horrible pesadilla de la que quería
despertarme. No estaba sucediendo. Cerré los ojos y suspiré.
Uno... dos... tres... Despierta ya ___, cuatro... cinco... Vamos,
vamos, esto no es real, no... seis... siete... No está a tu lado...
ocho... nueve...
“¿Se
puede saber que mierdas haces?” dijo mirándome fijamente alzando
la ceja. Entre abrí un ojo y ahí seguía. Mirándome incrédulo.
Creo que parecía una auténtica idiota. Cogí aire y le encaré.
“¿Qué
se supone que haces aquí?” susurré frunciendo el ceño sin
mirarle a los ojos.
Soltó
una carcajada flojita para no levantar la voz. Su cara tornó
divertida.
“Estar
en clase, lo mismo que tú, gatita.”
“Te
he dicho que no me llames así, imbécil.” Mi cara comenzaba a
ponerse roja de enfado. Es decir, él no podía estar realmente aquí,
¿no? Este era mi territorio, a él no le pegaba venir a la escuela.
No encajaba en todo esto. No lo veía de su estilo, pero tal vez me
equivocaba. Tal vez no debería juzgarle tan rápido.
Su
cara se acercó a la mia. “Me encanta cuando te pones peleona.”
me guiñó un ojo acto seguido. Me sonrojé, me maldije por dentro
por eso, pero me sonrojé. Maldita sea.
“Mira
niño estúpido-” gruñí.
“Sigues
teniendo una boca muy sucia. Eso no tiene que decirlo una señorita”
me interrumpió.
“Tú
no tienes ni idea de-”
“¡___!
¿Puedo continuar la clase? ¿O usted tiene algo que comentar con los
demás sobre la Guerra Civil? Porque supongo que estará hablando de
eso.” El profesor Harris me calló. Agaché la cabeza sonrojada y
la levanté como pude mirándole. “Disculpe” susurré.
“Que
no vuelva a suceder” dijo girándose para continuar escribiendo en
la pizarra.
Mi
sangre ardía por dentro. Por culpa de imbécil casi me gano una
amonestación. Debía de controlarme con este. No hablar en clase.
Pasar de él. Hacerle el auténtico vacío.
Pero
cuando su aliento chocó contra mi oído supe que esto iba a ser muy
difícil. “También eres una chica mala. Me encanta.”
Estas perdida.
**
Creo que nunca había recogido mis cosas con tanta rapidez. Necesitaba salir de allí urgentemente y dejar de ver al imbécil. Me ponía de los nervios. Cada vez que le miraba su sonrisa se extendía por su rostro. Era preciosa. ¿Qué estás diciendo ___? Concentrate. Pero no podía negar que no me llama la atención. Durante el resto de la clase había intentado pasar de él, excepto por algunos roces de nuestros brazos y esa extraña sensación en los lugares en los que nos habíamos tocado, lo tenía todo bajo control. Ese chico era insoportable, prepotente, imbécil. Creo que eso ya lo habías dicho. Mi voz interior no podía estarse callada.
Suspiré
mientras atravesaba el pasillo hasta llegar a mi taquilla. Puse la
combinación introduciendo los libros y cogiendo los de la siguiente
clase. Debería concentrarme en mis clases. Sacarle de mi mente.
Podía hacerlo. Cerré la taquilla encontrándome de frente con su
mirada. Solté un grito ahogado al ver sus ojos mieles y me alejé un
paso de él. ¿Estaba siguiéndome? Esto podía llamarse acoso. Giré
mi mirada alejándome de él y de aquella sonrisa irónica que formó
al verme. Tenía que llegar a clase antes de tiempo. Comencé a
esquivar a la gente que se iba cruzando por mi camino aligerando el
paso cuando mi brazo quedó enganchado a algo. Me giré para ver que
era. El imbécil, genial. No puedes decir que no te
encanta.
“Quieta
gatita, quiero hablar contigo” dijo sonriendo. Ya me estaba
cansando. Solté mi mi brazo de su agarré de un fuerte tirón y le
miré a esos ojos miles.
“Te
he dicho que no me llames así” Me giré. “Y no quiero hablar de
nada contigo.” Comencé a andar de nuevo, se estaba haciendo tarde
y no tenía tiempo para tonterías. Oí su risa y como empezaba a
caminar detrás de mi, siguiéndome el paso.
“Esta
bien, esta bien, no te llamaré mas gatita.” Íbamos progresando.
Adelantó el paso parándose delante de mi impidiéndome caminar.
“Pero sigo queriendo hablar contigo” sonrió de lado. Arrogante,
pensé.
“Lástima,
yo no quiero hablar contigo.” le intenté esquivar pero fue
difícil, ya que agarró de nuevo su brazo y tiró de mí hasta que
mi cuerpo chocó contra el suyo. Miró a ambos lados y sonrió,
acercando su cara a la mía.
“No
seas así, vengo en son de paz.” Su agarre se fue debilitando. “Lo
único que quiero es conocerte mejor”
“Tengo
mejores cosas que hacer.” Mi pecho comenzaba a ir más rápido.
¿Qué está pasando? Negué con la cabeza intentado quitarme esa
sensación. “Ahora, suéltame”
Soltó
su brazo y su sonrisa se hizo mas amplia. Su cara se puso a
milímetros de la mía. Podía notar su aliento en mis labios. “Me
gusta que me lo pongan difícil.” Giró la cabeza sin apartar los
ojos de los míos.
“Me
alegro, pero esto no va a ser difícil, va a ser imposible.” Me
fui, dejándole con la sonrisa en la cara. Esta vez si llegué a
clase, nada me lo impedía esta vez. Pero su aliento aún rozaba mis
labios.
**
Las demás clases se volvieron aburridas. Toda la mañana había sido un infierno. Echaba de menos a Danna. Tenía que contarle lo de Justin en cuanto pudiera. Aún no le había dicho que la noche anterior le conocí, aunque probablemente ni siquiera supiera quien era o ni lo habría visto. Saqué el dinero del almuerzo colocándome a la cola para comprar la comida. Siempre había el mismo olor en aquel lugar. Pusieran la comida que pusieran. Y además, tampoco es que hubiera mucha diferencia de plato en plato con respecto al sabor. Odiaba comprar la comida aquí. Ahora mismo mataría por una buena ensalada de pasta. Como las que hacía mi padre... Le echaba de menos.
Cuando
llegó mi turno le pedí a la cocinera un poco de macarrones y cogí
una manzana. Aunque no me veía capaz de comerme todo, necesitaba
llenarme de energía para las últimas dos horas. Filosofía y
Química. ¿Quién era capaz de aguantar eso? Era matante. Agarré mi
bandeja y me dirigí a la mesa que siempre ocupábamos Danna, Eric y
yo. Era raro que aún no estuvieran ninguno de los dos. Eric ya
debería de estar por aquí contándome hasta el último detalle de
sus ligues de la semana pasada. Los busqué con la mirada y cuando
desistí me senté en la mesa a esperarles.
La
comida no llamaba mucho mi atención, aún así la movía y pinchaba
con el tenedor de vez en cuando. ¿Dónde estaban?
No habían podido dejarme sola. Eso era imposible. Entonces las risas
y voces comenzaron a llenar el comedor. Levanté la cabeza como el
resto de los allí presentes. Y le vi entrar por la puerta. Bueno a
él y a todo su séquito de chicas plásticas que babeaban por cada
paso que daba. Contuve una arcada. ¿Cómo podían acercarse a él?
Justin era de todo menos amigable. Pero claro, a ellos les interesaba
su cuerpo, no su cerebro de mosquito.
Mi
boca se abrió mas de lo normal cuando vi a Danna agarrada a su brazo
y Eric al otro lado. Los tres hablaban amigablemente con él.
¿Amigablemente? Eso es imposible. Todas
las plásticas intentaban quitarles el sitio a Danna y a Eric, pero
estos luchaban con dientes por quedarse en el lugar en el que
estaban. Esta situación era tan patética y subreal que quise
pincharme con el tenedor para estar al 100% segura de que no seguía
en mi cama durmiendo.
Danna
giró su vista hacia mi y me saludó. Yo hice una mueca con la boca
en forma de saludo y fue entonces cuando los ojos de Justin viajaron
en su misma dirección hacia mi. Sonrió sin apartar la mirada.
Estaba perdida.
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