“Despídete del mundo.”
La playa a estas horas estaba casi desierta. Eran las 7
de la mañana. Había madrugado sólo para ver la puesta de sol desde
aquí.
Mis pies estaban hundidos en la arena. Se sentía muy
bien, genial, en paz. Respiré profundamente llenando mis pulmones
con el aliento que desprendía el mar. Las olas intentaban alcanzarme
mientras me hacían soñar con el suave sonido que producían. Cerré
los ojos e intenté dejarme llevar por todas las sensaciones que
estaban invadiéndome. Me sentía feliz, pero faltaba algo.
Unos brazos me rodearon por la espalda. Su cuerpo
caliente se juntó con el mío. Esto era lo que me faltaba. Él. Sólo
él. Todos los días. A cada momento. Su aliento golpeaba mi cuello
mientras dejaba un camino de pequeños besos. ¿Toda mi vida sería
así? ¿Besos, caricias y mimos? No podía quejarme. Quería todo eso
de él y mas.
Me giré para encontrarme con esos ojos color miel que
tanto me hacían soñar. Sonreí cuando él lo hizo. ¿Se podía
vivir a base de sonrisas? Creo que tenía la respuesta a eso.
Rodeé su cuello con ambas manos antes de fundirnos en
un beso. Su boca encajaba perfectamente en la mía, igual que hacía
yo con la suya. El beso sólo mostraba amor, amor y deseo. Era uno de
esos besos que llevan inscrito las palabras 'te quiero'.
Pero entonces Justin se alejó de mi. Sus manos se
apretaban en torno a mi cintura separándose de mi. Su rostro había
cambiado. Ya no me miraba como siempre. Ahora reflejaba horror y
miedo. Quedó en completo silencio. Lo único que podías oír era la
brisa. Se separó de mi completamente. Un paso, dos, tres. Yo di un
paso hacía delante, intentando alcanzarle pero antes de que pudiera
susurrar algo, él levantó la mano. Pidiendo que frenara, que no me
acercara. Miró al suelo desviando la mirada de mi.
“Este no soy yo” dijo sin mirarme. Una de sus manos
se fue hasta su espalda. ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo que no era
él? Este es Justin, mi Justin. “Tengo que enseñarte como soy de
verdad.”
La mano que antes estaba tras él paso hacia delante.
Esta vez traía un objeto consigo. Levantó el brazo y su mirada
hacia mi. La punta del arma iba dirigida hacia el centro de mi
frente. Sus dedos estaban en el gatillo sin vacilación. Tensos,
apretados, listos. Tragué saliva sin saber que hacer, que decir,
donde ir. Justin no iba a dispararme. No.
“Justin, baja el arma.” Susurré cuando mi voz me lo
permitió.
“No. Tú has cambiado quien soy, ¿sabes?” Inclinó
la cabeza hacia un lado sin apartar los ojos de mi. Una sonrisa
siniestra se dibujó en sus labios. Mi cuerpo no dejaba de gritar:
¡peligro, peligro! Pero mi cabeza y mi corazón sabía que no
dispararía. “Me has vuelto un mierdas. Y ahora voy a terminar con
eso.”
Negué levemente. Las lágrimas estaban cayendo por mis
mejillas y yo solo intentaba seguir allí de pie. Firme. Diciéndome
a mi misma que nada de esto era real, que él no era así, que nunca
dispararía.
“Para” supliqué con un sollozo.
Soltó una fuerte carcajada que me pareció que hizo
retumbar toda la playa.
“¿Ahora me tienes miedo, gatita? Tal vez nunca has
sido como yo esperaba.” Cargó la pistola en un movimiento rápido.
¿De verdad iba hacerlo? No, no. Esto no estaba sucediento.
“Justin, por favor... Este-este no eres tú, por
favor...” Sólo suplicaba, sólo lloraba. ¿Qué demonios estaba
pasando? Justin no es así, este no es él. “Tú me quieres...”
“Zorra, nunca te he querido.” Las palabras cortaban,
dañaban, mataban. “Despídete del mundo.”
Iba a morir. Los segundos para mí estaban acabando.
¿Acabaría así? Sola, en una playa. ¿Me echaría alguien de menos?
¿Mi familia, mis amigos, él? Mi asesino iba a ser la persona a la
que amaba. La persona en la que mas confiaba. Iba a morir aquí,
ahora. A punta de una pistola. No viviría nunca nada mas, ni
viajaría, ni haría planes de futuro. Me costaba respirar.
“¿Últimas palabras?” Preguntó con una risa. Su
dedo índice presionaba el gatillo. Sólo tenía unos segundos mas,
unas palabras mas.
Cerré los ojos y dije lo único de lo que estaba
realmente segura:
“Te quiero, Justin”
Y la bala atravesó el aire.
Me desperté sobresaltada. Miré a mi alrededor
intentando calmarme. Estaba en mi cama. En casa. Era domingo por la
mañana, acababa de amanecer. Respiré un par de veces intentado
tranquilizarme, pero no iba a quitarme esta sensación con tanta
facilidad. Había sido un sueño horrible, una pesadilla. Todavía
tenía en mi cabeza la imagen de Justin disparando. Dura, fría, sin
sentimiento. Cerré los ojos. Nada había sido real. Nada. Todo ha
sido producto de mi imaginación.
Volví a tumbarme en la cama cuando noté algo al lado
de mi cabeza. Un pequeño papel sobresalía por debajo de la
almohada. Lo cogí y vi que era su letra.
_____,
he tenido que irme, problemas con Ryan.
Te
llamaré mas tarde.
Te
quiero, Justin.
Hice una bola con el
papel y lo tiré lejos. Resoplé. Él no estaba aquí. Y bueno,
tampoco me sorprendía. Durante estas semanas nuestros encuentros
habían sido contados. Siempre tenía asuntos que resolver. Con Ryan,
con el colegio, con lo que fuera. Siempre acababa sola en algún
momento o me dejaba plantada. Pero a pesar de eso, no cambiaba por
nada los segundos que pasábamos juntos.
Danna había sacado
sus propias conclusiones de esas excusas. Lo acataba todo a drogas,
alcohol, las peleas. Incluso a que me ponía los cuernos. Pero yo
seguía sin poder creer o plantearme cualquiera de esas
posibilidades. Confiaba en él. A pesar de que podía notar que sólo
eran excusas y mentiras, confiaba en que fuera lo que fuera que
realmente pasara, acabaría por decírmelo.
Quité esos
pensamientos de mi mente y salí de la cama para dirigirme al baño.
Necesitaba una buena ducha. Tenía que despejarme de todo, del sueño,
de la nota.
Esta tarde había
quedado con Danna para ir a recoger el regalo de Justin. Dentro de
poco llegaría su cumpleaños y Ryan y yo habíamos planeado celebrar
una fiesta en su apartamento. Iba a cumplir ya 20 años y debíamos
de celebrarlo a lo grande. Por eso había decidido una serie de
regalos para él y hoy tenía que ir a recogerlos. Su cumpleaños era
el sábado que viene y teníamos que tener todo preparado. Y eso
significaba traer a su familia sin que se enterara. Y que casi no
pasara tiempo conmigo hacía que fuera mas fácil. Pero me llenaba de
dudas.
Me vesti con unos
pantalones negros rajados y un jersey blanco que me quedaba una talla
mas grande. Me supe mis vans negras y ya estaba lista. Danna no
tardaría mas de diez minutos en llegar. Tenía que llamar a Ryan.
Tenía que hablar con Justin. La nota de esta mañana no me daba muy
buena espina, y la pesadilla no había ayudado mucho. Ahora mismo
necesitaba un abrazo suyo y él no estaba por aquí para darmelo.
Cogí mi móvil y
marqué. Al tercer tono respondieron al otro lado.
“¿Eres tonto o no
sabes que hora es?” Dijo Ryan con una voz somnolienta. Acababa de
despertarse. Miré el reloj. Las 11 am.
“Ryan, son las
once de la mañana.” Dije con una carcajada.
“Shhhhhhhh, la
mañana está para dormir.” Comentó cansado.
“Lo que tu digas,
¿está Justin contigo?” Pregunté cambiando de tema.
“¿Justin? No veo
a ese intento de negro desde ayer por la mañana, ¿por qué?”
Bostezó.
“Por nada, me dijo
que estaba contigo, no importa...”
Eso pareció
despertarlo porque su voz cambió de tono. Ahora parecía mas serio y
preocupado.
“_____, sabes que
esté donde esté está bien, ¿no?”
“Sí, lo sé, es
solo qué...” Lamí mis labios y tragué saliva. “Acabo de
confirmar que de verdad me miente.”
“No creo que sea
eso, _____”
“Entonces, ¿qué?”
Pregunté levantando un poco la voz. “¿Sabes algo que yo no sepa,
Ryan?”
“No, no sé por
qué mierdas te ha dicho que estaba conmigo, pero no lo sé.
Intentaré saberlo si eso te hace sentir mejor.”
“Olvidalo.” Dije
sin fuerzas. No quería meter a Ryan en todo esto, era su mejor
amigo. “Ya hablamos, hasta luego.”
“Hasta luego.”
La llamado dio el
aviso de que había finalizado.
Ryan:
En cuanto hube
terminado la llamada con _____, llamé a Justin. No podía seguir
haciendo esto. Al final ella se enteraría de la peor manera posible
y también me estaba obligando a mí a mentirla.
En la primera
llamada saltó su contestador.
“Mierda, tío.
Cógelo.”
Volví a marcar con
rapidez. Pero la llamada volvió a desviarse hacia el contestador.
Esto no podía estar pasando. Decidí dejarle un mensaje. Todo esto
acabaría mal. Estaba haciendo las cosas mal y debía de terminar
antes de que fuera aún mas peligroso.
Para: Justin
Tío, tienes que
venir.
____ ha llamado
preguntando por ti. Ten los huevos de decirle la verdad.
Esto no va a salir
bien.
Dejé el teléfono
sobre la mesilla. Me estaba empezando a poner en medio de todo esto
con las escusas que le daba. _____ corría mas peligro sin saber todo
esto que sabiéndolo. Pero Justin seguía enfrascado en que así la
protegía. En que así Tony no le haría daño. Pero esto solo haría
que Justin fuera el que le haría daño. Eso era lo que Tony quería.
Que ella sufriera por él, y así tenerle bajo su control total. Que
se convirtiera en uno de sus secuaces. Que fuera suyo para así
destruirlo.
Bip, bip.
De: Justin
Ya nada puede salir
bien.
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